13.

1537 Words
Las siguientes dos semanas se mantuvo algo alejada. Intercambió algunos mensajes con Eduardo, pero nada más. Estaba trabajando en la identidad gráfica de una cafetería local que pronto abriría, y junto con las clases en la academia, estaba bastante ocupada. Se apartó de la computadora un momento para descansar y buscar algo de comer. Miró su teléfono: eran más de las nueve. Había perdido por completo la noción del tiempo. “Hola” escribió rápidamente “Mañana es el partido, ¿lo recuerdas? Franco quiere que lleguemos temprano. ¿Paso por ti?” “De acuerdo” respondió de inmediato “¿Qué hora es para ti temprano?” “¿A eso de las nueve te parece bien? Así podemos ayudarle a los chicos a preparar todo.” “Sí, perfecto” “Te veo mañana, entonces” ///// Eduardo terminaba de vestirse, cuando oyó el teléfono. Era un mensaje de Maya. “Hola. Me pidieron un trabajo de última hora. Es algo sencillo, pero me tomará al menos unos cuarenta y cinco minutos. ¿Me das algo de tiempo?” “Sí, por supuesto. No hay problema” Pasado poco más de una hora, ella llamó. - Hola - su voz estaba apagada - Lo siento. Tuve un problema con el programa y perdí todo el trabajo… - ¡Oh, Maya! Lo siento - - No sé si pueda recuperar algo de lo que había hecho… - Yo puedo esperar, no te preocupes - - No sé cuánto voy a demorar… y no quiero atrasarte - hizo una pausa - Tal vez quieras ir donde Franco… yo trataré de llegar en cuanto sea posible - - Como prefieras - - Lo siento - exhaló un suspiro. - No te preocupes. No es nada. Espero que puedas recuperar el diseño. Avísame si necesitas algo - - Gracias. Disfruta el partido - La llamada finalizó y él pensó por un momento qué hacer. Luego de unos minutos, llamó un taxi. Estaba tan concentrada que se sobresaltó al escuchar el timbre. Se dirigió a la puerta y no pudo ocultar su sorpresa cuando lo vio frente a ella. - Hola - saludó - Pensé venir a darte apoyo moral - Le cedió el paso, aún sin reponerse. - No me lo tomes a mal - se explicó él - No es mi intención que te sientas presionada - - No, no te preocupes. Gracias por venir - trató de sonreír. - ¿Pudiste recuperar el diseño? - miró hacia la computadora, en un extremo de la sala. - Logré recuperar una versión anterior - - Es algo. Tómate tu tiempo, no te molestaré - - Tú nunca molestas. ¿Quieres algo de beber? - - No, estoy bien. No te preocupes por mí - - Bien, no me tomará mucho - Le indicó que tomara asiento en la sala y ella volvió a la computadora. Eduardo la observaba. Llevaba una camiseta vieja y un short de mezclilla. El cabello recogido en una cola hecha apresuradamente. Esa apariencia relajada y sin afectación la hacía lucir más joven. Siguió el movimiento de su mano, que deslizaba el mouse, a medida que ajustaba algunos detalles. - Vamos, pórtate bien - dijo mientras observaba la barra que señalaba el avance del archivo exportándose. Suspiró aliviada y envió el archivo. - Cruza los dedos - se volvió a él - Para que no pidan más cambios - Se levantó y tomó un poco de agua. Aguardaron en silencio por unos minutos, hasta que entró el correo de respuesta. La vio fruncir los labios, lo que indicaba que algo no andaba bien. - Aquí vamos de nuevo - se volvió un momento a Eduardo - Si quieres puedes prender la televisión, el partido empezará pronto - - ¿No te molesta el ruido? - - No, para nada. El control está ahí - y señaló una mesita lateral. Buscó la transmisión y la puso en volumen bajo. Los comentaristas hablaban de las estadísticas del campeonato, mientras la cámara recorría las graderías llenas de aficionados. Ella movía insistentemente el pie, sin apartar la mirada de la pantalla. - ¡Listo! - sonrió aliviada - Gracias por la espera - sonrió - Iré a cambiarme, no tardo - Desapareció al fondo del pasillo, pero en cuanto entró a la habitación, cambió de opinión. Dudó un instante y volvió a la sala. Los equipos ya estaban en la cancha para los actos protocolarios. - Oye, Eduardo… - dijo con timidez. Se