El invernadero

3607 Words
Capítulo 3 ¿Qué podía hacer? ¿Qué debía de hacer? ¡¿Qué se supone que debía de hacer?! Habían pasado los días desde que escuché las revelaciones de Lady Sophia de Chesterfield ¡Y no sabía qué hacer! La única persona a la que se lo conté fue a mi reflejo en el espejo ¡No sabía qué más hacer! Y es que todavía faltaba mucho para el día en que los empleados revelan los chismes que escucharon durante el mes, así que no podía decir nada acerca de lo que sabía y no llevaba mucho tiempo en este lugar como para confiar en alguien que no sea yo misma y quizá mi tía Joyce ¡Pero en serio me sentía nerviosa con semejante secreto! Me vi a mí misma tentada a eliminar esa grabación ¡En serio quería hacerlo! Pero no podía, sobre todo porque en estos días, tal como George me había comentado, la madre de Lady Sophia era una verdadera arpía; así que una parte de mí, una que desconocía totalmente, quería conservarla por si en algún momento tenía que vengarme. Algo que debes de entender es que, cuando eres una persona con tan mala suerte como yo, este tipo de cosas realmente pueden valer oro ¡Y me refiero a literalmente oro! ¿Saben cuánto podría cobrarle a Lady Sophia por mi grabación? ¡Miles de libras! Lo suficiente como para comprar un piso en Londres y darle una buena vida a Rose ¡Podría cambiar mi vida! Es casi ridícula la cantidad de posibilidades que podía imaginar si usaba ese audio a mi favor ¡Era inmensa! Porque tenía en mis manos la posibilidad de que Lady Sophia se volviera una señora forrada en billetes o no. Así que ahora estaba atrapada en un verdadero dilema. Hacer uso de algo que prácticamente grabé de forma ilegal, arriesgándome a ser demandada por extorción o algo por el estilo; o callármelo para siempre y ver por los próximos años como el muy enamorado Lord Luke Nightingale carga con unos enormes cuernos, porque los tendrá ¡Lo sé! Y George tenía razón, Lord Nightingale está más que enamorado de su prometida, la mira como si fuese el ser más bello del planeta, como si fuese lo más preciado que tiene. Me gusta ver cómo le toma de la mano cuando están la mesa, como la toma desprevenida y le estampa un beso en los labios, como la abraza cada dos segundos, él es muy dulce con ella ¡Y ella se acuesta con otro! Pero repito, no es mi asunto ¡No es mi asunto y no debería de meterme en ello! Así que no sé qué hacer. Realmente no sé qué hacer… ¿Cómo le puedes ocultar semejante cosa a alguien tan amable como Lord Nightingale? — Vamos Rose… Estiré la mano hacia mi pequeña hija. — Shi… Caminamos fuera de las cocinas, el desayuno de hoy fueron unos panecillos con mermelada exquisitos y salchichas. Hacía mucho tiempo que no tenía desayunos o cualquier tipo de comida así de deliciosa y contundente. Momentos como estos es que agradezco haber conseguido este trabajo, momentos como estos me hacen pensar que quizá cosas buenas sí le pasan a las personas buenas y como yo era una buena persona a la que le había pasado malas cosas, pues ya era hora de que me sucediera algo bueno. Caminé hacia el salón, tomando de la mano a mi pequeña hija y mirando hacia todos lados. El salón principal era tan majestuoso como el resto de la casa, quizá igual de majestuoso que el del mismísimo palacio de Buckingham, jamás he ido, pero me imagino que será igual de majestuoso. Los muebles con un tapiz hermoso, las mesas lustrosas, los adornos pulidos, la señorita Laura en serio que hacía un gran trabajo limpiando todos esos adornos. Había una enorme alfombra que daba armonía a los muebles y una muy elegante chimenea que le daba armonía a la habitación. Rose caminó hacia uno de los sillones y se