La tensión entre nosotros se volvía líquida, casi palpable. Podía jurar que se podía cortar con una cuerda. Su sonrisa seguía siendo juguetona, cargada de petulancia, mientras me observaba con detenimiento, esperando que le diera su “recompensa”. Llevé la mano a mis caderas y entrecerré los ojos.
—¿No me darás mi kayak? El mismo que he estado usando las últimas dos semanas.
—Por supuesto que no. Soy un barquero muy cotizado —rió—, así que te recomiendo que pagues el precio. Vamos, cerecita, dime el valor de este preciado kayak para ti.
Hice una mueca lo suficientemente exagerada como para parecer un pico. En ese momento exacto parecía que estaba a punto de caer en su juego... cuando escuché un nombre a lo lejos.
—¡Melody! ¡Vamos, tenemos un kayak!
Me giré con ligereza y, a lo lejos, vi a uno de mis compañeros junto a una chica acomodando otro kayak. Imaginaba que, al ver a Luke, prefirieron evitar el conflicto y tomar otro. Su mirada verdosa, incrédula, pasó del rubio hacia mí, y yo le respondí con una sonrisa enorme.
—¿Quieres quedarte con el kayak? Hazlo. Ya no lo necesito.
Le guiñé un ojo con aire triunfal, notando cómo sus ojos vibraban ligeramente. Me giré y caminé hacia mi equipo, dejándolo completamente solo, como merecía. Solo pude ver su mirada oscurecerse y su mandíbula endurecerse... pero no me importó.
Ese día practicamos como nunca. El remo se volvió parte de mí, sintiéndome cada vez más conectada con mi equipo. Estábamos en un estado tan óptimo que juraba que ganaríamos.
Esa noche se organizaron las típicas conversaciones alrededor de la fogata, esas que nuestros líderes de cabaña nos recomendaban para "hacer lazos". Había alrededor de cinco grupos, círculos donde se escuchaban risas y bullicio. No parecía haber espacio... o eso pensaba.
—Melody, por aquí.
Volteé hacia la voz que me llamaba, encontrándome con una sonrisa amable y serena. Ojos jade profundamente tranquilos.
Era Logan.
Me acerqué y me senté a su lado, en un pequeño grupo donde también estaba Luke. Sus ojos me observaron con detenimiento, y pude notar una sonrisa encantadora pero arrogante en su rostro.
—Cerecita, ¿lista para ser parte de los populares?
—Si es contigo, prefiero primero cortarme una pierna como si estuviéramos en una película de Saw.
Mi comentario provocó una ligera risa en Logan. Con ternura, me acarició la espalda para acomodarme mejor. Luke alzó una ceja.
—¿Quieres un malvavisco? —preguntó Logan con tranquilidad.
—Sí, me gustaría.
Luke tenía el paquete de malvaviscos a su lado. Con agilidad casi teatral, colocó uno en un palito para calentarlo. El sonido del fuego retumbaba en la fogata donde estábamos los hermanos Stone y algunos de sus amigos. Luke, con el malvavisco ya derretido, me lo extendió… pero "accidentalmente" se le cayó al suelo.
—Oh… disculpa, cerecita. ¿De verdad querías comer eso?
Ese tono...
¡Ese condenado tono!
Mordí mi labio para no explotar. Mi rostro debió reflejar suficiente molestia porque Logan me acarició los hombros con ternura.
—Tranquila, si quieres, yo puedo hacerte uno.
Su sonrisa era perfecta, como sacada de una telenovela. Luke, por su parte, solo nos observó en silencio mientras se comía un malvavisco crudo, sin molestarse en calentarlo.
Esa noche la pasé conversando con Logan, aunque no podía evitar que, de vez en cuando, mis ojos se encontraran con los de Luke. Había una llamarada en su mirada que no sabía si era producto de la fogata o de algo más profundo. Una tormenta nebulosa llena de incertidumbre.
—Entonces, Melody, ¿por qué viniste a este campamento?
—Le pedí a mi padre que me trajera por regalo de mi cumpleaños dieciocho con la excusa de que quería estar sola... pero no era cierto.
—¿Sola? ¿Mentiste?
