1.Dispuesta a hacer lo que fuera
¿Qué es peor que pasar todo un verano en un campamento, lejos de tu padre?
Fácil: tener que soportar al engreído, idiota y llamativo de Luke Stone.
Él era la definición del chico popular, pero llevado al extremo más insoportable. Desde que habíamos llegado, las chicas lo idolatraban como si fuera un dios griego; solo faltaba que se arrodillaran a besar el suelo que pisaba.
Sentada en el césped, a la distancia, observándolo mientras hacía su habitual número de "mira lo perfecto que soy". Se había quitado el polo frente a un grupo de chicas, mostrando sin pudor sus pectorales. Y aunque me doliera admitirlo... sus abdominales parecían esculpidos con precisión quirúrgica para torturar a las personas decentes. Me molesté conmigo misma por encontrarlo ligeramente atractivo. Y peor aún: odié ver cómo, a su alrededor, las chicas parecían estar a punto de desmayarse con solo inhalar su aire.
¿Por qué lo odiaba?
Desde que llegamos al campamento, parecía tener una sola misión: perseguirme como una sombra molesta y bautizarme con ese apodo ridículo de "cerecita", solo porque soy pelirroja. Como si mi cabello justificara su obsesión con arruinarme los nervios. El primer día que llegamos gracias a él, mi maleta se rompió al “intentar ayudarme”
Lo quería lejos de mí.
De lo único que me habia enterado por los suspiro de las chicas es que era mariscal de campo, además del más popular del campamento. Sonreía con ese aire de "yo sé que me deseas" que hacía que hasta las chicas más serias olvidaran cómo parpadear.
¿Y para mí? Una petulancia que no tragaba ni, aunque viniera en presentación de seis cuadritos de abdominales.
Como si un imán lo hubiese jalado, su mirada se dirigió hacia mí. Una descarga magnética recorrió mi cuerpo, algo que simplemente ignoré rodando los ojos.
«¿De qué te ríes, tarado?»
Juraría que leyó mi mente, porque me sonrió. No fue una sonrisa coqueta, sino una cargada de malicia. Algo que intenté ignorar.
—¿Por qué tan sola por aquí?
Una voz grave vibró dentro de mí. De esas voces adolescentes que están a un paso de volverse adultas. Giré la cabeza y vi a un chico extremadamente parecido a Luke. Era Logan, su hermano gemelo. Eran idénticos, pero Logan vivía entre libros, como yo. Ya habíamos hablado antes, y siempre fue amable conmigo. Me entrego un libro que habia estado buscando por días, al verlo le sonreí a mas no poder.
—¿Cómo supiste que buscaba este?
—Un pajarito me dijo que lo buscabas, tenia la copia en mi cabaña —hablaba con tranquilidad dirigiendo su mirada hacia su hermano haciendo ligeramente enseño.
—Gracias —acariciaba el libro como si fuese mi vida propia.
Él y yo debíamos ser perfecto.
Leia los libros que me encantaba, era amable, y se notaba a lengua que muy probablemente era romántico.
También juraría que una vez me coqueteó. En la librería del campamento, donde siempre me sentaba a la misma hora, encontré un libro que decía:
"No hay sonrisa que quiera más cerca que la tuya. Espero que algún día me dejes robarte un beso. —L"
Desde ese día, había empezado a sentir cosas por Logan en secreto. Me lanzó una sonrisa ladeada, acercándose aún más a mí.
—Por cierto ¿Por qué no andas perdida en la biblioteca o practicando kayak con tus amigos?
Desde que llegué al campamento supe que los deportes extremos eran mi pasión. Deje escapar un muy sonado suspiro como si mencionar lo que iba a hacer era una piedra en el estómago. Finalmente dije:
—Estaba intentando escapar de la testosterona de tu hermano.
Asintió con ligereza y volteó la mirada hacia Luke, lo cual hice también por inercia. Él nos observaba, alzando una ceja con incredulidad.
—¿Te apetece ir a leer?
—Hoy no, Logan. El viernes tengo la competencia de remo con mis amigos, así que voy a practicar.
—¿Viernes? Te tocará con Luke entonces.
Genial. Lo que me faltaba: aguantar al insufrible de Luke hasta en la sopa.
—Bueno, ya me voy. Debo prepararme con mi equipo. ¿Puedes guardarme el libro?
Asintió con ligereza tomando el grueso libro. Tras esto me levanté y me dirigí hacia la otra parte del lago, donde estaban mis compañeros. Pasamos el resto del día practicando. Éramos de los pocos equipos que competiríamos contra el grupo de Luke.
