12.

1709 Words
La escena se repetía cada vez con más frecuencia. Aunque Michael parecía haber claudicado en sus intenciones, siempre saludaba a Maya con cierta deferencia y le gustaba hablarle muy cerca, pero no insistía si ella se alejaba. Lidia sonrió a su amiga que se acercaba a buscar otra bebida. - Hay que traer de la cocina - le dijo y tomó un bol ya vacío. Se dirigieron juntas al interior de la casa. - Entonces… ¿qué está sucediendo entre Eduardo y tú? - preguntó Lidia a quemarropa. Maya no se movió y Lidia se cruzó de brazos con una sonrisa divertida. - No sé de qué hablas. Solo somos amigos - - ¡Oh! ¿En serio? - - Sabes que sí - - ¿Qué hay de Michael? - - Nada. También somos amigos - - Creí que él te agradaría - - Es un tipo guapo, no lo niego - - ¡Vaya! No lo digas con tanto entusiasmo - Maya hizo un gesto y destapó la botella. - Es guapo, soltero, sin hijos. Tiene un buen trabajo y es evidente que le gustas mucho… ¿No cumple todos los requisitos de tu lista? - - Pues sí… pero no sé… No me termino de enganchar - - No sé qué más quieres, Maya - respondió Lidia con un movimiento de cabeza. - Bueno, Lidia, a veces la gente simplemente no hace clic - - Pero sí has salido con él y lo has besado, ¿no? - - Quise darle una oportunidad - se encogió de hombros - Pero no creo que pueda haber nada entre nosotros - - ¿Y se lo has dicho? - - Sí, claro - Guardaron silencio un instante, mientras la mujer rellenaba el bol. - Pero te gusta Eduardo, ¿no es así? - le espetó. - ¡Lidia! ¿A dónde quieres llegar? - - No te separas de él, Maya. A donde él va, tú vas. Por primera vez desde que te conozco realmente le prestas atención a los partidos de fútbol - - Eso no quiere decir nada - respondió rápidamente - Él me agrada, no te lo niego. Me gusta conversar con él y me siento muy cómoda a su lado. Pero no hay interés de ningún tipo. Yo no le intereso - y frunció los labios. - ¿Estás segura? - - Él cree que salgo con Michael… Aunque también se lo he aclarado varias veces y… pues simplemente no veo ese tipo de interés en él - - Entonces es eso… - ¿Qué? - - Como él no ha mostrado el mismo interés que los otros hombres, te atrae - - ¡Lidia! ¿Por quién me tomas? ¿Acaso tengo dieciséis años? - - Maya, te conozco desde hace décadas. Te conozco - y la miró fijamente. - Pues si me conoces, sabrás que no me interesa salir con alguien como él: tiene una hija, hipoteca, no tiene auto y es divorciado. No salgo con hombres divorciados - - Lidia, ¿tienes hielo? - Las dos mujeres se incorporaron y palidecieron al mismo tiempo. Eduardo entró a la cocina sin parecer haber escuchado la conversación, pero Maya no podía moverse. La palidez dio paso a un tono ceniciento, como si hubiese dejado de respirar y se mordió el labio. - Sí, claro - Lidia se rehízo rápidamente - En el congelador queda una bolsa, creo - lo observó fijamente, pero su expresión era tan calma como siempre. Pasó al lado de Maya sin mirarla y buscó el hielo. - Bien, llevaré esto al patio - dijo Lidia y salió de la cocina rápidamente. Maya lo miró, algo desconcertada. - ¿Te ayudo? - dijo con voz temblorosa. - No, gracias - él se incorporó y le ofreció una sonrisa. “Por favor... que no haya escuchado” era lo único que podía pensar. Cuando reaccionó, estaba sola en la cocina. Se sentó en el taburete y tomó un trago grande de su bebida. Se sentía como una idiota. Se había portado como una tonta y sabía lo mal que se había escuchado lo que dijo. Se cubrió el rostro con las manos y tomó algo de aire. Necesitaba serenarse. Volvió a reunirse con el grupo en el patio, pero se mantuvo alejada de Eduardo. Al menos hasta que recuperara el control sobre sí misma. Sin embargo, su humor había cambiado. Por alguna razón se sentía muy enfada consigo misma y con Lidia. Ya anochecía cuando todos se dispusieron a retirarse. - ¿Te llevo? - preguntó tímidamente a Eduardo, que ayudaba a Franco con la parrilla. - No te preocupes, les ayudaré a recoger y luego tomaré un taxi - - No tengo prisa. Yo también les ayudaré - Se reunió con Lidia en la cocina para lavar los platos. - Maya, ya cálmate. Él no escuchó nada - trató de tranquilizarla - Ya viste, sigue como si nada - La joven se aseguró que siguieran en el patio y volvió a su lado. - Claro que no lo demostrará, porque es demasiado considerado y no hará una escena. No me va a decir nada, te lo