CAPITULO 4: No sé quien es...

2161 Words
VITO VANNICELLI Si, esta bien me quedo como pendejo viendo a Salma bajar del brazo de Ademir. Mis ojos no se apartan de ella, mientras las personas comienzan a acercarse a los recien prometidos, para felicitarlos. —¿Hermosa no lo crees? —Dice Edgar que me mira con intensidad, me doy cuenta que tenía la boca medio abierta, pero al fin aparto la vista de esa mujer. Cuando regreso mis ojos a Edgar, y por supuesto a Maicon y Marí, los tres me miran con sorpresa —Si, supongo —Me encojo de hombros —No esperaba que Ademir estuviera con una mujer... tan ... joven Por que si, por mucho sé que Ademir, esta cerca de los 40, mientras que Salma tiene 25. —¿Qué te hace pensar que es joven? —Dice Edgar levantando las cejas con interés y algo de sospecha. Sonrío de medio lado —No sé ve precisamente como una mujer de 36 o 37 años... —Le digo despreocupado, pero mi mente sabe lo joven que es Salma. Maicon me mira curioso, tal vez porque nunca me había visto así perdiendo el hilo de una conversación o incluso de mis propios pensamientos. —Hola, amigos —Llama nuestra atención Ademir, tras de él viene Salma, que esta saludando a otra mujer mayor. —Quiero presentarles a mi futura mujer —Dice, tomando con delicadeza fingida a Salma, porque claramente el gesto es autoritario, dominante —Cariño, ven... La hace girar y veo a Salma dar una vuelta de 180 grados, y así como se gira, veo como su sonrisa, perfecta, despreocupada y genuinamente alegre, pasa a una cara de sorpresa al verme, y termina disfrazándola por una muy fingida sonrisa. Mira a su prometido un momento. —Lo siento, cariño —Dice tomando el brazo de Ademir con mas fuerza de la necesaria. Tal vez para anclarse — Es que estaba saludando a la señora Silva —Esta bien, preciosa — Responde con voz suave Ademir. El apelativo cariñoso, me sorprende, Salma nunca ha gustado de esas palabras “preciosa” “guapa” “hermosa”, decía que la hacen sentir deseada solo por su físico. O tal vez solo no le gustaba que tu se las dijeras... Mi maldito cerebro jodón, es molesto cuando aparece en momentos así. —Bueno, cariño, quiero presentarte a Maicon y Vito, y bueno a Edgar ya lo conoces —Dice Ademir con cariño, señalándonos respectivamente —Chicos, ella es mi mujer, Salma Santos. —Mucho gusto —Responde Maicon, extendiendo la mano para saludar con amabilidad a Salma, que claramente le esta costando trabajo sonreír en este momento, yo de verdad que no puedo evitar la enorme sonrisa que aparece en mi rostro —Te presento a María, mi esposa —Mucho gusto —Le toma la mano Salma, con educación. E incluso parece genuinamente complacida de conocer a Maicon —He escuchado mucho de ustedes —Espero que cosas buenas —Dice María, siendo ella misma, cuando se dan la mano como saludo —Claro que si. Su historia de amor, es algo magnífico —Yo levanto la ceja con incredulidad, porque Maicon ha dicho la historia que haría que mas de una suspire, pero la realidad es que Maicon y María se conocen porque Maicon trabajaba para nosotros en el mediterráneo, y María era nuestro contacto en México para pasar la mercancía de mejor calidad por vía terrestre. Pero la descubrieron los hombres de Massimo, y la iban a matar, así que llegó a Italia, la protegimos, y ahí conoció a Maicon. Los entrenamos juntos, y ahí si que se enamoraron, por así decirlo, tenían sexo como conejos. Pero dudo que esa sea la versión que cuenta, Entonces Salma se gira hacia mi, sus ojos café oscuro me observan con intensidad, parecen chocolate derretido. Nos miramos, y cualquiera con dos dedos de frente, notaría que aquí pasa algo raro. —Lo siento... ¿Se conocen? —Pregunta Ademir, con sospecha, pero que trata de hacer ver con curiosidad. Yo miro a Salma, y levanto las cejas, pensando en muchas respuestas... por ejemplo “Claro que si, tu