—Sí. Siempre hemos sido él y yo, desde la muerte de mi madre. Pero últimamente me dijo que está conociendo a una mujer recién divorciada. Parece muy feliz, y solo por eso decidí venir con la excusa de que quería estar sola, para que él pudiera pasar más tiempo con su novia.
—Vaya, qué romántica eres —sonrió con serenidad.
—¿Y ustedes? ¿Por qué vinieron?
—Nos tocaba este verano con nuestro padre. Como no nos soporta y prefiere enredarse con su secretaria, simplemente nos envió al campamento —respondió Luke con desdén, comiendo otro malvavisco—. Pero bueno, lo mejor de todo esto es que tengo a alguien con quien distraerme.
Sus palabras pesaron. Cuando me sonrió de forma visceral, aunque ligeramente divertida, supe que hablaba de mí.
—Luke, ya no la molestes —lo amonestó Logan con la mirada—. Por cierto, ¿quieres venir conmigo a practicar con las sogas en el lago? Así te distraes de tanto remar.
—Claro, me gusta la idea.
—Entonces te esperaré frente a los campamentos. ¿Te parece?
Intenté no sonreír al sentir los latidos de mi corazón. Miré de reojo a Logan, pero, sin comprenderlo del todo, mis ojos volvieron hacia Luke por un momento. Su rostro parecía enrojecido; imaginé que era por la fogata. No dijo nada. Solo se quedó en silencio.
Entre malvaviscos y algunas historias de terror adolescentes, me dejé envolver por lo que mi corazón me decía que tal vez... y solo tal vez... era el comienzo de mi primer amor de verano.
A la mañana siguiente, me levanté lo más rápido posible. Me puse un pantalón corto y una blusa amarilla clara con flores. Me hice una coleta y me coloqué una pulsera de flores que combinaba con la blusa. Llegué al punto de encuentro y vi a Logan. Corría hacia mí desde la puerta. Llevaba unos shorts grises y una camiseta polo. Su cabello estaba revuelto, como si se negara a quedarse quieto, y su sonrisa —penetrante— se relajó al verme.
—Sí viniste.
Hubo una ligera pausa mientras procesaba lo que había dicho. Sonrió levemente sin apartar su mirada de la mía.
—Claro que vine, Melody —la manera en que arrastró mi nombre fue suficiente para estremecerme—. ¿A dónde quieres ir?
—Quiero ir a unos columpios que están algo apartados, cerca de un campo de girasoles.
—Sé dónde es. Vamos, yo te llevo.
Me tocó la espalda para guiarme. Su toque, aunque simple, se sintió casi posesivo. Nuestros ojos se encontraron, y sentí un chispazo que nada ni nadie podía ocultar. Me sonrió. Yo le respondí con otra sonrisa.
—¿Estás lista?
—Sí. Estoy lista.
Nos dirigimos a un hermoso campo de girasoles donde había varios columpios. Me senté en uno y Logan me ayudó a impulsarme. El viento de verano acariciaba mi cabello, y mi ropa se movía con él. Sin poder evitarlo, sonreí.
Hacía tanto que no me sentía libre. Feliz.
Desde el accidente en que mi madre murió —por culpa de un adolescente que la atropelló—, mi vida había sido un caos emocional. A pesar de que siempre intentaba aparentar felicidad, por dentro me sentía incompleta… pero con Logan, columpiándome, sentía que había algo más.
—¡Más alto, Logan!
Su toque en mi espalda, al empujarme, se sintió ligeramente tenso, pero no se detuvo. Su sonrisa pareció temblar por un segundo, aunque se mantuvo sereno.
—Eso intento.
—¿Ah, sí? ¡Hazlo mejor!
Reí ligeramente. Lo que no esperaba fue que de pronto detuviera el columpio. Me sostuvo con suavidad. Su rostro se acercó al mío, sus pupilas dilatadas. Una de sus manos acomodó mi rostro cerca del suyo.
—Melody... ¿puedo besarte?
Su voz rozó el aire junto a mis labios. Su mano acarició suavemente mi mejilla, y comencé a sentir un tambor fuerte en el pecho.
Dicen que el amor a primera vista no existe. Pero para mí, sí. Era Logan.
Sí... era él.
Estaba en la encrucijada: ¿besarlo o no?
Lo que hice después incluso a mí me sorprendió.