Los llevaré un poco al acto…Lucia estaba en una posición digamos…en cuatro, Adriana no era de acariciar el cuerpo desnudo y ni idea del porque. Si cuando a esta novata le fascinaba disfrutar absolutamente todo de una mujer.
Estando en esa posición, Adriana le da lo que para ella era una nalgada con un efusivo “eres mi perra" inmediatamente el mecanismo de defensa de Lucia se activa, dejándola a un lado de la cama. Estaba furiosa, porque ya lo habían conversado y aún así no se tomó en serio. Ciertamente no fue una nalgada sino más bien un golpe, es por ello su actitud y además le añade lo perra. Posiblemente no estaban hechas la una para la otra. Hablar sin prestar atención es algo delicado sin duda alguna.
Lucia se comenzó a vestir sin pronunciar palabra a Adriana. El coraje e indignación se le notaba en su rostro, parecía estar hirviendo por dentro y créanme que no era por excitación. Esta vez se debía a la falta de cuidado ante sus gustos al intimar. Grave error por parte de esta mujer.
Ya lista, salió directamente a su casa. Entró a darse un baño y sus lágrimas salían con unos susurros tristes. Era la primera mujer con quien tuvo relaciones sexuales y ansiaba que cada encuentro fuese bonito. Por supuesto que podía existir esa pasión, ese desenfreno, pero definitivamente nada de golpes e irrespeto.
Desde ese día, Lucia decidió tomar distancia. Nunca más le escribió un mensaje y tampoco la llamaba. Eso quedó así, como si le hubiesen pasado un interruptor para deshacerse de todo. Sintió una leve tranquilidad mientras se encargaba de su trabajo y tareas.
Había transcurrido una semana sin tener contacto alguno pero, las incesantes llamadas pérdidas, mensajes por parte de Adriana la tenían lo suficientemente agobiada, tanto que dejaba su celular en cualquier lugar dentro de su casa u oficina, solo para ignorarla. Dejando en receso su relación.
Algo en Lucia la hizo tambalear, es posible que su actitud haya sido muy indiferente, dura tal vez. Entonces en ver lo desesperada que estaba Adriana, esta otra bajó la guardia y para los días siguientes atendiendo a la insistencia para resolver el inconveniente, permite a Adriana estar otra vez en su vida.
La hermana de Lucia conoce a Adriana en una salida grupal. Su cuñado, su hermana y estas dos fueron a comer en un restaurante cerca del instituto donde cursó su estudio de inglés.
Adriana solía sentarse sobre las piernas de Lucia dentro del vehículo de su cuñado y no porque fuese incómodo el espacio, sino que en esa posición lograba excitar a Lucia.
Llevemos a su imaginación tal escena…al estar sentada sobre Lucia, la besaba con pasión…digamos que sus glúteos estaban muy pegados a la v****a de esta otra.
Indiferentemente que haya sido sobre la ropa, su perversión era extrema. Adriana se movía suavemente y Lucia se descontrolaba, mordía sus labios para disimular un poco en el asiento trasero del auto. Esos movimientos lograron humedecerla a ambas. La joven dejó que su mano acariciara la pierna derecha y ella la abría sutilmente, recorrió hasta ponerla sobre la v****a. Con sus dedos bajaba y subía sin dejar de besarse. Adriana no se pudo resistir y un corto gemido sale de su boca. Afortunadamente la música estaba en volumen alto, Lucia se atrevió a bajar la cremallera del blue Jean y así poder estimular el clítoris de Adriana. Ese camino al lugar de destino se hizo eterno, pero muy placentero. Ambas tuvieron orgasmos en esa posición y al retomar su postura, con un extenso suspiro sonríen e intercambian miradas.
Aquí hace mucho calor expresó Lucia entre risas. Minutos después llegaron a cenar. Ambas se dirigieron al baño para lavar sus manos y rostros. Ese momento dentro del vehículo fue inolvidable. Jamás llegaron a pensar que serían capaz de atreverse a hacer travesuras allí.
El restaurante era al aire libre, luego de satisfacer sus necesidades carnales; toman asiento y juntas piden al mesonero su comida, todos hablaban de sus anécdotas y cosas cotidianas. Terminaron su cena y su cuñado las llevaría de regreso cada una su casa. Pero Lucia pidió que las dejara a su hermana y a ella primero, porque quería mostrarle a Adriana en donde vivía.
