Ella se había secado las lágrimas con el dorso de la mano y ahora lo miraba segura. Entre orgulloso y preocupado, Duncan la soltó y se encaminó a la pequeña sala en su habitación. Tenía un televisor con su reproductor de cd. Buscó en uno de los cajones de un mueble adyacente y metió un disco en el reproductor. —Hice que Boinet me entregara una copia –dijo él desde su lugar, mientras disponía todo para la función que seguía. —¿Desde cuándo los tenía él? —No lo sé. Dijeron que desde hacía poco. Al parecer fue difícil conseguirlos. —No entiendo. ¿Por qué no me los mostraron a mí? Haggerty sabe lo que me ha angustiado a mí pensar que yo pude haberte sido infiel. Él y Boinet saben perfectamente de la pesadilla que he vivido todos estos años… —Querían mostrármelos primero a mí. —¿Por qué?