Practicamos de manera tan intensa que mi cuerpo se quejaba silenciosamente. Cada vez que el remo cortaba el agua, sentía como si los músculos de mis brazos ardieran en protesta. Mis manos, resbalosas por el sudor, temblaban con cada movimiento. Toda mi ropa acabó húmeda, pero no me importaba.
Mi equipo estaba compuesto por cuatro chicos y otra chica. Todos eran extrovertidos pero alegres, y estaban emocionados porque creían que podíamos ganar. Y aunque no quisiera admitirlo, también sentía esa vibra.
Mi objetivo no era solo ganar.
No. Eso sería demasiado simple.
Yo quería ganarle a Luke.
¡A ese ególatra que cree que el mundo gira a su alrededor!
En la tarde comí con mi equipo y, tras descansar un poco, caminé hacia mi cabaña. Entre los árboles hermosos, la noche estrellada y las cabañas ya iluminadas, el sonido de los grillos me acompañaba. Paz total…
Nada podía arruinarlo…
Hasta que algo golpeó mi rostro.
Me detuve en seco: era un polo. Sin poder evitarlo, el olor masculino me invadió. Una mezcla de madera y sudor… no desagradable, sino de ese tipo que transmite testosterona.
Miré a mi alrededor. Y lo vi a él.
Su sonrisa petulante.
Su caminar imponente.
Su mirada penetrante.
—Vaya, cerecita —dijo mientras se acercaba—. Debo decir que tienes el privilegio de verme en este preciso momento. No todos tienen esa suerte. Quizá deberías sentirte halagada por tan exquisita oportunidad.
Ese tono...
¡Ese condenado tono!
Al ver que era su polo, lo lancé al suelo y lo pisé.
—¿Oportunidad para ver a un tarado? No, gracias. Prefiero gastar mi tiempo en algo más importante... como ganarte.
Él elevó ligeramente una ceja, bajando los ojos hacia su polo en el suelo. Luego su mirada siguió su curso hasta mi cuello. Seguí la dirección de sus ojos y noté que observaba mi collar, para después volver a mirarme directo a los ojos.
—¿Ganarme? —murmuró con esa media sonrisa que sabía usar como arma—. Vamos, cerecita… si de verdad quieres mi atención, hay formas más efectivas. Aunque, siendo sincero, me encanta verte fingir que no te mueres por mí.
¡Ese tono me estaba matando!
—¿Tan aburrido estás que no sabes qué hacer para molestar?
Inconscientemente lo empujé, intentando poner algo de distancia, porque él era de esos que solo con respirar lograban hervirme la sangre. La noche fue exageradamente tranquila, al punto de que mis adoloridos músculos me lo agradecieron. El silencio fue mi fiel amigo, y en la mañana, tras desayunar, me dirigí al lago del campamento. Habíamos quedado en practicar un poco más.
Me acerqué a los kayaks que estaban anclados en la orilla, notando a lo lejos a alguien sentado de espaldas a los campamentos. No tuve que ver su rostro para saber quién era. Su cabello revuelto —que debería tener licencia por ser un crimen—, sus hombros anchos, y esa presencia que hacía delirar a cualquiera... excepto a mí.
Al llegar al kayak, crucé los brazos.
—Creo que te equivocaste de kayak, guapo —dije con sarcasmo en la voz.
Luke soltó una leve risa antes de girarse.
¿Cómo sabía que era él?
Luke tenía el aura del típico chico mujeriego sin causa que con una sonrisa derretía. Petulante, idiota y cavernícola.
Logan, por otro lado, siempre andaba estudiando. Tenía un aura más tranquila, una serenidad inconfundible.
Los ojos esmeralda de Luke se intensificaron y pude ver una sonrisa de malicia pura.
—¿Me equivoqué? Este es mi kayak.
—No lo es. Muévete.
—¿Quieres el kayak?
Respiré con calma para no explotar. Luke provocaba una vorágine de emociones en mí con solo estar cerca. Era el único capaz de desatar tantas contradicciones con una simple mirada.
—Ya te dije que te quites. Dame mi kayak.
—Oh… —murmuró acariciando el remo, levantando la mirada con esa coquetería que podía hacer temblar a cualquiera—. Bueno, si de verdad quieres que el kayak vuelva a tus manos, quizás debería considerar algunas "recompensas"... aunque, claro, te daré el beneficio de escoger. Tú eliges qué valor le das a esa devolución.
Sus labios se curvaron de forma diabólicamente atractiva, y ahí estaba yo, con todas las emociones a flor de piel, queriendo que me devolviera mi kayak...
Dispuesta a hacer lo que fuera para que él me lo entregara.