Después de estar un tiempo a solas en su oficina, Adrián no pudo soportar mas el sentimiento emotivo que lo embargaba por lo que tomó el teléfono y llamó a Isabella. —¡Ven a mi oficina! —ordenó tajantemente. Isabella quien estaba sentada en su escritorio y tenía a un invitado muy importante, se puso algo nerviosa. Habiendo crecido en un ambiente áspero, ella era de un carácter indomable. Además que el invitado a quien atendía era de muy alta prioridad. Se negó a ir corriendo a la oficina de Adrián. —Señor Thompson, lo siento mucho, pero ahora mismo no puedo ir a verlo su oficina, estoy en medio de algo importante. —¿Te atreves a contradecirme? —escupió Adrián, pero la llamada ya había sido colgada. “¿Cómo se atreve?” Murmuró insatisfecho con la actitud de la joven, sin pensarlo dos

