Emma.
Abro pacíficamente mis párpados, el filtro solar atraviesa mi ventanal, interfiriendo con mi sueño.
Anoche estuve inquieta, recordando el engaño de Stefan pero sobretodo en el beso.
¿Cómo es su nombre? Ugh, mejor ni saber, el desgraciado me robó.
Miro la pequeña caja de iPhone a un lado de mi cama y la abro, mi padre se encargó de comprarlo para que al despertar pueda mantenerme en contacto con el mundo.
Abandono muy a mi pesar la cama, me doy una ducha, cepillo mis dientes y escojo el outfit para usar el día de hoy. La universidad no es cualquier cosa, menos en este día donde debo afrontar la vergüenza de ser engañada, lo bueno es no tener que verles la cara a esos desgraciados, espero.
Igualmente, hoy domingo solo debemos asistir por nuestros talleres, me toca francés.
Aliso mi falda larga con un tajo al costado, de color beige, en la parte de arriba llevo un top marrón con tiras de argollas plateadas, y encima de este un blazer beige, acompañado de zapatos altos en blanco.
Y como no puedo estar vacía, busco el bolso Versace n***o, agregando la cereza del pastel.
Orgullosa de mi maquillaje, de todo mi aspecto, bajo a la planta baja de la mansión hallando el comedor donde desayunan mis padres.
Le doy un beso en la frente a mi madre, luego a mi padre y me siento en la otra punta de la larga mesa de cristal.
Una de las empleadas coloca un plato con tostada, rebanadas de plátano decorado con miel, también un jugo de naranja, una taza de café y azúcar y para endulzar, waffles con crema batida y una frutilla arriba.
—Emma hemos fundido la empresa de los Sperado— informa casual, mi padre.
Para él fue un insulto engañar a su adorada princesa.
—Gracias padre, eso alivia un poco el dolor. Por cierto, ¿has conseguido el Lamborghini purpura?— la obsesión por tal vehículo surgió cuando escuché una colaboración entre Skrillex y alguien que no recuerdo.
—Iba a conseguirlo pero dado el robo de ayer, tu madre y yo decidimos dejarte bajo el cuidado de algún escolta, te llevará a donde gustes y te mantendrá a salvo.
—Pero padre…
—Pero nada. Tu seguridad es nuestra mayor prioridad, eres la heredera de los Mitchell, la única y nuestra princesita, así que este capricho no te lo voy a cumplir. Acataras nuestra orden— demanda, apoya su mano en la de mi madre poniéndose ambos de acuerdo en esta decisión.
Son pocas las veces que mi padre se negó a un pedido mío, por ello sé con seguridad que no va a retractarse.
El chofer privado contratado por mi padre aguarda en la limusina blindada, cuando aparezco frente suyo me abre la puerta trasera sin inmutar palabra.
El trayecto a la universidad fue silencioso a excepción de mi vídeollamada con mis amigas, les di lujo de detalle sobre lo que ocurrió el día de ayer, también del robo y sus reacciones fueron las esperadas, horror.
—Señorita, hemos llegado a su universidad— me dice el chofer viéndome desde el espejo.
Corto la llamada con mis amigas, salgo de la limusina una vez me abre la puerta y este me detiene.
—Le recuerdo que la voy a estar esperando aquí, si quiere ir a algún lugar yo la llevare.
—Ugh que fastidio.
Entro al campus de la universidad, al ser domingo hay muy pocos universitarios, los que vienen como yo son quienes deben cumplir en sus talleres, nos toca a los de último año.
Pronto asumiré mi cargo de heredera en las empresas de mi familia por lo que se entiende la presión a la cual me someten día a día, con mis estudios dentro y fuera de aquí.
Estudié contabilidad, ruso, chino, japonés, marketing, y ahora curso para recibirme en leyes.
***
El taller de francés duró una hora y media, ha terminado puntual así que los pocos que participamos nos apresuramos en salir del establecimiento antes de ser retenidos.
En medio camino, detenga mis pasos detallando dos figuras conocidas, de pie en la puerta, esperándome.
Stefan y Selena seguramente lamentan haberme humillado como lo hicieron. Son tendencia en twitter, la noticia se esparció por todo internet lo cual en cuestión de horas el futuro de los dos cayó en picada.
A llorar en otro lado, ridículos.
Paso delante de ellos, ignorándolos como se merecen hasta que uno me empuja hacia atrás.
—Emma, hablemos, dame la oportunidad de explicarme— Stefan presume unas ojeras oscuras, una mirada sombría.
—No hay nada que explicar, sean felices viviendo a base del amor porque sus futuros se convirtieron en cenizas— lo manoteo rebajándolo con la mirada. Se rasca la nuca, voy de salida y regresan a joderme.
En esta oportunidad, Selena bloquea mi camino adelante, y su amante atrás.
—Por eso Stefan te engañó, eres una malcriada sin cerebro a la que no le importa nada ni nadie.
—Dile eso a mis diplomas, a los idiomas hablados cuando tú simplemente hablas ingles.
Inhala furiosa, Stefan aprieta mi brazo zarandeando mi cuerpo.
—¡Tienes que darme una oportunidad después de años como novios! Si quieres casarte, casémonos, te gustaba planificar la boda de tus sueños, te lo puedo dar, Em— propone, ciertamente es verdad, mas no soy idiota en regresar con él.
—Déjame en paz— me suelto—. Ve a tener una vida humilde como te gusta, con esa cualquiera sin gusto a la moda, vayan a salvar vidas y desaparezcan de la mía. Bastante daño me han hecho ya.
Sin preverlo, la sombra de su puño nubla mi vista, cierro los ojos esperando el golpe, se escucha un sonido mas no en mí.
—¡Stefan!— Selena corre tras él, luego de haber sido noqueado por… ¡El ladrón!
Mi ex novio fue derribado por el ladrón quien le propina varios golpes, manchando el suelo con sangre, dejando Inmóvil a Stefan.
Termina en azotar un golpe final y se endereza, acomodando su chaqueta. Frunce el entrecejo, mirando mi aspecto.
—Luces demasiado niña rica— se acerca, ignorando los lamentos de Selena. Me intimida al extremo de provocar que retroceda, temerosa.
Es peligroso, un criminal sin escrúpulos, aparentemente.
—Vamos bonita, demos un paseo.
Niego en respuesta.
—He dicho vamos— intercambia la voz a una amenazante. Una loca iría a voluntad, y yo no lo soy. He venido preparada.
Busco discretamente en mi bolso el gas pimienta que compré y lo sujeto segura, apuntando a sus bellos ojos, y cuando estuve a nada de cumplir mi cometido, el ladrón me arrebata el gas pimienta y lo tira al otro extremo de la cerámica. Lejos de mí.
—O vienes por las buenas o vienes por las malas, bonita. Yo que tú por las buenas, más ahora que me hiciste enojar— trago en seco posando mis ojos en los suyos, no miente, busco ayuda en los testigos de atrás y estos corren lejos.
Aparte de traicioneros, cobardes.
—Tengo un guardaespaldas que me espera en la entrada— advierto—. Sabe mi horario de entrada y salida. Si se entera que me secuestraste vas a salir en cadena nacional, me van a encontrar e iras a la peor prisión por el resto de tu vida.
—¿Te refieres al guardaespaldas inconsciente? Le di un par de pastillas, por lo pronto no despertara, y un mensaje tuyo evitaría hacer un escandalo. Créeme, no querrás ser torturada en mi vecindario por una equivocación.
—¿Qué quieres de mí? Te he dado mi bebé, mi dinero y bolso de edición ilimitada, ¡supérame, imbécil!— alzo mi voz hastiada, su forma de hacerme callar es con un beso igual de candente que la noche anterior.
Presiona mi mentón para que abra más la boca y así poder atragantarme con su lengua, es diferente a los besos que recibí en mi vida.
Este es salvaje, excitante, nuevo…
Deslizo mis dedos sobre su cuello llegando a su cabellera suave, inclinándolo a mí.
Esto es insano, desaprobado por la sociedad, aún así le correspondo al criminal, ansiando tenerlo así todo el día.
Se separa agitado, relamiéndose los labios, justo cuando creí que no podía ser más sensual, aterriza su lengua en mi mejilla, lo cual provoca que lo empuje, asqueada.
—¡Eres un demente asqueroso!
Ríe victorioso, sin embargo la sonrisa se le borra al escuchar el sonido de unas sirenas aproximarse.
—Vámonos— tira de mí creyéndose mi dueño, me rendí de todas formas.
Lanza el casco que trae de mas y cae ante mi cruzada de brazos.
Soy una señorita de clase alta, ni crea que voy a moverme como una salvaje, tengo modales.
Bufa frotando la sien y baja de la motocicleta solo para levantar el casco, ponérmelo de malas y arrastrarme a lo que hace llamar medio de transporte.
Revivo el sufrimiento cuando maneja perdiéndose en su propio mundo, olvidando mi compañía o simplemente disfruta burlarse de mí.
Las sirenas de los policías lo siguieron un par de calles, logró desviarse del camino, no sé como, pero lo hizo.
Un par de avenidas y frena en una muy recóndita de la ciudad, no la conocía hasta hoy, mucho menos esperaba que esté colapsada de autos, motocicletas e inclusive bicicletas.
El aspecto de quienes vienen varía cada quien. En su mayoría, las mujeres visten con faldas cortas y apretadas, mini shorts que dejan las pompis expuestas y tops tipo brasier, no cubre en su totalidad los pechos de ellas.
Les gusta verse provocativas en este ambiente.
En cuanto a los hombres, un cincuenta por ciento luce igual a el ladrón que me secuestró, el otro cincuenta viste de jeans y camisetas u al estilo raperos.
—Espera un minuto— lo detengo al descubrir para donde se iba a ir, planeaba dejarme en la motocicleta sola, mientras se perdía con las personas que de seguro conoce, puesto que no han parado de saludarlo a lo lejos—. Si vas a secuestrarme mínimo mantenme a tu lado. Y si te soy un estorbo, ¿porqué no me regresas? Prometo no decir nada de lo que ocurrió.
—Bonita, no te vas a ir a menos que yo lo quiera. Ahora, envíale un mensaje a tus padres adinerados y diles que te escapaste y no planeas volver por el momento— levanta su dedo cuando intento objetar—. Te recomiendo ser discreta, seguirme a todos lados y no hacerte de la loca, porque aquí las personas no respetan las leyes, tampoco tienen la misma paciencia que tengo al aguantarte.
Discretamente, mira en dirección a un hombre corpulento, lleno de tatuajes con aires de ser un mafioso. Aquel se percata de nuestras miradas, y la sonrisa siniestra que dibujan sus labios confirma lo dicho por el ladrón.
—Al menos dime tu nombre— pido, toca esperar que se aburra y me deje en paz.
—Puedes decirme Luke, alias; tu depredador.