Sin problema el chico aceptó…descuiden que ellas no lo volvieron a hacer en el auto, solo iban tomadas de manos. Escuchaban música moderna y hacían un par de comentarios graciosos entre ellas.
Llegando a la casa de Lucia y su hermana, le pide a Adriana entrar con ella para presentarle a su madre. Sentía nervios eso era seguro, pero aún así continuó…
Mami, ella es Adriana una amiga…su madre con un gesto poco amable accede a estrechar su mano y se retira. Lucia quedó apenada así que desvío la atención y se despidió con un beso en la mejilla de Adriana.
Lucia era muy atenta y detallista con su pareja. Así que cuando esta tenía algún capricho, ella enseguida salía y la complacía. Todo esto en encubierta pero con ayuda de su cuñado.
Su relación aun se llevaba a escondidas y esto ya empezaba a causar molestias a la más adulta, le pidió a esta chica hablar con sus padres, decirle que ella estaba teniendo una relación con una mujer y que así sería hasta siempre. La intención de Adriana no era la correcta, en esa sociedad las cosas no serían fáciles, así que estaba a escasos segundos de desatarse un caos con uno de los padres de Lucia.
La joven no estaba preparada, no sabía como actuar o que decir. Adriana le había sugerido dar inicio a la plática de un modo muy directo. Esto no la convenció del todo realmente, sin embargo debía dar el paso sin más.
Ella le pidió a su madre tomar asiento y acompañarla. Las manos de Lucia estaban heladas, sus nervios se hicieron presente y con una voz entre cortada conversa con su mamá.
Lo que habló, parecía ser sacado de un libreto. “Mami, quiero que sepas que a pesar de lo que diré, yo te amo y sigo siendo la misma…me gustan las mujeres desde que era una pequeña niña. Sus lágrimas salían de sus ojos".
Su madre la toma de las manos y pidiéndole que no diga eso, que quizás esta confundida la abraza y le da un beso en la mejilla. Por último le hace un cuestionamiento…yo espero que esas amigas que dices tener y aquellas que te han venido a visitar acá, no te gusten; me moriría de sufrimiento que sea así.
Lo que no les he contado, es que sí hubo una amiga de quien se enamoró a los diecisiete años. Era una chica llamada Magda, ambas estudiaban en la misma institución. Compartían juntas debido a que tenían amigos en común. Y sí, Magda la visitó unas tres veces. Pasaban horas platicando en la habitación a solas y aún cuando no sucedía más que miradas, Lucia se deleitaba al ver sus labios moverse mientras hablaba. Magda solía acariciar las manos de esta otra y por supuesto, ella correspondía con placer. Sentía un recorrer excitante por todo su cuerpo cada vez que se le acercaba. Nunca se atrevieron a confesar su atracción o sentimientos. Posiblemente eran muy tímidas y aunado a ello recordemos que en su país de origen esto estaría mal.
Ellas terminaron sus estudios y pronto celebrarían su graduación. Antes de llegar ese gran día, Magda vuelve a visitar a Lucia y tras horas de plática, comienza a llorar sin motivo aparente…preocupada al verla de ese modo le pregunta ¿A que se debía sus lágrimas? Y Magda apenas pudo responder, que se debía a que dejarían de verse luego de la graduación. Abrazándola le prometió que de ninguna manera eso sucedería.
Aquel día fue muy emotivo, Lucia la acompañó hasta la salida y regreso a su casa. En su mente no dejaba de pensar en que pudo estar sintiendo realmente Magda, tal vez compartían el mismo sentimiento…pero, lo peor de todo es que ninguna se atrevía a dar ese paso a la confesión.
Llegó el día de la graduación y ambas se encontraron en un área tranquila, se dan un abrazo y un beso en la mejilla…ése se sintió tan intenso, que Lucia en ese momento no quería otra cosa más que besarla. Pero descuiden, eso no sucedió.
Para tener un recuerdo en esa celebración, se toman unas cuantas fotos. Todo sucedió tan precipitadamente, que no volvieron a verse ni siquiera para despedirse.
Pasaron unos cuantos días y Lucia recibe una llamada telefónica de Magda, para comentarle que pronto se iría de viaje a otra ciudad del país. Esta otra aprovechó la noticia y sin más también le expresa que se irá por un mes a casa de su tía. Ambas disfrutarían de unos treinta días de vacaciones, ellas se prometieron escribir todo lo que harían y los lugares que visitarían en una libreta, para cuando volvieran a reencontrarse intercambiarían sus notas.