trepó en él; miré mi reloj con algo de desesperación, debía de iniciar mi turno en unos breves minutos y el autonombrado niñero oficial de mi hija no llegaba. — Bueno, supongo que hoy no habrá día de amigos en el lago Dije, viendo a mi hija. — ¿Por qué? Preguntó Rose, mirándome con sus enormes ojos. — Pues porque… Pero antes de que pudiera decir una sola palabra más, unos apresurados pasos se escucharon en las cercanías. — Lo lamento, me quedé dormido Confesó el joven de ojos color caramelo. — No se preocupe… Asentí con la cabeza, sin poder evitar notar el hinchado labio inferior de mi jefe y lo que parecía ser una mordedura en su cuello… sí, era una muy buena explicación. — ¡Luke! Mi hija alzó los brazos. — ¡Rosie…! — el joven la alzó en brazos — Hoy pasaremos la tarde montando a caballo — puse cara de pánico — Descuide, yo la cuido — Eh… — ¿Tienes algún problema si me llevo a tu hija a la ciudad? — ¿A Londres? — pregunté, parpadeando — Está lejos — No tanto, a unas cuantas horas, es que Sophia vio en internet una boutique que podría confeccionarle un vestido a Rose — le miré confusión — Queremos que sea la niña de las flores en nuestra boda — Oh… pues… bueno… es que… — Sophia dice que tu hija se vería bien en las fotografías, mucho mejor que su sobrina que heredó la nariz de su cuñada — Oh… ya veo… — ambos soltamos una risita — Bueno… es que… — le miré — No tengo ningún problema, es solo que… es mi hija… y… no debe de hacerlo… — ¿Por qué no? — me miró con una ceja alzada — Somos amigos ¿Verdad Rose? — Shi Contestó ella. — Y no te preocupes por el dinero, lo costearé todo — insistió el joven — No obstante, tienes razón y… Rose es tu hija… — depositó a mi hija en el suelo y tomó su manito — Y no debería de insistir tanto si su madre considera inapropiado mi atrevimiento — No, descuide, no me molesta, es solo que nunca me separo de ella por tanto tiempo y… — bajé la mirada — Mire… usted es amigo de mi hija, no mi amigo — el hombre abrió ligeramente los labios — Y está bien, usted es… un Lord… y… — me estaba entreverando con mis propias palabras — Yo solo una persona que aceptó un trabajo de sirvienta porque no le quedaba de otra y porque no tiene más familia salvo su tía y su única hija… — nos miramos fijamente — Entienda que en serio, muy en serio, me aterra perder a mi hija… por favor… — Descuide… — sonrió ligeramente — Prometo cuidar de su hija hasta con mi propia vida — asentí, sintiendo mi interior temblar — Y no dude en pedirme lo que sea que necesite para ella — sonrió — Al fin y al cabo, se ganó mi corazón en esta semana… — volvió a tomar a mi hija en brazos — Entonces… ¿Puedo tomarme el atrevimiento? — Eh… yo… — Mi amor… — Lady Sophia apareció — ¡Oh! — se quedó quieta, mirándonos a ambos — ¿Le dijiste? — Eh… sí mi amor… — el jefe me miró y luego a su prometida — La señorita Evans estaba a punto de darme una respuesta — Oh por favor, señorita Evans — pidió la prometida del jefe — Sálveme de esta agonía — tomó mis manos con las suyas — No quiero tener que vivir con la desdicha de no poder ver mis fotos de boda porque lo único que veré será esa nariz de guacamayo — miró a mi hija en los brazos del jefe — Y su hija es una preciosura, igual que usted — sonrió — Y he visto el más maravilloso y exquisito vestido para ella — Eh… yo… — miré a mi jefe y luego a los ojos de su prometida, mi interior se encogió — Está bien — ¿En serio? — la mujer soltó un chillido parecido al de una chinchilla — Espléndido, iremos a la ciudad después de andar a caballo — Lo que tú digas mi amor Ahí estaba de nuevo, esa mirada cargada de amor, de devoción. Cómo hubiese querido que alguien, en algún momento de mi vida, me mirase con esos ojos. Sin embargo, ahí estaba él, Lord Luke Nightingale, destilando todo lo que sentía por su prometida en una sola mirada, era incluso palpable. Él la amaba, amaba con todo su ser a Lady Sophia de Chesterfield, y ella lo estaba engañando con su novio, el tal Theodore. — Y recuerda que me quedaré en mi departamento, es el Baby Shower de mi muy buena amiga Lucy y en serio quiero ir — Sí, compré un regalo para ella, lo dejé en tu habitación — Oh… que dulce Se dieron un corto beso. — Bueno… — el jefe me dedicó una mirada, aclarándose la garganta — Muchas gracias por la confianza, señorita Evans… ya no la interrumpimos en sus labores — Sí… de acuerdo… — hice una leve reverencia — Adiós mi niña… — Adiós mami Pronunció Rose, agitando su manito y haciendo sonreír al jefe y su prometida. Me doy media vuelta dispuesta a comenzar con mis labores, aún pudiendo escuchar las risas de Lady Sophia y el jefe. Una extraña punzada hace doler mi pecho, supongo que es por el debate interno que estoy teniendo en estos momentos ¿Debería de decir la verdad? Eso sería lo correcto ¿Cierto? Pero, por otra parte ¡No es mi asunto! No debería de meterme ¡Y a demás está esa dichosa regla tácita de los empleados de no decir nada a los patrones por más horrible que sea el chisme! ¡Porque esto es horrible! Estamos hablando de un muy hombre que se va a casar con una muy mala persona. No sé qué hacer, por lo pronto supongo que solo me dedicaré a limpiar las habitaciones… — Oh, ahí hay alguien Maldije para mis adentros, era la horrible madre de la horrible prometida del jefe. — Madame… Hice una leve reverencia. — Mi baño está atorado, arréglalo — ordenó con un notorio tono altanero — Y luego me llevas un coctel de frutos rojos a la terraza, junto con unos canapés ¿Me entendiste? — Eh… sí… — pero la comida la puede pedir “Por Favor” a las cocinas, no a mí — Enseguida — Pues apresúrate — tronó los dedos — Los quiero en veinte minutos — Claro, en seguida… Asiento con la cabeza, la mujer solo hace un ruidito con la nariz, dándose media vuelta y caminando lejos de mí. Todas y cada una de las cosas que me dijeron mis compañeros de trabajo sobre esta mujer ¡Todas! Eran verdad ¡Esa mujer es insufrible! Es decir, sí, soy consciente de que soy una sirvienta, pero eso no le da derecho a tratarme como si yo fuese un perro o un esclavo. Creo que ese es el problema principal, ella se ve a sí misma como una “Ama y dueña” y a nosotros como “Esclavos”, personas sin derecho a un trato digno y que deben de servirle ¡Y no es así! La esclavitud fue abolida hace mucho. No le va a causar una embolia el pedir las cosas con amabilidad, usando un “Por favor”, no tronando los dedos como si fuésemos perros a entrenar ¡Lo peor es que ella ni siquiera será la dueña de todo este lugar! Solo será la suegra del dueño, quien, a diferencia de ella, sí es una persona que trata bien a sus empleados ¡Se autodenominó como niñero de mi hija solo para que pueda trabajar tranquila! ¡¿Cómo no querer trabajar para un hombre como él?! La actitud tan mezquina de la madre de Lady Sophia es una de las razones por las que conservo esos audios en mi teléfono y por la cual le saqué al menos unas tres copias. No me considero una persona vengativa, pero si algo me enseñó la vida es que debo de armarme con lo que sea para defenderme. Mi hermano solía hacer eso, solía armarse con lo que fuese para defendernos, él hacía de todo para defendernos, es una lástima que la vida lo haya tratado como basura cuando él lo único que hizo fue hacer lo correcto. Así que, cuando me toque defenderme de lo que sea o defender a Rose, si es que fuese