NARRA WENDY
Salgo de mi cuarto y rezo para no encontrarme con Josh ni con mi hermano. Les escucho hablando en el piso de arriba y recuerdo que aún no sé qué hay ahí. Subo sin hacer ruido y asomo mi cabeza. ¿Cómo no se me había ocurrido? un gimnasio. Hay una bicicleta estática y un par de máquinas más que no sé cómo se llaman. En el fondo unas pesas y colgado del techo un saco de boxeo. La televisión está encendida en un rincón, sobre una máquina de agua. Mi hermano está haciendo pesas y Josh atizando el saco de boxeo. Todos sus músculos se tensan con cada golpe y el tatuaje del fénix brilla a causa del sudor. Phoenix, así es como le llamó anoche Connor. Claro. ¿Por qué llevará eso tatuado? Tengo que enterarme. Entro en la cocina y me preparo un tazón de cereales y un zumo, cómo siempre. Enciendo la televisión y veo que están echando un programa de coches, entonces recuerdo que anoche vine con Josh y dejé allí el mío. Mi coche. Mi BMW nuevo. Mierda. Espero a que él baje y se meta en su cuarto para ir a reclamarle, fue su culpa que me marchara de allí sin él.
— ¿Dónde coño está mi coche? —entro sin llamar, por supuesto. Acaba de salir de la ducha y solo lleva una toalla alrededor se su cintura. Aparto la mirada y entonces observo mejor la habitación. Vaya, claramente es la mejor de las tres, tiene incluso una pequeña piscina, es alucinante. Trato de no parecer sorprendida por la habitación y sobre todo por él. Por esos oblicuos que marcan el camino hasta su polla, la cual pude ver anoche. Intento borrar esa imagen de mi cabeza, de nuevo.
— ¿Otra vez entrando sin llamar? Voy a tener que pensar que intentas encontrarme desnudo —dice mirándome y sonriendo seductoramente.
— Ya vi anoche todo lo que tenía que ver —le desafío sin apartarme —.Y la verdad es que no había mucho donde mirar —reprimo una risita. Aprieta su mandíbula y camina hacia mí, con decisión. Agarra mi cadera y me hace retroceder hasta la barra de un pequeño mini-bar que hay junto a la puerta.
— Está claro que no observaste con atención —aprieta su pelvis contra la mía, clavándome la yema de los dedos en la piel. Su rostro está muy cerca del mío, por lo que puedo ver mejor sus facciones. Tiene unos ojos verde claro, rodeado de pestañas muy oscuras, las cuales ahora tienen pequeñas gotas de agua por la ducha. Su pelo es n***o como el carbón y sus labios bastante carnosos. De pronto me pregunto cómo se sentirán sobre los míos, pero aparto ese pensamiento inmediatamente.
— ¿Dónde está mi coche? —pregunto de nuevo sin dejarme intimidar. Sonríe un poco y se separa de mí. Camina hacía su cama y deja caer la toalla, mostrándome un culo perfecto.
— Por el amor de Dios, deja de ser tan exhibicionista —me doy la vuelta con pocas ganas porque la verdad es que tengo unas vistas espectaculares.
— Y tú deja de acosarme —susurra en mi oído segundos después. Me doy la vuelta y me relajo al ver que ya tiene sus bóxer puestos.
— Yo no te acoso, estúpido —instintivamente miro sus labios un segundo—. Solo quiero saber que ha pasado con mi coche nuevo.
— Está en el garaje —responde dándose la vuelta y cogiendo un pantalón de chándal y una camiseta de tirantes.
— ¿Cómo que en el garaje? ¿Quién lo ha traído? — Jay. Le mandé un mensaje ayer con la matricula.
— Imposible. Yo tengo las llaves.
— No hacen falta unas llaves para arrancar un coche, niña —ríe.
— ¿Y cómo coño lo ha abierto? —me estoy empezando a cabrear.
— Tampoco hacen falta unas llaves para eso. Bufo y salgo de su habitación, encontrándome de cara con mi hermano.
— ¿Qué hacías ahí dentro? —pregunta levantando una ceja.
— Nada —digo pasando por su lado hacia mi cuarto.
