Punto de vista de Elena. Me senté en mi escritorio de nogal, sintiendo todavía un hormigueo eléctrico recorriéndome las piernas. Mi cuerpo estaba en una contradicción absoluta: mi mente quería ser la profesional impecable que se exigía, pero mis sentidos seguían atrapados en el sofá de cuero de Maximilian. A los pocos minutos, me llegó un correo suyo con las directrices técnicas para la licitación de mañana. Trabajé con una furia productiva, y para cuando el personal empezó a llenar el piso, yo ya tenía el cronograma de ejecución perfectamente alineado. Valerie llegó poco después, caminando con esa elegancia innata de quien está a punto de asumir el mando en Madrid. Venía acompañada de un chico que no había visto antes. —Elena, ¿Qué haces aquí tan temprano? —preguntó Valerie, sorprend

