Capítulo XIX

1653 Words
Durante toda la noche no había podido parar de pensar en Zadquiel. Sus dedos sobre mí. Su aliento cálido chocando contra el mío. Sus besos intensos que me hacen perder la razón. Lo odiaba porque no debería sentir esto por él. Y cada segundo que lo pensaba me reprochaba el porque me hacía sentir esta sensación tan inesperada para mí que a la vez me hacía tensa e incómoda, como si de alguna forma estuviera traicionando a Aderyn. Rápidamente negué con la cabeza porque nunca traicionaría a mi hermana por un hombre que apenas conozco y que es un complemento imbécil, vamos, no traicionaría a Aderyn por nadie. Ella es mi vida. Mi mundo entero. Al no poder dormir me levanté de la cama y alisté todas las cosas pensando cómo lo vería a los ojos hoy. Jamás me había sentido más avergonzada de algo así que traté de no darle importancia. Cerré mis párpados repitiendo como un mantra que Zadquiel Michelakis no tenía poder sobre mí y que yo iba a hacerlo suplicar por mi toque. Iba a volverlo tan loco por mí que voluntariamente me daría todo lo que querría. Mi mente gritó un burlón “sí claro”, pero yo lo sabía mejor. Hay algo en él que le impide mostrarse tal cual es. Säde llega media hora antes de que tenga que irme y realmente agradezco al cielo por mi mejor amiga. Después de arreglarme para lucir perfectamente provocadora y profesional a la vez me despedí de Ady dándole un beso en la frente mientras seguía durmiendo y de Säde con un abrazo para decirle mi frase típica que siempre la hace entornar los ojos. Cuando al fin llegué a mi puesto de trabajo agradecí llegar primero que él, no quería darle un motivo para que me regañara o algo por el estilo. Empecé a clasificar la correspondencia y de repente las puertas del elevador se abrieron sin embargo no quise mirarlo. Esto no importó porque dos segundos después estuvo parado de pie a mi escritorio colocando una pastilla en este cosa que me hizo fruncir el ceño y alzar la cabeza para mirarlo. Sus cejas pobladas estaban curvadas levemente hacia abajo mientras que sus orbes me miraban fijamente fulminándome, su boca tenía aspecto severo pero debo de admitir que nunca vi un hombre más sexy. —Buenos días, jefe. Fue lo único que pude decir con la voz entrecortada a la vez que él arrastró la pastilla en mi dirección. —Tómela, señorita Torres —dictó con su voz oscura que podría hacer temblar al más valiente. Enseguida arqueé una ceja retadora. — ¿Qué es eso? — ¿Qué va a ser señorita Torres? Una pastilla del día después, tómela, ahora —demandó y fue ahí cuando mentalmente me golpeé. Mi cara palideció. ¡¿Cómo coño lo había olvidado?! Yo jamás había tenido relaciones sin protección de por medio y la noche pasada Zadquiel me había hecho olvidar absolutamente todo. ¡¿Cómo podía ser tan estúpida?! Vi que Zadquiel me tendía una botella de agua y de prisa le quité la botella de su mano para después tomármela, no sin antes introducir la pastilla en mi boca todo esto bajo su mirada imponente. Nos quedamos mirándonos un largo rato hasta que él decidió romper el silencio. — ¿Ha llamado alguien? —preguntó haciéndome entender que realmente no iba a hablar de lo que pasó en el ascensor. No sé por qué creí que iba a actuar de otra manera. —La secretaria del grupo Tyy, el presidente quería hablar con usted. —No me pases llamadas por ahora, y Alina —me llamó una vez que había emprendido su camino a la oficina. Su espalda ancha era lo único que podía ver porque él no se giró. — ¿Sí? —Quiero que estés perfecta para esta noche, vete a las 02:00 pm, no voy a necesitarte aquí. Pasaré a recogerte a las 07:30 pm ¿Entendido? Y va a negar que me fuera a buscar pero de mi boca apenas salieron balbuceos. —No quiero un no como respuesta, ve por mi café. Bufé después de que entró en la oficina y enseguida fui por su café pensando en cómo iba a ir a San José 3 para que él no descubriera mi mentira y la única opción que vi posible fue decirle a Lachlan que me llevara. Al tercer tono el bastardo contestó y obviamente aceptó llevarme después de tratar de preguntarme todo sobre Michelakis. No quise contarle que habíamos tenido sexo porque era innecesario, no lo quería jodiéndome más de lo que ya lo hace. Ya a las dos me despedí de Zadquiel quien ni siquiera me dio una mirada. Cuando salí a esperar a Lachlan en el estacionamiento me sentí extrañamente observaba así que busqué con la mirada pero no encontré a nadie. El ruido del auto de Lachlan me hizo dar un respingo y cuando salió del auto para