Para acortar un poco esa historia, se terminaron sus días libres y se citan en la casa de Lucia…cada una entrega su viaje plasmado en letras a la otra. Ese encuentro duró una hora, risas, gestos de cariño y unos besos en las mejillas. Magda se despide sin dar algunas otra fecha para volver a verse.
Tan pronto Lucia queda a solas, se dispone a leer las notas de Magda y para su sorpresa, esta si tenía sentimientos de amor más allá de una simple amistad. No lo podía creer, en algunas cartas ella quiso disimular lo que sentía y lo hizo de un modo ingenuo, intentaba tapar las letras dibujando sobre ellas…el escrito fue muy preciso “te he extrañado tanto, tengo necesidad de ti, siento tanto que tengo miedo"; todas esas frases le dieron a Lucia un impulso para salir tras ella.
Desafortunadamente nunca más volvió a saber de Magda, esta otra se sintió triste pero ¿Qué podía hacer para encontrarla de nuevo, si parecía como si la misma tierra se la hubiese tragado?.
Lucia estuvo unas semanas difíciles, por más que intentara olvidar a esa chica…aún mucho más la soñaba. Luego escuchó a su hermano hacer un comentario de Magda, el la conocía por supuesto…y ¿A que no adivinan? Ella estaba saliendo con un hombre obsesivo y por ende perdió el contacto con sus amistades, eso incluía a Lucia.
En conclusión, solo fue un amor de adolescentes y no llegaron a más allá de unas tiernas caricias.
Ahora sí, retomemos el momento cuando Lucia le confesaba a su madre su orientación s****l…
Verla llorar de dolor, angustia, indignación no era lo que ella quería. Conforme los días pasaban; el temor de la progenitora era tal, que esta comenzó a notar algo extraño en el comportamiento que el resto de sus hermanos tenían hacia ella. Esta era espiada por uno de ellos, era como vivir bajo el resguardo de un grupo de personas armadas en pleno interrogatorio. Ah y no podía faltar la incómoda pregunta ¿Con quien hablas tanto?, estás no son horas para hablar por teléfono, ya es tarde acuéstate.
Los días transcurrían y el ambiente dentro de su casa se hacía muy incómodo. No podía hablar prácticamente con nadie, porque todo era cuestionable. Si embargo, a Adriana le resultaba llamarla al teléfono de la casa de Lucia pero ya para cuando todos dormían. Debía estar justo al lado para esperar medio sonido y tomar el teléfono.
Esto lo hicieron innumerables veces, disfrutaban escuchar a la otra. Unas tantas palabras que les incitaba y provocaba pero solo hasta allí; era mayor riesgo ir más allá.
Era tanta la persecución con esas preguntas, que inevitablemente, Lucia comete su primer error y esto a causa del temor; le dice a su madre que platicaba con un chico. Descabellada idea en terreno dudoso, era evidente que a la señora nada podría engañarla así nomas. Ese tormento se incrementaba poco a poco; a esta joven la atemorizaba pensar, en una posible discusión que terminara por sacarla de su casa. Trataba de no caer en ese barranco.
Y venía uno tras otro, el segundo error fue más inocente aún, decir que hablaba también con una nueva amiga; a su madre le daba una inquietud inmensa. Esta no se quedó de brazos cruzados y optó por hablar con su esposo acerca de lo que sucedía con Lucia.
El le pide que no deje a su hija ir en ese camino, que según el y su entorno “era indebido, pecaminoso". Así que su madre buscó ayuda profesional; pensaba que esos sucesos eran un etapa de confusión a la edad de su preciada hija. Así que idea un plan para llevarla a una cita con un especialista, alguien que hiciera que la chica entrara en razón o al menos para que su progenitora se sintiera tranquila.
Un lunes a eso de las 10.00am se le acerca a Lucia. Necesito que me acompañes a ir a un lugar, no sé donde queda exactamente y pues si me llego a perder entonces no lo haría sola; era la mentira audaz de una madre protectora de sus hijos. Lucia no objetó y la siguió en todo el camino. No tenía ni la menor idea a donde esta la estaba llevando, hasta que un aviso en toda la entrada de un edificio donde llegaron llamó su atención. La intranquilidad solo tenía un nombre “Adriana”, terminó en donde ella nunca quiso; una psicólogo trataría lo que para muchos era una enfermedad mental…ser lesbiana era algo grave, indignante, desagradable.