POV VITO El camino de regreso al pueblo es silencioso. El calor empieza a subir con el sol y la humedad se pega a la piel como una segunda camisa, mientras el carro avanza levantando polvo rojo sobre el camino irregular. Nadie habla durante varios minutos. No hace falta. El trabajo quedó atrás, limpio, preciso, sin errores. El cuerpo desapareció donde tenía que desaparecer y la naturaleza hará el resto, como siempre hace en lugares donde el tiempo y la selva terminan devorándolo todo. Conduzco con una mano sobre el volante, la otra descansando cerca de la ventanilla abierta. El aire entra caliente, cargado de tierra y hojas mojadas. Marcello va en el asiento del copiloto, relajado como si acabáramos de salir de desayunar y no de resolver un problema a tiros. Samuel va atrás, callado, o

