Punto de vista de Elena Al final de la noche nos habíamos divertido como nunca. Estábamos exhaustas, alegres y con esa chispa de audacia que solo te da el buen champán y la sensación de victoria. Cuando decidimos dejar el club, incluso parecía haber nacido un respeto mutuo entre los dos grupos de hombres, pero Sofía no iba a dejar que ellos se salieran con la suya tan fácilmente. —¡Señores, nos han regalado una velada fantástica! Gracias —dijo Sofía con esa seguridad natural que siempre la hacía resaltar—. Pero ahora, chicas, el transporte está en la puerta. —¡De ninguna manera! —se opuso Mateo de inmediato—. Ustedes vuelven con nosotros. —Ni hablar —rebatió Leandro con una sonrisa desafiante—. Ellas vinieron con nosotros, así que nosotros nos encargamos de que lleguen a casa perfectam