mujer y yo follamos hace 3 años de lo mas rico...” Pero supongo que Ademir sacaría armas o veneno... no lo sé, aun no puedo leerlo muy bien. —No... —Pero Salma no puede inventar un pretexto del porque nos miramos así —Lo siento —Extiendo la mano de lo mas relajado —Es solo que me ha sorprendido, su belleza, señorita Santos Salma muy a su pesar me extiende la mano, la giro un poco para que Ademir no vea, como acaricio los nudillos de Salma, pero ella quita su mano con el pretexto de tomar a Ademir. —Si, mi chica es hermosa —La forma en que Ademir dice Mi, es clara para marcar el territorio —Si, eres muy afortunado Ademir —Le digo con una sonrisa de medio lado, y noto como mi corazón no ha dejado de latir como loco. Ahora miro a Salma —Es un gusto conocerla, señorita Santos. —Gracias igualmente —Cariño, Vito es el hombre italiano que te comenté que esta buscando negocios en Brasil Salma se sorprende y luego me mira con sospecha. —Ah claro. ¿Cómo le esta yendo con eso, señor...? —Vannicelli —Le digo fingiendo demencia, pero estoy divertido con la situación, Salma nerviosa e incomoda, es algo... que siempre me gustó. —Claro... Italiano ¿No? —Si, orgullosamente Siciliano —Respondo —Sicilia es hermosa —Interrumpe Edgar, que hasta el momento se había mantenido al margen —Es preciosa, sin duda... Justo en ese momento agradezco a todos los cielos, que mi teléfono suena —Una disculpa, debo atender esto —Comento, mirando que es Santino, veo a Ademir, que me indica hacia donde ir. Me muevo hacia donde me señala y ahí respondo la llamada. —Hermano, ¿Te interrumpo? —Saluda con su forma tan peculiar —2 llamadas en un día... debe ser importante — Santino no suele marcar ni una vez al mes, pero hoy es la segunda vez que hablo con él. —Necesito decirte algo, que Marcello me acaba de informar —Perdón Vito.... — Grita desde el fondo de la llamada Marcello —¿Qué sucede? —Pregunto —Es sobre la novia de Ademir —Ah... —Le digo con calma, aunque por dentro el pánico se empieza a hacer presente —¿Te refieres a Salma? —¿Como ...? —La acaba de presentar no solo como su novia, sino como su prometida... —Mi respiración se vuelve pesada —¿Estas bien? —¿Tu lo estarías? —Le pregunto, se hace un silencio denso —Probablemente, no —Lo dice de forma honesta —¿Puedes con esto, Vito? —Si, Santino, no te preocupes... al parecer ella por fin encontró lo que buscaba, un buen hombre... Lo escucho suspirar, sé que no me cree nada, ni yo mismo me creo nada, pero tengo que aceptarlo. No es como que yo pasará tres años esperándola, si he follado como loco. Incluso cuando ya empezaba a tener algo con ella, me follé a Ekaterina en un gangbang. —Vito... si... —Santino... no... no hagas eso... no me compadezcas, yo seguí con mi vida, y ella también... ella no tiene derecho a reprocharme nada, y mucho menos yo a ella... esta todo bien... puedo manejarlo, no te preocupes. —De acuerdo —Me dice con calma, suspirando —Pero si es demasiado para ti, dímelo, ¿Si? —¿Para que mandes al castroso de tu perro guardián? No gracias —¿Sabes que te escucho no? —Grita Marcello —Lo sé, pero sabes que te quiero, amigo —Le digo a Marcello, que se ríe bajo —Solo que no te quiero aquí jodiendo —Yo no soy jodón —Su voz suena casi en un berrinche, lo que me hace sonreír —Saluda a Santino de mi parte —La voz de Salma a mi espalda hace que un escalofrío recorra mi cuerpo. —Tengo que colgar —Le digo a Santino, y no espero respuesta, cuelgo de inmediato. —Hola Vito —Me dice, y no contaba con verla a solas, bueno simplemente no contaba con volver a verla. Y peor en esta situación y ahora aquí ha salido a buscarme. Sonrío de medio lado, y no me avergüenzo de como la detallo. Su vestido blanco ligero, de manta, casi veraniego, la hace lucir sus curvas, que sé perfectamente que tiene, mis manos las conocen mejor que mis