NARRA JOSH
Salgo a la terraza y siento cómo la rabia se apodera de mí cuando la veo subir en el coche de ese gilipollas. Lo sabía. Lo sabía y aun así la he dejado ir, ¡maldita sea! Vuelvo a entrar en el salón y saco una bolsita de la caja de la estantería. Formo dos líneas con el polvo blanco y enrollo un billete de dólar. Me acerco, inhalando profundamente y pasando mi dedo índice por la nariz. Esta maldita niña me desquicia, joder. Me meto otra raya y me fumo otro porro, caminando desesperadamente de un lado para el otro. Se la está follando. Ese cabrón se la está follando. Voy a deshacer su cara cuando la traiga. Maldito pervertido, ¡es una jodida niña! Tú querías follártela hace unas horas y eres un año mayor que Connor. Que te jodan. Decido bajar al portal para hacer más amena la espera y me alegra hacerlo ya que a los cinco minutos aparecen.
Ella me mira, lanzándome una advertencia para que no haga nada, pero maldita sea voy a destrozarle. Disfruto inmensamente cuando mi puño impacta sobre su cara. Hubiera seguido pegándole si no fuera porque del primer puño ya está en el suelo. Marica. Después de que se encierre en su cuarto cómo la niñata que es, me tumbo en el sofá esperando a que Rick venga. Pero tarda demasiado. La frustración no desaparece y necesito golpear algo, así que subo al gimnasio. A los pocos minutos escucho cómo se cierra la puerta de la calle y unas pisadas suben por las escaleras.
— ¿Ha salido Wendy? —pregunta colocándose delante de mí.
— Sí —gruño—. Es una maldita mocosa malcriada —lanzo otro puño al saco de boxeo.
— ¿Dónde ha ido? — Ha salido con Connor Andrews.
— ¿¡Cómo!? Dejo de golpear el saco y le miro levantando las cejas, afirmando lo que acabo de decir. Baja las escaleras deprisa y voy detrás de él, no quiero perderme esto. Abre la puerta de la habitación de su hermana de un manotazo, ella está sentada en la cama tecleando algo en su teléfono.
— ¿¡De qué coño conoces a Connor Andrews?! Ella me fulmina con la mirada y yo le guiño un ojo, sonriendo.
— Le conocí en París, salimos unas cuantas veces —responde volviendo a escribir algo en su móvil. Rick se acerca y se lo quita de las manos, lanzándomelo a mí.
— ¿¡Qué coño haces!? —mira a su hermano con furia— ¡Devuélveme mi teléfono! —grita levantándose y caminando hacia mí.
— Te estás pasando de lista, Wendy —él la sujeta para impedírselo—. No quiero que te acerques a ese gilipollas.
Concentro mi mirada en su teléfono, el cual está desbloqueado y con la pantalla de mensajes abierta. Yo: Tranquilo, me escaparé como sea. Cuando te escriba vienes a por mí. Connor: Bien. Estoy deseando follarte de nuevo. Se la ha follado. Lo sabía, voy a matarle. Ese cabrón no sale vivo de esta noche. Wendy me mira con nerviosismo al darse cuenta de que he leído los mensajes. Rick sigue hablándola pero creo que ninguno de los dos estamos prestándole atención ya. La miro con furia y salgo de la habitación, llevándome el teléfono conmigo. Me encierro en mi habitación y me hago otro porro.
NARRA WENDY
Estoy leyendo una revista para tratar de quitarme de encima el cabreo que tengo, cuando el sonido que indica que es Connor, suena en mi teléfono.
Connor: Esta noche hay una fiesta, nena. ¿Vendrás?
Yo: No sé si podré, Connor. Josh me ha estado tocando los huevos y creo que le va a contar lo de esta mañana a mi hermano.
Connor: Puto entrometido. ¿Qué coño le pasa? ¿le gustas o qué?
Yo: No digas bobadas, simplemente adora joderme.
Connor: Bueno, no te preocupes. Si no puedes salir, nos montamos la fiesta tu y yo solos en tu casa…
Yo: Tranquilo, me escaparé como sea. Cuando te escriba vienes a por mí.
Connor: Bien. Estoy deseando follarte de nuevo.
