Reflexiones

1302 Words
Iolita se despertó cuando sintió la mano de alguien apretar la suya, el aroma de las rosas también alertó sus sentidos ya que se combinaba con el de Matías. El miedo le hizo abrir los ojos, a su lado con una sonrisa que en algún momento pensó que era lo más dulce que alguien podía regalarle por el amor que transmitía, se encontraba su esposo. Pronto una molestia se instaló en su corazón, una que conocía muy bien porque desde hacía tres años comenzó a sentirla y que remplazó el cariño que pudo tenerle. Ahora la identificaba muy bien, ella sentía miedo, miedo de Matías Cortés y lo que pudiese hacerle. Quiso alejarse, pero la molestia del yeso unida a la frase de Matías que parecía una advertencia sobre lo que podía pasarle si lo rechazaba la detuvo. —Hola amor, te extrañé en estos días —hacía mucho él no le decía así. ¿Amor? Dios, debía querer algo o tuvo un mal momento con su abuelo, porque de lo contrario, estaría con Olivia—. Sé que tienes miedo por lo que ocurrió en la reunión, ya entendí que mi madre fue la que te obligó a estar vía telefónica, así que no te preocupes, además, sin tu intervención, no hubiésemos avanzado en las negociaciones. Iolita asintió cerrando los ojos, el nuevo apretón en su mano la obligó a tratar de mantenerse en alerta. —Se...sedan…te —murmuró a un volumen que pudiese ser escuchado por Matías. —Es demasiado fuerte para que el dolor en tu cuerpo no se perciba. Es la única manera para que puedas recuperarte —dijo Cortés acariciando su mejilla y depositando un beso en la frente de la azabache—. El médico me lo advirtió, entre más tu cuerpo descanse, más rápido saldrás de aquí. —¿Cuán…cuántos d...días? —Dos o tres como máximo, luego iremos a la casa, te cuidaremos con Karina y —Matías percibió como Lita se tensó ante el nombre de su madre—. Si no quieres que sea ella, puedo buscar una persona que te atienda. —Lo que tú quieras…eso…está bien. Matías tomó su mano y la besó, deseando que descansara, él consultaría con el médico Tappan sobre quien le aconsejaba, y así podrían estar listos cuando ella regresara a la casa. Iolita cerró los ojos tratando de no dormir, algo que se hizo imposible por el medicamento, no supo a que horas se fue Matías y agradeció que al menos la dejase descansar siguiendo lo que dijo el galeno, sin embargo, sabía que eso significaba que algo tenía en mente o que tan pronto regresara a casa le tocaría aceptar alguna sorpresa desagradable. Tras la última golpiza que fue la causa de estar hospitalizada, Lita se prometió no luchar ni contradecirlo, se impuso como meta hablar lo menos posible y hacerle caso en todo, ya ni siquiera le importaba que estuviese con Olivia, eso lo sabía desde que empezaron su relación, bufó por lo estúpida que fue, pero se volvió ciega y sorda ante las razones que su cabeza le daba, siguiendo desbocada su corazón y la necesidad que creó su cuerpo. Esperaba que con esa nueva actitud las agresiones disminuyeran, y de ser posible, nunca más las tuviese que aguantar. El incómodo sonido de la máquina que registraba los signos vitales y el ritmo cardiaco la despertó, toda la alcoba estaba a oscuras, sólo una lamparita iluminaba el lugar, observó con los ojos entrecerrados una persona ingresar, vestía uniforme de enfermera, pero sus movimientos eran nerviosos, un hombre a contraluz la miraba desde la puerta, la voz de mujer preguntando algo al oficial, hizo que el hombre voltease saliendo del lugar, con cuidado se removió y fingió seguir durmiendo. La enfermera sacó de su bolsillo un frasco diferente y lo mezcló con el suero. —La dosis es el doble, ojalá te mueras de una vez, sino el problema será para mí. El guardia regresó con un carrito y la enfermera agradeció retirándose. Fueron unos minutos y el cuerpo de Iolita comenzó a sentirse caliente, como pudo hizo fuerza para quitarse la sonda, no era momento de morir, y si no recibía esa mezcla podría saber quién era su verdugo. Aunque tenía mucho mareo se levantó de la cama para ir al baño, necesitaba ducharse, quitar todo el calor que sentía en su cuerpo y tomar suficiente líquido para limpiar su sangre, tenía recuerdos difusos de lo conversado por los médicos cuando salió del peligro de la intoxicación. El molesto yeso fue difícil de manipular, pero lo logró. Buscó sus pertenencias personales una vez salió del baño limpia y con su mente más despejada. Un maletín que sin duda le llevó Carolina, tenía su celular y el cargador, lo conectó esperando que la batería estuviese en un buen porcentaje para comunicarse con Janeth, ella era la única que podía decirle lo que sucedió después del evento y como seguía su abuelo. Al tercer timbrazo la voz de la chica le respondió mostrando alegría por saber de ella. Las preguntas de obligación hicieron que Corso se disgustara por no decir nada en la reunión, cada vez más se necesitaba que regresara a El Edén, Pieter se debilitaba y las cosas con Estefan se dificultaban porque iba a hacer efectiva la cláusula que suspendía los giros que ella recibía de la vinícola, lo que significaba problemas con Karina y Matías. —No puedo viajar ahora, estoy hospitalizada, tuve una reacción alérgica a un medicamento —el grito al otro lado del auricular provocó que Iolita se separara del teléfono—. Quiero que vengas, nadie te conoce y podrías ser mi enfermera mientras me recupero. —Mañana mismo me pongo en eso, sabes que Hugo nos ayudará, pero necesito que busques la excusa perfecta para entrar, no creo que a tu maridito le guste que hayas elegido tu en vez de él. —Mi médico, Yanni Tappan, él ayudará —Iolita le dijo el nombre de la clínica y cómo comunicarse con el galeno. Al colgar se encontraba tranquila, no sabía hasta donde Matías tenía que ver con la enfermera que deseaba su muerte, pero no se iba a arriesgar. Iolita se recostó en la cama tratando de descansar, se dio cuenta del líquido en el suelo y cerró la llave de la bolsa de suero. El celular sonó avisando de un mensaje. Al abrirlo sonrió por la imagen del conejo blanco llorando. Pujol: Hoy necesito una amiga, ojalá pudiera hablar contigo. Sin pensarlo mucho respondió. La relación entre ellos se dio de manera un poco extraña. Estefan un día público una pregunta en el i********: de la vinícola, ella le pidió por el interno fotografías y unos tiempos relacionados con las burbujas. Desde ese instante se convirtieron en charlas sencillas sobre temas del trabajo, de la familia, de su “ya no tan pequeña” hija, de la soledad en que se encontraba, siendo su confidente y convirtiéndolos en amigos de internet. Iolita escuchó cada mensaje de voz respondiendo con mensajes de texto. Tenía miedo de que supiera su verdadera identidad. La frase de «es tarde», y el ver que se acercaban a las tres de la madrugada, hizo que Estefan se despidiera, no sin antes preguntar lo que nunca podría contestar sinceramente. Pujol: ¿Cuándo podré conocerte? Poisson: Hasta pronto, duerme bien y trata de hablar mañana con tu hija, ten presente que es una adolescente y no todos los días se cumplen dieciséis. Cortó la comunicación y dejó el celular al lado suyo sobre el colchón. El sonido de mensaje le hizo ver la imagen. Fue cuando Iolita se dio cuenta que su vida podía ser tranquila y reconfortante sin Matías a su lado. Pujol: Duerme bien, dulce amor mío.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD