Capítulo 5 - Algo inesperado
(Camila Almeida)
¡Ya es tardísimo!
Me parece mentira todo lo que sucedió hoy, Patrick y Sebas discutiendo por quien me lleva a casa, el desmayo, la noticia de su viaje, el evento. —¡Qué día! —Suelto un respiro.
David acaba de terminar una llamada telefónica. Entramos al parqueo.
—Ese es mi carro, el blanco que está en el lado izquierdo. —señalo con mi mano, con la otra llevo mi bolsa.
—Ya lo vi Srta.Camila. —responde, noto tensión en su voz y en su rostro.
—¿Está todo bien David? —el estacionamiento luce desolado, hay pocos autos en la planta baja.
—Le puedo pedir disculpas. —me mira apenado.
—¿Qué sucede? ¿Todo bien? —él niega.
—Lo que pasa es que no puedo llevarla, acaban de avisarme que me necesitan con urgencia en casa, un asunto personal.
—¡Oh comprendo! No se preocupe, primero la familia. Yo conduzco a mi casa, ya estoy mucho mejor. —sonrío para darle seguridad, y asiento.
—¿Seguro Srta? —se disculpa.
—¡Que sí hombre, vaya rápido antes de que cambie de opinión! —ordeno con una sonrisa, y le agradezco por la ayuda.
David se despide, pero alcanza a ver a alguien, él agita su mano, volteo y noto que, Sebastian está a unos metros de nosotros, abriendo la puerta de su auto pero al vernos la cierra, parece que también nos vio, se acerca.
Srta.Camila, y ¿si el joven Sebas la lleva hasta su casa? —sugiere David.
—¿Yo que? Me pareció escuchar mi nombre. —arquea una ceja, lanza su media sonrisa.
—Joven Sebastián, es que tengo una emergencia en casa, y no puedo llevarla a la Srta.Camila. ¿Usted la puede acompañar en mi lugar?
—Claro que no, —interrumpo cruzándome de brazos.
—Puedes retirarte David, yo me encargo. ¡Gracias! —interviene Sebas.
David no lo piensa dos veces, se despide y se va.
—¿Decías algo Camila? —muestro mi cara de irritación, pero la necesidad me obliga a ceder, suelto un respiro de resignación.
—Sebas, es tarde y la verdad que estoy cansada, no voy a discutirlo, llévame a mi casa, y fin de esta conversación okay. —hago un gesto con la mano como de “suficiente”, sostengo mi mirada a la suya. Él no responde, sonríe y coloca su brazo para que me sostenga en él, como todo un caballero. Acepto y nos dirigimos a mi auto, él lo conducirá.
—Vaya, pensé que sería más difícil. —susurra.
Lo alcanzo a escuchar, —¿Dijiste algo?
—No, descuida. —se lleva una mano a la boca de forma chistosa.
Antes de salir del lugar, Sebas baja el vidrio de su ventana. —Mañana vengo por mi auto, —avisa al guardia de turno y le da propina.
La barra del parking se levanta.
***
El aire de su auto está encendido, no hay música, solo se escuchan nuestras voces, y el bajo ruido de lo que circula a nuestro alrededor en la carretera, Sebas me ha dejado algunas ocasiones en casa, así que no me preocupo en darle indicaciones sobre mi ruta. Sabe donde vivo.
—¿Cómo va ese dolor de cabeza? —me mira de reojo sin descuidar el volante. Su voz es cálida.
—Ya mejor, aunque igual quiero llegar a casa y darme una ducha, no aguanto el día de hoy. —lo digo con total confianza, me recuesto en mi asiento, ladeando mi cabeza hacia la ventanilla del auto, noto que está empezando a llover.
—¡Entiendo! Yo haría lo mismo, ¿quieres comer algo? —cuestiona preocupado.
—¡No, gracias! Estoy llena de tantos bocadillos del evento y para rematar el vino. —respondí entrecerrando mis ojos, sin darme cuenta que...
***
—Cami, Cami. —me levanto algo adormilada al escuchar mi nombre. —¡No puede ser! —me digo.
—Estabas tan exhausta que te quedaste dormida, la verdad me dio mucha pena levantarte, pero creo que debes sentirte más cómoda en tu cama que en un asiento. ¡No! —dibuja otra vez su media sonrisa que me idiotiza. Pero trato de reanimarme, aclaro la garganta. Creo que el vino recién empieza a hacer efecto, no soy buena tomando.
Se parquea fuera de mi casa, la lluvia no ha cesado.
—En serio te agradezco por todo. —Le digo mientras tomo mi bolsa. Él se baja del auto primero, me abre la puerta y extiende su mano. Bajo enseguida, trato de equilibrarme, pero tropiezo torpemente, él me suspende una vez más para no caerme, su mirada se pierde con la mía de una forma tan instintiva, el corazón me martilla sin control, esta cerca de mis labios, parece que la lluvia se ha intensificado, haciendome reaccionar. Aclaro mi garganta.
—Vamos a casa—. Interrumpo.
En apenas segundos la ropa se nos vio empapada, dejando casi transparente mi blusa de seda y él su americana blanca. Me acompaña hasta la puerta rápidamente.
—Dejaré tu auto aquí, ¿está bien? —asiento.
—Gracias. —lo digo levantando la voz por el ruido de la lluvia en los tejados aledaños.
—Okay Cami, que descnses. —Se despide.
—¡Espera! —¿Cómo te iras así? Está lloviendo muy fuerte. —lo miro sorprendida, pero es inevitable no mirar de reojo sus pectorales, las que se le han dibujado perfectamente con la camisa mojada.
—Oh descuida, llamaré a un taxi para que me recoja en la garita de la Urbanización. —me aterrizo de golpe al escuchar su respuesta, él también levanta la voz.
—Pero hazlo desde aquí. ¡Ven pasa!
Saco las llaves de mi bolsa y abro la puerta, él me ha traido en algunas ocasiones a casa pero es la primera vez que entra.
—Sólo sécate los zapatos en la alfombra para no mojar el piso. —advierto, mientras cierro la puerta detrás de mí, ya no se escucha tanto ruido.
—¡Vaya tienes una casa muy acogedora! —expresó admirado.
—Gracias, en realidad es de mis padres.
—Entonces dile a tus padres que tienen buen gusto. —termina la frase y enseguida mira su móvil, busca un UBER disponible.
Le invito a tomar asiento en uno de los banquitos de guayacán, que está cerca de la entrada. Tienen acabados artesanales, son los favoritos de mamá.
—¿Deseas algo de tomar?
—Un vaso con agua, estaría bien, ¡gracias! —responde.
—Okay, déjame y te traigo una toalla también, estamos encharcados—. Niego divertida mientras desapego con sacudidas leves la blusa húmeda que está adherida a mi piel.
Ya no quedan restos de sueño luego de lo que pasó fuera del auto. Me retiro los tacones dejándolos cuidadosamente cerca de la puerta principal, camino descalza al baño de visitas de la planta baja, entro, y tomo un par de toallas, con una me seco dando ciertos retoques a mi cuerpo, termino con las puntas de mi cabello rizado. La otra se la llevo a Sebas quien sigue sentado donde lo dejé, éste agradece.
Ahora sí, me dirijo a la cocina casi de puntillas.
De repente escucho una voz detrás de mí. —¿Camila? —me respingo en mi sitio.
Volteo.
—Madre me acabas de asustar, ¡caramba!.
—¡Por qué andas tan nerviosa! —replica.
—¡Qué! ¡No por nada! Es mas acabo de llegar del evento del que te había comentado hace días, solo no te aparezcas así con esa voz de misterio.
—jajaja. —suelta una risa.
—¡Graciosita eh!
—Sí recuerdo hija, tranquila. Oye, pero estas empapada, ¿por qué no vas y te cambias?
—Vengo por algo de agua para Sebas, él me trajo a casa.
—¿Sebas?
—Sí, mi amigo el de la universidad.
—Ah, un amigo.
—Sí mamá. —lo digo mientras tomo la jarra y sirvo un vaso de agua.
Conozco su mirada, y antes de que diga algo sé que ha interpretado muchas cosas en su cabecita, decido interrumpir.
—Por si acaso no es lo que estas pensando, sólo somos amigos.
—Mmm pero qué falta de confianza Camila, si él se tomó la molestia de conducir hasta acá, y es tu amigo, por qué no le dices que se quede a dormir, claro, en el cuarto de huéspedes.
—¿Qué? No mamá, tranquila. —algo en mi lo pensaba detenidamente.
—¿Por qué no? hay que ser agradecida Cami.
—Lo sé pero… ya lo vienen a recoger, no hay de qué preocuparse. —Me safo de la conversación y me dirijo a la sala con el vaso de agua.
—Toma Sebas. —él suelta su móvil, me mira y asiente.
—Muchas gracias. —niego, —no te preocupes.
—¡Hola, eres Sebas! ¿no? —escucho a mi madre detrás de mí, parece que insistirá, ahora entiendo de quién heredé mi terquedad.
Él se pone de pie, con el vaso de agua en mano que le acabo de entregar.
—Buenas noches Sra, sí, soy Sebastián, un placer. —extiende su mano libre, mi mamá corresponde el saludo.
—¡Hola hijo, un gusto!
—Usted es la madre de Camila, de seguro. —ella asiente con una sonrisa cálida.
—Se parecen bastante—. Noto que la toalla la tiene colgando en su cuello, luce malditamente sexy con el cabello mojado.
—Gracias por traer a mi hija, platicaba con ella sobre tu regreso y nos preocupa la hora, además con esta lluvia, la carretera se complica.
—Oh, no se preocupe ya vienen por mí. —su mirada se suaviza.
—Por si acaso y con toda confianza puedes quedarte en el cuarto de huéspedes. Camila te puede indicar dónde queda.
Veo como Sebas se queda pasmado al oír esas palabras de mi madre, se ruboriza un poco, pero se reincorpora mientras acomoda sus lentes que resbalan por el puente de su nariz.
—Oh no, no se preocupe señora, no quiero causar molestias. El taxi ya viene por mí, pero le agradezco de todas formas la gentileza y hospitalidad. —Él tan educado como siempre. —me digo mentalmente.
—Molestia es que traigas a mi hija en tremenda lluvia, tómalo como agradecimiento si así lo deseas.
—Emm pues… —Lo interrumpen unos pasos.
—¡Buenas noches, me perdí de algo! —mi padre se asoma con su bata de dormir, una camiseta gris y una pantaloneta oscura, sus ojos achinados muestran que se acaba de despertar. —¡Lo que me faltaba! —Pienso.
—Hola pa, lo que pasa es que hoy salimos tarde de un evento y esta lloviendo tremendamente, ammmm él es Sebas, un amigo de la U. —lo digo algo nerviosa.
—Hola muchacho,—saluda algo somnoliento.
—Un gusto Señor, —arruga su ceño, el ambiente se tensa pero luego suelta media sonrisa, que me devuelve el alivio. —Al menos eso creo. —susurro.
Sebas me hace un gesto avisando que sí se quedará en casa.
—Por cierto pa, mi amigo se quedará a dormir en el cuarto de huéspedes. —él mira a mi madre, ella asiente.
—Bueno si ustedes ya lo decidieron, está bien, voy por algo de agua. Hasta mañana, —él se retira a la cocina.
Pensé que sería más complicado, creo que el sueño lo tiene así.
Noto que Sebas se toma el vaso de agua, y creo que ni respira, da media vuelta y hace una llamada por teléfono, cerca de la entrada.
Mi mamá me hace señas de que se retira, me avisa que quede atenta a Sebas, alcanzo a leer sus labios, —H U E S P E D E S. —Entiendo su indirecta. —Niego y sonrío.
Sebas está en su llamada y yo paralizada luego de todo lo que ha sucedido en apenas un día.
—Por hoy, creo que es suficiente, ¿o no?