Capítulo V. Visita

1722 Words
Estaba completamente agotada, no dudé ni un momento, y en cuanto me quedé sola en el cuarto decidí buscar información por mi cuenta. Quería saber más sobre Colibrí y sobre su vida… Por desgracia todo lo que encontré tenía pinta de ser falso. El tiempo pasaba volando, y poco a poco, empezó a anochecer. Antes de las siete de la tarde, alguien llamó a mi puerta. Era Enzo, quien se había puesto manos a la obra, y me trajo bastante información sobre Rafael. —Esto es todo lo que he encontrado—. Dijo con una voz firme. —Muchas gracias, has hecho un gran trabajo—. Sonreí y empecé a leer los documentos que me había traído. Enzo permaneció todo el tiempo en la habitación, esperando a que terminase de leer todo. Enzo logró incluso traerme fotos de Rafael de joven y de su familia. No me lo podía creer. Hace diez años tuvo una familia completa e incluso pensó en dejar el narcotráfico, pero no lo consiguió y perdió a toda su familia. Su mujer se llamaba Isa Falcone. Ese nombre me era familiar… Estaba convencida de que lo ya lo había oído en alguna parte. —Isa Falcone… Creo que mi madre habló de ella… ¿Es eso posible? —Me giré hacia Enzo, quien asintió con la cabeza. —Era bastante amiga con tu madre… Y me temo lo peor… —¿De qué hablas? —Le presté toda mi atención. —Lo que te voy a decir, no debes contárselo a nadie… Podría ponerte en peligro—. Inició con un tono de voz bastante serio. —Me estás asustando—. No entendía el secretismo de Enzo, pero solo podía pensar lo peor. —Quizás no lo recuerdes del todo, pero Isa Falcone era una de las mejores amigas de tu madre…O eso creía, pero en cuanto Isa le contó tú madre, que estaban pensando en mudarse a otro lado y comenzar una nueva vida… Tú madre se volvió loca y empezó a planear que podía hacer para evitar que eso sucediese… Ya que llevaban más de una década colaborando de forma activa y reforzando así su poder—. Hizo una breve pausa. —En cuanto se fuesen de la ciudad, el poder de la familia Rossi perdería fuerza y reputación no solo en la ciudad donde vivíais, sino también en las demás ciudades y entre los demás miembros que sabían acerca de la colaboración—. Explicó tomando asiento en el sillón de cuero n***o que tenía en un lado de la habitación. —Sigo sin entender que tiene que ver… ¿Por qué estaría yo en peligro? —Pasaron unos días y recibimos órdenes de tus padres sobre que debíamos impedir que se fueran de la ciudad… Las cosas no salieron como lo habían planeado y por desgracia ocurrió un enorme y trágico accidente. En la casa principal, donde vivía Rafael con su esposa y su hijo, hubo un incendio… Provocado por tu padre, quien estaba en la línea frontal ante toda esta acción. Rafael, se encontraba fuera de la casa, estaba en una reunión de negocios, donde planeaba vender el casino, la mujer y su hijo, por desgracia murieron en el incendio. Cuando Rafael se enteró de todo se volvió loco y empezó a buscar culpables. Por muchos años, desapareció del mapa, pero siguió tirando de los hilos, para no perder ni un poco de respeto… Ya que había perdido todo lo que más quería, decidió seguir con el narcotráfico desde las sombras—. Me había quedado boquiabierta. No me podía creer, que detrás de la muerte de Isa estuviesen mis padres… Sabía que tenían la moral alterada, pero nunca pensé que serían capaz de pasar estos límites. Ahora toda la preocupación que tenía Enzo tenía sentido. Si toda esta información la sabe Colibrí, podía tratarse de una venganza planeada con antelación. Ahora lo que me carcomía la cabeza era… ¿Sería Rafael igual de inmoral que mis padres? Yo no tuve nada que ver en sus planes, hace diez años tenía tan solo trece años… Sabía que mis padres eran malos, pero a mi edad, me centraba en llevar una vida lo más normal posible. —¿Crees que Rafael sabe que mis padres estaban detrás de esto? —Pregunté y le miré fijamente a los ojos. Enzo se acarició la barba, y pensó detenidamente en que responder. —Esto solo son mis suposiciones… Pero creo que la gente que atacó la casa de tus padres hace siete años, solo fueron unos peones movidos por Rafael, quien planeó todo a la perfección, para vengarse de tus padres. Es cierto que Mano Negra, no tardó en encontrarlos y eliminarlos del mapa, pero antes de hacerlo, los interrogó, pero ninguno de ellos habló… Pero si me preguntas a mí, yo veo que la respuesta es más que evidente—. El tono de voz de Enzo, era cada vez más serio. —Si Rafael estuvo detrás del ataque… ¿Por qué tardó siete años en ponerse en contacto conmigo? La noticia sobre la muerte de mis padres la tuvo que obtener de inmediato… Así que también debió de haberse enterado de que yo no me encontraba entre los muertos—. Pensé en voz alta. —¿Acaso le tenía tanto miedo a Mano Negra? O crees que decidió mover hilos poco a poco, obligando a Mano Negra que le diese su confianza. No tiene sentido… Ahora mismo no tiene de quien vengarse—. Me levanté y empecé a dar vueltas por la habitación. —Tampoco le veo sentido. Se supone, que lleva colaborando con Mano Negra desde la muerte de su esposa… Así que no le veo el sentido a que quiera firmar un contrato inquebrantable contigo—. Enzo, soltó un pesado suspiro. —Si pensamos en sus pasos, no tiene sentido que esté planeando una venganza en mi contra… No puede culparme de las acciones hechas por mis padres—. Asentí con la cabeza, intentando calmarme a mi misma. —Quizás podamos confrontarle y obtener respuestas claras de él… Estoy segura de que sabía perfectamente la clase de información que encontraríamos después de darnos su nombre… Debió suponer que daríamos con la tragedia que le sucedió y que llegaríamos a la conclusión que tenemos ahora… De momento nos estamos moviendo como él quiere—. Seguí pensando y paseando de un lado a otro. Antes de poder decir algo más, alguien llamó a la puerta. Me quedé extrañada, ya que Mano Negra no solía tocar la puerta y simplemente entraba. La puerta se abrió y una silueta masculina apareció en ella, no me lo podía creer. Un grito se extendió en la habitación. En seguida me lancé hacía el chico que acababa de entrar en el cuarto. Sus fuertes brazos me devolvieron el abrazo. Le miré a sus claros ojos azulados que observaban con alegría mí reacción. Me aparté un poco de él, creando entre nosotros algo de distancia, y le aparté un mechón revuelto de pelo de la cara. Sus cabellos eran de un rubio plateado, que parecía bastante exótico en él. —¿Qué haces aquí? —Pregunté saliendo del estado de shock. —Fue idea mía, le inventé a pasar unos días aquí—. Mano Negra me dedicó una cálida sonrisa. —Enzo, dejemos que pasen algo de tiempo juntos. De paso quiero hablar algo contigo—. Enzo se puso de pie y le hizo caso. La puerta de la habitación se cerró y yo por fin después de tanto tiempo, me sentía como una chica normal de nuevo. —Tengo algo para ti—. Dijo, metió la mano en la chaqueta negra que llevaba y sacó una pequeña caja roja. La abrió y en ella había una pulsera plateada, con el número once. Era nuestro número de la suerte, el once de noviembre nos conocimos y vimos por primera vez. Le di la mano izquierda y él con ternura me puso la pulsera. —Feliz cumpleaños—. Agregó y me dio un beso en la frente. —No me puedo creer que estés aquí. Justo hoy llegó tu carta y tenía pensado responderte… Y ahora estás aquí—. Sonreí, me sentía como si hubiese ganado la lotería. —Tengo que admitir, que no me fiaba mucho del señor que se puso en contacto conmigo, pero después de hablar con Enzo le cogí confianza—. Confesó sacándome una corta risa. —¿Cómo están tus padres? —Pufff… estamos bastante apretados de dinero, pero queremos ganarlo de forma honrada. Antes de que me metas billetes en los bolsillos, pues no nos interesa… —. Sabía perfectamente que se negaría a aceptar dinero, nunca lo aceptaron sin trabajo… Pero yo ahora mismo no tenía la oportunidad de darle trabajo. Debía resolver primero el asunto con Colibrí, y luego podría ofrecerles trabajo estable. —La familia Silver siempre honrada—. Le acaricie la mejilla, convenciéndome de que era real. —Estás más hermosa de lo que recuerdo… Y pensar que eras una mocosa sin estilo—. Me observó de arriba abajo. —¿Te has vuelto superficial a lo largo del tiempo o qué pasa? Y yo creía que eras perfecto—. Me puse de pie y Sirius hizo lo mismo. —¿Y si vamos a la piscina? —Estás loca, si hace frío —Me refiero a la interior, no a la exterior—. Le tranquilicé y después de insistir durante un rato, terminó aceptando. Le mostré su habitación y después de cambiarnos, nos encontramos en la piscina. Estaba iluminada con luces led de color violeta, le daba un toqué romántico. Mientras esperaba a Sirius, dejé que nos trajesen algo de fruta y algo para beber. —WOW, esto es una pasado… ¿Así viven los ricos hoy en día? ¿Nos casamos?— No podía esconder su sorpresa y antes de que pudiese responderle se tiró al agua. Yo me propuse entrar poco a poco, pero mi plan falló terriblemente, ya que sentía como una mano me cogió de mi tobillo izquierdo y tiró de él. Caí hacía atrás en el agua y maldije a Sirius. Esto no iba a quedar así.
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