aseguro y seguirá como si nada porque así es él - Lidia la miró con sorpresa. - Todo esto es tu culpa - - ¿Mi culpa? - - Sí, por hacerme hablar de más… aquí, con tanta gente - - Bueno, Maya. Ya, tranquilízate. Si lo vas a llevar a casa no hagas una tontería - - ¿A qué te refieres? - - A tratar de averiguar si escuchó, a tratar de darle explicaciones. Si él no toca el tema, no lo hagas tú o quedarás como una tonta - - ¿Más? - - Estás alterada y cuando te pones así, sueles hablar de más, así que no lo empeores - - Está bien. Tendré la boca cerrada - Los escucharon volver a la casa y callaron. - Chicos, recuerden que en dos semanas es el clásico español. La fiesta inicia temprano - - Prepara tu bolsillo, Franco - respondió Maya riendo. - Tú debes prepararte, Poveda. El Barça los va a aplastar - - Ya veremos, ya veremos - Un rato después, Maya y Eduardo subieron al auto y echaron a andar. - ¿Qué fue todo eso? - preguntó Eduardo. Maya sonrió. - Franco y yo siempre apostamos en los partidos importantes - le miró un instante - Me gusta llevarle la contraria, aunque no sea aficionada al equipo, solo por el placer de molestarlo… Últimamente he tenido una buena racha - - Ya veo… ¿Y qué tan altas son las apuestas? - - No apostamos dinero. Suele ser un par de cervezas o una cena. Solo por diversión - Él sonrió y ella se concentró en el camino. Pero no dejaba de pensar en lo que había sucedido horas atrás y tenía que morderse la lengua para no hablar. Lidia la conocía bien. Sí, empezaría a decir tonterías y todo sería peor. Pero no soportaba la idea que él se quedara con esa impresión, que pensara que era una chica frívola e interesada. - ¡Maya! ¡El semáforo! - Escuchó su voz como si estuviera muy lejos. Sin entender qué sucedía, frenó violentamente. - ¿Qué pasó? - miró a su alrededor, pálida. - El semáforo, está en rojo - señaló Eduardo. Frente a ellos, avanzaban los autos a gran velocidad en una calle muy transitada. - ¿Estás bien? - Eduardo la observaba. - Sí, sí… yo solo… me distraje un momento - Tomó aire. Sus manos temblaban levemente. - Tal vez sea mejor hacernos a un lado un momento - - No, no. Estoy bien. Te lo aseguro - El semáforo ya había cambiado a verde y avanzó lentamente. Lo mejor era concentrarse en la carretera y dejar de pensar tonterías. Cuando finalmente llegaron, Eduardo se volvió a ella. - Estás algo pálida. ¿Segura que estás bien? - - Sí, estoy bien - murmuró tratando de sonreír. - ¿Quieres pasar? Creo que necesitas beber algo - Le sorprendió su propuesta. Jamás la había invitado a su apartamento. Asintió y entraron al edificio. Era un apartamento pequeño, amueblado con sencillez y en perfecto orden. No pudo evitar sonreír. - Pasa, siéntate. ¿Qué quieres tomar? - - Solo un poco de agua - Le siguió con la mirada y luego observó con más detenimiento el lugar. Se alisó el cabello y trató de sonreír cuando él volvió. Bebió lentamente. - Gracias - - ¿Te sientes mejor? - - Sí, ya te dije que no es nada. Solo me distraje - Él la observaba. - No me mires así. No estoy ebria. Solo me tomé una cerveza y luego solo bebí sodas - - No he dicho nada - - Pero tienes una mirada inquisidora - replicó ella. - ¿Inquisidora? Nunca me habían dicho algo así - “Es mi culpabilidad hablando” pensó. - Bien, creo que debe irme - se puso de pie lentamente. - ¿Estás segura? Puedes quedarte un poco más - La oferta le pareció muy tentadora, pero prefirió no correr el riesgo. - Tal vez en otra ocasión. Tengo una comisión que terminar, así que prefiero ir a casa - - De acuerdo - la acompañó a la puerta - Conduce con cuidado, por favor - - Sí, lo haré. No volverá a pasar, te lo aseguro - se detuvo frente a él y se acercó para darle un beso de despedida. Eduardo apenas se inclinó y ella lo besó en los labios. Él no se movió, no reaccionó a su beso, pero ella no pudo evitar sonreír. - Nos vemos - susurró. - ¿Estás segura que solo bebiste una cerveza? - Maya asintió, hizo un gesto con la mano y salió del lugar. Subió al auto y arrancó. Condujo un par de calles y estacionó. Estaba temblando. - Maya, te has vuelto loca - cerró los ojos y apoyó la cabeza en el asiento - Loca de remate - Tomó su teléfono. Necesitaba decírselo a Lidia. Se detuvo. No. Mejor no. La reprendería. Se estaba comportando como una adolescente y no le sentaba bien.
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