— No, Señorita, tu y yo vamos a tener una conversación —agarra mi brazo y tira de mí hasta el salón. Josh nos sigue con una sonrisa divertida mientras termina de ponerse la camiseta. Se apoya en el marco de la puerta y cruza los brazos.
— Lo que hiciste anoche no va a volver a repetirse. No puedes salir de casa cuando te dé la gana y menos después de habértelo prohibido.
— Tú no puedes prohibirme nada, Rick. Tengo dieciocho años y voy a hacer lo que me dé la gana, te guste o no —me siento tranquilamente en el sofá.
— Eso no te lo crees ni tú. Si te digo que no salgas, no sales. Si te digo que te quedes en casa, te quedas y si te digo que me cojas el puto teléfono cuando te llamo…
— Te cojo el puto teléfono. Lo he pillado, no soy retrasada —ruedo los ojos con cansancio.
— Bien. Me alegra que nos hayamos entendido —sale de casa dando un portazo. — Bueno, bueno —Josh dibuja una sonrisa peligrosa—. Parece que la mocosa está castigada —camina para acercarse hasta mí. Se sienta a mí lado y decido que si lo que quiere es enfadarme y picarme, no le daré el gusto. Así que se me ocurre tocarle un poco los huevos. Ponerle a prueba.
— ¿Tienes papel? —pregunto sacando la marihuana de mi bolsillo y cogiendo un cigarrillo de la mesa.
— No vas a fumar, niña.
— Tienes dos opciones —giro mi cuerpo para mirarle—: darme papel y fumar conmigo, o que me busque la vida y me lo fume sola.
Suelta un suspiro, enfadado, y se levanta para coger un librillo de papel de la encimera. Me da uno y siento cómo me recorre con la mirada mientras me hago el porro.
— ¿Te gusta lo que ves? —pregunto sin mirarle.
— Por Dios, Wendy, eres una mocosa. Nunca podría mirarte con esos ojos. Ese comentario me irrita, joder, no soy una puta cría. Si tan seguro está de que nunca podría verme así, entonces habrá que comprobarlo.
— Hace calor —me levanto para quitarme la sudadera y quedarme solo con una camiseta de tirantes, dejando un poco a la vista los bordes de mi sujetador por delante. Sonrío al ver cómo observa mis tetas y aparta la mirada deprisa. Me inclino hacia delante para coger el mechero, poniendo mi culo en su cara. Vuelvo a sentarme y noto que está un poco nervioso. Enciendo el porro y le doy un par de caladas antes de pasárselo.
— ¿Lo que vi anoche es habitual?
— Bastante, sí —fuma y me mira—. ¿Por qué? ¿estás celosa? —se mueve en el sofá de tal forma que queda frente a mí.
— ¿Celosa? —río irónicamente—.
Esas dos ni siquiera sabían lo que hacían. Te puedo asegurar que si fuera yo la que te la estaba chupando… bueno, digamos que te habrías corrido bastante antes. Se remueve incómodo en el sofá aunque intenta disimularlo con una sonrisa.
— Anda ya, niña. Estoy seguro de que no la has chupado en tu vida.
— Te sorprenderías —digo quitándole el porro de la boca para darle otra calada.
— Lo dudo —vuelve a quitármelo para darle otra él.
— ¿Acaso quieres que te lo demuestre? —pregunto inclinándome un poco sobre él. Desciende los ojos hacia mi escote, sin ningún tipo de disimulo, y vuelve a mirarme a los ojos. Está serio y siento que comienza a respirar con dificultad. Gracias al chándal que lleva, veo de reojo el bulto que se está formando bajo ellos. Me acerco a su boca, hasta quedar a pocos centímetros y expulso todo el humo. Sé que a Connor le encanta que haga eso, así que tal vez a Josh también le ponga. Baja la mirada a mis labios y vuelve a mis ojos. Me acerco despacio a su oreja.
— Ah, no. Que soy una mocosa y tú nunca podrías mirarme con esos ojos — murmuro rozando su oreja con mis labios.
NARRA JOSH
Siento el roce de sus labios contra mi oreja y mi polla termina de ponerse dura. La sujeto por la cintura y la coloco sobre mí con un movimiento rápido, con una pierna a cada lado de mi cuerpo.
— ¿Qué coño pretendes, Wendy?