darme su acostumbrado beso lo esquivé entrando en el asiento de copiloto con él riendo para después ir a su asiento y comenzar a conducir. Primero me llevó a casa para bañarme y tomar el vestido de Säde ya que Lachlan no iba a volver a traerme hasta que la celebración hubiera terminado y Zadquiel me dejara en San José 3. Por supuesto lo dejé esperándome afuera, trabajo para Lachlan pero a nadie más que a los chicos los dejo estar cerca de mí pequeña. — ¿Qué tal el imbécil? Así que te invitó a la celebración, es un avance, él va solo a todos lados. — ¿Estás seguro? —le pregunté mientras entrábamos a la peluquería. — ¿Cuándo me he equivocado belleza? Ese bastardo lleva la vida de un monje. Sin embargo yo lo sabía mejor. Zadquiel Michelakis es un hombre apasionado. ¿Y si sus amantes son ocasionales como hizo conmigo? Pero ¿No debería conocerse al menos una de ellas? Mientras le daba las indicaciones a la mujer que iba a atenderme Lachlan miraba lujurioso a las mujeres de aquí dentro al mismo tiempo que yo sentía vergüenza ajena. —Es bastante improbable dado su físico —fue lo único que dije acto seguido pude observar como Lachlan me miró gracias al espejo. —No me digas que te gusta ese hijo de puta, Alenka. La estilista lo miró de mala manera y yo lo fulminé con la mirada una vez más a través del espejo. —No me gusta —mentí descaradamente—. Solo digo lo obvio, Michelakis es seductor como el pecado. Este se carcajeó antes de volver a hablar. —Puede ser, pero tus pies están en la tierra ¿No es así mi belleza? Él es una víctima y tú su verdugo. —Lo sé Lachlan, no tienes que repetirlo. Ya te dije que no me gusta. —Más te vale belleza, más te vale. * Lachlan se mantuvo esperando en el auto lejos de mí mientras yo esperaba a Zadquiel. Tenía una extraña sensación como si algo fuera a suceder y esperaba que no fuera nada malo, saqué mi polvo compacto para repasar con la vista por el espejito que todo estuviera bien. En la peluquería me habían hecho un peinado elegante y hermoso que dejaba mi cabello recogido además de unas pocas suaves ondas cayendo por mi nuca y espalda. También me habían maquillado dejando un bonito acabado natural y sofisticado que terminó encantándome. El vestido que llevaba era n***o con una abertura a la altura de mi pierna que me daban aspecto sexy pero con clase. Los tacones plateados contrastaban con la sombra de mi maquillaje además de mis accesorios bien escogidos. Esperaba que no fuera demasiado para una simple secretaria de presidencia. Aunque yo realmente me había vestido para matar al jefe. Tenía que hacerlo caer en mis redes, no podía permitir que Zadquiel siguiera retrocediendo en lo que respecta a mí. Y por suerte pareció ser efectivo pues en el momento que Zadquiel llegó a buscarme y salió de su auto parecía embelesado. De hecho tuve que caminar yo en su dirección sonriendo en mi interior. Fue una satisfacción personal porque yo siempre he tenido el autoestima alta y que él me dejara como lo hizo la noche pasada me hizo sentir incómoda e insegura. Él lucía como un jodido príncipe del desierto, alto, oscuro, sexy. Su piel ligeramente bronceada era un sueño, además de su rostro inexpresivo. —Buenas noches jefe. Mi voz pareció sacarlo del letargo en el que se encontraba para saludarme casi forzadamente. —Entra al auto —dijo una vez que me saludó pero yo comenzaba a entender el lenguaje Michelakis y estaba empezando a gustarme más de lo debido. Así que le sonreí e hice lo que me pidió. —Entonces jefe ¿Estoy perfecta como pidió? —pregunté como si nada una vez que comenzó a manejar entonces él dejó de mirar la carretera para enfocarse en mí. Su mirada era penetrante, intensa. Noté como un músculo de su mandíbula palpitaba y me morí por morderlo ligeramente con mis dientes. —Te esforzarse, he de admitirlo —habló luego de unos segundos. Su respuesta me hizo fruncir el ceño de inmediato. — ¿Eso qué quiere decir? Casi imperceptible pero real pude ver un deje de sonrisa provenir de sus labios carnosos pero tan rápido como apareció se fue ocasionando que me cuestionarse si fue real o no. —Que luces absolutamente perfecta Alina, más de lo que lo imaginé. Su respuesta hijo que enmudeciera incrédula de lo que acaba de decir. ¿Realmente él lo había dicho? Y antes de que pudiera volver a hablar Zadquiel detuvo el auto en el lugar donde debía llevarse acabo la celebración. — ¿Está lista, señorita Torres? —me preguntó después que sus orbes se posaron en mí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD