NARRA JOSH
La madre que la parió. ¿Qué coño acaba de pasar? Pretendía sacarla de quicio pero en lugar de eso ha sido ella la que me ha sorprendido. Ahora solo puedo pensar en ponerme enfermo para que me cuide. Salgo de la ducha y me rocío de desodorante antes de ponerme unos vaqueros gastados y una camisa de tirantes, con una cazadora vaquera por encima. Cojo mi gorra de LA y me la coloco con la visera hacía atrás. Voy hacía el salón y escucho a Rick hablando con Wendy. Están sentados en el sofá.
— …pero yo también quiero ir —lloriquea ella.
— No puedes venir, Wendy, deja de insistir. — Joder, Rick, me muero de aburrimiento, necesito un poco de diversión.
— No —Rick saca un cigarro y lo coloca en su boca.
— ¿Dónde coño vais para no querer llevarme? — Dios —camino hacia ellos—. Acabo de tener un deja vú.
— ¿De tu estupidez? —pregunta ella levantándose.
— No, de la tuya, mocosa. Vamos, hermano —miro a Rick—, tenemos que estar a las once en punto, si no… —me callo a tiempo, antes de cagarla.
— ¿Sino qué? —Wendy me mira.
— Joder, mira que eres insistente, niña.
— Venga, Wen, cierra con llave y…
— Y no dejes entrar a nadie —le interrumpe mirándolo—.
¿No? Tengo dieciocho años, Rick. No catorce —él le da un beso en la frente y sale. Yo le sigo sin mirar a Wendy. Cogemos cada uno nuestro coche, esta vez el bueno, el potente. Yo, mi i8 y él su i7. Lo bueno que tiene trabajar en BMW y que el jefe sea tu mejor amigo, es que siempre conduces los mejores coches. Tomamos la salida hacia las afueras, dónde se celebran las carreras más populares de la ciudad. Cuando estamos llegando, a lo lejos, vemos las luces y el movimiento de muchos coches. A medida que nos acercamos, la música se escucha más fuerte y la gente se hace más visible. Aparcamos donde siempre, entre Jay y Tom. Chocamos las manos cuando bajamos y Jenna y Vicky se acercan a nosotros. Llevan un diminuto short y un top por encima del ombligo. Parece que les gusta que no las diferenciemos.
— ¿Qué hay, tío? ¿Estás listo? —Jay choca mi mano.
— Más listo que nunca. ¿Dónde está el subnormal de Jackson? —doy un vistazo alrededor.
— Aún no ha llegado —pero entonces se escucha el motor de su estúpido deportivo y la mitad de la gente comienza a gritar.
— Ahí está —dice Tom mientras todos nos giramos para mirar. Los cuatro nos acercamos a él mientras baja de su coche y sus amigos le saludan. Me busca con la mirada y sonríe al verme, relamiéndose los labios y levantando la cabeza con superioridad, mientras camina hacia mí con decisión.
— ¿Preparado para devolverme los cinco mil? —se detiene a unos metros, con su séquito tras él.
— ¿Preparado tú, para darme cinco más? —doy un par de pasos más hacia él. Odio a este capullo. A él y a su estúpido hermano, Connor. No podría decidirme por uno de los dos. Bueno, tal vez al primero pero solo porque me hace perder dinero y me deja en ridículo cada vez que me gana una carrera. El otro está a unos metros detrás de él, con una chica y apartados del resto. La tiene cogida por el culo y abrazada a su cadera. Yo he visto ese culo antes.
NARRA WENDY
Pues no me da la puta gana. Lo siento, hermanito, pero las cosas han cambiado, si te piensas que me vas a dejar encerrada como cuando era una niña, no me conoces. Corro hacía mi cuarto y me quito el pijama en dos segundos. Me pongo unos vaqueros ajustados y una camiseta con cremallera. Cojo una cazadora y camino deprisa hacía el ascensor. Entro en el garaje y me subo deprisa en el BMW que he comprado esta tarde en el concesionario de mi hermano. Escucho unos motores salir por la puerta metálica, son mi hermano y Josh, así que me pongo en marcha deprisa para poder seguirles. ¿Dónde coño van? Hace diez minutos que han salido de la ciudad y no parecen tener intención de detenerse. Voy lo suficientemente por detrás como para que no me vean y doy las gracias de que Rick vaya por delante, ya que Josh no ha visto aun el coche que me he comprado. Veo unas luces a un par de kilómetros y efectivamente cogen el desvió en esa dirección. ¿En serio? ¿carreras? Genial, hermano. Genial… Aparco lejos, en un hueco que encuentro entre dos coches más o menos normales, comparados con lo que estoy viendo en este lugar. Me bajo y les sigo con la mirada, veo cómo saludan al otro chico que estaba anoche en casa y a los clones enfermos. Otro coche pasa por mi lado, retumbando el lugar con su motor y su música. Todos miran en mi dirección cuando lo escuchan, por lo que me agacho un poco tras un descapotable para que Josh y mi hermano no me vean. Cuando la gente se arremolina alrededor del último en llegar, avanzo hacia a muchedumbre para curiosear un poco, pero entonces escucho una voz a mi espalda.
— ¿Wen? —no puede ser verdad, conozco esa voz, aunque es más ronca de lo que recordaba. Me giro y abro mucho los ojos al verle. Connor Andrews.
— ¡Connor! —grito abalanzándome sobre él. Salto en sus brazos y me sujeta por el culo, levantándome tal y cómo solía hacer
—¿Qué haces aquí? —le pregunto cuando me baja.
— ¿Yo? Te recuerdo que vivo aquí —dibuja una sonrisa enorme—.
Mejor pregunta qué haces tú aquí? — Bueno, me rechazaron en la universidad de París así que he vuelto a casa. Vivo con mi hermano. Veo cómo mira por encima de mi hombro y sonríe. Me giro y veo a Josh fulminándome con la mirada, bueno, primero a mí y luego a Connor. Comienza a andar hacia nosotros pero mi hermano, que no me ha visto aun, le sujeta por el brazo y le dice algo. Josh vuelve a mirarnos y se sube en su coche.
— Ven conmigo, pequeña —dice Connor cogiéndome de la mano. Tira de mí hacía su coche y me abre la puerta del copiloto para que entre. Después de montar en su lado, abre la guantera para sacar una bolsita de marihuana, me sonríe y comienza a hacerse un porro. Le doy al play en el CD que está metido y la canción de “Soledad” de Don Omar comienza a sonar.
— ¿Quieres hacer los honores? —me lo ofrece.
— Claro —respondo cogiéndolo con una sonrisa.
Lo enciendo y primero doy un par de caladas cortas para prenderlo y después una más profunda. Cierro los ojos para disfrutar de su sabor y retengo el humo dentro.
— Déjame volver a probar tu sabor, pequeña —Connor sujeta mi barbilla entre sus dedos y se acerca despacio. Junta sus labios a los míos dándome un pequeño beso. Expulso todo el humo dentro de su boca, sonríe y me mete la lengua con rapidez. Acaricia mi cara mientras la mía la recibe con la misma ansiedad. Nos besamos durante unos minutos más, mientras su mano acaricia mi muslo, apretándolo de vez en cuando.
— Sigues haciéndolo tan bien como siempre. Voy a responderle cuando mi puerta se abre y una mano tira con fuerza de mí, sacándome del coche.
— ¿Qué coño…? —intento averiguar quién es— ¡Josh! ¡Suéltame! — ¿¡Qué mierdas te crees que haces, Phoenix!? —Connor abre su puerta con rapidez y rodea el vehículo para ponerse frente a Josh. ¿Le ha llamado Phoenix? Tengo que enterarme de a qué se debe ese mote. Josh me coloca tras de él para mantenerme lejos pero yo le empujo y voy tras Connor, poniendo las manos en sus hombros para demostrar que le apoyo y estoy de su lado.
— Wendy, ven aquí —retiene la respiración, tratando de hablar con calma.
— Vete a tomar por el culo, Matthews —le dice Connor.