Cuando voy a responderle, Rick entra hecho una furia en mi habitación. Me pregunta que de qué conozco a Connor y cuando le digo que le conocí en Paris, me quita el teléfono y se lo lanza a Josh. Estaba escribiendo y no me ha dado tiempo a bloquearlo. Mi hermano me dice algo más, pero ya no le presto atención. Estoy mirando a Josh, que ha apretado su puño libre al leer los mensajes. Mierda. Sabe que hemos follado. Estoy jodida, muy jodida.
NARRA JOSH
Enciendo el porro y le doy hacía arriba a la pantalla del móvil para leer el resto de mensajes. Ese idiota le ha dicho sobre la fiesta de esta noche. Cabrón. Wendy no va a ir a esa fiesta ni de coña, solo habrá borrachos y droga. Además de pervertidos y peleas. Mierda. La puta imagen de ella sobre él hace que me hierva la sangre. Wendy no me gusta y no sé a qué se debe este impulso de protegerla… de mantenerla lejos de cualquier tío. Si lo que pretende es venir a mi casa y follársela en mi sofá mientras Rick y yo estamos de fiesta, lo lleva claro. Rick va a hacer la compra y yo me quedo en casa porque él me lo pide, para que ella no vuelva a escaparse. Cuando llega la noche y le digo a Rick que no voy a ir a la fiesta, me mira sorprendido y levanta los brazos sin entender nada.
— Pero hermano, no me jodas. ¿Cómo que no vienes? Tengo la pelea con Andersen. Las apuestas están altas y te necesito allí.
— Lo siento tío. No me encuentro bien. Me he pasado con la coca esta tarde y tengo la cabeza…
— ¿Esta tarde? Joder colega, te pasas con esa mierda…
— Lo sé, lo sé. Voy a tomármelo con calma unos días. Rick se marcha a las once de la noche y yo me hago unas palomitas y me tumbo en el sofá para ver una película. Bien cerca de la puerta de entrada… Wendy no ha salido de su cuarto en toda la tarde. Solo para pedirme su teléfono pero no se lo he dado.
Flashback
— Devuélveme mi teléfono —la escucho decir mientras termino con las pesas.
— ¿De qué teléfono hablas? —decido irritarla un poco.
— Josh. Mi teléfono. Dámelo —dice mirándome desde las escaleras.
— No sé a qué te refieres, mocosa.
— ¡Que me des mi jodido teléfono! Rio ante su enfado y eso le produce aún más rabia. Se da la vuelta y baja las escaleras, dando un portazo después de encerrarse en su habitación.
Fin del flashback
No he sacado su móvil de mi bolsillo en toda la tarde. La he visto salir de mi cuarto enfadada por no encontrarlo y la he guiñado un ojo desde la puerta de la cocina. Me ha mostrado su dedo corazón y ha vuelto a su habitación. De repente vibra en mi pantalón y lo saco para ver quién es. No lo he bloqueado porque no me sé su código. Es ese mamón, otra vez. Connor: Preciosa, salgo ya de casa. Espero tu mensaje para pasar a buscarte, me muero de ganas de probar esos labios de nuevo. Siento ganas de salir corriendo a la fiesta para partirle la boca pero decido joderle de una manera más sutil. Le doy al botón de responder y comienzo a escribir.
Yo: Mi hermano se ha enterado de todo y me ha castigado de por vida. No voy a poder salir esta noche ni ninguna otra.
Connor: No te preocupes, nena. Ahora mismo voy. ¿Quieres venir? Muy bien. Será un placer recibirte. A los quince minutos suena el timbre. Abro la puerta y mi sangre hierve al ver la cara de ese subnormal. Se sorprende un poco al verme, supongo que esperaba que fuera Wendy quien le abriera.
— No ofrecemos limosna, gracias —digo cerrándole la puerta en las narices. Vuelve a tocar y vuelvo a abrir. Esta vez no digo nada, solo le miro y me cruzo de brazos frente a la puerta.
— ¿Dónde está Wendy? — En casa de tu puta madre. Corre, vete a ver —vuelvo a cerrar pero su pie me lo impide. Empuja haciéndome retroceder y eso termina de enfurecerme por completo.
— ¡Wendy! —grita entrando en el salón. Estampo mi puño contra su labio, haciéndole sangre de inmediato.
— ¡Josh! —Wendy corre hacia Connor pero la sujeto con fuerza antes de que se acerque. — Sal de mi puta casa en este momento si no quieres que acabe contigo —levanta la cabeza después de ver la sangre y me mira.
— No me das ningún miedo Matthews —dice encarándome. Le doy un cabezazo sin soltar a Wendy, que no para de retorcerse. Connor lleva la mano a su nariz, que sangra de manera descontrolada. La puta nariz siempre salga demasiado, joder. Me mira con furia y después mira a Wendy.
— Suéltala, ella no quiere estar contigo.
— No te lo repetiré de nuevo, sal de mi casa. Ahora.
Wendy está llorando. No sé en qué puto momento se ha puesto a llorar ni por qué lo hace. Joder, no es para tanto. Nota mental: No llevar a Wendy a las peleas. Connor se da la vuelta y sale por la puerta, cerrándola de un portazo. Suelto a Wendy y me acerco a cerrar con llave, guardándola después en mi bolsillo. Agradezco mentalmente que Rick aun no le haya dado una a ella.
— Deja de llorar ya, niña. Ni que le hubiera matado.
— ¡Ahg! —se abalanza sobre mí, gritando cómo una energúmena—¡Eres un maldito hijo de puta! Agarro sus pequeñas muñecas y le doy la vuelta sujetándolas a su espalda, sin ningún tipo de esfuerzo. Me produce risa el hecho de que ni con toda su fuerza sea capaz de soltarse. Cuando me escucha reír se enfurece aún más y camino hacia el sofá, sentándome y dejándola caer sobre mí.
— Ya basta, mocosa. Vas a hacerte daño.
— ¡Suéltame! — Te soltaré cuando te calmes.
— ¡Te odio! — Que mentirosa —río. Poco a poco va relajando sus músculos y entonces hago un movimiento con sus brazos para darle la vuelta y que quede sentada sobre mí.
NARRA WENDY
Josh me gira y quedo sentada sobre él, mirándole. Muy bien, ha jodido mi salida pero que ni piense que va a joder mi noche del sábado. Se va a cagar.
— Suéltame.
— ¿Ya te has calmado? — Sí, suéltame.Deja que me levante y me observa mientras camino hacía el mini-bar. Cojo una botella de Tequila y voy hacía el pasillo para meterme en mi habitación.
— ¿Qué coño haces? ¿piensas emborracharte tu sola como una jodida alcohólica? — Ah —levanto un ceja mirándole— ¿Es que quieres beber conmigo? —duda un segundo y después sonríe con diversión.
— Vale. ¿Quieres comportarte como la niña que eres? Perfecto, pero mañana no llores cuando tengas la resaca más grande tu vida. Se levanta hacia mí y me quita la botella después de coger dos vasos de cristal. No puedo dejar de mirar su culo cuando camina delante de mí.
— Paso del vaso —digo abriendo la botella y pegándole un trago.
— Calma, pequeña. Tenemos toda la noche —dice con voz seductora. Me quita la botella y camina hasta el sofá. Yo me doy la vuelta para ir a mi habitación.
— ¿Dónde vas ahora? —pregunta confuso.
— A ponerme el pijama —respondo sin mirarle. Revuelvo mi armario buscando lo más provocativo que tenga. Me decido por unos shorts de chándal que se pegan completamente a mi piel y una camiseta de tirantes, que deja un poco al descubierto mi vientre y mi sujetador. Me suelto el pelo y lo revuelvo, dándole un aire despeinado. Vuelvo al salón y mi estómago salta al ver cómo me mira cuando me ve aparecer. Bueno, mi estómago y lo que hay más abajo. Sé que me desea desesperadamente, pero no va a poder ser… que se joda.
NARRA JOSH
Me cago en mi puta madre. ¿Dónde cojones va así? Dios. Cuando la veo entrar en el salón con unos shorts de mierda y esa camiseta diminuta solo quiero arrancarle todo con los dientes y tocar su piel. Mi polla parece querer lo mismo porque en seguida se pone alerta. Respiro disimuladamente para que no lo note, tratando de relajarme. Camina hasta la encimera para coger el librillo de papel y observo ese culo perfecto a través su pantalón. Se gira y sonríe cuando me pilla mirándola. Va hacia la cadena de música y le da al play. Mierda, lo que me faltaba. El puto CD de reggaetón de las gemelas sigue ahí y la primera canción empieza a sonar. Coge un poco de marihuana y se pone a hacerse el porro mientras sigue el ritmo de la música con sus caderas. Es tan malditamente sexy que no puedo evitar ponerme cachondo, joder. Agarro la botella y le doy un trago, frunciendo el ceño al sentir cómo baja por mi garganta y recordar que ha escogido la de tequila. Así, sin limón ni nada. Enciende el porro y comienza a bailar mientras me mira y expulsa el aire.
