—Que tenga una Feliz tarde, Señor Prado —le dice Julio César estrechando su mano. —Gracias hijo. Espero nos volvamos a ver, y por fin pueda ver tus pinturas —le dice el señor Prado a Julio César— sabes que soy amante del buen arte. —Claro que sí, será todo un placer —le responde Julio César, con una sonrisa en su rostro, acompañando al señor Prado a la puerta— Por favor Rossi, acompaña al señor Prado hasta abajo. —Sí, está bien —responde Rossi caminando rápido hacia ellos— venga por acá señor Prado. A este se le dibuja una gran sonrisa en el rostro, ya que nunca paro de observar a Rossi, quién al darse cuenta, no le importó. —Tengo un hijo, al cual le gustaría conocerte —le menciona el señor Prado a Rossi —¿Si? debería presentarlo —le responde Rossi muy interesada. Hablan entre ello

