De regreso a New York

2713 Words
La alegría que habían perdido la Familia Vázquez y Soriano, tras la tragedia de Carlos, tras recibir el milagro de su recuperación, ellos volvieron a recuperar las fuerzas. Emanuel y Merlia le comunicaron la noticia a Teresa esa misma noche, quien para ese entonces, se encontraba en Italia por asuntos familiares, al escuchar la noticia, se puso tan feliz como ellos, le grito a Merlia al teléfono –te dije que el universo nos iba a escuchar – Tere te agradezco tanto amiga por estar ahí para mi, para Carlos, estoy ya buscando vuelos para volar mañana –Bueno amiga, quieres que llame a mami para ver si te consigue algún vuelo para mañana –no, tranquila amiga, entraré a la página de American Airline, seguro que algo encuentro, a la hora que sea mañana,pero tengo que estar en New York –suerte amiga, nos veremos en dos semanas, Se despidió teresa Merlia regresó con sus padres a la casa, los planes de quedarse en la cabaña toda la noche habían cambiado, tenia que armar su valija, aunque no tenia el vuelo asegurado del día siguiente, pero no perdía la esperanza de encontrarlo. Siguió insistiendo en línea, mientras su madre la ayudaba a ordenar el equipaje, eran las 11 de la noche, pero aun no había conseguido nada. –puedes creer mamá quiero estar mañana lo mas temprano posible en New York y aun no consigo Vuelo, todos los que he conseguido son para dos días después –hija, ya vas a encontrar algo, lo se y antes de que su madre terminara de ordenarle el desorden que había dejado en su valija naranja de tamaño mediano, Merlia grito –lo tengo –que hija, pregunto margarita –que encontré vuelo mamá, mañana al medio dia sale mi vuelo –papá, gritó Merlía, y fue en busca de su padre para comunicarle la noticia de su vuelo. —ah, acá estás papá, le dijo ella al encontrarlo en la sala de la casa, sentado ojeando en su cámara vieja las fotos que había hecho en la boda de Vanesa. —Que tanto ves en esa vieja cámara, le preguntó ella —son todas las fotos que le hice en la boda de Vanesa —déjame ver, wao papá, te salieron hermosas, aprendiste rápido a usar esta camarita, que lindo le quedó el vestido a Vanesa, afirmó Merlía al ver a través de la pantalla de una cámara Olympus FE, que su padre cargaba a todos lados desde que la aprendió a usar, hacer fotos, se había convertido en una diversión para el. —si, le quedó muy bello, respondió el —y pronto tendré el gusto de fotografiar el tuyo también, Domingo abrazó a su hija, y la levantó por la cintura —papa, suéltame, me vas hacer caer. —ah, piensas que no tengo fuerzas para levantar a mí pequeña como lo hacía antes —si papá, todavía sigues siendo fuerte, le dijo ella dándole un beso en la mejilla —cuentame hija, para qué me llamabas con tanta insistencia —es que vine a comunicarte que conseguí vuelo para regresar mañana a New York —Que, de verdad? Wao hija que feliz me hizo la noticia, de a poco, todo se va solucionando, Dios nos hizo el milagro de devolvernos a Carlos, ahora nos falta la . —ay, pa, porqué yo siento que todo esto recién empieza —confio en ti hija, eres una chica muy lista y fuerte, todo va a salir más que bien. Domingo le levantó el rostro y le dio un beso en la mejilla —ah, papá, seguro que puedes llevarme al aeropuerto mañana? Le preguntó ella con tono dudoso —claro que si hija —es que me habías dicho que tenías una reunión en la radio con Enrique mañana, y yo debo estar en el aeropuerto, una hora antes de que salga mí vuelo —esa reunión la puedo cancelar con una llamada, ya verás Domingo se pone a buscar su celular de inmediato,en el bolsillo de su pantalón, pero se dió cuenta que no lo lleva consigo, —Josefina Llamó Domingo a su esposa —Que pasó viejo, ahora que necesitas —mi celular, le respondió el, donde está? —a dónde lo habrás dejado, dijo Josefina, —yo sabía que con esto de llevar la cámara a todos lados, más estar pendiente de tu celular, algo ibas a perder, y ahí lo ves —ah vieja no exageres, acaso soy yo un viejo Gagà —no, no lo eres, pero tienes miles de cosa en la cabeza, siempre olvidas algo —eso si, pero te tengo a ti para que siempre me lo recuerdes Domingo besa a Josefina en la boca y le acaricia el pelo, y se pierde en su mirada por unos segundos, Merlía se emociona por la escena de sus padres, y les dice —eso quiero lograr con Carlos, que nos amemos, cómo se han amado y se siguen amando ustedes dos —ay, mí pequeña, pero claro que sí, le responde Josefina, mientras la acerca hasta ellos y ambos la abrazan —Por supuesto que lo lograrás dijo Domingo, —eres mí niña lista, Carlos es un buen muchacho, y aunque no están viviendo el mejor de los momentos, lo peor ya pasó, y el amor, escúchame bien, le dijo Domingo señalando su corazón —el amor es más fuerte que cualquier tormenta. —papá me harás llorar, bueno, alguien llamará a Enrique Jeje, se rieron —es que no encuentro mí celular, contestó Domingo —peeo toma, te presto el mío, dijo Merlía —mm, a ver si tu viejo todavía tiene buena memoria y me recuerdo del teléfono de Enrique. Domingo se pudo comunicar con Enrique y quedó cancelada la reunión de trabajo del día siguiente. —hija, listo, reunión cancelada —uy, que le dijiste a Enrique —que más, una emergencia Familiar, ahora, ve a la cama a descansar, que nos espera un largo viaje mañana. Merlía se fue a su antigua habitación, algunas cosas aún permanecía como ella la había dejado, sus paredes pintadas de naranja y blanco, Y fotos viejas de la escuela colgadas de la pared No tenía sueño, le costó dormirse, y por las dudas, puso el despertador para que la despertara temprano. Al día siguiente, la alarma de su reloj sonó a las 5 de la mañana, el tiempo suficiente para arreglarse y partir a la ciudad a tiempo. Una hora después, ella ya estaba en la puerta de la casa esperando a su papá que saliera que se les hacía tarde para salir a Santo Domingo. su madre los acompañó, ella quería estar con su hija hasta el momento de verla subirse al avión, partieron rumbo a la alegre ciudad, el camino estaba más manejable, porque era fin de semana, además, las primeras horas de la mañana, solían ser muy calmas en aquella alborotada ciudad. Llegaron al Aeropuerto Internacional de las Américas, a tiempo, mucho antes de lo planeado, Merlía tenía una hora libre, antes de empezar con el papeleo de migración o la espera para subir al avión —llegamos temprano mamá, apenas son las 9:40, esta vez, papá manejó sin tensiones —hija, sabes que no me gusta mucho manejar en Santo Domingo, no sé, acá los choferes son de otro mundo, y son tan estrechas estas calles, Pero aún así, quieren meterse todos en un mismo carril al mismo tiempo. —viejo, dijo Josefina, está ve no te puedes quejar, te dejaron la pista para ti solo, cómo te gusta —mamá tengo hambre, porqué no vamos a la cafetería, y desayunamos, ustedes no se preocupen, yo invito. Merlia y sus padres disfrutaban los últimos momentos que le quedaban juntos antes de ver a su pequeña niña volverse a la que era ahora su nueva vida, su casa, donde estaba su trabajo y el amor de su vida. Merlía se quedó pensativa por un momento, mientras se tomaba su café, su mirada se había perdido lejos –hija, estás bien, le preguntó su mamá —mami, es que me quedé pensando por un momento, en la primera vez que vine a despedir a Carlos cuando se iba a New York, nos sentamos en este mismo café, yo me senté en esta misma silla, wao, han pasado los años y este lugar sigue siendo el mismo, hay cosas que definitivamente no cambian. A Merlía se le veía la nostálgia en sus ojos, Y se preguntaba a si misma, que hubiera pasado, si Carlos no hubiera abordado ese avión, ese día. —hija, no podemos cambiar el destino, le dijo su papá, las cosas que nos pasan, están destinadas a qué sucedan, pero, nosotros si podemos decidir qué hacer con lo que nos pasa —Eso lo sé papá, me lo has dicho muchas veces, y la vida me lo está enseñando —pero, añadió su madre, al tocarle sus manos, nos tienes a nosotros, para enfrentar lo que venga, y te apoyamos en esta decisión, y te seguiremos apoyando, y sabemos que eres fuerte, y Carlos también lo es, y lo van a lograr, lograran salir de esta. —Gracias mamá, tus palabras siempre me hacen tan bien —Estamos orgulloso de ti hija, nuestra pequeña Merlía. Merlía dejó a sus padres por un momento solos en el bar, mientras ella se dedicó a recorrer el aeropuerto en busca de un nuevo cargador para su celular —mama, papa, ya regreso, todavía tengo tiempo, debo aprovechar para conseguir un cargador porque no quiero llegar a New York sin carga, me queda solo 10% de batería —seguro hija, no quiere que te acompañemos, preguntó su padre —no, mamá, ustedes quédense a disfrutar el café, mirá, acá les dejo más dinero por si necesitan algo más. –no, hija, toma, le dice su padre, devolviéndole la plata —olvídalo papá, ya vengo Merlía salió a toda prisa a ver si conseguía lo que andaba buscando, solo tenía 45 minutos de gracia para encontrar el cargador. Después de caminar varias minutos y pasar por algunas negocios a los que no quiso entrar porque andaba apurada, casi a la salida del aeropuerto, encontró una tienda digital, entró tan rápido, que chocó de frente con un joven que iba saliendo. El chico llevaba una valija de mano, y una bolsa con algunos accesorios telefónicos y rodaron al piso. —ay, perdón, dijo ella apenada, y se agachó para levantar las cosas del piso, el no quiso que ella se molestase y le dijo —no, para nada señorita, le contestó el, nada que perdonar, el error fue mío, venía entretenido en mí celular, deje todo que yo lo levanto —ah, dijo Merlía con una pequeña sonrisa en