— ¿Yo? Nada, solo comprobaba una teoría —sonríe con indiferencia. Siento mi polla dura contra ella y también sé que ella lo ha notado. Es imposible que no lo haya hecho.
— ¿Y qué teoría es esa? —no puedo apartar la vista de su boca mientras ella se concentra en el porro. Cierra los ojos y le da una calada profunda.
— Dios… me encanta —expulsa el humo casi gimiendo.
— Para ya, te lo advierto —digo apretando su cintura con mis manos.
— ¿Qué pare de qué? Solo estoy fumando.
— Sabes perfectamente lo que estás haciendo.
— ¿Qué estoy haciendo, según tú? —me mira con una ceja levantada.
— Ponerme cachondo.
— Oh, pero si hace un momento decías que no podrías mirarme con esos ojos — sonríe con falsa inocencia—. O es que acaso… —se acerca de nuevo a mi oreja y la acaricia con sus labios— ¿estabas mintiendo? — Basta.
Como sigas por ese camino esto va a terminar de una forma muy diferente —tiro levemente de su pelo para alejarla de mí. — ¿Y qué forma es esa? Solo tengo ganas de arrancarle esos diminutos shorts y follármela sin compasión, pero sé que no puedo. Primero porque es una cría. No lo es, tiene dieciocho años. Segundo porque Rick me mataría. Rick no tiene por qué enterarse. Y tercero, porque no pienso reconocer que me pone. Creo que es tarde para eso.
— ¿Sabes qué? —se aparta y me mira con suficiencia— No hace falta que respondas. Ya he comprobado mi teoría —añade levantándose.
— ¿Cuál es tu puta teoría, niña? —pregunto con frustración.
— Que a pesar de ser una niña, una mocosa y una cría… —se echa el pelo hacia atrás con dramatismo— puedo ponerte igual de cachondo que esas dos zorras — ríe satisfecha y desaparece por el pasillo.
NARRA WENDY
¡Já! Que te jodan Josh Matthews. Entro a mi cuarto con una sonrisa triunfal, sabía que podría ponerle cachondo. Sé que si hubiera seguido, habría conseguido que perdiera el control y me hubiera follado ahí mismo, pero es mejor evitar las tentaciones. Está muy bueno pero sería una putada vivir con la misma persona con la que follas. Podría llegar a sentir algo más… y no estoy dispuesta. Decido escribirle un mensaje a Connor porque, lógicamente, no pienso quedarme con este calentón absurdo. Yo: Puedo escaparme en diez minutos. Connor: Te recojo en quince. Me encanta el hecho de que Connor no tarde nada en responderme, hace que me sienta segura de mí misma. Bien, a ver que excusa me invento ahora para salir. No sé dónde coño estará mi hermano pero el imbécil de Josh no va a ponérmelo fácil.Me quito el pijama y me pongo una falda por encima de las rodillas y una camiseta de manga corta, por dentro de la falda. Cojo mis botas y una cazadora y se me ocurre llevarme una carpeta para decirle a Josh que voy a la Universidad. Camino con decisión por el pasillo, fingiendo que soy una niña buena que va a hacer… bueno, lo que sea que hagan las niñas buenas.
— ¿Dónde vas? —pregunta en cuanto me ve. Sigue sentado en el sofá y está bebiendo una cerveza mientras mira un partido en la televisión.
— A la universidad. —
Es sábado, invéntate otra excusa —dice sin mirarme.
— He quedado con una compañera para arreglar unos papeles.
— Todavía no conoces a nadie allí, tu misma lo dijiste ayer. Prueba con otra —esta vez sí que me mira.
— La conocí en secretaría —bufo fulminándole con la mirada—. Me marcho — giro y camina hacia la puerta.
— Eh —sujeta mi brazo y se coloca frente a mí—. Cómo me entere de que has salido con el cabrón de Connor, me asegurare de que tengan que trasplantarle todos los dientes. Sonrío en mi interior. ¿Está celoso? Le rodeo y salgo por la puerta sin responder. Cuando llego abajo, saludo a John, el portero, y veo que Connor está en la puerta esperándome. Me sonríe cuando subo al coche y me ofrece un cigarro.