— Por el culo te voy a dar como no te apartes —masculla con los dientes apretados.
— ¿Tu, a mí? —ríe Connor.
— Sí. ¿Quieres verlo? Se juntan tanto que sus frentes casi se tocan. Josh tiene la mandíbula y el puño derecho apretando pero Connor sigue con una sonrisa y esa actitud impasible.
— Josh, déjame en paz. No eres mi padre —salgo de detrás de su cuerpo y miro al que tengo delante, con el ceño fruncido.
— Wendy, sube a mi puto coche.
— Me marcho con Connor. Estábamos en mitad de algo cuando nos has interrumpido —el susodicho me mira con una sonrisa y yo le guiño un ojo.
— ¿Qué pasa, tío? —Jay aparece con otro que no conozco.
— Jay, coge a Wen y métela en mi coche —le dice Josh sin apartar la mirada.
— No se te ocurra ponerle una mano encima, hijo de puta —Connor se adelanta un paso. Veo que esto va a terminar muy mal así que decido ceder, solo por esta vez…
— Está bien, Connor, iré con él.
— ¿Qué? —se gira para mirarme, sorprendido y enfadado— ¿Es que acaso le conoces? — Desgraciadamente —fulmino a Josh que no ha dejado de observarme—. Vivo con él.
— ¿No vivías con tu hermano? — Sí, pero también con este gilipollas.
— ¿Tu hermano es Rick? —levanta mucho las dejas. — Sí.
— Claro… Moore —dice pensativo—.
Era mucha casualidad. Camino hacía Josh, pensando en devolvérsela en cuanto tenga la oportunidad. Cuando se gira, convencido de que le sigo, corro hasta Connor y saco su teléfono del bolsillo. Me mira con confusión y cuando ve que estoy apuntando mi número sonríe.
— Llámame —susurro en sus labios.
— ¡Wendy! — ¡Que sí, cojones! —grito volviendo hacia Josh. Le sigo, con un enfado de los mil demonios, arrastrando los pies y tratando de caminar lo mas despacio posible para ponerle nervioso. Lamentablemente su coche no está lejos, así que en seguida estamos los dos sentados dentro.
— ¿Dónde está mi hermano?
— ¿De qué coño conoces a ese cabrón? —pregunta encendiendo el motor.
— No te importa. ¿Dónde está mi hermano?
— Ha salido cinco minutos antes que yo. Dime de que coño le conoces. Suspiro enfadada y giro mi cabeza, mirando por la ventanilla.
— Cómo no me digas ya de qué conoces a Connor Andrews, le contaré todo a tu hermano. Mierda. Como le cuente que les he seguido me va a encerrar tanto que ni Shrek conseguiría liberarme.
— Le conocí en Paris. Vino unos meses con un equipo de futbol y quedamos algunas veces. ¿Contento?
--No. No estoy para nada contento, no vas a volver a acercarte a él.
— Claro, Josh… —río— claro.
— Lo digo completamente en serio.
— Que sí, que sí. Se gira un segundo para mirarme y vuelve a observar la carretera. Suelta una bocanada de aire y acelera justo cuando siento la vibración de mi móvil en el bolsillo. Connor: Sigues volviéndome igual de loco, pequeña. Avísame cuando puedas escaparte y paso a buscarte.
— ¿Desde cuándo fumas marihuana? —pregunta Josh cuando subimos en el ascensor.
— No es tu problema. Deja ya de hacerme tantas putas preguntas —resoplo.
— Wendy, no debes fumar, joder. Eres una cría… mierda —parece frustrado—.
Deberías… — O sea que no debo fumar marihuana pero tú puedes ponerte hasta el culo, no solo de eso, sino también de cocaína y de alcohol. Además de follar sin ton ni son y correr en carreras ilegales. ¿Eso es lo que dices?
— Yo tengo veintidós años y tu dieciocho. Además yo no soy como tú. Tú debes estudiar, ir a la universidad y…
— ¿Y tú qué? —me cruzo de brazos— ¿tú no deberías ir a la universidad? — Yo crecí en la calle. Esa fue mi Universidad —sale del ascensor deprisa cuando la misma voz metálica que me recibió, anuncia que hemos llegado al ático.
— Olvídame, Josh —abro la puerta y entro.
— ¿¡Dónde coño estabas?! —grita mi hermano nada más verme.
— ¡Olvidarme los dos! —voy hacia el pasillo dando grandes zancadas. Me encierro en mi cuarto y pongo el pestillo por dentro. Cojo el móvil e ignorando los golpes y los gritos de mi hermano en la puerta, contesto a Connor. Yo: En cuanto pueda, te aviso. Tenemos que acabar lo que empezamos... Connor: Bien. Estaré esperando tu mensaje… y claro que lo vamos a terminar.
NARRA JOSH
Yo he visto ese culo antes. No puede ser, Wendy abrazando a Connor. Dejo de escuchar a Jackson y comienzo a caminar hacia ellos. Voy a romperle la cara a ese cabrón. ¿Qué coño hace con Wendy? Mierda. Avanzo solo tres pasos pero una mano me sujeta. Me giro y veo a Rick, mirándome confuso.
— ¿Dónde coño vas? Tienes que correr ya, hermano. Vuelvo a mirar a Connor y veo que Wendy se ha dado cuenta. Él le dice algo y tira de su mano, me cago en la puta. Me giro y me meto en mi coche, arrancando y yendo hacia la salida. Jenna nos da la salida en seguida, indicándonos el momento exacto en el que tengo que pisar a fondo, rechinando las ruedas contra el asfalto.
— ¿Listos? —levanta las manos— ¡Ya! —grita a la vez que baja los brazos.
Salgo disparado por delante de Jackson, sin mucho esfuerzo. Escucho su motor así que acelero más, dejando que sea el de mi BMW el que enmudezca al suyo. Acelero a tope, quedando por delante de Jackson en todo momento. Llegamos al final y rodeamos el contenedor de basura. El cabrón intenta golpearme pero entonces le doy al nitrógeno y me convierto en un cohete. Llego a la meta en seguida. Cuando bajo, escucho los aplausos de muchos y los abucheos de otros tantos.
— De puta madre, tío —Rick se acerca y choca mi mano.
— Eres un mamón, Phoenix. Eso está prohibido —gruñe Jackson saliendo de su coche y acercándose a mí.
— ¿Sí? Enséñame donde lo pone. Ah no, que en esta mierda no hay reglas —río—.
Vamos, suelta la pasta.
— Que te den por el culo. Esto no va a quedar así —dice tirándome el fajo de billetes.
— El alquiler, hermano —se lo lanzo a Rick.
— Esto es cinco veces más —lo coge en el aire.
— Úsalo para comida y alcohol. Se nos están acabando las reservas —digo buscando a Wendy con la mirada—. Y no te olvides de la maría y…
— Sí, no te preocupes —me interrumpe. Vicky se acerca a mí —o Jenna, no se cual de las dos es—, y me da un beso. Paso de ella, solo quiero encontrar a Connor y a Wendy, pero es tan insistente que terminaré antes si la correspondo que si la aparto. Así que la rodeo con las manos y le como la boca sin cuidado.
— Tengo que irme —ignoro su cara enfadada.
— Hermano, nos vemos en casa —Rick camina hacia su coche—. No quiero dejar sola a Wendy tanto rato. Si tú supieras… Wendy me desafía con la mirada dentro del ascensor.
— Yo crecí en la calle. Esa fue mi Universidad —salgo del interior y ella pasa por delante para abrir la puerta del ático.
— Olvídame, Josh.
— ¿¡Dónde coño estabas?! — ¡Olvidarme los dos! —grita como una histérica y camina hacia el pasillo. Rick me mira y va detrás de ella hasta su habitación. Escucho cómo golpea su puerta y le grita para que le abra pero ella no responde. Se ha encerrado en la puta habitación, maldita niñata.
— ¿Dónde la has encontrado? —me pregunta Rick volviendo al salón con un enfado de cojones.
— En el portal —miento.
