Capítulo III: Soy un unicornio sin celular y me gustas mucho.

2215 Words
El director Rochetlewr me trajo a casa por eso de las 7:00 pm. Adam tenía su propio auto, por lo que no fue necesario que el director lo llevase. Aunque en realidad, no lo vi.           -        Bella -me llamó el director antes de que entrara a mi casa-. Bella, por favor no molestes a tu padre ahora… Tienes que comprenderlo.         -        ¡Me llamó inmadura!         -        Lo eres.         -        No -bufé.         -        Sí.         -        Que no.         -        Sí, sí que lo eres.         -        No. ¡No, no, no y no! -pataleé. Hubo un silencio incómodo y un sonrojo por mi parte-. Ah. Tal vez un poco.         -        Un poco no, demasiado -rio el director-. Nos vemos mañana, Bella, no llegues tarde.         -        Sí, gracias por no suspenderme… Mi papá y yo estamos muy agradecidos con usted. Siento que no lo parezca de mi parte -­agaché la cabeza avergonzada.         -        Bien, cuídate -sonrió y se dirigió a su auto.         -        Creo que le gustas -susurraron en mi oído. Lancé un grito desgarrador, aterrada por quien se encontrase junto a mí. Cerré mis ojos con fuerza y alcé mis manos.         -        Toma lo que quieras, menos mi teléfono y mi virginidad -chillé. El hombre misterioso lanzó una carcajada e inmediato lo reconocí-. ¡Te voy a matar, viejito pelado! -grité mientras salía corriendo detrás de mi papá.   El parecía estar disfrutando el que lo correteara como un niño de 5 años, mientras yo estaba cansada y enojada. Mi dolor de cabeza tenía nombre y apellido, y lastimosamente era mi papá.           -        ¡Ya para! -grité-. ¡Me dices inmadura y tú eres el que juega a las atrapadas! -suspiré y busqué en el bolso de mi pantalón mi teléfono. No lo encontré. Busqué en mi otro bolsillo, en los de la parte trasera, tanteé todo mi cuerpo y nada. Entonces… Ahí estaba papá sentado en el pasto con mi celular entre sus manos, picaba la pantalla repetidas veces con su dedo índice y bufaba. Me acerqué a él y me senté a su lado-. No es ‘touch’, se usa el teclado -le indiqué.         -        ¡Esta cosa del demonio no sirve! -gritó mientras lo aventaba hacia el otro lado del viejo jardín. Abrí los ojos en grande. ¿Qué demonios acaba de hacer?         -        ¡Papá! -grité desesperada. Corrí en busca de mi pobre celular y cuando lo encontré… Ya había fallecido-. ¡No! ¡No, no, no, no, no! ¡Papá! ¡Está roto! ¡Mira lo que hiciste! -chillé. Me giré para gritarle y ya no estaba. Oh vamos, ¿primero pierdo mi celular y ahora a papá? Solo falta que lo encuentre roto también-. ¡¿Dónde estás?!   Encontré a papá dormido en el sillón. Tomé un cojín y lo empecé a golpear. Se levantó asustado y se protegía con sus manos para tratar de evitar los golpes.           -        ¡Viejo malcriado! -grité-. ¡Rompiste mi celular! -lloré-. ¡Era mío! ¡No es justo!         -        Te compro otro, deja de golpearme -rogó.         -        ¿Con qué maldito dinero, viejo? -gruñí-. ¡Además tenía el autógrafo de Ed! ¡Consígueme uno igual!         -        ¿Quién es ese?         -        ¡Ugh! ¡Te odio! ¡Mi celular! -lloré y volví a golpearlo con el cojín-. ¡¿Te gustaría que te rompiera tu colección de Elvis?!         -        No, no te atrevas…         -        ¡Tú rompiste mi celular!         -        Elvis es más importante.         -       ¡No! ¡No lo es! -grité. Sin más aventé uno de sus discos del Rey del Rock al suelo y lo pisé. Papá gritó, se tiró al piso e hizo caras raras que me hicieron reír-. Estamos discutiendo, no me hagas reír.         -        Ese era el mejor disco de Elvis.         -        Ese era el mejor celular que tenía.         -        ¡El disco estaba mejor!         -        ¡No! -bufé. Aventé el segundo disco al piso y lo pateé repetidas veces. Papá se tiró boca arriba y puso una mano en su pecho fingiendo un ataque al corazón.         -        Siento tener una hija tan malcriada, Elvis… Para empezar, solo siento el tener una hija -murmuró.         -        ¡Tú, viejito pelado! -chillé y cuando estaba por tomar el tercer disco, una mano me lo impidió, una mano muy peluda debería decir.         -        ¡Bella! ¿Qué has hecho con los discos de Elvis de tu padre? -preguntó horrorizada la señora Bonbonett.         -        El rompió mi celular ­-lo saqué de mi bolsillo para enseñarlo. Hizo una mueca de molestia y miró enojada en dirección a mi padre.         -        ¡Michell! ¾le regañó la señora a papá.         -        Ella fue llamada siete veces a la dirección hoy, ¿recuerdas? -se excusó.         -        ¡Eso es cierto, señorita! ¿Qué haremos contigo?         -        Me dijo malcriada…         -        Eres malcriada -exclamaron ambos. Los miré sorprendida y rodé los ojos.         -        Ugh, los odio -murmuré. Subí las escaleras hacia mi habitación, pues debía buscar una manera de reparar mi celular.   ¿Por qué es tan importante? Independientemente de la firma de uno de mis ídolos, fue la primera cosa que gané por mi esfuerzo… Excusas, Bella, excusas, lo único que hice fue poner mi nombre, edad y ciudad. ¡Pero, hey! ¡De más de setenta mil participantes, yo lo gané! Antes de arreglarlo, saqué mis libros y libretas para hacer tarea. Sikha tiene razón… Debo mejorar. Volqué mi mochila para que todo lo que estaba dentro saliera. Mis libros, libretas, lápices, colores y cosas que no tienen nada que ver con la escuela, salieron. Fijé mi vista en algo brillante, me agaché para verlo mejor y me encontré con el collar que había encontrado en el basurero al salir de mi castigo. ¡Era igual a la rosa de La Bella y La Bestia! ¡Maravilloso! Me lo puse y comencé con la tarea. Al día siguiente…           -        ¡Bella! ¡Algo ha estado sonando desde hace una hora! -gritó papá desde su habitación. Abrí bien mis ojos y me estiré.         -        Auch… -susurré. Todo mi cuerpo dolía, pues me había quedado dormida sentada y con la cabeza recargada en el montón de libros que por supuesto nunca abrí-. ¡La tarea! -exclamé preocupada-. Changos…         -        ¡Bella! ¡¿Acaso es la alarma de incendios?! -preguntó papá.         -        ¡No! ¡Ya te expliqué veinte veces que no tenemos una! -grité asustada, si él volvía a entrar con el extintor juro que se lo meto por el…         -        ¿¡Entonces qué es?! ¡Lleva una hora sonando! -repitió. Me levanté y me acerqué al despertador para apagarlo.   Esperen, ¿ha estado sonando por una hora? ¿Una hora? ¡¿Una hora?! Tomé el despertador entre mis manos y miré la hora, 7:08 am. ¡Oh no! ¡Otra vez no! Salí disparada al baño y simplemente me mojé el pelo, me coloqué lo más rápido que pude mi ropa interior y corrí por mi ropa. Tomé una camisa arrugada de una esquina, tomé los pantalones de ayer y los únicos zapatos decentes, cepillé mi pelo con una mano viendo mi reflejo en la ventana y di marcha a la escuela. 7:15 am. Ya iba a la mitad del camino, cuando me di cuenta de que no traía mi mochila.           -        Maldita vida -gruñí. Una viejita que pasaba a mi lado me golpeó con su bolso, me miró mal y sin decir más se fue-. ¡Usted qué! -bufé-. ¿Ahora qué haré? -lloriqueé-. Ya da igual la mochila, voy a llegar más temprano que ayer sí o sí.   7:30 am. Llegué al colegio exactamente igual que ayer. ¿Cómo rayos? Casi me peleo con un señor por ocupar el último lugar en el autobús (ganó), un perro me persiguió y di varias vueltas intentando perderlo, y, por último, me caí y me lastimé el pie. La vida me odia. Harold me dejó pasar, no sin antes regañarme. Toqué la puerta del salón de literatura y un chico de lentes la abrió de modo que solo su cara saliera.           -        ¿Contraseña?         -       Marmota -reí. ¿Qué está pasando?         -        Correcto. Ahora hermana, ¿estás lista para ver lo más asombroso de tu vida?         -        Eh, ¿está el profesor? -fruncí el ceño aún divertida por la situación Dudo mucho que sea plan del profesor esto.         -        No. ¿Quieres pasar?         -        Obviamente si…         -        ¡Pues adelante! -gritó. La puerta se abrió y Michael y sus amigos estaban bailando sobre las mesas sin playera-. Let’s go girls! -gritó el chico. La canción de Shania Twain, “Man! I feel like a woman”, sonó por todo el salón.         -        ¿Qué demonios está pasando? ¾murmuré.         -        Pues, están bailando -dijo Sikha llegando a mi lado.         -        No me había dado cuenta -rodé los ojos.         -        Michael trata de sorprender a Abby -rio Haless-. No creo que le esté yendo muy bien, porque ella se está cubriendo la cara con su mochila.         -        Pobre Abby, el idiota de Michael está enamorado de ella y… -empezó a decir Gastón y de la nada se detuvo. Se acercó mucho a mí y me miró a los ojos, luego… Se agachó más y puso su cara en mi cuello.         -        ¿Qué demonios…? -chillé retrocediendo.         -        ¿Quién te dio ese collar? ¿Un nuevo pretendiente? ¿Un prometido? ¿Huh? ¿Huh?         -        Siento la tardanza de nuevo, les juro que mi auto ya no sirve para… -el profesor entró al salón y se quedó inmóvil cuando vio a los chicos bailando en las mesas. Una chica apagó la música y como si el profesor no nos hubiera visto, todos corrieron a sus lugares.         -        ¿Hacemos como si esto no pasó? -preguntó un chico de enfrente.         -        Por favor -murmuró el profesor. Se quedó perdido en su mundo durante unos segundos y luego aclaró su garganta-. Bueno, e-empecemos con la clase.         -        ¿Quién te dio ese collar? -susurró Gastón detrás de mí.         -        Qué, te, importa -susurré de vuelta.         -        Me importa porque somos mejores amigos.         -        ¿Y si se callan? -una tercera voz se unió a nosotros, Adam.         -        ¿Y si no te metes? -le pregunté.         -        ¿Y si me quiero meter?         -        ¿Para qué? -bufé. Volteando a verlo. ¿por qué de repente Adam se volvía parte de mis conversaciones tan seguido?         -       Porque quiero que se callen.         -        Señorita Mittlemark y Señor…         -        Dígame Adam -le interrumpió.         -        Bella y Adam, ¿podrían callarse y poner atención? -ambos asentimos-. Bien, entonces, para esta actividad pueden hacer uso de sus teléfonos celulares -mi cara palideció al recordar la muerte de mi bello teléfono. Lancé un bufido y dejé caer mi cabeza golpeándome con la banca-. ¿Señorita Mittlemark, está bien?         -        Ya nada puede lastimarme -arrastré las palabras-. Estoy muerta -alcé mi rostro hacia el techo del salón. Todos empezaron a reír.         -        Tiene la frente roja, seguramente le saldrá un chichón…         -        Bueno, por lo menos mi sueño de ser un unicornio se cumplió.         -        ¿Segura que está bien? Hace unos segundos usted…         -        Estoy bien -gruñí-. ¿Por qué siempre la gente pregunta si estás bien cuando simplemente no tienes ganas de hablar?         -        Malditos adolescentes hormonales -murmuró el maestro-. Bien, sigamos con la… -intentó continuar el profesor, pero un chico lo interrumpió gritando.         -        ¡Ya es hora! ¡Se acabó la clase! -todo el salón salió sin prestarle atención al pobre maestro. Caminé cubriendo el golpe en mi frente e intentando no golpearme con nada más en mi camino a la siguiente aula, donde terminé sentándome a un lado de Adam.           -        Pareces un unicornio -se burló-. No, aguarda, los unicornios posiblemente sean hermosos, cosa que tú no eres Bella… ¿Conoces a Godzilla?          -        Sí.         -        Te pareces a él.         -        ¡Oye eso…!         -        ¡Adam! -gritó una chica. Ambos miramos a la rubia y esta sonrió-. Esto te lo da la chica de allá -murmuró mientras le entregaba una tarjeta y apuntaba a una chica pequeña.         -        …No lo quiero -contestó.         -        Adam -le regañé.         -        Oh vamos, acéptalo por favor, ella te lo está dando con su amor y…         -        No lo quiero, ¿entiendes? -le interrumpió Adam a la rubia.         -        ¿Podrías buscar una forma de que lo lea? -me preguntó la chica-. Supongo que solo habla contigo, eres su amiga, ¿no? Uh, que envidia.         -        No, pero haré que lo lea -sonreí.         -        ¿Por qué la aceptaste? -se quejó Adam. Abrí la carta y empecé a leerla.         -        Querido Adam, sé que nunca me notas, pero…         -        ¡No escucho nada! -gritó tapándose los oídos.         -        ¡Me gustas mucho! ¡Eres el chico más guapo de todo el universo! -grité mientras leía. En ese momento todo el salón se me quedó viendo y Adam me miró confundido-. ¡No! ¡Es lo que dice aquí! -agité la carta en el aire y todos volvieron a lo suyo-. Dios, casi se arma un relajo…         -        Tira esa mierda -murmuró Adam.         -        Adam, no me ignores más -seguí leyendo-. Si me rechazas, ¿podrías por lo menos ser mi amigo? ¿O hablarme? Te amo, Gramien -terminé-. Aw, qué lindo -giré mi cabeza para ver a Adam observándome el cuello-. ¿Qué tengo?         -        ¿De dónde sacaste el collar? -preguntó molesto.       Escena extra:         -        ¡Me gustas mucho! ¡Eres el chico más guapo de todo el universo! -gritó Bella. Adam se destapó los oídos y la miró confundido. ¿Qué acababa de decir? No quería gustarle, no a ella o ni siquiera a alguien en sí-. ¡No! ¡Es lo que dice la carta! -se excusó. Adam suspiró relajándose y cerrando los ojos-. Dios casi se arma un relajo.         -        Tira esa mierda.         -        Adam, no me ignores más -continuó leyendo Bella. Adam no escuchó el resto, el collar que Bella traía puesto lo estaba distrayendo, ¿era el suyo? ¿Lo habría encontrado?   “Que chica tan más asquerosa, lo sacó del basurero…” pensó Adam.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD