Capítulo VIII

1730 Words
Su aliento caliente sobre mí piel me deshacía, un estremecimiento me abordó recorriendo cada centímetro de mi cuerpo sintiéndome plena con lo que él estaba haciéndome. De hecho, nunca me había sentido mejor. Sin embargo esto lejos de traerme satisfacción me intrigaba y me aterraba al mismo tiempo. Tenía en claro mi objetivo pero Zadquiel era una tentación con la que no contaba. Todo en él gritaba pasión desmedida, sensualidad y yo quería destruir las barreras que nos separaban de una vez por todas. En estos momentos ni siquiera podía pensar. Solo me dediqué a sentir, a sentirlo a él sobre mí y es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Sus labios al fin se encontraron con el núcleo de mi deseo el cual palpitaba por ese hombre entre mis piernas. Entonces sus descarados dedos acariciaron a penas el botón de mi placer que me hizo retorcerme de deseo, mi boca dejó escapar un gemido ahogado y él apretó mi cadera para que no me moviera. El aire escapó de mis pulmones cuando inesperadamente su dulce lengua salió de su boca para apoderarse como un conquistador de mi v****a húmeda lamiéndola a su antojo e introduciéndola en mi interior. Fue imposible no gritar ante la nueva sensación de invasión, pronto estiré la mano para aferrarme a su cabello encrespado ligeramente ahora por el suave sudor que lo recorría, tiré de él para que estuviera más cerca de mí. Era codiciosa, lo deseaba toda la vida entre mis piernas comiéndome entera. Él jodidamente sabe lo que hace. A pesar de su agarre me contoneé contra su boca ofreciéndome en bandeja de plata. Ahora mismo Zadquiel Michelakis podría hacer lo que quisiera conmigo porque yo no tendría voluntad para negarme. Su lengua volvió a mi clítoris chupándolo como un experto y a veces lo mordía de forma tan excitante que yo no podía hacer otra cosa que gemir. Sin soltar mi botón de placer utilizó dos de sus dedos para follar mi interior ocasionando que me arqueara deseando sentirlo más profundo, más grueso en mi interior. Lo necesitaba. Y si no lo tenía iba a volverme loca. Abrí mis ojos para encontrarlo mirándome como un león mira a su presa, sus orbes me dictaban que no iría a ningún lado porque pertenecía. El aura de deseo y oscuridad que lo envolvían solo lograba hacerlo más sexy ante mis ojos, entonces seducida por la pasión estiré mi mano y atraje su cuello hasta mi cara. Terminamos dándonos un beso intenso y salvaje donde pude saborear mi sabor en su boca a la vez que sus dedos no dejaban de follarme. Su lengua invadió la mía reclamándome y por mi parte yo no quería ser la única que tuviera diversión. Lentamente bajé mis manos y tiré de su pantalón ya abierto, ambos nos deshicimos de el sin dejar de besarnos. Aproveché para introducir mis manos en su pantalón y bóxer para después sacar su m*****o duro el cual aproveché para masajearlo a mi antojo. Él gruñó de satisfacción en mi boca y yo gemí en la suya en el momento que sus dedos tocaron un punto indescriptible de placer. Entonces sin que tuviera que pedirlo sus dedos salieron de mi interior arrancando un gruñido de protesta de mis labios y él sonrió en mi boca, pude sentirlo pero apenas percibí su sonrisa. De pronto él se sentó sobre su chaqueta la cual había soltado poco antes de abordarme y terminó atrayéndome a sus piernas entreabiertas. Casi tuve un maldito orgasmo de solo ver a ese espécimen de hombre mirarme con orbes inyectadas de placer, su cabeza estaba apoyada contra la pared del ascensor levemente hacia atrás mostrándome su manzana de Adán mientras un mechón de cabello caía por su frente levemente húmeda por el calor haciéndolo lucir arrebatadoramente sexy. Su semblante lucía agónico, como si le doliera el cuerpo por nuestra lejanía y probablemente sería así. Pude ver sus pectorales libres de vello al igual que su six pack marcado, sus brazos eran musculosos pero lo que me hizo salivar fue sus venas abultadas. Tenía un extraño fetiche con ellas. Mi respiración se cortó en cuanto bajé mi mirada por su pelvis y su polla se erguía orgullosa ligeramente más oscura que el tono de su piel, cubierta de venas que quise lamer sin descanso. Era larga y gruesa. Una sola mirada y deseé ponerme de rodillas para lamerlo por toda la eternidad. Sus larga y musculosas piernas eran fuertes e incluso con el jeans aún puesto pude verlo. —Ven aquí —dictó él en su tono de amo y señor que hizo mi vientre contraerse y a mi coño humedecerse de un deseo cegador. Rápidamente obedecí sin embargo no fui directamente hasta él. Caí de rodillas para tomar su polla en mis manos y sacudirla como deseaba, el líquido preseminal adornaba la cabeza de su pene entonces bajé mi boca para chupar su placer. Zadquiel gruñó como un salvaje mientras yo solo podía saborearlo. El tipo había tenido que comer piña o algo porque sabía jodidamente dulce y bueno, aún más