Emma.
El criminal Luke es venerado en este sitio, lo reciben como a un Dios.
Las mujeres se lanzan sin escrúpulos, pegándose a él, intentando seducirlo y el malnacido les corresponde con besos húmedos y apretones en público.
¡Nunca más permito que me bese!
Camino a su lado, me empujan a cada segundo, encima se atreven a mirarme de pies a cabeza, desvalorizado mi presencia.
Criminales que se creen superiores, si que es nuevo.
—Luke, la gente me empuja y…
—¡Eh, Luke!— otro tipo sale de la nada, abrazándolo y descubro que es el amigo que se llevó a mi bebé.
Odio este ambiente, odio estas personas y principalmente ¡odio a Luke!
Por su culpa mis padres están que explotan tras recibir mi mensaje, han llenado mi buzón con llamadas, mensajes, explotaban mi celular. Luke se había dado cuenta y lo que hizo en consecuencia fue aplastar mi celular con su pie.
—Quédate sentadita sin hacer ruido, Mike te vigilará— dicho ello, Luke se aleja rodeando de dos rubias altas y esbeltas, acompañado de un grupo de hombres.
Mike, su amigo ladrón, vigila, literalmente se sentó a mi lado a clavar sus ojos en mí.
—¿Quieres dinero? Puedo…
—No sirve de nada que ofertes por dejarte escapar, Luke te quiere en este lugar y así será.
—Quizás un…
—No.
—Entonces puedes…
—No.
—¡Al menos deja que termine de hablar!— el grito pasa desapercibido por la música fuerte, por lo que nosotros dos fuimos los únicos en escucharlo. Levanta su mano para sellar su boca como a un cierre y me da la oportunidad de hablar.
—Necesito ir al baño, llevo aguantando un buen rato.
—¿Opción uno u dos?
—Ni creas que te lo diré— apoyo mi espalda en la pared de cemento. Estoy viviendo una parte oscura en mi vida, sentada en el suelo, apoyada en cemento, escuchando preguntas ridículas de un delincuente.
¡Qué quieres de mí, universo!
—Oye si te aburres, por que no mejor damos una vuelta en mi Lamborghini purpura— propone, enfatizando “su Lamborghini” que tan descarado pueden ser hoy en día.
—Querrás decir el vehículo que me robaste— lo corrijo, contando mentalmente del uno al mil para no golpearlo—. Sinceramente no tengo ganas de que me recuerdes aquel día, mi bebé era el tesoro adorado que tenía, y seguiría siéndolo si no fuera por ustedes, delincuentes.
La ofensa le es indiferente.
—Bien, yo iré, tú puedes quedarte a jugar con otros “delincuentes”.
—Espera— corro detrás suyo, llevo tacones y me hacen correr—. Se supone debes vigilarme, no abandonarme.
—Y eso hago, estas en tu libre albedrío seguirme o no.
Llegamos a mi bebé, mi preciosa bebé que fue víctima de impresiones, colores disfuncionales.
Para completar, alguien la estaciona luego de utilizarla. A continuación, una figura de infarto sale, el mundo conspira a su favor, recibiéndola con un ligero viento que mueve el cabello azabache, tal cual comercial.
Aquella mujer atractiva, vistiendo una simple babucha verde y un top de tirantes, es elogiada por los grupos que se le acercan. Presume de mi ex bebé, tratándolo de su propiedad.
—Qué hace esa ordinaria en mi auto— replico, sopesando la situación que me supera. Una cosa es que me roben, otra muy distinta que se lo den a una calienta de hombres.
—Es amiga de Luke, se prestan absolutamente todo, sin importar el valor que tenga. Su nombre es Samanta, tienen años de amistad y en mi opinión hay algo más, quizás sentimientos encontrados.
—Si se gustan como dices no habría impedimento, por cierto, eres muy entrometido, nunca te pregunté la clase de relación entre delincuentes, hazme el favor y vayamos a otro lugar.
Para el es un juego, tiende a hacerse pasar por un niño el cual ignora a sus padres. Se mete apresurado en el Lamborghini seguido de la tal Samanta, dejándome sola, rodeada de la mala vida.
Un punto a favor teniendo en cuenta mi momento ideal para huir, claramente no lo tengo sencillo pero si encuentro a una persona normal, podría tenerme compasión.
Recorro el lugar tragando las palabras ofensivas que dicen los hombres, pervertidos hay por doquier. Entre la multitud, hallo a una chica que aparenta dieciséis, enderezo mi columna caminando hacia ella, cuando llego, me dedica una sonrisa entusiasta.
—Hola, no me conoces, tampoco yo, pero fui secuestrada por un delincuente de aquí, si pudieras llamar a la policía o a mi familia te aseguro que te recompensare.
—Oh dios— entreabre los ojos asombrada, viste decente en este ámbito y exacta eso fue mi esperanza—. Descuida bonita, confía en mí.
Últimamente andan usando con frecuencia la palabra bonita.
La chica se aleja al punto de perderla en mi campo de visión, la busco de un lado a otro empezando a preocuparme. El aire falla, preocupada, agito mis manos, contando.
Si algo le sucede no me lo perdonaría.
Entre conteos, preocupación y sudorosa frente, corro a Mike apenas desciende de mi bebé.
—Creo que cometí un error— le digo consiguiendo que me repase, finalizando negando la cabeza.
—¿Alguna vez participaste en una carrera?— estaría mintiendo si le digo que no, de hecho fui campeona tres veces consecutivas en mis vacaciones de verano, años anteriores en Miami.
Asiento, dudando.
—¡Entonces anda, gana la carrera!
—¿Qué? no, espera— me somete bajo el volante, ajustando mi cinturón.
—Está en juego diez millones de dólares y el Lamborghini de Luke, competirás contra Domenico, el jefe de las pandillas en New York, segundo al mando de un mafioso— miro a mi izquierda, parpadeando, y el mencionado me acribilla duramente. Es guapo, con una cicatriz pequeña en su cuello, cuenta con un aura peligroso, mandando una advertencia a mi sistema.
—Y si pierdo…
—¡Te las veras con Luke!
Justo cuando una morena aparece en medio de nosotros, los competidores, agita una bandera roja, contando desde tres.
Al mismo tiempo, Luke regresa acompañado de la chica a quien le pedí ayuda, no viene extorsionada, han de conocerse. En el momento que la morena anunció ¡Ya! primero arrancó mi competencia.
Me gritan que lo alcance, Luke se acerca peligrosamente y entonces cometo el error más grande en arrancar, estando desfavorecida.
Voy rápido, mis veranos pasados, el lamborghini de mis sueños, la diversión de ser alguien normal se reproduce en mi cabeza subiendo mis niveles de éxtasis, permitiéndome ser una desconocida, una con ganas de ganar.
Acelero en la segunda vuelta sonriente, logro estar a la par del hombre, pero este es sucio en cuanto carreras, así que choca contra mí, queriendo que pierda el control, le devuelvo el golpe superándolo y ya para la última vuelta, cerca de la meta final consigue alcanzarme mas no es suficiente, porque llego antes. Festejo de antemano al superarlo, y cuando desacelero, me choca haciendo que impacte contra un muro.
Nadie del público sale dañado, por suerte. En cambio yo si.
Mareada, intento encontrar la salida antes de ser atropellada nuevamente, entre la confusión, siento los brazos de alguien rodearme para sacarme de allí cuidadosamente.
—Maldita sea, te dije que te quedaras con Mike— fuera, el aire golpea mi rostro empinándome un escalofrío.
Baja mi cuerpo delicadamente controlando mi visión, pregunta cuantos dedos veo y para mí son como veinte, imposible, chasquea la lengua, limpia la sangre que brotó del accidente y la chica a su lado vuelve con un vaso de agua el cual me ofrece.
—Luke, mira— ella lo codea, mirando un punto en especifico, el hombre perdedor sujeta firmemente un arma, acompañado de sus gorilas secuaces, traen diferentes armas, pero todos con la misma mirada amenazante.
—¡Mierda!— el moreno nos agarra al mismo tiempo obligándonos a correr injustamente puesto que gane sin hacer trampa, al menos para llegar a la meta. Debía suponer el peligro que abarcaba competir pero no fue del todo mi culpa, sin consultarme Mike ya había sentenciado a competir.
Abandona la motocicleta, nos sube al auto de un amigo suyo y por último él, exigiendo que arranquen.
Desde el espejo retrovisor vi mi arruinado rostro empapado en sudor y sangre, mi blazer manchado del mismo líquido rojo, dándome el peor aspecto posible. Cuando mis padres me vean armaran un escandalo tremendo, seré viral.
—Mis padres no pueden verme en este estado— soy olvidada entre gritos y disparos, una pelea se desata mientras conducen, siento un dolor punzante en mi cabeza temiendo lo peor, si es grave debería ir a urgencias para que me examinen a detalle.
—¡Joder, joder!— un Luke alterado apunta afuera soltando disparos enardecedores, revisándome al mismo tiempo.
Se acabó, van a lanzarme dentro de poco, son criminales no espero que de verdad se preocupen. Bastante prueba fue la chica que terminó yendo a buscarlo.
—Los perdimos— avisa Luke—. Conduce a la mansión de los Mitchell, por Rennet Avenie, antes que los ricachones armen escándalos y quieran buscarnos, su hija es la viva imagen de un grano en el trasero, tres son multitud. Mejor prevenir que lamentar.
En cuestión de minutos se adentran a mi vecindario, conducen un mero centímetro puesto que llaman la atención por no destacar lujosamente, Luke me sienta en la acera de una mansión, toca la puerta y escapa como debe estar acostumbrado, mientras a mí la cabeza se me parte en dos.
Gracias a dios mis progenitores me socorren movilizando patrullas directas al hospital privado el cual ellos son socios.
El reporte del médico nos alivia, tuve un golpe fuerte en el accidente, nada que agrave mi salud según él. Es el mejor del hospital, reconocido en varios países, así que no se molestan en pedir más estudios.
—Quiero guardaespaldas las veinticuatro horas del día, tienen que acompañarla y monitorear sus movimientos, protegerla a toda costa— planifica mi padre mediante una llamada, mi madre lo ayuda llamando a otra empresa igual de prestigiosa—. Los necesito hoy, ni una hora menos. La paga recompensa la poca vida social de quienes cuiden a mi hija, ¿entendido?
Corta, guarda el móvil. Reina el silencio en la limusina, los tres sentados atrás.
Sus medidas exageradas tienen un trasfondo el cual se lo calla, pronto voy a descubrirlo así me llame Emma Mitchell.
***
No puedo salir de la mansión a menos que conozca a mis escoltas personales quienes vienen retrasados, reviso i********: envidiando la salida grupal de mis amigos, mientras que debo pasar la tarde encerrada.
A veces olvidan que ya soy mayor de edad, por supuesto no esta en mí llevarle la contraria a quienes me dieron la vida.
—Emma, ven a conocer a los pretendientes de escoltas— abre la puerta mi madre, luciendo un hermoso atuendo de dos piezas color celeste, le encanta los tonos pasteles, a ambas en realidad.
Bajo con ella vislumbrando por el rabillo del ojo a los corpulentos trajeados, ocultando sus ojos con gafas de sol y adornando las orejas con micrófonos igual a las películas.
Entre ellos, un grupo de dos destaca, frunzo las cejas sin poderlo creer.
Me apresuro en bajar y corro al frente, detectando la sonrisa arrogante del mayor.
—¿Tú qué haces aquí? Si mis padres se enteran quien eres y lo que hiciste vas a…
—En tanto no abras tu linda boquita jamás lo sabrán, bonita.