Se sentía desconcertada. Era difícil descifrarlo. No lograba distinguir en su tono de voz cuando bromeaba, cuando estaba enfadado o cuando coqueteaba.
- Entonces simplemente accediste y firmaste el divorcio - dijo exhalando un suspiro.
- Sí. No tenía sentido continuar juntos. La relación estaba deteriorada y pensé que un divorcio rápido y de común acuerdo era lo mejor para todos… incluida Tonya -
Volvió a fruncir los labios. Ya Eduardo había aprendido a descifrar que ese era el gesto que denotaba que estaba contrariada o molesta.
- Creo que nunca he conocido alguien como tú - murmuró.
- Eso no es lo que pensaste, ¿verdad? - y sonrió.
- ¿Por qué…? -
- Lo que quieres decir es que soy raro -
Ella dejó escapar una risa nerviosa.
- Pero en un buen sentido - y al fin probó su comida.
- Creo que soy práctico y me gustan las cosas simples. ¿Cuántas veces he escuchado mujeres quejarse de que un hombre no acepta un no? De seguro tú lo has vivido en carne propia. Si dices no, quieres que esa persona se detenga y respete tu decisión, ¿no es así? Y así debe ser… Yo no puedo lidiar con esos juegos de te digo que no, pero en realidad es un sí, como la canción… Si quieres estar conmigo, perfecto. Si no quieres estar conmigo, de acuerdo. Los malentendidos traen demasiadas complicaciones en una relación… o en cualquier ámbito, en realidad -
- Dímelo a mí - giró los ojos - Y lo que dices suena muy simple y lógico, si lo piensas un momento, pero creo que nunca lo había visto de esa manera… ¿Haces yoga o algo así? No sé, debes ser budista -
- No, solo es mi personalidad -
Ella aún asimilaba lo que Eduardo había dicho. ¿Ese hombre era real? No podía ser una careta o un discurso ensayado para conquistar chicas.
Se veía tranquilo y no parecía molesto o incómodo por todos los cuestionamientos que ella había hecho.
- ¿La amas? - su voz tembló levemente.
Él se detuvo y dudó un instante.
- Supongo que sí -
- ¿No estás seguro? -
- Creo que luego de tanto tiempo juntos, siempre hay sentimientos por la persona. Supongo que es amor, algún tipo de amor… Un vínculo cimentado en el tiempo y en los recuerdos… Pero no sé, tal vez solo sea costumbre -
- Pero… si ella no hubiera pedido el divorcio…
- Yo ha me había hecho la idea de que viviríamos juntos por el resto de nuestras vidas -
“No es un tipo muy apasionado” pensó Maya y frunció de nuevo los labios.
- ¿Y qué pasará ahora? -
- ¿A qué te refieres? -
- No sé… ¿Te gustaría volver a salir? ¿Conocer personas nuevas y tal vez… volver a tener una relación? -
- Supongo que con el tiempo, sí -
- Es decir, eres un hombre joven y atractivo… No pensarás quedarte solo el resto de tu vida, ¿cierto? -
- Gracias por lo de joven - bromeó él llevándose la bebida a la boca.
Maya se ruborizó. Usualmente era cautelosa con sus palabras, pero esa noche la impulsividad le estaba ganando la partida.
- Cualquier chica sería afortunada de estar contigo -
- No lo creo -
- ¿Ahora jugarás la carta de la modestia? -
- No juego. Creo que no cualquier mujer querría alguien como yo como su pareja: me es difícil tomar la iniciativa, soy un tipo tranquilo y fácilmente se puede confundir con pasividad… Puedo llegar a ser aburrido… Y disto mucho del tipo de hombre decidido y fuerte que se impone -
- No suena tan mal - dijo ella suavemente.
Sus miradas se encontraron y permanecieron así un instante. Cada uno tratando de descifrar al otro.
- Bueno… creo que ha sido suficiente interrogatorio - dijo ella rehaciéndose rápidamente - ¿Te gusta la comida? -
- Sí, es muy sabrosa -
- Me alegra que la disfrutes -
Ambos tenían que levantarse temprano al día siguiente, así que en cuanto acabaron la cena, se dispusieron a volver a casa.
Intercambiaron algunas palabras en el auto. Cuando se detuvo ante la casa de Eduardo, apagó el vehículo y se volvió a él.
- Quiero agradecerte por la charla. Es un tema muy personal, pero aún así me lo confiaste -
- Me agrada conversar contigo, Maya. Me siento muy cómodo en tu compañía -
Ella esbozó una débil sonrisa.
- Tu también me agradas -
Se inclinó y aguardó que él hiciera el siguiente movimiento, pero Eduardo se limitó a besarle la mejilla.
“No es de los que toma la iniciativa” pensó mientras sentía la calidez de su piel contra la suya. Llevaba una barba de varios días y el roce le hacía cosquillas.
- Gracias por la cena - dijo él - Escríbeme en cuanto llegues -
- Lo haré - le vio salir del auto e hizo un gesto de despedida con la mano.
Condujo rápidamente a casa, repasando en su mente toda la conversación que habían tenido. Realmente nunca había conocido a alguien como él. No sabía como sentirse al respecto.
- No hagas una tontería, Maya - se dijo mordiéndose el labio.
“Sana y salva en casa” escribió en cuanto aseguró la puerta y se dirigió a su habitación.
“Buenas noches” respondió él.
Ella no respondió nada más y luego de un rato, se quedó dormido. Lo sobresaltó la alarma. Sentía que había dormido demasiado, pero era apenas las cinco y treinta. Se dirigía a darse una ducha, cuando su teléfono timbró.
¿A esa hora? Era muy temprano.
“¡Buenos días! Éxitos en tu presentación” era un mensaje de Maya con una divertida cara sonriente.
De inmediato, entró otro mensaje con un enlace: “Para que te llenes de energía”
Good Feeling de Flo Rida comenzó a sonar.
“Interesante elección” pensó Eduardo.
Pasó casi toda la mañana en reunión. El director administrativo había aprobado la propuesta, pero como siempre sucedía, había pedido algunos ajustes.
Almorzó algo rápido en su escritorio. Tomó el teléfono y se sintió tentado a escribir a Maya, sin embargo, se contuvo. Tal vez no era buena idea. Tal vez debía reservarlo como tema de conversación para la próxima vez que se vieran.
Volvió al trabajo, hasta que su teléfono lo sacó de concentración.
- Hola, Eduardo. Tengo una reunión tarde y Rose no puede quedarse con Tonya. ¿Te importaría ir a casa y quedarte con ella? -
- No hay problema -
- Rose dejará la cena preparada, así que no te preocupes por nada -
- Está bien -
- Trataré de llegar lo antes posible, pero no sé cuánto tarde -
- Sí, ya sabes que no tengo problema con eso -
- Bien, gracias -
A las cuatro en punto salió rápidamente del instituto y se dirigió a la casa. Rose le franqueó el paso. Era la prima de Dafne, una joven de veintitrés años que se encargaba de acompañar a Tonya para que no se quedara sola en casa.
Casi de inmediato se retiró.
Tonya le saludó desde el comedor, donde se encontraba rodeada de libros.
- ¿Estudiando? - se acercó para besarle en la cabeza.
- Iniciamos exámenes mañana, pero creo que ya lo tengo. Solo estoy repasando -
- De acuerdo -
Se acomodó en el sofá y revisó el teléfono. Lo había puesto en silencio y no se percató que había ingresado un mensaje.
“¿Y? ¿Cómo te fue?”
Era Maya.
“Todo bien. Aprobaron la propuesta”
“Lo sabía. Me alegra mucho”
“Creo que Flo Rida me ayudó”
“Flo nunca falla” y envió un guiño.
- ¿Con quién hablas? -
Al alzar la mirada, Tonya lo observaba fijamente.
- Estás sonriendo -
- No es nada -
- Es una chica, ¿verdad? -
- Es solo una amiga. Le conté que hoy tenía una presentación y quería saber cómo me fue -
- Una amiga, ¿eh? - Tonya sonrió - ¿Y qué tal estuvo tu presentación? -
- ¿A qué viene esa actitud? -
La niña rio.
- Nada, nada. Solo preguntaba -
- Nunca te ha interesado mi trabajo -
- Porque no entiendo nada de lo que haces… Pero parece que tu amiga sí -
- No, no creo que ella entienda mucho tampoco - respondió Eduardo mirando la pantalla.
- Bueno, eso no parece importarle mucho -
- Cuide su tono, señorita - dijo Eduardo divertido.
- ¿Y es bonita? -
- ¿No tienes que estudiar? -
- Ya acabé -
- Entonces recoge tus cosas. Prepararé un batido -
- ¿Sobornándome? ¿Qué edad crees que tengo? ¿Cinco? -
- No. Recuerdo muy bien que pronto cumplirás trece, pero los adolescentes adoran un buen batido con helado y crema batida, ¿no? -
- Eso no evitará que siga preguntando - replicó con un guiño mientras recogía sus libros.
El teléfono volvió a sonar.
“¿Estás en tu casa?”
“No. Estoy con Tonya. Su madre tuvo una reunión.”
“¡Oh! ¡Disculpa!”
“Está bien, no te preocupes”
“No quiero interrumpir. Hablamos luego, ¿de acuerdo?”
“Sí, claro”
Cuando alzó la mirada, Tonya permanecía de pie, con los brazos cruzados, tratando de parecer seria. Era el vivo retrato de su madre.
- ¿Y bien? ¿Mi batido? -
- Ya voy, ya voy - se levantó y fueron a la cocina.
- ¿Ella es bonita? - preguntó mientras observaba a su padre preparar el batido.
- Sí, lo es -
- ¡Ah! Ya lo sabía…
- Ya te dije que solo somos amigos -
- Pero dices que es bonita -
- Puedo reconocer que es bonita sin que eso quiera decir que somos algo más -
- No me trates como una niña, mejor di que estás saliendo con ella y ya -
Eduardo dejó el batido frente a Tonya.
- Si saliera con ella, te lo diría –