NARRA BRIAR
Ver las estrellas desde el balcón había sido lo más relajado de todo este día. Aún estaba tratando de procesar todo lo que pasó conmigo en tan poco tiempo.
La boda.
Maisie desaparecida.
Y ahora estoy casada con un hombre que no conozco, pero que mi cuerpo me está enviando señales que no quiero aceptar. Si, porque Levi es muy guapo y todo, pero no me termina de convencer. Es un tipo muy astuto y me dejó sus cartas sobre la mesa. Esto es solo una transacción más, un negocio más…
Aún así, ¿Cómo se le puede engañar al corazón? Eso sí que sería un reto.
Me abracé a mi misma, puesto que tenía un poco de frío. Pero prefiero esto que lidiar con mis padres y esa bruja de Lilith.
En estos momentos es cuando más extraño a mi madre. Si ella estuviera acá, todo sería diferente. La extraño y hoy más que nunca, porque me siento sola… sola contra la manada de víboras que me rodea.
De pronto siento unos brazos que me rodean y, encima de mis hombros, una chaqueta de cuero. Me sobresalto, me giro y veo a Levi que está frente a mí. El corazón empieza a latir como un loco martillando mi pecho, solo espero que él no lo escuche.
—Hola— me dijo con una sonrisa en sus rostro— te estuve buscando por todos lados, ¿no crees que te puedes enfermar si estás acá?— me acomodó la chaqueta en los hombros y yo no hice nada para resistirme.
—No, no creo que un simple frío me haga enfermarme. Pensé que estabas en tus negocios y no querías perder tiempo conmigo— le dije girándome hacia el horizonte.— de igual forma te agradezco por la chaqueta— él sonrío y se hizo a mi lado. Ambos teníamos las manos sobre la rejilla.
—No creas que no pienso en lo que te hicieron— me suelta apretando la rejilla con mucho odio. Como si tenía enojo contenido— nunca me han gustado las injusticias, no me gusta la gente que se aprovecha de las desgracias de otros y… con mala suerte tú estabas en medio de esta tragedia— tragué con dificultad en silencio. Al menos había una persona que al parecer me entendía.— tu madrastra se ve que es una arpia, pero no tienes por qué preocuparte por ella, mientras yo esté contigo, no pueden tocarte un pelo— me lleve una mano al pecho de alivio. No conocía a Levi, solo tenía una referencia en las portadas de hombres más buscados por las mujeres y por ser un millonario que muchos admiraban y otros temian.
Pero había algo que lo caracteriza: era un rompecorazones de primera. O bueno, eso era lo que apuntaban los medios.
Tenía mucha curiosidad como fue que mis padres dieron con el, como es que se puede hacer un negocio como esto en estas épocas así que abrí mi boca y solté la pregunta sin pensarlo:
—Levi— me miró atento— ¿Cuáles son los beneficios que obtienes con este matrimonio?— le pregunté y vi que él esbozo una sonrisa tímida. Me tomó de los hombros haciendo que me volteara a sus ojos firmes, fríos y seguros.
—Muy buena pregunta— me dijo carraspeando— verás, yo siempre he sido un hombre de negocios. Tu padre estaba pasando por una mala situación financiera, de hecho ante el mundo de los negocios nadie quiere hacer tratos con el, vino a mi desesperado. Explicándome que estaba dispuesto a cederme gran parte de la empresa si lo sacaba de esa quiebra. Por un momento lo pensé, pero él insistió y añadió que me daba a una hija de regalo también. Eso cambió todo el asunto.— en el fondo me sentía contenta, no por lo que había pasado conmigo sino porque yo conozco a Lilith, esa mujer es puramente dinero y seguro que le dolió hasta el trasero cuando mi padre tuvo que cederle parte de la empresa. Bien por eso.
Sonreí para mis adentros, pero parece que no lo hice solo para mi, porque también él me miró de forma acusadora.
—¿Se puede saber por qué estás tan feliz?— me preguntó, yo negué con la cabeza respondiendo:
—No es nada, yo me entiendo, señor McAllister— él levantó una ceja.
—Sabes que no me gusta que me llames de esa forma y más cuando se supone que ahora soy tu marido…— me tomó de la mano y yo simplemente me quedé congelada.— quiero que de ahora en adelante me llames solo Levi, ¿entendido?— me preguntó y yo asentí un poco nerviosa. ¿de donde salía estos nervios? No me gusta.— me gusta que me respondan con palabras no con gestos— me tomó del mentón haciendo que lo mirara. Tenerlo tan cerca me producía un fuego que desconozco. Su aliento me abanicaba la cara y por un momento me había quedado con los ojos cerrados.
Pero había sucedido algo que me tomó por sorpresa. De repente sus labios se posaron en los míos de una forma brutal, como si mis labios le pertenecían. Y no les voy a negar lo bien que sabía besar el condenado.
Su lengua exploró mi cavidad bucal y mi lengua no se quedó atrás. Ambos empezamos a besarnos de una forma apasionada. Sus manos empezaron a deslizarse por mi cintura y ya sabía a donde quería llegar, pero no estaba preparada para dar ese paso y con él y menos que recién lo conozco.
Así que detuve su trayectoria antes que pasáramos a algo que nos pudiéramos arrepentir.
Por suerte su celular empezó a sonar una y otra vez.
—Creo que deberías de contestar, quizás es algo importante— le dije para tomar aire fresco ya que mis pulmones se estaban quedando sin nada.
Mire como sus ojos brillaban. Era una forma de hacerme ver que se había quedado con todas las ganas. Un hombre como el significaba fuego, peligro y seducción.
Lo miré irse entre los pasillos para tomar la llamada. Pero yo me había quedado con mi cabeza hecha un nudo. Estaba muy confundida. Me toqué los labios sintiendo aún las descargas que me producen sus besos.
—Por cierto— regresó con el celular en la oreja— Cámbiate que nos vamos de luna de miel— y con eso se volvió a ir.
¿Luna de miel? Pensé que no se lo tomaría muy en serio después que me dijo que todo esto era solo un negocio más.
Ahora estaba más confundida que el inicio. Pero tengo que ser precavida. Una cosa es que mi cuerpo lo desee y otra muy diferente es que me enamore de él, está sumamente prohibido, y más después que leí los artículos de el.
“es un rompecorazones”
“no te puedes enamorar”
Me repetía en mi cabeza una y otra vez.
*
NARRA LEVI
Después de terminar la llamada de negocios, me lleve las manos a los labios. Esta mujer sabía mejor de lo que había pensado. Lo hice para probarla y ahora siento que he caído en una trampa sin salida.
Es una mujer muy hermosa, estuve por tocarla, pero también puso su límite, lo que me hace creer que es una mujer que se da a respetar. Porque no hay mujer en la vida que se ha resistido a esta mano. Solo ella.
Que interesante…
Aún así, no se me permite enamorarme. El amor no está entre mis planes, pero si puedo llevármela a la cama, ya seré un ganador.
Caminé hacia la habitación para ver si ya estaba lista y lo que miré a continuación fue otra cosa. Ella estaba dormida en el sofá. Se miraba tan tierna con esos cabellos cayéndole por la frente.
Era la hora de marcharnos, pero al parecer estaba profunda.
—Briar…— susurré acariciando su rostro perfecto.— levántate que ya nos vamos.— siguió sin contestar. Esta mujer sí que tenía un sueño profundo. Por más que la moví no respondió, así que la cargué entre mis brazos para llevarla al coche.
Verla tan cerca me daban ganas de llenarle la cara de besos, pero si despierta podría creer que soy una especie de pervertido. No quería llevarme esa imagen para ella. Lo único que hice fue darle un beso en la frente mientras bajaba las escaleras.
A cómo pude la acomodé en el asiento del copiloto y llevé una pequeña maleta en la parte trasera. Espero que esta luna de miel tenga muchas sorpresas, porque la primera ya me la llevé en cuanto la miré en el altar.
—Pronto llegaremos— le susurre mientras ella acomodaba su cabeza a un lado del asiento.
Me llama la atención una sola cosa: jamás en la vida una mujer me había puesto límites como lo hizo ella, pero tampoco jamás en la vida una mujer me había producido lo que ella hizo con un solo beso. Encendió un fuego dentro de mi, que, si no me he contenido, no sé qué hubiera hecho con ella.
—Eres muy interesante, Briar Brooks— le dije sabiendo que no me escucharía.— pero no sabes lo que te espera conmigo— le lancé un beso al aire y aceleré el coche.