Winter
Caminamos por el bosque, Zach está frente a mi un poco adelantado. No tengo ni la menor idea de a donde nos dirigimos. Hago algunas marcas con la daga en los árboles. Si el está mintiendo podría regresar corriendo hacia donde me había encontrado, e incluso regresar al pequeño refugio. Aunque, tal vez el tenga razón y ya este destruido. O tal vez Alex esté esperándome ahí, para terminar lo que había comenzado.
Zach se da la vuelta y me mira con expresión de enfadado.
— Mira, no te he obligado a venir, así que, si quieres irte, puedes regresar y seguir tu camino. Sola.
— Yo jamás...
— Pero lo has pensado, conejo blanco.
— Lo siento, yo...
— No. Te comprendo, no deberías confiar en un extraño como yo — hace una pausa, esta vez ya no sonaba enojado, si no que tenía un toque de desilusión y arrepentimiento en su voz — sobre todo si te he asustado y lo siento.
— Esta bien, al menos se que aún quedan personas con sentido del humor en este lugar. Me regala una sonrisa.
Entonces se da la vuelta para seguir su camino.
Esta vez dejo de marcar árboles, y trató de no pensar en nada. Pero es imposible, no dejo de pensar en mi madre. En como me hace falta en estos momentos. La verdad es, que yo ya había pensado en que nos estorbaba a mi y a Alex. Pero, ahora daría lo que fuera para pedirle perdón.
Esta vez Zach no dijo nada en todo el camino, parece no fijarse en lo que pienso. Así que dejo de preocuparme en que lea mis pensamientos.
Caminamos lo que pareció un poco mas de cien metros. Siento punzadas en las piernas y mi estomago rugír mas fuerte que Zach. Comienza a buscar algo, mira al suelo moviendo la nieve y la tierra.
— ¡Ajá! — se agacha para escarbar un poco más de tierra, que deja ver un gran pedazo de madera que está en el suelo. Da el aspecto de una alcantarilla. Y en efecto, es una clase de alcantarilla. Abre el pedazo de madera dejando a la vista un gran hoyo, no se ve nada. Esta algo oscuro y no se ve que tenga un fin.
— Las damas primero — dice sonriendo y extendiendo la mano hacia el tobogán.
— ¿Qué? — ¿Quiere que entre ahí?
— Vamos, conejo blanco — dice rodando los ojos - no tenemos todo el día.
— Yo... No quiero entrar ahí.
— Tienes que entrar, conejo blanco. Solo así podré alimentarte y llevarte con el doctor O' Connell para que te examine.
— Yo no... — antes de poder correr me carga en sus brazos — ¡No!¡Zach! ¡¿Qué haces?!
— No tengo todo el día — dice eso y después me deja caer a la gran alcantarilla de madera. Me sentí engañada, estúpida. Creí que me había aventado ahí para después devorarme. Que todo había sido una trampa desde el principio. Que yo era otra de sus victimas. Pero todo lo que creí se esfumó cuando caí en un colchón n***o y Zach cayó después de mi.
— ¿No confías en mi, conejo blanco? — sonríe y toma una varilla con un gancho en la punta para cerrar la pequeña puerta de madera.
— Yo...
Miro y trató de averiguar donde estamos. En un pasadizo. Frente a nosotros hay siete túneles que dan a algún lugar que yo desconozco.
— Necesito hacer algo — dice sacando un pedazo de tela de sus pantalones militares.
— ¿Que? No.
— Necesito hacerlo conejo blanco, son las reglas. ¿No confías en mí?
— No. Lo siento.
— Necesito que confíes en mí, solo así podremos ayudarte.
Se coloca detrás de mí y me pone el pedazo de tela sobre los ojos, todo se hace oscuridad.
— Sigamos, es por aquí — se escucha el gancho-varilla caer al suelo. Me toma de la mano y me dirige a uno de los túneles.
Caminamos unos cuantos metros más, no supe cuanto tiempo duró el gran recorrido, solo supe que después de caminar por la oscuridad, tomando la mano de Zach, hizo que perdiera la noción del tiempo. Hablaba sobre como habían hecho el túnel. Dijo que había más túneles para poder llegar a La central. También de como habían tenido la idea de pintar el gran colchón de n***o para darle profundidad y que pareciera que no tenía fin. Pero me perdí después de que entrelazo sus dedos con los míos.
Paramos. Me quita la venda. Volteo hacia atrás pero solo se ve oscuridad. De su mano enciende un poco de fuego. Seguimos caminando hasta llegar a una gran abertura. Por la cual se asoman lianas perfectamente verdes colgando por encima de la entrada. Y entre ellas se asoman pequeños rayos de luz. Hace a un lado las lianas, y entra.
Tenía miedo de lo que encontraría del otro lado. Tal vez su manada de lobos caníbales. O una ciudad entera de ellos. Pero, la curiosidad mato al gato ¿no?
Abro las lianas y al hacerlo, me asombro de lo que hay ahí:
Una cueva enorme. Cuevas pequeñas en las paredes no podría decir cuántas hay. También huertos y un... ¿Un lago? ¿Cómo es esto posible? ¿Cómo estas maravillas se encuentran bajo tierra? ¿Cómo hacen que la luz entre para mantener todo esto... Trabajando?
— Como había dicho. Tenemos talentos. Que son los que hacen trabajar a La central — hace una pausa — se te dará más información a su tiempo — me sonrie y sus ojos azules se fijan en los míos.
— ¡Zachary! — grita un hombre, es mayor, alto, canoso y trae unas gafas que hacen que sus ojos cafés se vean mas grandes de lo normal, a menos que así los tenga.
— Son las gafas — susurra Zach. Siento la cara caliente, me sonrojé. Él seguía leyendo mi mente. Suelta una pequeña risa.
— ¿Quién es tu amiga? — dice mirándome de arriba a abajo y de abajo a arriba, debe ser una costumbre — No la había visto por aquí. ¿Cómo te llamas querida?
— Abuelo, ella es conejo blanco. Conejo blanco, el es mi abuelo, Peter O'Connell — dice mirándome directo a los ojos. De pronto siento una descarga eléctrica en todo el cuerpo.
— Encantado, ¿Conejo blanco, eh? ¿Tus padres no pensaron en el daño que te hacían al ponerte así? — dice Peter. Zach comienza a reír a carcajadas — ¿Pero que he dicho?
— Mi nombre es Winter — le aclaro por fin al hombre.
— Winnie, eh — me regala una cálida sonrisa — Zachary, ¿Puedes decirme de donde la has sacado? — Zach miro a Peter.
— Ella, acaba de... nacer — dice sonriéndole.
— Oh... - dice Peter.
¿De que están hablando? ¿Nacer?...
Me mira y sonríe de nuevo con burla.
— Esa es la manera en como llamamos a los nuevos. Los que acaban de salir de el cascaron de hielo. Es decir, acaban de nacer.
— ¿Cascaron de... Hielo? — estoy extrañada.
— Si, el cascaron de hielo, es donde dormías. Esa gran bola de hielo, con la nieve dentro — dice Peter — fue la que hizo que sobrevivieras por varios meses, sin comida ni agua. Es como el vientre de una madre, o el huevo de un ave que encuba a una pequeña criatura, es por eso que le llamamos el cascaron de hielo.
— ¡Debo estar soñando! — comienzo a alzar la voz — primero despierto frente a un lobo gigante, que resulta ser un chico — digo apuntando a Zach, su abuelo le lanza una mirada severa. — ¡Después me dicen que estuve un año en una bola de nieve enorme!
— Cascaron de hielo — me dice Zach. Su abuelo hace un movimiento de negación con la cabeza. Me llegan unas ganas enormes de arrancarle la cabeza por haberme asustado de esa forma, en vez de darme una bienvenida como una persona normal. Aunque no creo que sea una persona normal y algo me dice que nadie de aquí lo es.
— ¡Y ahora me dicen que hay Súper poderes en este planeta!
— Talen...
— Zachary, por favor — dice Peter.
— ¿Qué somos? — ellos me miran asombrados — esto es un sueño. ¡Estoy harta y ya quiero despertar! — y pasa algo que no pensé que pasaría en toda mi vida.
Bajé mis manos con brusquedad, cerré mis ojos y apreté mis puños. En ese momento, la tierra se craqueo hasta donde estaba Zach, creando un gran terremoto; que no asusto a nadie después de un segundo agua a presión que venía de lo profundo de la grieta lo alzó en el aire, haciendo que yo quedara en estado de shock. De nuevo.
— Querida — dice Peter asombrado — ahí esta la prueba de que no es un sueño — con la mano jala una gran bola de agua y la suelta en mi cabeza, empapándome toda, yo aún en shock — Y ese, esos... — apuntó el agua a presión que mantenía a Zach elevado en el aire — creo que esos son tus talentos.
De repente mi mirada se nubla y visualizo a todos como figuras borrosas que se acercan a mi. Siento que me alzan. Después todo va perdiendo su color y me siento débil. En un momento todo se vuelve oscuro.
cuando el invierno solo duraba una temporada, extraño el agua refrescante de las albercas en los días de verano y los pajarillos cantando en la primavera, ahora los animales se van y no regresan. Ver las nieve caer es muy común aquí y ni hablar de las enfermedades como la neumonía que atacan a los más débiles. A veces quisiera regresar a la escuela, me gustaría ser normal, terminar una carrera universitaria, encontrar un trabajo, casarme, tener hijos, y morir....morir, es lo que quiero en este instante.
Quiero mi vida otra vez.