— Baila conmigo —dice mirándome fijamente, sin dejar de moverse.
— Ni loco.
— ¿Por qué no?
— No creo que bailar esta música contigo sea lo más acertado, niña —me levanto para quitarle el porro. Aprovecha que en una mano tengo la botella y en la otra el porro, para poner sus manos en mi espalda y atraerme hacia ella. Se restriega conmigo al ritmo de la música y Dios, juro que tengo que hacer más esfuerzo del que he hecho en toda mi vida para no levantarla del culo y follármela contra la puta mesa. La aparto de mí con suavidad y camino para sentarme de nuevo en el sofá. Ella se sienta a mi lado y me quita la botella, le pega un buen trago y cierra los ojos con fuerza.
— Es que eres una bestia. ¿No podemos beber algo más suave? — ¿Más suave? —ríe— A ver si al final el niño vas a ser tú.
— Muy bien, mañana no quiero reclamos. Tu hermano me matará por emborracharte —le doy otro trago a la mierda de bebida.
— ¿Por qué te molesta tanto que haya follado con Connor? Esa pregunta me pilla tan por sorpresa que me atraganto. Ella sonríe y da otra calada al porro, esperando mi respuesta.
— Porque eres una cría y él es… — ¿Otra vez con esa mierda? —me interrumpe—. No soy ninguna cría y creo que pudiste comprobarlo esta mañana —dice levantándose, enfadada. No quiero que se vaya así que la sujeto por la muñeca para que se siente de nuevo.
— Vale, perdona —me mira dudosa—. Lo siento. Le ofrezco el porro y lo acepta. Estamos un rato más con este tira y afloja y la risa va haciéndose cada vez más presente a medida que el Tequila hace su trabajo. De pronto empieza otra canción y se levanta deprisa.
— Vamos, esta tienes que bailarla conmigo —suplica haciendo pucheros y tirando de mí. Pero en lugar de levantarme hago fuerza y pierde el equilibrio. Cae sobre mí, poniendo una pierna a cada lado mi cadera, justo cómo la última vez. Su rostro se pone serio y sus ojos se oscurecen, dando paso a un brillo excitante. De pronto y sin saber cómo ni por qué, comienzo a decir la letra de Daddy Yankee en voz alta.
— “Dime por qué tan solita, ¿a quién esperas?... Dime lo que necesitas y sin miedo te lo daré… dime por qué no te explicas, calma mi ansiedad… dime por qué tan bonita y sin nadie que te acompañe…” Y para mi sorpresa, ella continua donde yo lo he dejado.
— “Aprovecha que aquí estoy, después de hoy quizás no se dará otro chance… te vi tan solo que no me concentraba… no quiero tanto, solo te pido una noche…” Ha dicho solo en lugar de “sola”, que es lo que dice la canción, así que sé que no lo está diciendo por decir, me lo está diciendo a mí. Acerca su rostro al mío y siento su respiración caliente a pocos centímetros de mi boca.
— Wendy… — Shh —coloca un dedo en mis labios.Los acaricia con el pulgar y humedece los suyos, haciendo que dirija mi mirada a ellos. Joder, quiero besarla desesperadamente pero sé que mañana me arrepentiré y que todo esto que siento es por el puto alcohol y la marihuana. Se acerca a mi cuello y lo acaricia con los labios, rozándome suavemente con la lengua. Mi polla se endurece y mis manos viajan a su cintura, apretándola con fuerza.
— Wendy, para… No me hace ni puto caso. Sube hasta mi oreja y muerde el lóbulo de ésta con suavidad, haciéndome sentir su respiración, un poco entrecortada.
— Maldita sea, niña… para… Me muerde fuerte cuando la llamo niña y mis manos bajan instintivamente a su culo, apretándolo con fuerza. Suelta un gemido contra mi oreja cuando lo hago y mi polla me pide a gritos que me deje llevar, pero mi cabeza me dice que la aparte de mí antes de que sea tarde. Ya es tarde.
