Capítulo IV. Contrato Inquebrantable

1871 Words
Con bastante elegancia tomó asiento justo enfrente, su penetrante mirada se clavó en mis ojos y sin una pizca de temor me analizó, como si quisiera acordarse más tarde de cada mínimo detalle. —No pensé que sería tan fácil ver a la hija de Dante y Serafina te ocultaban como un tesoro, creí que Mano Negra seguiría en sus pasos, pero al parecer los negocios son negocios—. Me quedé muda… El sabía el nombre real de mis padres. ¿Acaso eran tan cercanos? En lo personal no había escuchado hablar de él hasta que me mudé con Mano Negra. Estaba más que claro que tenía algún plan. —Sabes que la traición con traición se paga. No podíamos apartar la vista de las acciones hechas por V. La pregunta aquí ahora es… ¿Era todo un plan tuyo? ¿Tantas ganas tenías de verme? Estoy aquí, pero tus palabras y acciones no muestran nada—. En sus ojos apareció una chispa de emoción. Algo de lo que dije le llamó la atención, era justo lo que quería. —Sin duda Mano Negra está haciendo un buen trabajo contigo, debo decir que eres bastante inteligente y audaz al hablar—. Sonrió y bebió un sorbo de whisky. —Tu honor y reputación te persigue, estarías por debajo de tu nivel si de verdad te aliases con V. Todos sabemos que necesitas a alguien que sea serio en lo que hace y que la colaboración debe ser lo menos sospechosa posible—. Me incliné hacía él. —No tienes pinta de ser tan estúpido Colibrí—. Le susurré con una voz tranquila y burlona. —Tienes razón, V solo fue una marioneta para hacerte venir aquí. Era bastante arriesgado, ya podría haber venido Moretti, pero supongo que los planetas se alinearon y que por alguna razón el destino lo quiso así—. Admitió y se acomodó en el sillón rojo en el que estaba sentado. —Quiero trabajar con vosotros, pero de forma oficial… Quiero que tu y yo cerremos un contrato inquebrantable—. Sus palabras me dejaron perpleja. ¿Qué dice? ¿Un contrato inquebrantable? Eso era imposible. Supongo que notó que la expresión de mi rostro se había visto afectada por sus palabras. Tras acabarse el whisky sonrió y negó con la cabeza. —Supongo que sabes de que se trata… No quiero que me veas como un viejo verde que se está muriendo por estar con una jovencita, solo son negocios. Creo que el acuerdo le daría ciertos beneficios a ambas partes. En la historia, después de la boda, los países se unían en uno más fuerte—. En ese instante no habían palabras que podían tranquilizarme. —El acuerdo solo sería un escudo contra nuestros enemigos, no tenemos que cumplir con las demás cosas… Si tienes a algún amante, no te reprocharé nada, ni te haré escenas de celos, siempre y cuando, tu no las hagas. Aquí estamos los dos en las misma o nada—. Agregó, y se puso de pie. —En seguida vuelvo—. Se alejó de la mesa y se dirigió hacia una de las puertas para los empleados. —Informa a Mano Negra—. Le pedí a Enzo, quien se puso manos a la obra. —¿Qué piensas? No sé si está hablando en serio, o sí solo es otra de sus trampas—. Me mordí los labios. —Tengo dos puntos de vista… Si de verdad fuese solamente un acuerdo mutuo para fortalecer la unión que tendríamos entre ambas ciudades es un buen movimiento. Eso terminaría con muchas personas que han entrado en estos negocios, con intención de ser una competencia… La pregunta es sí haría lo mismo en cualquier otro momento… —Pensó en voz alta y terminó de enviarle cual era la situación a Mano Negra. —Por otro lado, si solo es un truco para que pueda manipular contigo y tener alcancé a las rutas y acuerdos que tenéis cerrados con Mano Negra, sería caer bastante bajo… Pero no podemos descartar la posibilidad, de que solo y únicamente esté intentando sacar un enorme beneficio para sí mismo—. Finalizó Enzo, y se cruzó de brazos. —Antes de decidir cualquier cosa, debemos hablar de esto con Mano Negra y descubrir más información sobre Colibrí… Yo ni siquiera se su nombre y no dudo de que él sepa todo sobre mi—. A lo lejos, vi como Colibrí regresaba a nuestra mesa, así que permanecí en silencio, para evitar que pudiese escuchar los restos de nuestra conversación. Su aura no había cambiado, seguía moviéndose por el lugar con elegancia, parecía la estrella principal de una película. La poca gente que se encontraba en el lugar no podía dedicarle una mirada. —Siento que nuestro primer encuentro te haya dejado tan en shock, no era mi intención—. Me sirvió un vaso de zumo, prediciendo que no iba a tomar alcohol. —No esperaba que fueses tan directo con tus intenciones, pero debo admitirte no estoy muy convencida de si son sinceras—. Por primera vez desde que lo había visto, cambió la expresión de su rostro. Me atrevería a decir, que mis palabras le habían ofendido, pero intentó disimularlo. —Sería bastante estúpido que me dijeras que sí y te tirases de cabeza a un pozo sin agua, obviamente, te daré tiempo para que puedas pensarlo y hablarlo con Mano Negra—. Hizo una breve pausa, para encenderse un cigarrillo. —Cuando estés decidida, hablaremos sobre las reglas y condiciones del acuerdo—. No esperaba que nos diese tiempo. Algo en mí me decía que había