Frente a frente con la familia de mi novia falsa
¿Qué mierda pasaba con esta familia? En algún momento dije que eran extraordinarios ¿no? ¿Será que Hanny es adoptada? Bueno, técnicamente sí, pero no por sus padres sino que por esta familia de locos, ¿o serán extraterrestres? Sí, más bien parecen extraterrestres.
Es que no salía de una para entrar en otra y ellos se lo tomaban como si nada. Simplemente, estaba acabado, toda esta familia era digna de un estudio psiquiátrico y yo estaba metido en el medio, porque quise. Como diría mi abogado, si lo tuviera, estaba ahí con conocimiento de causa.
Y yo que me había levantado de tan buen ánimo, pues me comporté como un buen novio, descubierto por mi subordinado y la había dejado tranquila todo el día. ¿Me costó? pues claro que me costó no ir a molestarla a su habitación, porque la señorita se decidió a no salir en todo el día, pero las insesantes preguntas de Davis y la cara de espanto de Conrad cuando escucha nuestra conversación es de antología.
¿Es que nadie pensaba que yo podía enamorarme? ¿Creían que era un hombre de hojalata sin corazón?
Cuando terminé de contarles nuestra hermosa historia de amor a esos dos, vi como Davis se limpiaba la mejilla donde había rodado una lágrima loca y Conrad suspiraba como si estuviera viendo una película de esas románticas. Los había convencido y eso me hizo inmensamente feliz.
¿Por qué? No tenía la menor idea, pero me gustaba la idea de que más personas supieran que Hanny era mía... Mí novia.
Pero como todo tiene un precio, en la mañana, cuando fuí a buscar a mi linda novia, me encuentro con que no me abre la puerta. Ya para los cinco minutos me aburro y entro sin que nadie me de permiso y me encuentro con que la señorita se está bañando y con la música a todo volumen.
—Genial ¿cuánto llevará en la ducha?—me echo en su cama y comienzo a mirar algunas cosas en mi celular, entre esas un mensaje de mamá para que le confirme nuestra ida para nochebuena al cual por enésima vez le escribo diciendo que sí que ahí estaremos felices de poderlos acompañar.
Escucho como el agua de la ducha termina es cuando comienzan una serie de eventos desafortunados que harán que mi día para conocer a la familia de mi novia falsa empiece de la peor forma...
Todo partió cuando la señorita mimada “yo hago lo que me venga en puta gana” quería salir media desnuda a ver si Davis estaba cerca.
¡Dios, si era una mentira! Piadosa, pero mentira al fin y al cabo.
Después de eso se le ocurrió la genial idea de vestirse de rojo con un vestido ajustado que le llega un poquito más arriba de las rodillas, Ah… en realidad casi a los muslos y la muy “me importa una mierda lo que pienses” se subió así a mí auto, amurrada como burro mascando limón.
¿Y qué hago yo?
Morderme la lengua y las ganas que tengo de detener el auto y agarrarla a besos…
¡Dios! ¿Quién mierda me entiende?
Por último y como guinda del pastel, cuando llegamos a la casa de los Scott, que debo decir que es bastante bonita. Mí novia, mí tormento, mí puto dolor de cabezas (si saben a lo que me refiero) personal y mí niña mimada, todo en el mismo envase, tóxico y de seguro no biodegradable, me “ordena” que no me meta y todavía no sé a qué se refiere con eso, porque de la nada apareció un señora que golpeó la ventana de su puerta y nos instó a salir.
¡Si hasta nos preguntó si ya estábamos casado!
Esto se nos… perdón, se me estaba saliendo de las manos y ya estaba a punto de explotar cuando veo a mi suegro desmayarse de la impresión al haber escuchado tremenda aberración y ahí si que me puse pálido, yo… yo le había prometido… No sé qué pasó por mi cabeza que ni siquiera espere a Hanny dijera algo y salgo del auto apurado a socorrerlo.
¿Cómo habiendo tantos médicos en esta familia no se aparecía ninguno?
Definitivamente eran unos disfuncionales extraterrestres del planeta tiramisú y yo había caído en la trampa.
Mientras sostenía en el suelo a mi suegro y revisaba si tenía alguna herida, la risa contagiosa de mi novia de mentira y la de la señora que ahora sabía que era Blue Scott no paraba.
