Durante esos días Zadquiel y yo nos dedicamos a ignorarnos. Solo nos comunicamos de una manera estrictamente laboral. En cuanto yo aparecía cualquier rasgo de tranquilidad desaparecía de él para mostrar solo un acostumbrado ceño fruncido. Quería decir que no me afectaba, sin embargo estaría mintiendo terriblemente. Cada día me preocupaba más por las palabras de Hana sobre lo qué significaría para Zadquiel, y verla por los alrededores tampoco me ayudaba a mantener el sosiego. Sentía que en cualquier momento sería capaz de decirle algo, por eso ese día decidí enfrentarla porque la angustia me estaba consumiendo. Me dirigí a donde trabajaba y sin anunciarme le pedí hablar. De inmediato ella me observó altanera como si estuviera burlándose en silencio de mí, cosa que me irritó de sobrem

