4.

1330 Words
Aunque sintió curiosidad por la repentina intervención de Maya, no hizo ningún comentario. El auto estaba algo alejado y la siguió en silencio. - Deja tus cosas atrás - se volteó solo un momento para mirarlo y ocupó el lugar tras el volante. En cuanto él se sentó a su lado, sonrió. - Hola - - Hola, Maya - - Sorprendiste a todos - encendió el auto y volvió a mirarlo - Eres un buen portero - - Para nada. Tan solo fue suerte - - ¡Oh! ¿Ahora te harás el modesto? - - ¡No! - él rio - Te lo digo en serio. Tenía mucho tiempo de no jugar. No sé cómo lo logré - - Pues ahora Franco no permitirá que faltes a un solo partido. Empezará a retar a todos los equipos que siempre nos golean - Puso el auto en marcha y tomaron la calle principal. - ¿Siempre vienes a los juegos? - Asintió. - Sí, casi siempre. Lidia se aburre mucho, así que mi función es entretenerla mientras los chicos juegan - - ¿Son buenas amigas? - - Las mejores. Nos conocemos desde niñas - Se hizo un breve silencio. - El otro día… - dijo ella de pronto - La barbacoa en casa de Franco… te fuiste temprano - - Bueno, estaba ahí desde la mañana. Vi el juego con ellos, pero tenía que ir por mi hija - - ¡Oh! Ya veo... - mantenía la mirada fija en la calle - ¿Qué edad tiene? - - Tiene doce años - - Ya es una niña grande - - Sí, una preadolescente en todo su esplendor - la miró un instante - ¿Y tú? ¿Tenías un compromiso? - - Sí, tenía un torneo - respondió brevemente. Al ver que no decía nada más, preguntó: - ¿Torneo? - - Doy clases en una academia de baile y el grupo de niñas participó en un torneo - - ¡Oh! ¿Eres bailarina profesional? - Maya dejó escapar una risa divertida. - ¡No! En lo absoluto. Mi profesión “seria” - e hizo las comillas con las manos - es el diseño gráfico… Que, si le preguntas a mi madre, te dirá que no es realmente una profesión… Y bueno, no paga bien y para ayudarme me certifiqué en acondicionamiento físico, danza aeróbica y esas cosas. La dueña de la academia es mi amiga y por eso me coloqué allí - - Ya veo… Habían llegado al bar, a esa hora bastante lleno. Lograron reunir un par de mesas y con un gesto sutil, Maya evitó sentarse cerca de Michael y se acomodó en un rincón, entre Lidia y Eduardo. - ¿Todo está bien? - preguntó su amiga, que no había pasado por alto lo sucedido. - Sí, muy bien - respondió Maya con una sonrisa. Ordenaron las bebidas y pronto entablaron una alegre conversación. Alrededor de una hora después, Franco se les unió. - Esa maldita máquina encendió en cuanto llegamos a la casa - farfulló con enfado - Mañana la llevaré de nuevo al taller, pero te aseguro que con gusto la enviaría a una chatarrera - Lidia rio ante la exagerada reacción del hombre. - ¿Pretendes que te crea? Amas ese auto más de lo que me amas a mí - - ¿Qué dices? - se arrojó sobre ella por encima de la mesa, haciendo chocar las botellas y la besó. - ¡Franco, basta! - exclamó Lidia, pero se había ruborizado - ¿Qué crees que haces? - - ¿Ves? - se volvió a Eduardo y Maya que veía la escena divertidos - Seis años y aún está loca por mí - - No seas tan engreído - dijo Lidia con un guiño - Anda, ve por una cerveza para mí - - Voy contigo - dijo Eduardo y se volvió a Maya - ¿Quieres otra bebida? - - No, estoy bien. Gracias - Mientras se acercaban a la barra, Michael no perdió el tiempo de acomodarse junto a la joven. El cantinero hizo un gesto de reconocimiento. - Parece que todo salió bien - e hizo un gesto con la cabeza hacia donde Maya se encontraba. - No es lo que tú crees - respondió Eduardo - Solo vengo con un grupo de amigos - Al notar que Michael había tomado su sitio, se quedó en la barra y tomó su cerveza lentamente. Una vez que acabó, miró su reloj. Era mejor volver a casa. Se acercó solo para despedirse, pero los reclamos no se hicieron esperar. - ¿Cómo? ¿Te vas? Es muy temprano - - Tuve un día muy difícil en el trabajo y mañana será igual. Vamos, chicos, ya no tengo veinte y luego del juego de hoy, si no me voy a la cama, mañana no podré levantarme - Franco aún intentó convencerlo, pero no cedió. - ¿Cómo te irás? - - Pediré un taxi, no te preocupes - - Aguarda - Maya se había puesto de pie - Yo también ya me voy. Puedo llevarte - - ¿Qué? - Lidia la miró con sorpresa. - Tengo clase mañana temprano - respondió ella tomando su bolso e hizo un gesto con la mano - Chao, chicos - Michael se había puesto de pie también y la tomó del brazo. Dijo algo a su oído y ella sonrió con algo de nerviosismo. - Hablamos luego. Adiós - Se acercó a Eduardo y él le indicó que pasara primero. Esa mujer le intrigaba. Apenas se conocían y creyó que no le había agradado cuando se conocieron. Pero ahora… ¿por qué hacía eso? - ¿A dónde te llevo? - preguntó en cuanto salieron del bar. - Te lo agradezco, Maya, pero puedo tomar un taxi - - No, está bien. Puedo llevarte. Anda, sube - - Bien, gracias - Le dio la dirección y viajaron en silencio. De vez en cuando la observaba. - ¿Hace mucho que vives por esta zona? - su voz lo sobresaltó. - Algunos meses - dijo él mirando por la ventanilla. - ¡Oh! Es por el divorcio, ¿verdad? - le miró un instante - Perdón, lo olvidé - - No te preocupes - - ¿Tu hija vive contigo? - - No, vive con su madre. Paso con ella los fines de semana - Ella no respondió. - Allí - señaló unos portones oscuros en medio de la cuadra. Maya detuvo el auto y miró el edificio con curiosidad. - Se ve un barrio agradable. Es muy tranquilo, ¿verdad? - - Sí, lo es - se volvió a ella - Te agradezco que me hayas traído - - Con gusto - la joven sonrió. Salió del auto y tomó su maletín de la parte trasera. Volvió a asomarse a la ventanilla, no muy seguro de qué debía decir. - Oye, Maya… - titubeó. - ¿Sí? - - Anota mi número… y envíame un mensaje cuando llegues a casa. Solo para estar seguro de que llegaste bien - Ella le miró por un instante, algo seria, pero luego respondió: - Claro. Dame un momento - Buscó su teléfono y le hizo un gesto para que le dictara el número. - Listo - - Gracias de nuevo. Ve con cuidado - - Claro. Buenas noches, Eduardo - - Buenas noches - Permaneció en la calzada hasta que el auto se alejó. Entró al apartamento y dejó el maletín. Se cambió de ropa y entonces escuchó la notificación de su teléfono. “En casa sana y salva” decía el mensaje. Antes que pudiera responder, entró otro. “Por cierto, es Maya.” “Me alegra que llegaras bien. Descansa.” La respuesta no tardó en llegar. “Tú también” Guardó el número y dejó el teléfono sobre la mesa de noche. Prendió el televisor, pero rápidamente se quedó dormido.
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