—Ya, papá. Deja el drama para otra ocasión, tu no aprendiste jamás de Alma, si hasta los desmayos de la abuela nadie se los cree ¿quién creerá los tuyos?
Nuevas risas de los presentes, a los cuales se suma una señora mayor que los abuelos de Hanny y varios niños. Me doy la vuelta y miro a mi suegro que estaba abriendo un solo ojo y estuve a punto de soltarlo y que cayera al suelo, pero me aguanté, tenía que caerles bien y no despertar sospechas de nuestra mentirita piadosa, pero mentira, al fin y al cabo. Suspiro un tanto cansado y con la ayuda del señor que ahora sé que es el dueño de casa, Adam Scott logramos poner de pie a mi suegro.
—¡No lo hice de adrede! —se defiende— es que lo que dijo Blue me provocó un pre infarto.
—No seas idiota, Bruno. Ya me conoces, era solo una bromita de bienvenida al novio que nadie conocía de Hanny. No podía no hacerlo, ya me conoces.
—Abuelita ¿Qué es novio? — Le pregunta una de las más pequeñitas del grupo y creo que esa es Sarita la hija de la asistente de Thomas Scott.
—Es lo que alguna vez tendrás y tu papá se volverá loco como yo—vocifera mi suegro justo en mi oreja y creo que ya quedé sordo.
—No le hagas caso a Bruno, cariño. Algún día llegará ese príncipe azul que te ofrezca el cielo y la tierra y te vas a enamorar y querrás pasar todos los días con el y tener tu Happy ending— dice Hanny, mirándome fijamente a los ojos y suspirando.
—Ah… algo así como Tommy conmigo, aunque no se lo digan polque se la va a creel y no quielo que se haga falsas espedanzas.
Nos dice bajito, mientras llegan otros niños y creo que entre esos está el aludido porque la pequeña se sonroja como tomate maduro.
—Promesa de exploradora, Sarita.
—Glacias, Hanny y ¿tú’ ¿dilás algo?
—Prometo que no.
—Además de guapo es inteligente, tiene mi aprobación, lo siento tito Bluno, él ya me cayó bien.
—Traidora.
—No me debes nada.
¿Qué? La niña pasa por el lado de mi suegro y se ríe de él como si hubiese hecho la mayor travesura del mundo.
—Hola, Benedict. Es un gusto conocerte, como verás Bruno nos ha hablado mucho de ti. Adam Scott.
El hombre extiende su brazo y me ofrece su mano, con una amabilidad y caballerosidad innegable, por ende la acepto. Lo que no me pasó por la mente fue que el apretón de manos fuese más marcado y me acercara a él para estudiarme unos segundos, unos largos segundos.
—El gusto es mío, señor Scott y debo de decir que Hanny también me ha hablado mucho de ustedes—aprieto de la misma forma y sonrío con amabilidad, era claro lo que decía Hanny, los señores Scott con una sola mirada te podían desnudar, pero yo era Benedict Henderson y aunque las cosas con esa chica enojona, de mal carácter que ahora me miraba un tanto preocupada, se produjeran como una forma de ayudarme mis sentimientos habían dado paso a algo real, algo que aún me faltaba por conocer y esperaba que ella quisiera acompañarme.
Ambos nos soltamos y mantuvimos la mirada, mientras mi suegro reía bajito y Hanny con su abuela nos miraban cómplices. El momento incómodo pasó y Hanny por fin de acercó a mí y tocó mi espalda.
—Oye ¿estás bien?
—Sí, claro. Tranquila.
—No lo esperabas ¿cierto?
—La verdad no sé que esperar, pero trato de adecuarme a las circunstancias.
—Y eso que aún no entramos. Prepárate, Benedict. Si pasamos esta prueba tus papás terminaran amándonos y yo con una roca en mi dedo anular.
—¿Entramos? —nos dice la señora Blue y ambos asentimos.
No sabía lo que deparaba para mi esta barbacoa familiar o sí lo sabía de alguna forma u otra, esperaba que fuera mejor que en la mañana.
Sólo tenía una sola cosa más clara que el agua y era que estaba entre unos disfuncionales extraterrestres del planeta tiramisú.
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