sus labios, —yo también venia metida en el celular, el error es de ambos, así que déjeme cooperar. Este recién conocido no tuvo más remedio que aceptar la ayuda de Merlia a quien era difícil decirle no cuando se ponía algo en la cabeza. —tenga, y disculpe, le dijo Merlia pasándole la bolsa con todo lo que se había caído —revisa que esté todo El joven recibió la bolsa, pero tenía su mirada puesta sobre Merlía. —esta todo, le pregunta ella —a ver, dijo el mientras observaba dentro de la bolsa, cargador, estuche, más funda de celular, mm, si, todo en orden –bueno, si me permite entonces, debo seguir mí camino que llevo prisa –si, ya veo, contestó el, pero al menos puedo saber el nombre de la chica apurada Merlía lo miró, –Merlia, un gusto y entró a la tienda El la siguió y le dijo, — disculpa, eres Merlía Soriano ella lo mira de manera extraña, y duda en contestarle, intentando identificar aquel rostro que no conocía —si, perdón, usted de dónde me conoce. —ah, primero que no me trates de usted, tenemos la misma edad, o casi la misma, tu 25 y yo 26 Merlía lo seguía viendo con más confusión aún, porque aquel chico, conocía mucho sobre ella, y ya nada de el —Disculpa, tu quién eres, preguntó ella, por qué sabes tanto de mí, me estás espiando o qué cosa, porque si es así, grito aquí mismo. —no, no tranquila, no hay necesidad de que grites, no soy ningún espía, solo un viejo amigo, pero, enserio no te acuerdas de mí. —no, quién eres? Preguntó ella con insistencia —Roberto —Melendez? Preguntó ella —si, señorita, el mismo que viste y calza frente a sus ojos, dijo el dando media vuelta –Wao, contestó Merlía sorprendida —la vida te da sorpresas, como dice Rubén Blades – Así es, reaccionó el, —cuando te vi entrar te reconocí de inmediato, pero quería estar seguro, tu sigues siendo la misma chica bella que conocí en la escuela Merlía lo miró, mientras movía su cabeza para todos lados, le pegó una sonrisa, y le dijo —y tu, sin dudas, el mismo de siempre Este elegante joven que iba vestido de forma casual, zapatos de cuero color marrón, pantalón jean n***o, y camisa azul de rallas mangas cortas, era un compañero de la secundaria de Merlia, uno que siempre estuvo enamorado de ella, pero Merlía, solo tuvo ojos para mirar a Carlos —Cuéntame qué haces aquí, preguntó Roberto, Merlía miró su reloj, y ya era hora de regresar, la salida de su vuelo a New York, se aproximaba, —uy, buscando un cargador para mí celular, le contestó, pero, veo que no hay tiempo, me tengo que ir —espera, espera, le gritó Roberto, Ella se detuvo —Rápido que llevo prisa Roberto le pregunto, —que marca es tu celular —es un galaxy Robertò sacó de la bolsa su cargador, y se lo entregó —mira, este te puede servir, es Galaxy —no, pero y tu, le dijo Merlía —tu eres la que llevas prisa, tómalo como un regalo de un amigo —Gracias le dijo Merlía, te juro que me quedaría acá pero mí vuelo no espera Merlía se despidió y se dio la vuelta —hasta luego, dijo el, —seguro nos encontraremos de vuelta Merlía salió de prisa y se encontró a sus padres que habían salido a buscarla – Hija que susto, pensamos que algo te había pasado. – Ay mamá, es que me tardé solo eso – Y lo encontraste el cargador – Si, mira acá lo tengo, bueno mamá, Papi, ya tengo que irme – Hija, ve con Dios le dijo Domingo, mientras Josefina la abrazaba sin quererla soltar – Mamà, voy a estar bien, desde que llegue, los llamaré besos. —adiós hija Merlía cruzó la puerta para registrar su maleta, y de lejos seguí mirando a sus padres mientras batía sus manos diciendo adiós. Una vez en el avión, se acordó que su celular seguí sin carga, y buscó en su bolso el cargador que su viejo amigo le había regalado y calzó justo con su celular. —que cosas del destino estás, se dijo así misma, —venirme a encontrar con Meléndez, bueno al menos conseguí mí cargador. Después de 3 horas y media de vuelo, Merlía había llegado a New York, no hizo falta comunicarse con Benjamín, para que fuera por ella, porque al salir del aeropuerto, alcanzó a verlo de lejos, con su gran sonrisa y un letrero en las manos que decía, bienvenida señorita Merlía Ella fue tras el corriendo, lo abrazó —hola Benjamín, viniste, quién te avisó —me llamó Emanuel hoy temprano, me pidió que viniera por ti —yo pensaba llamarte al llegar acá, porque ayer no me pude comunicar, ese Emanuel está en todo. —si, dijo el, es un buen amigo, ahora mismo está en el hospital con Carlos —si, lo sé, me dijo que estaría hoy y que nos encontraríamos allá —que felicidad Merli, lo de Carlos —Si, dijo ella, abriendo los brazos de felicidad, —quiero ir ya mismo al hospital —allá vamos, contestó el, déjame ayudarte con tu equipaje Merlía y Benjamín se subieron al auto, y se fueron directamente al hospital.
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