— Hola, guapa. ¿Estás lista? — Claro —acepto el cigarro y cojo el mechero de mi bolso. Conduce tranquilamente hasta que llega a su apartamento. Aparcamos en frente de un edificio de unas cuatro o cinco plantas, con fachada de ladrillo. Entramos en el ascensor e inmediatamente tira de mi mano acercándome a él. Rodea mi cadera con una mano mientras con la otra me sujeta por la barbilla.
— Anoche tuve que hacerme una paja cuando llegue a casa. — Lo siento por eso. Josh es muy insistente cuando se lo propone. Acerca su boca a la mía y el ascensor se detiene. Caminamos hasta una puerta, abre y se hace a un lado para que entre.
— ¿Vives solo? —pregunto ojeando el interior.
— Con mi hermano, pero ahora está trabajando. No vendrá hasta dentro de cuatro horas. Me recorre con la mirada de arriba abajo mientras se relame y sonríe. Joder, esa sonrisa hace que el tanga se me moje de inmediato.
— Ven aquí y enséñame lo que has aprendido —dice tendiéndome una mano. Muerdo mi labio con nerviosismo y la acepto, dejándome llevar hasta un dormitorio. Se sienta en la cama y yo quedo de pié entre sus piernas. Saca mi camiseta de dentro de la falda y comienza a besar mi vientre, mientras una de sus manos sube por mi pierna. Acaricio su pelo con los ojos cerrados, sintiendo el tacto de sus manos y de su boca sobre mi piel. Mete la mano por dentro de mi falda, acariciando la parte interna de mi muslo. Roza mi tanga con sus dedos provocando un pequeño suspiro por mi parte. Deja de besarme y levanta la cabeza, mirándome desde ahí abajo. Rodea mi cadera con un brazo y me tumba sobre la cama. Se quita la camiseta y veo que su cuerpo también ha mejorado desde la última vez que le vi. Se recuesta a mi lado derecho y su lengua busca la mía. Acaricio su mandíbula y gimo sobre sus labios cuando siento cómo introduce una mano en mi ropa interior y su dedo se posa sobre mi clítoris. Sonríe y sigue besándome, a la vez que su dedo se mueve y lo presiona con firmeza. Introduce un dedo en mi interior y suelta un gruñido profundo.
— Siempre tan húmeda, Wendy —otro dedo más entra en mí. Muerdo mi labio evitando gemir una vez más y hago que saque su mano de mi tanga, incorporándome para ponerme sobre él. Sonríe con un brillo de diversión en sus ojos y acerco mi boca a su pecho. Voy descendiendo, dándole pequeños besos hasta llegar a su pantalón. Lo desabrocho con destreza y me levanto para sacárselo por los pies. Hago lo mismo con sus calzoncillos, dejando a la vista su polla deseosa de mí. Acerco mis labios sin dejar de mirarle y veo cómo cierra los ojos y echa la cabeza hacía atrás cuando la meto en mi boca. La rodeo con una mano y la muevo de arriba abajo al mismo tiempo que mis labios. Su respiración es cada vez más irregular, los músculos de sus piernas y de sus brazos se tensan y relajan cada pocos segundos. Sigo unos minutos más hasta que sujeta mi pelo y me hace parar.
— No quiero correrme así, nena. Voy a follarte —trago saliva cuando me hace girar y se coloca encima —. ¿Tomas la píldora? Niego con la cabeza así que estira la mano para sacar un condón del cajón. Sujeta mis piernas con ambas manos y las abre despacio, mirando entre ellas sin disimulo ni pudor, para colocarse en el lugar preciso. Siento su polla sobre mi entrada, cómo la introduce de manera lenta, obligándome a apretar su espalda con mis manos para que la meta del todo.
— Shh —sonríe—. Veo que sigues igual de impaciente. Me penetra con suavidad y gimo cuando la siento dentro por completo. Vuelve a sacarla y a meterla igual de despacio.
— Veo que te gusta —murmura antes de besarme.
— Eso es decir poco —respondo correspondiéndole. Seguimos así durante unos minutos más. Me folla lento pero profundo. Sacándola casi por completo. A medida que el tiempo va pasando, va aumentando la velocidad hasta conseguir un ritmo constante. Mis cadera se coordinan con sus embestidas y mi respiración es cada vez más irregular. Connor besa mi cuello y muerde mi oreja con fuerza, susurrándome en el oído y haciéndome estremecer.
— Siempre me ha gustado lo malditamente estrecha que eres, Wendy. Mierda, me vuelves loco. Me folla sin descanso hasta que siento que estoy al límite. Él lo sabe también porque me conoce muy bien en este aspecto.
— Vamos nena, quiero escucharte —comienza a penetrarme con una velocidad frenética. Me mira y yo cierro los ojos arqueando la espalda mientras araño la suya con fuerza. Me corro y grito, dejando salir todo lo que llevo dentro, hasta que a los pocos segundos escucho sus jadeos cuando se corre conmigo. Se deja caer a mi lado y retira el condón, tirándolo al suelo.
— Joder, Wendy —dice con la respiración acelerada—. Me matas. Sonrío satisfecha y le doy un beso en el cuello. Nos quedamos en silencio unos minutos, completamente desnudos, hasta que nuestro pulso se normaliza.
— Así que te quedas aquí a vivir —comenta mientras los dos miramos al techo.
— Sí. Ya no hacía nada en París y tenía ganas de volver a casa y ver a mi hermano.
— Me alegra que tomaras esa decisión —gira su cabeza hacía mí y yo hacia él. Ambos sonreímos y entonces me doy cuenta de que cómo mi hermano llegue a casa y vea que no estoy, me la voy a cargar.
— Tengo que irme ya. Si mi hermano llega y no me ve, enloquecerá —digo levantándome para vestirme.
— Vale, yo te llevo. Llegamos en seguida al ático, riendo por el camino y recordando momentos en Francia, cuando quedábamos y me ayudaba a escaparme del internado. Pero la sonrisa desaparece de mi rostro cuando veo a Josh en la puerta.
— Maldita sea.
— Tranquila, yo me encargo —detiene el coche frente al portal. Me bajo y camino hacia Josh deprisa, advirtiéndole con la mirada que no se le ocurra hacer ninguna tontería. Connor viene detrás de mí.
— Entra en casa, Wendy —Josh habla conmigo pero al que mira es a él.
— Josh, no se te ocurra…
— ¡Entra en el jodido edificio!
— Relájate, Matthews, y no la hables así —gruñe Connor acercándose. Josh espera a que llegue hasta él y antes de que Connor pueda decir nada más, le lanza un puñetazo en toda la cara. Connor cae al suelo por el golpe inesperado y entonces corro y me coloco en el medio de los dos.
— ¿¡Qué coño pasa contigo!? —empujo a Josh con todas mis fuerzas—. ¡Si no me hubieras traído anoche a rastras, no habría tenido que mentirte hoy! Me giro justo para ver cómo Connor se acerca con una expresión furiosa y los puños cerrados. — ¡No! Para, Connor. Por favor —suplico cogiendo su puño con mi mano. Agarro su barbilla para que baje la vista y me mire. Sonrío y le doy un beso rápido poniéndome de puntillas. Me devuelve la sonrisa y mira de nuevo a Josh.
— Cómo vuelvas a gritarla o a ponerme una mano encima…
— ¿¡Qué!? ¿¡Qué vas hacer, gilipollas!? — ¡Basta, Josh! —me giro y miro a Connor de nuevo— Luego te llamo —tiro de su mano para llevarle al coche y obligarle a entrar. Mira a Josh una última vez y enciende el motor. Cuando desaparece por la carretera, le doy un empujón a Josh y entro en el portal. Se cuela en el ascensor antes de que se cierre y no aparta la mirada de mí en todo el trayecto hasta arriba. Cuando llegamos, voy hacia mi habitación directa, pero su mano en mi muñeca me detiene.
— ¿Has follado con él? Abro los ojos alucinada por su pregunta y me suelto de su muñeca dándole un manotazo.
— ¿¡Y a ti qué coño te importa!?
— ¿Lo has hecho? —vuelve a preguntarme con la mandíbula apretada.
— ¡Qué te jodan!
— ¡Eres una maldita niñata desesperante!
— ¡Y tú eres un jodido psicópata con problemas de autocontrol! —grito dando un portazo en mi cuarto.