Punto de vista de Elena Me desplomé en la silla de mi oficina, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a abandonar mi cuerpo, dejándome una sensación de vacío y un temblor persistente en las rodillas. No sé cómo logré mantenerme firme, con la barbilla en alto y esa máscara de profesionalismo gélido, como si no acabara de ocurrir nada extraordinario. Qué mujer tan desagradable era Alessia. Su veneno aún parecía flotar en el aire, pero no era eso lo que me tenía el pulso acelerado. Cielos, cuando Maximilian me rodeó la cintura para evitar que cayera y me atrajo contra su pecho, el mundo simplemente dejó de girar. Sentí la firmeza de su impresionante complexión contra mi espalda; era como chocar contra un muro de granito forrado en seda italiana. Pero cuando se inclinó y susurró en mi oído q

