Punto de vista de Elena Al día siguiente, el despertar en Valle Sereno fue una experiencia sensorial que me devolvió a lo esencial. El aroma del café recién molido que mi madre preparaba en la cocina se filtraba por las rendijas de las puertas de madera, inundando cada habitación. Thiago estaba radiante; el aire puro parecía haberle inyectado una energía inagotable. Mi padre, con esa calma que solo da la vida en el campo, lo tomó de la mano para llevarlo al pequeño corral. Cuando regresaron, mi hijo lucía un orgulloso bigote de leche y sostenía con fuerza una tacita de peltre azul. Nos sentamos a desayunar bajo el arrullo de los pájaros. La casa, aunque conservaba su esencia rústica, era espaciosa y llena de luz. Las ventanas de marcos anchos permitían que la brisa de la mañana circula