necesario, no dudaré en usarlo. Soy consciente de que tengo una bomba en las manos, lo sé, y también soy consciente de que las consecuencias podrían ser graves, pero si con eso consigo un mejor trato, un trato digno o protección para mi hija, aunque no tenga mucho sentido lo que digo, no dudaré en hacerlo. — ¿Le llevaste los canapés a la señora de Chesterfield? Pregunto a mi tía, quien está amasando lo que parece ser masa para pan. — Sí… — tía Joyce puso una cara de horror — Esa mujer, me tiene loca, dijo que uno de los camarones no estaba cocinado y me hizo prepararle todo de nuevo ¡Por supuesto que estaba cocinado! — negó con la cabeza y soltó una risita — ¿Y sabes qué fue lo peor? — volvió a reír — Que no los cambié, me preparé un café y vi un capítulo de “The Umbrella Academy”, luego llevé la misma fuente y lo único que me dijo fue “Ya vas aprendiendo cómo hacer bien tu trabajo” — soltó una carcajada — Esa arpía, al menos su hija es buena persona, un poco desesperante, pero buena persona — Buena persona… Repetí en un susurro. — ¿Qué te sucede? — preguntó tía Joyce, negué con la cabeza — ¿Pasa algo? ¿Esa arpía fue mala contigo? — No, no es eso… — no era del todo mentira — Solo estoy preocupada por Rose, ya ves que el jefe y su prometida se la llevaron de paseo — A sí… — tía Joyce sonríe — Oí que la quieren a ella como la niña de las flores para que las fotos de la boda salgan bonitas — Sí, algo sobre una nariz, no lo sé — Es que Rosebud es una preciosidad — Lo sé… Sonrío. — Es igual a la madre — me giro, ahí está el bronceado chico de ojos azules — Igual de bonita — George — tía Joyce le da un golpe con un paño de cocina — ¿Me trajiste lo que te pedí? — Sí — el chico sonrió ampliamente, mostrando sus blancos dientes — Los más frescos tomates que la huerta pudo haber creado y tus ramos de cilantro y perejil — Gracias Mi tía volvió a sonreír, tomando todo lo que el rubio acababa de dejar sobre el mesón. — Buen día Lilibeth Saludó. — Buen día — le devuelvo el saludo, él me sonríe con calidez — Bueno, supongo que iré a disfrutar de mi descanso — También es mi descanso — George miró su teléfono — ¿Paseamos por los huertos? — De acuerdo Acepto encantada. George es una persona sumamente agradable y con quien se puede sostener largas conversaciones de lo que sea, realmente ha hecho mis días en la campiña un poco más agradables. La verdad es que me alegra haber encontrado un amigo, no había tenido uno desde hace un buen tiempo, es agradable poder tener a alguien después de tanto tiempo estando sola. — ¿Qué tal te ha ido hoy día? Pregunta George, sentándonos en una banca dentro del invernadero. — Ah… pues bien — suelto un suspiro — Ahora comprendo a las demás empleadas cuando dicen que los hombros duelen… — George ríe quedamente — Y apenas ha sido mi primera semana de trabajo… — ambos reímos — De todas formas, espero conservar este trabajo, al menos hasta que Rose termine la escuela… — ¿Y el padre? — pregunta George, le miro — ¿No te ayuda con ella? — bajo la mirada — Oh… lo siento, quizá dije algo que no debía… — No, está bien… — asiento con la cabeza, intentando sonreír — El padre de Rose está muerto… — contesto finalmente — Murió en un accidente de tránsito… — Oh, rayos, perdona… — Descuida, no había forma de que supieras — jugueteo con las blondas de mi delantal — Nunca la llegó a conocer, pero al menos tengo una foto de nosotros con la primera ecografía, la guardo en un libro — sonrío — En fin… fue un buen chico — Lo lamento… — Ya te dije que no hay ningún problema — Debe de haber sido difícil para ti — Supongo… — me encogí de hombros — Nunca creí que sería madre soltera a las