bueno de lo que imaginé. Mi lengua lamió su estructura antes de tomarlo por completo en mi boca y comenzarlo a chupar como una desquiciada pero mi ataque no duró demasiado porque de un momento a otro él me jaló del pelo apartándome para atraerme a su boca como yo había hecho anteriormente. Enseguida nuestras bocas se devoraron. Yo mientras tanto aproveché para dejarme caer sobre su torso apoyando mis manos en su pecho desnudo sin dejar de comerme su boca, mi v****a palpitaba queriéndolo sentir en mi interior. ¿Par qué retrasarlo? Bajé una de mis manos hasta encontrar su pene yo tomé para masturbarlo haciéndolo gruñir una vez más, hice a un lado mis bragas y de prisa acerqué su polla a mis pliegues dando primero un suave masaje en mi clítoris que nos encantó a los dos. Entonces sin alargar demasiado la espera lo introduje en mi coño al fin haciéndome ver la gloria. Gemimos al unísono y por mi parte me arqueé más para sentirlo más profundo ocasionando que mis tetas se pegaran a su pecho. Zadquiel comenzó a follarme desde abajo de mí como una bestia y me encantó. Dejó de besarme para mirarme a los ojos y hablarme. —Háblame Alina —gruñó. No entendí su petición sin embargo lo obedecí. —Dios, sí —gemí fuerte cuando me dio una embestida animal que hizo que mis ojos se cerraran. No obstante no permanecieron mucho tiempo así, cuando lo sentí prenderse de mi pezón sin dejar de follarme lo miré y me dejó sin aliento ver por la poca luz, ya que mi teléfono se había descargado, la forma en que me miraba. Como si quisiera devorarme. De repente me dio una fuerte nalgada que lejos de dolerme solo me picó y me hizo jadear me húmeda que nunca. Me gustó y deseé que lo hiciera otra vez. — ¡Háblame! —mandó acelerando mi corazón. Mi respiración estaba agitada pero me importó una mierda cuando le pedí más. — ¡Sí, Zadquiel! ¡Más! —era la primera vez que lo llamaba por su nombre y él pareció encenderse más con eso pues aceleró sus movimientos arrancando imparables jadeos y gemidos que eran acompañados por mis movimientos de cadera. Lo montaba como un verdadero jinete y si pudiera pasar la jodida vida sobre él lo haría. —Golpea otra vez Zad ¡Más duro! —pedí sin cortarme y él me obedeció gimiendo a la par conmigo. Estaba perdiendo la maldita cabeza pero la satisfacción que estaba dándome este hombre no se comparaba con nada. Salté más fuerte en su regazo y él no paró de follarme hasta que finalmente entramos en un estado de éxtasis que nos hizo gritar y venir al unísono. Juro que nunca me he sentido mejor. Pronto caí en su regazo con la respiración agitada abrazando su cuello y él hizo lo mismo con mi cintura, enterrando su nariz en mi pelo creando un momento más íntimo que el que habíamos compartido hace apenas unos segundos. —Dios mío esto fue... —susurré pero de pronto lo sentí tensarse. Enseguida me levanté y él hizo lo mismo. Nuestros cuerpos estaban bañados de sudor y el aroma a sexo flotaba por el reducido lugar. Él me miró de una manera que me confundió para luego apretar su mandíbula y apartar sus orbes de las mías buscando su ropa. Lo miré con el ceño fruncido antes de imitarlo. De repente la luz volvió como por arte de magia, como si todo este tiempo juntos hubiera estado planeado por alguien más que nosotros. Comenzamos a vestirnos lo antes posible para no ser atrapados aunque nuestro aspecto decía más que mil palabras. Esto lo hicimos en un tenso silencio y cuando las puertas del ascensor se abrieron mostrándonos a los guardias de seguridad de la empresa que probablemente habían descubierto nuestra aventura por el intercambio de miradas que compartieron, Zadquiel comenzó a caminar en dirección a la salida después de despachar a los hombres, haciéndome fruncir el ceño otra vez en confusión. ¿Se iba a ir sin decir absolutamente nada? Mi corazón se inquietó de inmediato. —Señorita Torres, mañana perfecta. Ya lo sabe —dijo caminando como si nada dándome la espalda. ¿Enserio iba a fingir que nada había ocurrido? Furiosa corrí detrás de él y me adelanté plantándome frente al “jefe” que hace solo un par de minutos se había convertido en mi amante pero ahora fingía que nada había pasado. — ¿Eso es lo único que vas a decir? —reclamé aguantando mi explosión histérica—. Acabamos de tener sexo y... —No vamos a hablar de esto otra vez —advirtió él cortándome mientras sus pupilas me miraban molestas y su mandíbula seguía firmemente apretada—. Eres mi empleada, esto fue un error que nunca antes había cometido pero mientras no toquemos el tema otra vez, todo estará como antes. — ¿Como antes? —solté atontada y pir primera vez me sentí fuera de lugar, con el corazón pesado—. Tiene razón jefe. Todo volverá a ser como antes. Antes de que pudiera decirme algo más salí rápidamente de ls empresa maldiciendo el nombre de Zadquiel Michelakis.
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