Era lunes por la mañana y dejó su sitio por un momento para beber algo. Frente a la oficina había un pequeño comedor, en ese momento vacío y apoyado en el fregadero, bebió lentamente un jugo de naranja.
- ¿Está todo bien? - le sobresaltó una voz femenina cerca de él. Alzó la mirada para encontrarse con Silvia, la secretaria de la oficina contigua.
- Hola - saludó - ¿Necesitas pasar? - y le hizo espacio.
Ella, sin dejar de mirarlo, se acercó al fregadero y lavó su taza.
- Estabas muy concentrado. ¿Qué pasa? -
Conocía a Silvia desde que entró a trabajar en la institución, un par de años después que él lo hiciera. Se había sentido atraído a ella desde que la vio por primera vez, pero él ya estaba casado y ella salía con quien años después se convertiría en su esposo. Entre ellos no hubo más que algunas salidas y un poco de coqueteo, que con el tiempo se convirtió en una buena amistad y mucha confianza.
- Es Tonya - dijo lentamente - Está insoportable -
- Es por el divorcio, Eduardo - se sentó y le hizo un gesto para que hiciera lo mismo - Está en una edad muy difícil -
- Trato de hablar con ella, pero no me escucha. Si al menos me dijera qué pasa, yo podría pensar en cómo manejarlo -
- Bueno, creo que son muchas cosas: las hormonas ya empiezan a hacer estragos y empieza a asumir esa actitud de “soy grande y odio al mundo”, pero en el fondo sigue siendo una niña insegura y atemorizada -
- Supongo que me culpa de lo que sucedió, tal como lo hace Dafne -
- No creo que haya un bueno o un malo en toda esta situación, Eduardo. No creo que con Dafne sea diferente, pero no lo va a admitir -
- ¡Ah! Todo esto es agotador - acabó su bebida - ¿Y qué se supone que haga? -
- Solo debes estar presente. Dale espacio, pero que ella sepa que estás ahí y que puede contar contigo… Y no aceptes culpas, ¿eh? Ni trates de sobre compensarlo porque crees que está sufriendo o te manipulará hasta que mueras. Eres su padre, así que debes ser firme y darte tu lugar -
- Sí… entiendo… Suena sencillo, pero no creo que lo sea -
- Nunca lo es, pero todo es reciente para ella… Para todos, en realidad y aún se están adaptando -
- Pareces saber mucho de divorcios e hijos adolescentes -
- Mi hermana pasó por eso hace poco. Un divorcio muy difícil. Hubo maltrato de por medio y tuvo que pelear hasta por la ropa que llevaba puesta -
- Lo lamento -
- Sí, ha sido muy duro para todos. Tiene tres hijos, el mayor es casi de la misma edad que tu hija, así que te comprendo perfectamente -
- ¿Ella está bien ahora? -
- Es un proceso. En su caso, es mucho más complicado, pero tiene mucho apoyo -
- Es muy afortunada de tenerte y tener a su familia apoyándola -
Silvia cubrió su mano con un gesto cálido.
- ¿Y tú cómo estás? -
- Supongo que, como tú dices, estoy adaptándome. Yo no me lo esperaba. Dafne me tomó por sorpresa y no me dio tiempo siquiera de asimilarlo o de darme cuenta qué sucedía -
- No imagino lo que debes estar pasando - se puso de pie - pero sabes que puedes contar conmigo, ¿verdad? Si necesitas un tiempo fuera o tomar algo, háblame -
- Gracias, Silvia -
Ella sonrió y dejó el comedor.
Volvía a su sitio, cuando su teléfono sonó.
“Partido el miércoles a las 6 p.m. Tercer tiempo en el bar de Tony. Te paso la dirección.”
Era Franco. Su primer impulso fue excusarse con cualquier pretexto, pero se detuvo. Lo haría luego, para evitar que tuviera oportunidad de insistir y convencerlo en asistir.
Sin embargo, ese día, preparó ropa deportiva y una muda de ropa adicional. Al final de la tarde decidiría si iría o no.
Fue un día bastante largo y complicado. Pasó casi todo el día en una aburrida reunión sobre un nuevo proyecto y a medida que avanzaba la tarde, pensó que no saldría a tiempo con los pendientes.
A eso de las cinco se dio por vencido. Necesitaba despejar la mente.
La cancha donde jugarían quedaba cerca, así que fue a pie. De paso calentaría luego de tanto tiempo de no hacer ejercicio.
Franco le recibió con alegría y reconoció a varios de los que estuvieron en la carne asada de días atrás, entre ellos, Michael.
- ¿Cuál es tu posición? - preguntó el hombre.
- Tengo mucho tiempo de no jugar, será mejor que vaya de defensa -
La partida recién había iniciado cuando vio llegar a Maya. Se acomodó al lado de Lidia y conversaban sin prestar atención al juego.
Michael, al notar su presencia, trataba de lucirse y había logrado anotar dos tantos en pocos minutos, pero el equipo contrario empató con la misma velocidad.
En la jugada del tercer gol contrario, el portero hizo una salida brusca y cayó pesadamente, mientras su tobillo se doblaba de forma dolorosa.
- ¡Hey, Jose! ¿Estás bien? - Franco corrió hacia él.
- Sí, sí - dijo sin aliento - Dame un momento -
Le ayudaron a incorporarse y luego de un momento, negó con la cabeza.
- No creo que pueda seguir jugando -
- Sí, no te preocupes. Vamos - con ayuda de Michael lo llevaron hasta la gradería. Lidia y Maya se habían acercado.
- Buscaré hielo - dijo la joven rápidamente.
- Bien - Franco miró a sus compañeros - Necesitamos un portero -
Nadie se movió.
- ¿Qué tal tú, Eduardo? -
- No juego como portero desde el colegio -
- ¡Bah! Eso solo un juego. Es por diversión, tampoco se trata del campeonato mundial -
Jose le tendió sus guantes y exhaló un suspiro.
El juego se reanudó y fuera que ese día tenía buena estrella o que el rival no era muy habilidoso, logró detener el primer remate.
- ¡Bien! - el grito de sus compañeros resonó en la cancha.
Se concentró tanto en el partido, que no se dio cuenta de que Maya había vuelto con Jose, pero mantenía la atención en el juego.
Michael anotó dos goles más, pero ella no pareció notarlo. Algo más había atraído su mirada.
El delantero del otro equipo dejó escapar una maldición mientras el balón se iba por lo alto del marco y en ese momento, Eduardo volvió a ver hacia la gradería.
Ella sonrió y él también esbozó una sonrisa.
Al final, ganaron el partido por una amplia diferencia.
- Vale que tenías mucho tiempo de no jugar - bromeó Franco - Nos salvaste la vida -
- Creí que era solo diversión - replicó Eduardo.
- Estos chicos nos han vencido en todos los partidos anteriores. Es la primera vez que les ganamos -
- ¿Suerte de principiante? - intervino Michael. Se había quitado la camisa y mostraba con orgullo su amplio torso y abdomen marcado.
- Supongo que sí - respondió Eduardo y miró a Maya.
Ella no parecía impresionada por el físico del otro hombre.
- ¿Cómo estás, preciosa? - le saludó Michael inclinándose para besarle la mejilla.
- Hola, Michael - dijo sin calor.
- ¿Cómo te sientes, Jose? - Franco se acercó a su amigo.
- Todavía duele. Será mejor que vaya a casa -
- Deberías ir a un hospital, puede ser serio - dijo Eduardo.
- No lo creo. No es para tanto - respondió rápidamente - Vayan a celebrar, chicos, se lo han ganado. Luis me llevará a casa y luego se reunirá con ustedes -
- ¿Seguro? -
- Sí, ya te lo dije, no es nada. Vayan -
- Bien. Vamos a las duchas y ya volvemos -
Cuando salieron de la cancha, los demás aguardaban en el parqueo.
- Franco, el auto no arranca - dijo Lidia con enfado, en cuanto llegaron hasta ellos.
- ¿Otra vez? ¡Acaba de salir del taller! - subió rápidamente, pero el vehículo no encendió.
- Te dije que ese hombre no me daba confianza - le reprochó la mujer.
- Pero estaba bien. ¿Será la batería? - se rascó la cabeza, algo desconcertado - Bueno, ni modo - se volvió al grupo - Hey, chicos, vayan al bar. Yo llamaré a la grúa -
- No, aguardamos, mejor -
- No digan tonterías, vayan - se acercó a Eduardo - Lo siento, amigo -
- No te preocupes -
- Lidia y Eduardo pueden ir conmigo - dijo Michael.
- No, lleva a Lidia - la voz de Maya le sorprendió - Eduardo irá conmigo -
- Bien - Franco se volvió a su pareja - Estaré allí lo antes posible -
Se distribuyeron en los autos y se dirigieron al bar.