Capítulo 20: El Peso de las Miradas Hacer pública mi relación con Miguel fue como abrir una ventana en una tormenta: dejó entrar luz, pero también un viento que no puedo controlar. En la oficina, ya no somos un secreto, y aunque eso me libera en parte, también me expone. Las miradas, los susurros, la forma en que algunos colegas me tratan como si fuera alguien diferente, todo pesa más de lo que esperaba. Amo a Miguel, y él me ama, pero este nuevo mundo, donde nuestro amor está a la vista, es un terreno lleno de minas. Esta semana, las habladurías se volvieron más fuertes, y aunque quería ser valiente, hubo momentos en que sentí que me ahogaba. Llegué a la oficina el lunes con el corazón en un puño. Me senté en mi escritorio, afuera del despacho de Miguel, y encendí la computadora, tratan

