16.

1533 Words
Sin embargo, no pudo volver a conciliar el sueño. Tomó la mano del hombre y la apretó contra su vientre. Era muy tibia y su calor traspasaba la fina tela de la bata. Para su sorpresa, la mano se movió hasta su pecho y sujetó con fuerza el seno, acariciándolo. Su piel se erizó. Era una sensación placentera. Sintió su respiración en su oído. - ¿No puedes dormir? - murmuró somnoliento. - Perdón, no quería despertarte - Se apretó contra ella, acomodando su pene entre sus nalgas y ella no pudo evitar moverse suavemente. Su pezón ya estaba duro y lo tomó con su dedo índice y pulgar y lo jaló. - ¡Ah! - exhaló. Eduardo levantó la bata que apenas la cubría y se dio cuenta que no llevaba bragas. No le fue difícil abrirse paso entre sus muslos. No tardó en notar que ya estaba mojada. ¡Cielos! ¡Estaba fuera de control! Pero quería continuar. Así que levantó la pierna para facilitarle el acceso a su cuerpo y él, sin demora, la penetró. Una descarga eléctrica le recorrió de pies a cabeza. Empujó la cadera y descansó la pierna en su cadera, para que él entrara con facilidad. Esta vez no fue delicado. La embestía rápidamente, apretando con fuerza su pecho y con la barbilla apoyada en su hombro. - ¡Ah! - gritó Maya y llevó su mano hasta el clítoris para aumentar la excitación - Voy… voy a correrme… - se quedó sin aire y él dio una última embestida antes de que ambos llegaran al clímax. Dejó escapar una risa tonta. Podía seguir así toda la noche. Cuando despertó, su espacio estaba vacío y la casa silenciosa. Le tomó algo de tiempo recordar que había sucedido: tenía la leve noción de un ruido apagado a su alrededor, pero no quería despertar. - Debo ir por Tonya - había susurrado Eduardo a su oído - Te hablo luego - Ella murmuró unas palabras ininteligibles y él le besó el cabello. Ahora, sola en la casa, sentía una opresión en el pecho. Se dio una larga ducha con agua fría. Tenía que volver a la realidad. Lo de ayer había sido una locura. Un sueño erótico que jamás habría podido imaginar. Pero ahora él estaba con su hija y ella se sentía llena de dudas. Mientras esperaba que el café se preparara, revisó su teléfono. Tenía mensajes y llamadas perdidas de Franco, Lidia e incluso de Michael. “¿Dónde estás?” “¿No vas a venir?” “¿Todo está bien?” “Maya, ha pasado mucho tiempo y no respondes. Me asustas” Exhaló un suspiro y escribió a Lidia. “Lo siento. Lo del logo tomó demasiado tiempo. ¿Qué haces mañana en la tarde? ¿Vamos por un café?” Pasaron unos minutos antes que Lidia respondiera. “¿Por qué no respondiste mis mensajes? Realmente estaba preocupada, Maya. ¿Estás bien?” “Sí, estoy bien. Te contaré todo el lunes” “De acuerdo. Paso por ti a la academia” Hizo algo de aseo en la casa y cuando retiró las sábanas de la cama para lavarlas, no pudo evitar la tentación de aspirarlas. El aroma del sudor, de su colonia y sus fluidos le produjo cosquillas. “Huele a sexo” y todo su interior se contrajo. Decidió salir a hacer unas compras y distraerse. El día se le hacía muy largo y Eduardo no le había escrito. Tal vez esperaba que ella lo hiciera, pero no sabía si era apropiado. Es decir, no quería interrumpir el tiempo con su hija. “Por eso no salgo con hombres con hijos” pensó y frunció los labios. A eso de las ocho, recibió un mensaje suyo. “Hola. ¿Cómo estuvo tu día?” ¿Estas son horas de aparecer? Se dijo con algo de enfado. Exhaló un suspiro y dudó cómo responder. Al final, dejó el teléfono a un lado. - Le contestaré luego. No quiero hacer una tontería, como dice Lidia - -0- - ¡Vamos chicas! ¡Dos más, uno más! - tenía mucha energía contenida y parecía ser que el resto del grupo no podía llevarle el ritmo. Cuando finalmente terminó la clase, todas gruñeron, aliviadas. - ¡Cielos, Maya! - dijo una de las chicas secándose el sudor - Fue una clase muy dura para ser lunes - - Al contrario - replicó con un guiño - Es justo lo