ISABEL: de nuevo respondiendo unos correos, estaba tan concentrada que oigo la voz de un hombre que me habla.
–Buenas tardes dice con tono seco.
–Buenas tarde señor ¿en qué le puedo ayudar? pregunto y vaya que este también es un hombre muy apuesto, tiene una mirada profunda y más con esos ojos azules que tiene.
– ¿se encuentra Pablo? pregunta con ese porte serio aún.
–Sí señor, ¿de parte de quién? pregunto tomando el teléfono para llamar a mi jefe.
–solo dígale que lo busca Arthur responde en seco. Llamo a mi jefe y lo anuncio y enseguida lo hace lo pasar, el hombre agradece y ambos se encierran toda la tarde en la oficina, vaya si miraba a mi jefe malhumorado este es peor, es serio y se ve muy arrogante.
Veo la hora y casi son las cinco y oigo la puerta de la oficina de mi jefe abrirse y ambos salen.
–Te veré entonces Arthur dice mi jefe dándole una palmada en el hombro.
–Acá estaré, más de cerca responde él con gesto arrogante. Y pasa a mi lado y se despide y repito lo mismo, vaya que si este es todo un hombre sin sentimientos pienso. Mi jefe se vuelve a encerrar en su oficina y yo termino de acomodar algunas cosas antes de poder salir.
–Isabel necesito puedas llevar estos expedientes al departamento de Archivo me indica mi jefe a lo que yo asiento tomando los folders tomo el elevador y llego donde Luis lo saludo y le entrego los documentos y mientras él busca otros para que pueda llevárselos a mi jefe, noto que en la oficina de al lado está el mismo hombre que estuvo hace un rato con el sr. Morgan.
– ¡Necesito todo para ahora! oigo que le da órdenes a las personas y ellos corren a hacer lo que él les pide, no se quien se crea o es que acaso se cree jefe de todos pienso.
–acá tienes dice Luis sacándome de mis pensamientos. Le agradezco y subo de nuevo al piso quince, vaya que ese hombre se cree el mejor de todos, además al único que deberían hacerle caso es al CEO, no entiendo porque se cree el tipo ese algo que no es.
Llego en un taxi a la empresa, casi me quedo dormida, estuve con Ximena viendo películas de terror hasta muy noche y hoy casi no logro abrir los ojos, en cuanto llego veo a varios empleados murmurar entre sí, casi no presto importancia y los saludo como si nada, tomo el elevador y llego a la oficina, como siempre preparo el café antes de que mi jefe llegue luego iba yo con la taza para llevársela cuando veo que el tal Arthur camina hacia la oficina como si nada, apresuro mis pasos para alcanzarlo y decirle que no debe entrar sin autorización pero cuando llego me arrebata la taza de café y entra como si nada cerrando la puerta tras de sí. Me siento muy mal, que pasa si me jefe se entera que entro así nada más. De pronto el sonido del elevador y lo veo llegar como siempre con su porte y traje elegante.
–Buenos días Sr. Pablo digo apenada.
–Isabel ¿sucede algo? pregunta frunciendo el ceño.
–Lo siento, pero… es que entro a su oficina el sr. Arthur… pero me interrumpe.
–Tranquila, está bien dice enarcando una ceja y esta vez se ve molesto. ¡rayos! ahora que hice mal.
Ambos se encierran de nuevo en la oficina y no sale ninguno de los dos durante todo el día, me retire a mi hora de salida y solo podía ver la luz que traspasaba debajo de la puerta, ¿Qué tanto hablaran? me pregunto.
PABLO: Jamás creí que se llegaría a aparecer así nada más. De un día para otro aparece Arthur, y sé que volvió para quedarse, no me ha querido hablar ni mucho menos darme pista sobre su estadía aquí en Moscú, en estos días se la ha pasado en mi oficina hablando y hablando siempre serio y con esa mirada fría, pero no le presto tanta importancia, además yo hago mi trabajo mientras el habla y habla esto ya es molesto. Se queda hasta tarde y siempre metido en su Tablet o teléfono es un fastidio total, es un hombre totalmente gris sin afán de nada. Cuando veo mi reloj son casi las once de la noche él se retira en su auto supe que se está quedando en un departamento pequeño, claro así ha sido el siempre. Voy a mi pent house Regina salió con unos amigos, o bueno eso es lo que ella dice, contrato el servicio de una dama de compañía, soy hombre y no lo niego me encantan las mujeres y vivir un día sin sexo para mí es como no respirar.
Al llegar a la empresa veo en la entrada que varios empleados empiezan a murmurar odio esto ¡es nefasto! que lo hagan.
–¡que diablos! ¡acaso no tienen nada que hacer! digo molesto y todos se voltean a verme y corren a sus lugares destinados, los fulmino a todos con mi sola mirada y tomo el elevador hacia mi oficina, llego y la veo sentada en su escritorio redactando unas cartas.
–Isabel digo, solo con mencionar su nombre se forma una sonrisa en mi rostro.
–Buenos días Sr. Pablo responde ella con esa sonrisa tierna.
–por favor lleva mi café a la oficina digo entrando en ella. Me dispongo a trabajar cuando recibo una llamada de unos inversionistas, ahora tengo una cena laboral justo cuando hoy iría a verme con Regina en su departamento, nada más que aceptar ante eso.
–Isabel necesito ordene estos documentos y los lleve al departamento de Finanzas digo entregándole unos papeles, ella los toma y hace lo que le pido. Vaya no quería ir a esa estúpida cena, esta vez dejare que Isabel no me acompañe será mejor así, además necesita descansar estos días han estado demasiado ajetreados para todos.
La cena paso lo más rápido posible lo cual agradezco no me quedo ganas de hacer nada, llegue a mi pent house me di una buena ducha y me quede profundamente relajado, estaba acostado en mi enorme cama, y de pronto su mirada dulce aparece frente a mí. ¿Qué debo hacer para llamar su atención? Isabel me atrae demasiado, daría lo que fuera por un beso suyo, así que idee todo para que me viera o por lo menos captar su atención. Por la mañana llego más temprano de lo normal a la oficina, dejo una pequeña rosa roja en su escritorio y me retiro a una de las oficinas del piso de abajo vacío para hacer que no sospeche, claro primero deberé ganarme su confianza y después ya veremos que sucede…
–Hola Isabel digo mientras que veo esconde rápidamente la nota que iba junto a la rosa.
–Sr. Pablo buenos días responde y veo un destello en sus hermosos ojos verdes.
–bonita rosa digo pareciendo sonar lo más normal posible.
–eh ¡sí! y veo ese sonrojo en sus mejillas, le dedico una leve sonrisa y entro en mi oficina, vaya no será difícil después de todo, Isabel… lo que sea por ganarme tu cariño.