ojos. Las toqué infinidad de veces cuando perdí la vista temporalmente. Pero el blanco, y el poco maquillaje, adempas de su edad joven, la hacen lucir casi virginal. —Hola Salma —Mi voz aunque suena segura, no refleja nada de lo que mi mente sucia y lasciva comienza a imaginar. Principalmente la idea de tomarla aquí, ahora, en este pequeño espacio oscuro y alejado, mientras su prometido esta adentro sonriendo como idiota —¿Cómo estas? Esta vez mi voz sale mas ronca de lo que quería, Salma frunce el ceño, en reproche, porque estoy seguro que sabe exactamente lo que quiero o imagino. Con ella siempre fui muy abierto en cuanto a lo que deseo y como lo deseo. —No te atrevas a mirarme de ese modo... —Me dice casi en amenaza — No tienes ningún derecho... Me acerco dos pasos, sin invadir su espacio, pero si para que note mi presencia. Cerca de ella. Mis movimientos son calculados. Al final soy un Vannicelli, y lo que mejor sabemos hacer es esconder lo que sentimos, y deseamos. —Y tú no tienes ningún derecho a mirarme como si yo te hubiera abandonado, Salma... La veo apretar la mandíbula, y los puños a sus costados. Sonrío de medio lado, pero al final suspiro, me acerco un paso más, ahora si siento ligeramente el calor de su cuerpo. —Ya en serio, guerrera —Veo como sus ojos la traicionan con ese apodo, porque ella fue eso para mí, siempre peleando por lo que quiere, por lo que sueña, como peleaba conmigo para que yo fuera medianamente normal... Para que luchara, y me esforzara por recuperar la vista — ¿Como has estado? Por un segundo, solo eso, un segundo veo una grieta en su armadura fría que ha presentado desde que bajó por esas escaleras. Un destello de esa Salma que me cuidó por un año. Pero ese segundo pasa tan rápido como la brisa acaricia un rostro, porque sus ojos cafés se vuelven más oscuros, más molestos. Esta vez suspiro con reluctancia. Y ahí está la parte estúpida de todos los Vannicelli, cuando levanto la mano y acomodo un cabello rebelde detrás de su oreja, y mi mano se desliza por por su mejilla con suavidad, con ternura. Ese simple roce, hace que Salma de inmediato reaccione y aparte la cara. —L-l-lo siento —Le digo poniendo la mano en señal de rendición. —¿Qué haces aquí, Vito? —Me invitaron, Salma —Aléjate de Ademir, Vito... es un buen hombre... —La voz aunque suena segura, no hay devoción en ella, hay un tono más parecido al del agradecimiento. —Ya... Tu flamante prometido... —¿Por qué lo dices como burla? —Dice más en reproche entrecerrando los ojos levemente. Yo niego, y doy dos pasos atrás. —Por nada, Salma —Le digo me acomodo la camisa —En fin, regreso a la cena, tengo hambre —Eres imposible —Me dice con algo de exasperación —Nena, soy poco probable, no imposible, y tu lo sabes bien —No te atrevas a decir eso de nuevo... tu y yo no nos conocemos... ¿Entendido? Y no se porque ese pequeño hecho, esa idea de que niegue lo que pasó entre nosotros me molesta tanto. Si no fuera porque ella justo ahora me pide que lo oculte, la verdad yo no tendría problema con que el mundo supiera que tuve algo con ella, es mas incluso me sentiría orgulloso de que la única mujer que me ha interesado es ella, porque, aunque Salma me dejó, la realidad es que es buena persona, es tierna, cariñosa, amorosa, y dios sabe que es un ángel en cuanto a paciencia. No me mató. Tal vez ella no quiere que la gente sepa... porque eres tu Vito... porque ¿Quién estaría orgulloso de un mafioso incapaz de amar completamente? Suspiro ante mis pensamientos. La miro a la casa un momento antes de contestarle. Pero mi expresión ya no tiene alegría, ni burla, estoy serio. —¿Qué? ¿Tu prometido no sabe que cogías con un puto mafioso de mierda? Y ahí está... la furia, la mirada que vaticina problemas... Y DIOS ME ENCANTA
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