necesario para empezar la semana - Se despidió del grupo y se dio una ducha rápida. Lidia ya le aguadaba cuando salió al recibidor. - A ver, detente ahí - dijo la mujer con falsa severidad. - ¿Qué? - - Veamos… cabello brillante, piel tersa y tus ojos brillan… Ya veo por qué no llegaste el sábado - y dejó escapar una risa. - ¿De qué hablas? Acabo de ducharme - - No. Lo siento en el aire… Puedo oler el sexo - - No digas tonterías, Lidia - pero no pudo evitar ruborizarse. - Lo que me intriga es saber con quien - - ¿Podemos ir a beber algo? Muero de sed - - No me cambies el tema, Maya. Tendrás que contármelo todo - Giró los ojos. - Te lo contaré, pero vamos - Buscó la mesa más alejada de la cafetería y ordenaron sus bebidas. Lidia se acomodó en su silla y aguardó. - Bien… empezaré desde el principio - - Primero dime quién fue. Muero de curiosidad - Titubeó y rehuyó su mirada. Al final, exhaló un suspiro. - Fue con Eduardo… La mandíbula de Lidia cayó. - ¿Qué? Me estás tomando el pelo - - No - sonrió nerviosa - ¿Me dejarás contarte? - - Sí, sí, apresúrate - Le contó lo que sucedió con el pedido de última hora y los problemas con la computadora y cómo él se presentó de improviso. - Te aseguro que no lo planeé, Lidia. No me había pasado por la cabeza, pero el partido ya había empezado y me sentía algo cansada, por el estrés - - No tan cansada - bromeó la mujer. - No sé… fue tan extraño… Creo que no era consciente de lo que hacía. Solo le propuse ver el partido allí, pedimos comida y luego él sacó lo de la apuesta - - ¿Apuesta? - - Le conté de mi apuesta con Franco y él quiso que apostáramos - - ¿Y ese fue tu premio? - - ¡No! - volvió a sentir sus mejillas arder - No definimos cuál era el premio - - Bueno, vamos al punto. ¿Cómo estuvo? - - ¡Cielos! Eres tan morbosa - sacudió la cabeza - Yo me sentía tan contenta de haber ganado, no dejaba de pensar en lo furioso que debía estar Franco - - ¡Oh! No querrás acercártele. Tal vez lo mejor es que no estuvieras allí - rio la mujer. - No creas que no cobraré mi premio, mi auto necesita ese cambio de aceite desde hace semanas - Callaron mientras les servían las bebidas y Maya dijo a la joven: - Trae otro. Necesito mucho líquido - - ¿Ahora mismo? - dijo la joven creyendo que bromeaba. - Sí, de una vez - - De verdad que hiciste mucho ejercicio - - El ejercicio, la ansiedad… ¡Cielos, Lidia! Creo que he enloquecido - - Pero dime una cosa: ¿fue bueno? - Maya se inclinó un poco para evitar que la escucharan. - Fue muy bueno - y sonrió. - ¿En serio? No lo habría imaginado. ¿Tan bueno? - Maya asintió y tomó un sorbo de su refresco. - Detalles, Maya, detalles - le urgió Lidia. - Es una locura, Lidia. Te aseguro que jamás tuve sexo como ese. Él fue tan delicado y cuidadoso… y sin embargo me corrí en dos segundos… O sea, me volví loca y solo quería que me cogiera… - su respiración se había agitado y hacía un esfuerzo para hablar bajo - Luego del quinto orgasmo, dejé de contar - La mujer abrió los ojos. - ¡Del quinto! ¿Pero cuántas veces lo hicieron? - - Pues toda la tarde… y parte de la noche - - ¡Guau! ¿Acaso ese hombre tiene una doble vida en el mundo del entretenimiento para adultos y no lo sabíamos? - Maya dejó escapar una risa y rápidamente se tapó la boca. - Pues no lo sé… Pero indudablemente tiene una condición envidiable. En ningún momento parecía cansado, no se quejó. Yo solo pedía más y él me complacía - - Ahora entiendo por qué nadie atendió - - ¿A qué te refieres? - - Pues estaba preocupada por ti, Maya - le reprochó - No respondías mis mensajes y pensé que algo te había pasado. Michael fue hasta tu casa a ver qué pasaba - - ¿Michael? - Lidia asintió. - Estuvo llamando por un buen rato, pero dijo que no había nadie en casa, aunque tu auto estaba ahí - hizo un gesto gracioso - Ahora comprendo que estabas demasiado ocupada -
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD