Punto de vista de Elena Salí de la oficina de Maximilian con las piernas temblando y el pulso martilleando en mis sienes como un tambor de guerra. ¡Ese idiota casi me hace perder el control de nuevo! Me dejó ardiendo, el muy cobarde, refugiándose tras su máscara de CEO imperturbable después de haberme tenido a su merced en aquel sofá de cuero. Pero esto no se quedaría así. Maximilian Von Stein creía que podía comprar mi voluntad con seda y cristales, que podía marcarme con su regalo y luego enviarme a hacer anotaciones técnicas como si nada hubiera pasado entre nosotros. Necesitaba encontrar una manera de demostrarle que no era un peón en su tablero de ajedrez corporativo. Quería que supiera que, aunque él hubiera roto mi ropa interior, yo tenía el poder de romper su legendario y gélido