— Joder, Wen… mierda… Sujeto su cara con una mano mientras coloco la otra en su cabeza y choco mi boca contra la suya de manera casi salvaje. Su lengua busca la mía con rapidez y por supuesto, la encuentra. Pasa sus manos por mi cuello intentando atraerme a ella lo máximo posible y yo hago lo mismo. Pongo una mano en la parte baja de su espalda mientras aprieto su culo con la otra. Mi polla está tan dura que siento que le voy a hacer un agujero a los pantalones. Meto mi mano por dentro de su camiseta para quitársela, pero entonces escuchamos las llaves en la cerradura. Dejo de besarla inmediatamente y se levanta pasando sus dedos por el pelo, intentando arreglar el desastre que han producido mis manos al agarrarla. La puerta se abre y Rick entra. Se queda paralizado, analizando la situación con la mirada. Me mira a mí, luego a ella. Sé que está fijándose en su “pijama” porque la recorre de arriba abajo con sus ojos, frunciendo el ceño de inmediato. Después mira la botella de tequila casi vacía y los porros en el cenicero. Antes de que vuelva la vista hacia mí, cojo una almohada y me la coloco encima, lo último que necesito es que vea el bulto en mis pantalones. Miro cómo Wendy juega con sus dedos, nerviosa, al mismo tiempo que muerde su labio inferior. Ese labio que, al igual que el de arriba, está rojo e hinchado debido a mis besos. Los míos deben de estar igual… Rick cierra la puerta y camina hacia nosotros. Cierra los ojos soltando el aire que contenía mientras se restriega la cara y pasa la mano por su pelo, ya despeinado. Imagino que Jenna o Vicky son las responsables.
— Hablad —se cruza de brazos, enfadado.
— Ricky…
— Ha sido culpa mí —la interrumpo—. El gilipollas de Connor vino a buscarla para llevarla a la fiesta pero le mande a tomar por el culo y no la dejé salir — asiente y yo sigo hablando—. Entonces me dio un poco de pena haberla jodido la noche así que pensamos en beber un poco en casa.
— ¿Y por qué vas vestida como las gemelas? — Empecé a tener calor por el Tequila y…fui a cambiarme hace unos minutos.
— ¿Has fumado? —ella asiente con la cabeza y Rick me mira con ganas de partirme la cara.
— Él no tiene la culpa, Ricky… fumo desde hace años…
— ¿Qué acabas de decir? — Joder Rick, ¿estas sordo? Mierda, Wendy, por ese camino no…
— Vete a la cama. Mañana hablaremos cuando no parezcas una jodida alcohólica.
— ¿Yo, alcohólica? ¡Si yo soy una alcohólica tú eres un puto drogadicto, joder!
— ¡Wendy! ¡Márchate ahora mismo si no quieres que te cruce la maldita cara! — Eh, hermano, no te pases —me entrometo avanzando un poco.
— Eres un jodido irresponsable. Se suponía que tenías que cuidar de ella y parece que habría estado incluso mejor con el estúpido de Connor.
— ¿¡Eso crees!? ¡A ver si sigues pensando lo mismo cuando leas los putos mensajes que le envía a tu hermana, joder! —le tiro el móvil y camino hacía mi habitación sin mirarla a ella. Sé que Wendy me odiará por esto pero no he podido evitarlo. Eso que ha dicho ha sido un golpe muy bajo.
NARRA WENDY
— ¿¡Que mierdas significa esto!? —me pregunta mi hermano después de leer los mensajes.
— Creo que está bastante claro —digo acercándome a él para quitarle el teléfono.
— ¿Has follado con ese hijo de puta? ¡Mierda, Wendy! Ni siquiera sabía que no fueras virgen —ese último comentario produce que una carcajada salga de mi boca, lo que provoca que Rick apriete la mandíbula y le pegue un puñetazo a la pared, sospecho que para no dármelo a mí. Me fulmina con la mirada y desaparece en su habitación. Yo me quedo ahí, de pié. Sin saber lo que acaba de pasar. Sin saber cómo he llegado a besar a Josh y sin saber… o mejor dicho, sabiendo lo que habría pasado si mi hermano no llega a aparecer.