Tres meses y por fin tenían ese bendito papel en las manos. Tres meses y Navidad ya estaba a las puertas de ese hogar con un espectacular regalo. Tres meses y Lucía lloró como nunca de tanta felicidad, de tanta cosa que no le cabía en el pecho. —Vení — invitó Ramiro al pequeño luego de que los fuegos artificiales terminaran de explotar en el cielo porteño —. Vamos adentro a preparar la sorpresa para mamá — invitó extendiendo su mano hacia el pequeño que lo contemplaba con los ojitos bañados de ilusión. Se colaron dentro de la casa, en silencio, con esa complicidad que habían desarrollado en el tiempo que llevaban juntos. Buscaron todo con rapidez en la oficina de Ramiro y corrieron hacia la sala para ubicar cada cosa en su exacto lugar. Cuando estuvo todo listo, cuando no faltó detalle
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