No quiero decirle la verdad porque entonces se centrará en mantenerla encerrada y dejará de venir conmigo a las carreras y a las fiestas. Y no estoy dispuesto a que una mocosa me joda.
— ¿Y dónde coño ha estado? —anda de un lado para otro, frustrado.
— No tengo ni puta idea, tío —respondo sentándome en el sofá y encendiendo la televisión.
– No ha querido contarme nada.
— Me cago en la puta, va a volverme loco.
— Ha cambiado, Rick. Ya no es la niña de hace cuatro años —me encojo de hombros con indiferencia.
— Sigue siendo una cría. No voy a permitir que haga lo que le de la puta gana, joder.
— Estoy de acuerdo. Se sienta a mi lado y saca la marihuana de su bolsillo. Me pasa un poco, cojo un cigarro del paquete que hay sobre la mesa y nos hacemos un porro cada uno. Después de un rato viendo programas basura, medio partido de futbol y dos porros más, empieza a reírse de repente.
— Vaya paliza le has dado a ese idiota, colega.
— Lo sé —río con él—, ni siquiera controla su propio coche.
— Es un pringado.
— Igual que su puto hermano —digo apretando la mandíbula.
— Sí. Pasada una media hora más, Rick se despide y se va a la cama.
Yo aún estoy muy despierto y frustrado. No me quito de la cabeza la imagen de Connor besando a Wendy dentro de su coche. Me dan ganas de romperle la boca, joder. No porque ella me guste, sino porque, joder, es una niña y el un asqueroso pervertido. Pues igual que tú. Ya estamos, mi conciencia tocándome los huevos. Saco el móvil de entre los dos cojines donde se ha caído y miro la hora: las dos de la mañana. Las gemelas seguirán de fiesta así que decido escribirlas para que vengan a chupármela. No puedo dormirme así, necesito despejar mi mente y, joder, esas zorras la chupan como los dioses. Me da igual cuál de las dos venga, aunque seguramente vengan las dos. Yo: Os espero en mi casa. Necesito vuestra preciosa boquita en mi polla. No toquéis el timbre. Le doy a enviar y me hago otro porro mientras las espero.
¿Cuál es mi puto problema? Necesito parar esta repentina obsesión por la niñata, solo me traerá problemas. A los veinte minutos me llega un mensaje de Jenna diciendo que abra la puerta, poco ha tardado. Cuando lo hago, ahí están las dos, tal y cómo me imaginaba. Sonríen y una de ellas me quita el porro de la mano mientras la otra comienza a besarme. Me empujan hacia el sofá y caigo sobre él sin oponerme lo más mínimo. La que está besándome creo que es Vicky ya que Jenna no es tanto de morder los labios. Deja mi boca para arrodillarse entre mis piernas, mientras Jenna recorre mi cuello. Le quito el porro y le doy una calada profunda, cierro los ojos y me dejo hacer.
La boca de Vicky es la primera que siento sobre mi polla, justo cuando dejo escapar el aire del porro, a la vez que un pequeño gruñido de placer. La agarro del pelo y empujo su cabeza para que se la meta más adentro, no me apetece jugar. Jenna abandona mi cuello y se arrodilla junto a su hermana. Las dos me miran con esa cara de zorras que tanto me pone y comienzan a chupármela con desesperación. Sujeto la cabeza de una de ellas y enredo su pelo entre mis dedos, mientras con la otra mano sigo fumando. Apoyo mi cabeza contra el respaldo del sofá y cierro los ojos disfrutando de la sensación de sus lenguas contra la punta de mi polla. Siguen durante un rato más, hasta que escucho una voz familiar.
— ¡Oh, por dios! ¡Maldito asqueroso! Wendy grita desde la puerta de la cocina.
Quiero mirarla pero estoy a punto de correrme así que decido ignorarla, que le den por el culo, ya me ha jodido bastante esta noche. Las gemelas no paran, al contrario, aumentan la velocidad y la presión.
— Más rápido —les digo con voz entrecortada.
Ellas obedecen como perras y hacen que me corra en sus bocas, manchándolas por completo. Pero no dejan que una sola gota caiga en la alfombra, lo recogen todo con la lengua, mientras me miran con lujuria. Es lo que me gusta de ellas, no le hacen asco a nada. Las miro mientras sacan la lengua y la pasan por mi polla mientras sigo corriéndome. Cuando termino, se levantan sin dejar de sonreír y van a la cocina. Escucho el grifo. Vuelven a los pocos segundos y con la intención de sentarse a mi lado. Normalmente ahora les daría su merecido, pero hoy no me apetece una mierda. Solo quiero dormir.
— Largaos, tengo sueño —me subo los bóxer y los vaqueros y camino hacia el pasillo.
— Eres un cabrón —creo que es Jenna la que habla.
— Cerrad la puerta al salir —digo entrando en mi habitación. Escucho un portazo en el salón cuando me dejo caer en la cama. Ya me ducharé por la mañana, no me preocupa que se enfaden porque siempre acaban volviendo.
NARRA WENDY
Guardo el móvil después del último mensaje con Connor y saco la marihuana que me ha dado antes, en el coche. Maldigo cuando me doy cuenta de que no tengo tabaco. Abro la puerta después de que mi hermano deje de gritar, cuando les escucho hablando en el salón con más tranquilidad. De mí, seguramente. Vuelvo a meterme en la habitación y decido esperar hasta que se vayan a la cama para ir a por un cigarro. Pongo la televisión y durante un rato veo una serie que están echando, aunque sin prestar mucha atención. Connor. Connor Andrews. No puedo evitar sonreír al recordar sus besos y la sensación de su mano sobre mi muslo. Cuando escucho cerrarse una puerta, me imagino que Josh y mi hermano ya se habrán ido a la cama, así que salgo para ir al salón y conseguir el bendito cigarro. Me acerco a la cocina y no puedo evitar gritar cuando veo a esas dos putas haciéndole una mamada doble al guarro de Josh.
— ¡Oh, por dios! ¡Maldito asqueroso!
Me doy la vuelta deprisa y vuelvo a mi habitación, me pongo los auriculares y trato de borrar esa imagen de mi cabeza, con música. Hasta que finalmente me quedo dormida. Hoy es sábado así que no tengo nada que hacer. Voy a quedar con Connor cómo sea, me da exactamente igual cómo se pongan Josh y Rick. Me muero de ganas de volver a besarle y sabe exactamente lo que me gusta. Recuerdo el día que le conocí… imposible olvidarlo.
Flashback
Una amiga del internado y yo decidimos escaparnos esta noche, dando esquinazo a las monjas, como tantas veces antes. Vamos a una fiesta en una fraternidad de esas, bebemos, conocemos gente, hablamos y bailamos. Mientras estoy saltando y moviendo el culo al son de una canción que nos encanta, alguien rodea mi cintura. Me susurra al oído que tengo un culo precioso y muerde el lóbulo de mi oreja. Giro mi cuerpo y cuando veo lo atractivo que es no puedo evitar atraerle a mí y besarle. El me levanta sin ningún esfuerzo para que le abrace con mi piernas, mientras camina conmigo hasta una habitación. Me deja en el suelo y me mira con una sonrisa peligrosa.
— ¿Cómo te llamas?
— Wendy. ¿Y tú? — Connor —se acerca a mí mientras yo retrocedo.
— ¿Cuántos años tienes, Wendy? —qué voz…
— Dieciséis.
— Perfecto —dice acabando con el espacio que nos separa. Sujeta mi cadera con fuerza y empieza a besarme de manera salvaje. Dios, en ese momento me vuelvo loca. No soy virgen, la verdad es que creo que el hecho de estar en un internado de monjas, rodeada de chicas todo el tiempo, me ha hecho desear aún más a los hombres. F*llamos sin tregua y me regala un orgasmo detrás de otro. Desde ese día hasta que tiene que regresar a San Francisco, quedamos regularmente y hasta llego a pensar que podría enamorarme de él, pero entonces desaparece. Hasta hoy.
Fin del Flashback