volteó para mirarla. - ¿Te molestaría ver el partido aquí? - - ¿Qué sucede? - - Estoy algo cansada… No tengo ganas de salir… - se acercó - Bueno, no sé. Tal vez prefieras ir con Franco y los chicos - - No quiero molestarte, si estás cansada, prefiero irme - - No, no. Quédate conmigo a ver el partido… Solo no quiero tener que salir… Podemos ordenar algo de comer… Si no te molesta - - Me parece un buen plan - asintió él. Ella sonrió. - ¿Sí? ¿Te parece? - - ¿Qué quieres comer? - tomó su teléfono y el rostro de la joven se relajó. - Lo que quieras. Creo que tengo algo para picar mientras llega la comida - Terminó de ordenar y se reunió con ella en la cocina. - Te ayudo - - Déjalo, yo me encargo - - ¿Te perderás la apuesta con Franco? - Ella rio. - No necesito estar allí para la apuesta - - ¿Y de qué se trata esta vez? - - Esta vez fuimos a lo grande - le guiñó el ojo - Un cambio de aceite - - ¿De tu auto? - - Sí - - ¿Y si él gana? - - Comida china. Hay un lugar muy agradable cerca de la academia. A Franco le gusta allí - Se volteó para buscar algo en el refrigerador y él dijo: - ¿Apostarías conmigo? - Creyó que había escuchado mal, pero al voltearse, él sonreía divertido. - ¿Apostar contigo? - - ¿Por qué no? - se encogió de hombros - Solo por diversión, como tú dijiste - Se apoyó en la encimera y se cruzó de brazos. - ¿Y qué apostamos? - - No lo sé. Dime qué quieres - - Hummm… no lo sé. Me tomaste desprevenida. Tendré que pensarlo - El pitazo de inicio los interrumpió. - Entonces supongo que lo sabremos hasta que termine el partido - - Trato hecho - le tendió la mano y él la estrechó. Se acomodaron en el sofá y Maya subió el volumen del televisor. Ella era una espectadora inquieta. Se movía constantemente, gritaba y se enfadaba cuando la jugada no salía. Eduardo solo la observaba divertido, estaba más atento a ella que al partido en sí. Celebró el primer gol con grandes aclamaciones. - ¡Oh! ¡Franco debe estar furioso! - exclamó sentándose en el descansabrazos - Bueno, tú también debes estarlo - - Llevan apenas veinte minutos de juego, Maya. No cantes victoria tan pronto - Le interrumpió el timbre. - Debe ser la comida - Eduardo se incorporó, pero ella le hizo un gesto. - Yo voy. Esta vez corre por mi cuenta. Después de todo, arruiné tus planes - Conversaban animadamente cuando notó que él miraba el celular. - ¿Pasa algo? - - No, todo está bien - - Puedes contestar si quieres - - No es importante, no te preocupes - Algo de la bebida se derramó cuando ella cantó el segundo gol. - Te dije que estaba en una buena racha - parecía una niña entusiasmada. - Sí, debí pensarlo mejor - - No te preocupes, te trataré bien por ser la primera vez - había algo de coquetería en su tono. - Creí que eras más competitiva - - ¡Oh! No querrás conocer mi parte competitiva - Su expresión cambió cuando el Barcelona estuvo a punto de anotar, pero pronto suspiró aliviada. Faltaban solo diez minutos y el marcador estaba dos a uno. Solo esperaba que el partido acabara pronto. Eduardo había ido un momento al baño y era tal su ansiedad que casi estaba de pie sobre el sofá. - ¿Cómo? ¿Seis minutos de reposición? - reclamaba a la pantalla. - Te dará un infarto - dijo Eduardo divertido tomando de nuevo su lugar en el sofá. - Hay mucho en juego - respondió con algo de picardía - Hace mucho tiempo que no disfrutaba tanto un partido. Tengo la garganta seca - Finalmente, el árbitro finalizó el partido y ella brincó por la sala. - ¡Gané! ¡Gané! ¡Oh! Lo único que lamento es no estar ahí para molestar a Franco - Se dejó caer en el sofá, de nuevo, algo agitada y apoyó su cabeza en el hombro de Eduardo. - Bueno, así que ya tengo mi cambio de aceite y… - lo miró un momento - Veamos… ¿qué puedo pedirte? - Él no dijo nada. - ¿Qué pensabas pedirme si ganabas? - - No lo había pensado aún. Dijimos que lo decidiríamos luego del partido - giró levemente la cabeza para mirarla.
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