gato encerrado. —Esto es demasiado sencillo hasta para ti… Déjame pensar… Hasta que no te de una respuesta, seguirás asociado con V, ¿verdad? —Su mirada se volvió a emocionar. —Estás en lo cierto. Visto que contigo y Mano Negra teníamos fecha prevista para la semana que viene, no tienes mucho tiempo para pensar, pero algo es algo—. Parecía estar convencido de que su plan iba a funcionar. —Vaya, que pena… Arriesgar así tu reputación no me parece sabio. Supones que no me quedará más que aceptar, y que ganarás esta partida, pero me pregunto si cuentas con la posibilidad de que se creé un conflicto entre ambos bandos. ¿No te parece demasiado ambicioso? Mano Negra no me obligará a entrar contigo en este acuerdo… Y yo no confío en ti, no me has demostrado que puedo hacerlo, eres un completo desconocido con mil capas cómo una cebolla y yo no tengo tiempo para quitarlas y conocerte—. Sentí como la mirada de Enzo me penetraba, estaba claro, que no compartía el mismo pensamiento conmigo. Colibrí por primera vez parecía haberse quedado sin palabras. Al ver que la conversación había llegado a su fin me dispuse a levantarme y marcharme. Pero antes de siquiera hacer un simple movimiento, Colibrí me retuvo con su mano derecha. Nuestras miradas se cruzaron, y dieron paso a una corta batalla. Incliné mi cabeza hacía el lado izquierdo y vi como sus labios se movieron. —Mi nombre es Rafael Falcone, quizás no te sirva de mucho, pero podrás encontrar algo de información sobre mí. En cualquier caso, siempre puedes preguntarme, seré sincero y te contaré todo lo que te interese—. Soltó mi mano, dándome así permiso para poder abandonar el lugar. —Déjame tu teléfono, te agregaré mi número personal para cualquier cosa que necesites. Espero que podamos llegar a un acuerdo Adrienna… Puedo ser vuestro peor enemigo, o uno de los mejores aliados—. Sin oponerme a ello, le di mi teléfono, donde creo su propio contacto. Después de despedirnos, salimos del lugar. Enzo puso en marcha el coche y dejamos esa ciudad lo antes posible. No me podía creer lo que estaba pasando, me costaba bastante asimilar el rumbo que habían tomado las cosas. Estar de acuerdo, sería firmar un contrato eterno con la mafia. ¿Valdría realmente la pena? Regresamos a la villa de Mano Negra y para mi sorpresa, él también ya estaba de vuelta. El reloj marcaba poco más de las dos de la tarde. Mano Negra se encontraba en el salón, esperando a que volviésemos de la ciudad. Al vernos, con un leve movimiento nos indicó que tomáramos asiento. —Tenemos más aliados que él, si su intención era meternos presión, podemos borrarle del mapa. Imbécil—. Sin duda todo lo pasado se le había metido bajo la piel a Moretti. Yo estaba perdida en mis pensamientos, quizás era lo que el destino tenía preparado para mí. Cualquier paso que daba se me hacía bastante pesado y siempre me llevaba a caminos que no quería recorrer… Nunca quise formar parte de este juego entre mafias y narcotráficos. ¿Por qué yo? El guionista de mi historia parecía disfrutar con cada ola de sufrimiento que me hacía sentir. Habían tantas personas a mí alrededor y yo seguía sintiéndome sola y perdida entre la multitud. La mala suerte parecía perseguirme cada segundo del día y yo no podía hacer nada para cambiarlo. ¿Por qué todos pueden escoger y yo no? ¿Dolerá para siempre? Sentí como una lágrima acarició mi mejilla. No tardé en limpiar con los dedos y en soltar un pesado suspiro. Ni siquiera me molestaba en escuchar la conversación que estaban teniendo Enzo y Moretti. Sentía que el resultado de la batalla ya se sabía y que solo estábamos discutiendo cuando exponer que Colibrí había ganado. Mi corazón no estaba dispuesto a que por mi orgullo hubiese una lucha de bandos, ya se había derramado bastante sangre a lo largo de estos años. Solo podía aceptar y luchar en silencio. Quizás estaba hecha para perder todas las batallas de mi vida. —Aceptaré su propuesta—. Dije en voz alta, creando un inmenso silencio en la habitación. —No hay otra opción. Aceptaré, veremos como van las cosas y a la mínima que tengamos dudas lo apartaremos del camino—. Continué buscando la aprobación de Mano Negra. —Romperíamos el contrato—. Su voz sonó cortante, pero sentí algo de aceptación en sus palabras. —Es un riesgo que estoy dispuesta a correr. Entenderé, si decides no entrometerte, pero esas son mis intenciones, aceptaré y si hay algo que pueda ponerme en peligro, no dudaré en tomar acciones contra él—. Debía ser valiente y no mostrar mi temor ante la situación que se acercaba. —Ha sido un día bastante largo para los dos, hablemos esto mañana y si llegamos al mismo acuerdo, dejaré que hagas lo que has dicho—. Decidió Moretti y se fue del salón nada más recibir una llamada en medio de la frase. No dije nada y me fui a mi habitación. Le di el resto del día libre a Enzo, quien para ayudarme se fue a buscar información sobre quién era en realidad Colibrí. Con algo de suerte podría saber más de él antes de nuestro segundo encuentro. Debía jugar con las cartas que había recibido.
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