veintidós, pero dos años después creo que puedo con todo, incluso detener un camión con el cuerpo — O tender veinte camas, con pesadas sábanas, todos los días Volvemos a reír. — Sí… o eso… Suelto un suspiro. — ¿Sucede algo? Pregunta, nos miramos. — No sucede nada… — aprieto los labios — O bueno, no del todo… — parqueo una pequeña piedrita — No a mí al menos… — ¿De qué se trata? Le miro, no sé si deba de hacerlo, pero es que no puedo seguir guardándolo. — Escuché algo… — contesto al fin, sintiendo el corazón en mi mano — Algo grave, muy grave — ¿Qué tan grave? — Grave — miro mis manos — No del tipo “Asesinaron a alguien”, pero sí del tipo… — miro de nuevo a mi amigo — Que injusto que les pasen cosas buenas a personas malas… — No comprendo… — Tía Joyce siempre dice que cosas buenas les pasan a las personas buenas y que yo soy una persona buena así que es tiempo de que me ocurra algo bueno — aprieto mi delantal con fuerza — Siempre fui buena, siempre fui una persona correcta… — respiro profundamente — Pero la vida siempre me ha lanzado al suelo con violencia… — le miro — Y es tan injusto que a las personas malas le pasen cosas buenas cuando yo soy una persona buena a la que le pasan cosas malas… — ¿Quién es la persona mala? ¿Qué le ha sucedido? — No sé si pueda decirlo, no ahora al menos, quizá en el día en que todos los empleados se pongan a chismear de los secretos de los patrones — ¿Es sobre los patrones? George abrió al máximo los ojos. — ¡No! Bueno sí… — me muerdo el labio inferior — Lo supe hace una semana, en mi primer día de trabajo y… — nos miramos fijamente — Me está matando — ¿Así de grave es? — asiento con la cabeza — ¿Te haría sentir mejor el decírmelo? — No sé, quizá… — retuerzo mis dedos — Pero al mismo tiempo pienso que quizá no sea algo que pueda contarles a todos los empleados… — Bueno… — le miro — Puedes confiar en mí — ¿En serio? — Te juro que no le diré a nadie — No lo sé… — Vamos Lily, además, si lo sueltas, podrás sentirte mejor — palmeo mi mano — Y siempre es bueno tener a alguien en quien confiar — Supongo que sí… — suelto otro suspiro — De acuerdo, te lo diré, pero si se lo dices a alguien sabré que fuiste tú y jamás te volveré a hablar — él asiente con la cabeza — Bien… — respiro hondo — Escuché y tengo grabada la evidencia, de que Lady Sophia de Chesterfield, engaña a Luke Nightingale — ¿En serio? — Sí… — contesto — Con un compañero de la facultad o algo así, un tal Theo, y al parecer, Lady Sophia realmente ama a este sujeto y solo se casará con el jefe por conveniencia porque… ¡Es inmensamente rico! ¡¿Quién no querría casarse con alguien así?! — niego con la cabeza — Y temo contarlo porque temo que él se entere y me culpe por habérselo dicho a todo el mundo y convertirlo en la burla de su propia campiña o me culpe por no haberlo salvado de esa arpía — miro mis manos — No quiero sonar como una interesada, pero él le ha tomado cariño a mi hija y sé que los Nightingale a veces “Apadrinan” a los hijos de sus empleados y creo que él está dispuesto a hacerlo con mi hija… — siento una presión en el pecho — No quiero perder eso y tampoco quiero perjudicarlo… no sé qué hacer… — Creo que lo mejor será que hagas lo que creas correcto… — toma mi mano — Eres una persona buena que hace cosas buenas, sabrás qué hacer — Eso creo… Asiento con la cabeza, él sonríe. — Y que sea pronto, porque la boda es dentro de dos semanas — sentí un nudo en el estómago — Y todos merecemos casarnos con alguien a quien a amemos — Sí… — nos miramos fijamente — Lo merecemos, ser felices… — Todos lo merecemos, incluso Lord Luke Nightingale…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD