Capítulo 4

3058 Words
Emma.   Gracias a las elegantes y coloridas propuestas de Benjamín, mi padre prácticamente me obligó a aceptar la invitación de la noche anterior. Entro a la tienda acompañada de Luke y los otros escoltas con mi amiga Bianca, quien no para de echarle ojeadas a Luke. —Está para comérselo— lo dice fuerte, guiñándole un ojo, por lo que él mantiene su porte neutro. —Bianca acompáñame esta noche, no conozco a Benjamín y sinceramente no me interesa relacionarme amorosamente con alguien, Stefan fue suficiente. Entorna los ojos en blanco. —Para de ser paranoica, el tal Benjamín parece un buen partido, adinerado, guapo, extra guapo. —Pero no lo conozco— digo. —Pues conócelo, tienes la fiesta en la noche, eres su pareja y se vería mal que lleves a tu mejor amiga, guapa que podría robarte al hombre— reímos al mismo tiempo, Bianca tiene su autoestima por las nubes, y eso la deja más atractiva para cualquier género. Tomo el perchero con un vestido largo de color verde agua, un color que con seguridad elegiría mi madre, Bianca niega y me lo quita de las manos, sustituyéndolo por uno rojo escotado, largo hasta las rodillas. Es más provocativo, usualmente no uso muy sensual, mi madre prefiere vestirme como a una princesa. —Bianca este no me gusta, no creo que sea apropiado. —Por dios, con tu cuerpo sabes todo lo que usaría querida, anda, pruébatelo— ante mi silencio, voltea directamente a Luke—. ¿Verdad que se vera de infarto? Necesitamos una opinión masculina para convencerla. —Si me da permiso de opinar… Con cualquier prenda lucirá hermosa. —¡Perfecto!— salta victoriosa y me obliga a probármelo— Ves, si te sonrojaste con la opinión de tu escolta ni quiero imaginar como te pondrás cuando el empresario Benjamín se maraville contigo. Dentro del vestidor me observo en el espejo y el comentario de Bianca se repite en mi cabeza a medida que veo mi cuerpo. Dice que soy hermosa, perfecta, pero en realidad no lo soy… El vestido entra sin problema y de verdad que me luce. Un par de veces use vestidos rojos, pero nunca sensuales, quizás sueltos y cortos, con uno que otro color diferente, pero este es llamativo. —Bianca, ¿me ayudas con el cierre? No lo alcanzo— salgo sin mirar atrás, sintiendo los ásperos dedos que suben el cierre rozando de casualidad mi piel. La respiración caliente golpea mi cuello, volteo a mirarla, retrocedo reaccionando al hombre que se atrevió a robarme y ahora me protege. —¡Cómo te atreves a tocarme! —Tu amiga se largo a buscar algo, tú pediste ayuda y te di una mano, bonita. —Que no me digas bonita, imbécil. Bianca regresa justo cuando iba a reprocharle por más tiempo. Trae consigo un conjunto de lencería rojo para que lo combine con el vestido. —A ver, Bianca. Entre Benjamín y yo no sucederá nada, por lo menos no hoy. Apenas lo conozco, si lo acompaño es simplemente por influencia de mi padre, de nada funciona ponerme lencería provocadora. —Bien, como quieras. Pagamos por el vestido que muy a regañadientes acepté, Bianca compra en la misma tienda y luego del recorrido la dejamos en su casa, nos despedimos y regresamos a la mía. Noto como una bolsa blanca y sofisticada se encuentra a mi lado, supongo es de Bianca, reviso por curiosidad el interior, sobresale una tela fina carmín de encaje, con una nota escrita en mayúscula; EMMA. “Querida y bella amiga, lúcete esta noche y roba las miradas por mí, besos en la cola” Típico de Bianca.  *** Las horas pasan pesadamente con la presencia de mi madre opinando sobre cada detalle de mi aspecto. —Cariño el vestido es muy apretado, se nota que has subido de peso— chasquea la lengua buscando otras opciones que se adapten a mi cuerpo, le doy la razón bajo su insistencia, antes lo vi hermoso en mí, ahora quiero arrancármelo. Después de buscar un vestido que me quede bien, casi a la hora de salida, me encuentro con Luke quien frunce el entrecejo. Tampoco hacía falta mirarme así, como si nada me quedara bien en la vida. —Creí que te pondrías el vestido rojo, no uno fucsia que anuncia lo princesa mimada que eres. —Seguí los honestos consejos de mi madre, ella no me miente como ciertas personas. Este si me luce, representa mi personalidad.  —Ajá, si tú lo dices— ironiza, cruzado de brazos. Benjamín llega en su limusina junto a sus escoltas personales, a Luke le toca acompañarnos por precaución. —Brillas más que la luna misma, bella Emma—Benjamín besa mi mano, luce pulcro, elegante tal como un hombre de negocios con poder. Se dirige a Luke solo para demandar y tratarlo como a un perro, burlándose de su vida sin fortunas millonarias. —Estoy nerviosa— confieso, rompiendo el silencio. Ambos me miran dentro del auto—. Es mi primera fiesta normal, por así decirlo. No tengo muchas amigos, en la universidad suelen ser engreídos y arrogantes. —Descuida, si estas a mi lado toda la noche se irán acercando a ti, no desconfíes de mi nivel, juntos somos la pareja perfecta. Trago secamente a lo último, para que negarlo, simplemente es un fiesta casual a la fui invitada hoy, luego decidiré si salir con él. El recorrido al salón de fiestas culmina en tanto nos reciben cortésmente, Luke agudiza su vista detallando a las personas, los objetos y el lugar. Camina a unos pocos pasos detrás. Benjamín saluda a los millonarios presentes, me presenta y no hago mas que asentir y sonreír como me inculcaron desde pequeña. Sonrío a pesar de haber sido engañada, aquí no hay nadie con quien pueda crear lazos amistosos, lo único que hay son los típicos adinerados que juzgan según tu apariencia y s te burlan. Reconozco un par de rostros, rostros repugnantes de gente orgullosa. —Oh por Dios, tu novia es bellísima— a Benjamín le agrada relucirme tal cual un trofeo frente a hombres y mujeres. —Igual que tu hija— corresponde, tras ello, la pareja de casados me incitan a colarme en la conversación de su hija con su grupo de amigas. Intenté negarme, pero sentí la mirada de Benjamín un tanto extraña. Me acerco al grupo, en todo momento asegurando la presencia de Luke a lo lejos. —Buenas noches, lamento interrumpirlas. Me llamo Emma Mitchell, compañera de Benjamín LePorcout en esta noche. Ellas adaptan su espíritu de arpías, riendo por lo bajo. Conozco a las de su tipo, vaya que si. —Seguro, seguro, la famosa Emma Mitchell, cornuda principal de este año. Ya veo porqué tu novio te engañó con otra, seguro tenía mejor cuerpo— analiza una morena, en complot con su séquito de víboras. Ni me molesto en discutir con ellas, camino discretamente a la mesa dulce a punto de elegir uno de los bocadillos, pero detecto las risas que son dirigidas para mí, por lo que niego. Odio estar aquí, odio a las personas reunidas aquí. Luke se acerca con cautela. —¿Estas bien?— se interesa, quitándome la copa de las manos, mi quinto trago iba a ser. —No, desearía irme, estar rodeada por buitres me da nauseas. —Vaya, princesita, ¿estas sugiriendo que escapemos? Si es así, no me niego. Podríamos ir a pasear por ahí siempre y cuando quieras. —¿Se puede? Pero vine con Benjamín, sería raro que me vaya sin él. Inclino mi pierna mirando sobre su hombro a Benjamín, a las víboras jóvenes y los ancianos aburridos. —Bonita, no necesitas el permiso para irte de un lugar el cual no te gusta. Si me permites puedo ofrecerte una noche mejor, conmigo la palabra aburrido no se aplica. Mírate, pareces una anciana. Pienso en sus palabras, en mi edad y… Sujeto su mano yendo a la salida, le recalco que no quiero problemas con Benjamín y mis padres y él me da su palabra de encargarse de todo. Desgraciadamente su motocicleta ha quedado en su casa, por lo que tomamos un taxi. Pienso en mi comportamiento salvaje y despreocupado de hoy, en las consecuencias que me esperan y aunque trate de sentirme mal no puedo. Es mi primera vez llevando la contraria a mis padres, también que tomo una decisión loca. Mi humor cambia cuando estaciona afuera de la casa donde vive con su amante, novia o lo que sea. —Me arrepiento de haberte seguido, vámonos— espero sentada mientras baja, dado que no muestro señales de bajar, suspira frotando su cara y regresa para cargarme como una bolsa de papas. —Bonita, quisiste escapar, escapamos, no hice tanto show para que te acobardes Me atoro con las palabras al verlo abandonar el taxi sin preocuparse por mí, por lo que no me queda otra que seguirlo sobando mi nariz, repaso el error que cometí al escapar con este imbécil. Dentro de la casa no se encuentra la mujer, Luke se deshace del uniforme oscuro para ponerse su típica chaqueta de cuero, busca los cascos y me avienta uno, revolviendo la llave de su motocicleta en la mano. Conduce a un destino el cual omite decirme, me aferro a él en cuanto arranca y hace trucos en su motocicleta a pesar de que oye mis gritos asustada. Son minutos tormentosos, se fascina con el miedo que cargo por culpa suya. Estaciona fuera de un parque de diversiones nuevo de mala calidad, lugar que vendrían gente común. Miro el lugar con las cejas juntas, no me da tiempo de armar una pataleta porque camina tres metros por delante, abandonándome. Corro hasta llegar a su lado, tiene esa sonrisa juguetona como el día que lo conocí. —¿A dónde quieres ir primero? Tienes la montaña rusa, la casa del terror, elige alguna atracción. —Estas loco si piensas por un segundo que voy a subirme a una de esas cosas, u tocar lo que personas desconocidas tocaron. Cruzo los brazos, ignorada. Mi acompañante quien se supone es mi guardaespaldas, sigue su camino como si nada. Me tiene persiguiéndolo a cada nada. Compra un algodón de azúcar y me lo tiende, es que no le entra que yo no como esas rarezas. —Anda, no seas una vieja amargada y prueba, los de tu edad se divierten así— insiste moviendo en mi cara, acepto de mala gana y le doy una mordida desencadenando el dulce sabor que se derrite en mi boca mordida tras mordida. Lo devoro por completo y le pido uno más, hasta que mi estomago se comprime. Recorremos el parque, entramos a la casa del terror y casi me da un infarto del miedo, vamos a la ruleta, pero cuando veo a un grupo de amigos vomitar le digo para ir a otro. —Tengo sed, los pies me duelen y ya he gritado, llorado y reído lo suficiente— le digo con tal de largarnos. —Pronto nos iremos, primero voy a conseguir el oso de peluche que tanto mirabas embobada— sonrío con su propuesta y lo sigo animada al puesto de dardos, el propietario enumera las reglas, una de ellas consiste en competir contra una pareja contraria. Hay que encestar el dardo a un cuadro colgado, creerán que es pan comido, pero no. Hay cinco colores en el cuadro y debe acertar en el minúsculo punto principal para ganar al oso enorme de color rosa. —Tú puedes, aplasta a esos insectos— lo animo, olvidando quien soy. Quiero ese peluche, la pareja a nuestro lado no la quiere tanto como yo. —Que linda boquita tiene la princesa— brama, lo codeo conteniendo la rabia y así poder manejarlo para que me consiga el premio. Primero lanza el chico lleno de piercings, casi acierta entonces su novia salta besándolo, un poco más y lo traga. Varios intentos después, Luke sigue por delante de la pareja, en su último tiro respiramos hondo, apunta y… —¡Si, lo lograste!— salto a sus brazos omitiendo quien es y le lleno de besos en la cara, aceptando el premio triunfante cosa que les hace hervir de odio a la otra pareja. —Y aún así dudaste, soy un ladrón con miles de cualidades, por supuesto iba a ganar— presume, ahora me dieron ganas de quedarme, él puede ser mi lacayo si se trata de ganar premios—. Espera aquí— miro a donde presta atención, la amante se encuentra a pocos pasos. Y que le den si cree que voy a esperarlo. Al darme la vuelta pisando fuerte, decidida a irme antes de aguantar una escena de parejas, me enredo en una cerca de madera contenedora de cerdos, caigo dentro ensuciándome con el barro el cual los animales rosados se revuelcan en el barro gustosos, notan mi presencia y corren a cuatro patas rodeándome, el sonido de carcajadas parten de personas que disfrutan del parque y por supuesto de mi humillación. Luke extiende su mano para ayudarme a salir debido a la crisis en la que casi arme, acepto y el muy chistoso me suelta divertido, caigo en consecuencia, recostada, un par de cerdos muerden la pierna derecha, el otro par lame mi cara, comienzo a gritar hasta que mi guardaespaldas se digna a ayudarme. —¡Ladrón, embustero, imbécil, engreído!— digo, manchada de barro. Si antes parecía una loca con vestido de gala, ahora deben coronarme reina de locas. —Tranquila, es solo heces. —¿Qué, cómo que heces? No, no— el flash de las cámaras alumbran mi rostro al momento de lloriquear. No era lodo, ¡era mierda de puercos! Este día va a perseguirme incluso en mi lecho de muerte, imperdonable lo que me hizo pasar. Hago señas al primer taxi frecuentando la calle, subo sola después de escapar del espectáculo montado por Luke. Indico la dirección de casa, el chofer amaga las palmas a la nariz puesto mi mal olor, largos minutos hasta llegar a la propiedad respaldada por escoltas. Entrecierran los ojos al verme, soy la hija del jefe y aparecerme sola apestando, avergüenzo a mi familia. Advierten sobre mi llegada por medio del intercomunicador, guiándome al mismo tiempo. Mis padres se encuentran dentro y Benjamín también. —¿Donde estabas a estas altas horas de la noche?— interroga mi padre, analizando la situación, huelo fatal por lo que los tres se tapan la nariz— De un momento a otro desapareces dejando en ridículo a Benjamín, te apareces aquí igual a una moribunda de la calle. —Señor, no de altere. Su hija fue influenciada, la mente retorcida detrás del evento fue su guardaespaldas nuevo— mas que intervenir es nefasto, apoyaría arruinar la reputación de Luke, pero siendo honestos fui yo quien se lo pidió. Papá se sienta en el sofá, pensativo, mira el techo y me devuelve la mirada— Emma, eres ni hija y te conozco, si me confirmas la acusación tomaré cartas en el asunto. Pierdo fuerzas de hundir al ladrón, fue una noche única y divertida antes de caerme con los cerdos, jamás me sentí tan joven, tan de mi edad. Si los pongo contra Luke, ¿cuándo volveré a sentirme viva? Posiblemente nunca más. —Asumo la responsabilidad, fui quien rogó escapar de la fiesta, era aburrida. Siempre asistimos, Luke cumplió su trabajo de escuchar y responder ante mis exigencias, se negó pero lo amenacé y funcionó. Mi madre monta el mayor espectáculo desvaneciéndose en los brazos de Benjamín cuando exagerada, o puede que no. La hija única, obediente y favorita de los Mitchell contradiciendo su característica personalidad, es para conmocionarse. —Benjamín, ruego que perdones el infantil comportamiento de mi hija, te aseguro que la voy a castigar. El hombre de negocios niega. —Descuide señor, es una joven con ganas de volar, puede ser peligroso esta nueva faceta. Fuerza una sonrisa cálida, sus líneas de expresión demuestran lo contrario. Benjamín se despide con un beso. —Te vas a la cama en este instante, mañana harás lo que tu madre indique, sin rechistar y organizaras un nueva cita con Benjamín para disculparte apropiadamente— visualizo la hora desde el televisor, marca las diez pm. —Como digas— subo, encerrándome en el cuarto. Me doy una ducha digna de los dioses, abusando de dos jabones, uno de rosas y el otro de lavanda. Estaré traumada por siempre de los cerdos y su popo. Salgo envuelta en una toalla blanca con la mascarilla verde retocada en mi rostro puesto que estoy encerrada y las apariencias no importan en mi cuarto. —Hola, fiona. Luke yace en mi cama, cómodo, refiriéndose así por la mascarilla. —Lárgate antes de que mis padres te vean— el oso de peluche rosa sobresale al lado del ventanal, subió con el premio que me enamoró— Y llévate esa cosa contigo, es un recordatorio del mal rato que pase, tal vez puedas dárselo a tu novia. —Vamos fiona, por muy princesita sabes que no es cierto, te gustó pasar tiempo conmigo, revolcarte en el lodo, no niegues tus deseos. Se pone de pie avanzando, quedo estática para no darle el gusto, permito que pase su dedo sobre la mascarilla, y creo que mi cara delata el nerviosismo generado por un simple toque sin segundas intenciones. —¿Qué quieres? ¿Qué hago para que dejes de llamarme bonita u fiona? —Salgamos a divertirnos, son apenas las diez de la noche, faltan lugares por recorrer, te mueres de ganas por ir. Propone, confiado. Este se cree que por robarme y llevar apenas un día como escolta me conoce. —Estoy castigada, no quiero más problemas. —Oye, realmente eres fiona. Tus padres te encierran en la gran torre, con veinte años de edad, custodiada por dragones para que vengan a rescatarte, increíble. —Y se supone que eres el príncipe encantador— le sigo el juego. —No, soy Shrek, así que pinte una ropa no muy de princesa ricachona y vamos. Fue este momento el cual me condenó a la desgracia, seguirle el juego, dejarme tentar, acabó con mi perfecta vida.
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