Capitulo 33

2111 Words
—Sí, me gustaría preguntarte algunas cosas. Y decirte algunas otras también. —No he aceptado someterme a una inquisición. —Esto no se parece en nada a una inquisición. Quiero preguntarte algunas cosas, sobre todo porque cuando te conocí no estaba del todo lúcido. Discúlpame por querer hacerme una idea más clara de lo que pasó —replicó con sarcasmo. ______ cogió una fresa y se la llevó a la boca. «Muy bien, que pregunte lo que quiera. Yo también le haré unas cuantas preguntas. Y no serán bonitas.» —Antes de empezar, creo que deberíamos establecer unas normas básicas. Me gustaría que discutiéramos el pasado antes de pasar a hablar del presente o del futuro. ¿De acuerdo? —De acuerdo —contestó ______. —Y te prometo que lo que me digas será estrictamente confidencial. Espero que me hagas partícipe de la misma cortesía. —Por supuesto. —¿Te gustaría poner tú alguna norma? —Ejem, no. Sólo que seamos totalmente sinceros. —Por supuesto. Bien, empiezo yo. ¿Cuántos años tenías cuando nos conocimos? —Los mismos que Rachel. —______ empezó a responder con evasivas, pero al ver la mirada de Tom añadió—: Diecisiete. —¿Diecisiete? Maldijo varias veces y bebió un buen trago de su Bellini. Su respuesta lo había afectado, lo que la sorprendió bastante. —¿Por qué viniste a verme aquella noche? —No lo hice. Me invitaron a cenar, pero cuando llegué, Rachel y Aaron estaban a punto de marcharse. Oí un ruido y te vi en el porche. Tom se quedó unos instantes callado, reflexionando. —¿Sabías quién era yo? —Hablaban de ti todo el rato. —¿Sabías lo jodido que estaba? —No, nunca hablaban mal de ti, al menos delante de mí. Ni siquiera después de aquello. Sólo decían cosas buenas. —¿Qué pasó por la mañana? Ésa era la parte de la que _______ no quería hablar. Ignorando su pregunta, empezó a comerse una pasta, sabiendo que no la forzaría a contestar con la boca llena. —Es importante, ________. Quiero saber qué pasó. Mis recuerdos de la mañana siguiente son muy borrosos. Ella le dirigió una mirada agresiva. —¿Ah, sí? Bueno, pues deja que te lo aclare. Me desperté de madrugada, sola, en medio del bosque, donde tú me habías dejado. Estaba aterrorizada, así que cogí la manta y salí corriendo. Pero no conocía el camino y aún estaba oscuro. Vagué por el bosque, histérica, durante dos horas, hasta que logré volver a casa de tus padres. —Se echó a temblar—. Pensaba que no lo lograría nunca. —Así que eso fue lo que pasó... —susurró Tom. —¿Qué quieres decir? —Yo no te abandoné allí. —¿Cómo lo llamarías tú? —Me desperté antes que tú. Estabas dormida entre mis brazos y no quería despertarte, pero tenía que... aliviarme. Así que me alejé. Me fumé un cigarro y recogí unas cuantas manzanas. Cuando volví, ya no estabas. Regresé a la casa, pero tampoco estabas allí. Supuse que te habrías marchado. Subí a la habitación y me quedé frito en la cama. —¿Pensaste que me había ido? —Sí —respondió él, mirándola fijamente. —¡Te llamé, Tom! ¡Te llamé a gritos! —No te oí. Tenía resaca. Y probablemente me alejé más de la cuenta. —Mientras estuviste conmigo no fumaste —comentó ella, desconfiada. —No. Fumaba poco. Y luego lo dejé del todo. —¿Por qué no me buscaste? Los ojos de él se nublaron. ______ apartó la vista, incapaz de soportar el peso de la culpabilidad. —Mi familia me despertó horas más tarde exigiéndome que recogiera los destrozos que había causado la noche anterior. Cuando pregunté dónde estaba Beatriz, me dijeron que sufría alucinaciones. —¿Y Rachel? —Me marché antes de que ella volviera. Pasó varios meses sin hablarme. —No mientas, Tom. Devolví la chaqueta. La doblé y la dejé encima de la manta, en el porche. Eso era una pista. Y mi bicicleta, ¿nadie la vio? —No sé lo que vieron los demás. Grace me dio la chaqueta y nadie te mencionó. Pero aunque lo hubieran hecho, no habría reconocido tu nombre. Fue como si hubiera estado con un fantasma. —¿Cómo pudiste pensar que había sido un sueño? No estabas tan borracho. Él cerró los ojos y apretó los puños, tensando los tendones de los brazos. Cuando volvió a abrir los ojos, los mantuvo clavados en la mesa. —Porque, aparte de aturdido por la resaca, estaba hasta arriba de coca. Zas. El cuento de hadas de ________ acababa de estamparse contra el muro de la realidad. Ahogó un grito y abrió mucho los ojos. —¿Rachel no te contó la causa de la pelea? Cuando Richard me recogió en el aeropuerto de Harrisburg, se dio cuenta de que me había metido algo. Antes de cenar, registró mi habitación y la encontró. Cuando me lo echó en cara, exploté. _______ cerró los ojos y apoyó la cara en las manos.Tom permaneció inmóvil, esperando que dijera algo. —Cocaína —susurró. Él se removió en el asiento. —Sí. —Pasé la noche en el bosque, a solas con un cocainómano de veintisiete años colocado y resacoso. ¡Qué idiota soy! ______ apretó los dientes. —_______, no eres idiota. Yo soy el único culpable. No debí alejarte de la casa en mi estado. _______ soltó el aire y empezó a temblar. —Mírame, _______. Ella negó con la cabeza. —Aquella mañana vi a tu padre —continuó él. —¿Ah, sí? —______ levantó la cabeza. —Ya sabes cómo son las cosas en los pueblos. Cuando Richard llevó a Scott al hospital y ninguno de los dos explicó lo que había pasado, empezaron a extenderse los rumores. Tu padre se enteró y fue a ver si podía echar una mano. —Nunca lo mencionó. —Richard y Grace se sentían avergonzados. Tu padre sin duda quería protegerlos de las habladurías. Y nadie sabía lo que había pasado entre nosotros... —Negó con la cabeza lentamente—. ¿Por qué no se lo contaste a Rachel? —Estaba traumatizada por el miedo. Y humillada. Tom hizo una mueca. Le cogió la mano y la miró fijamente. —¿No recuerdas lo que sucedió entre nosotros? Ella apartó la mano bruscamente. —¡Claro que lo recuerdo! Por eso lo pasé tan mal. Recordaba esa noche una y otra vez y me repetía que debiste de tener una buena razón para marcharte. Pero otras veces no podía quitarme de la cabeza que me abandonaste y tenía pesadillas en las que vagaba perdida por el bosque. ¿Y sabes lo más triste de todo? Estuve esperando que volvieras. Pasé años esperando que te presentaras ante mi puerta y dijeras que querías volver conmigo. Que no habías mentido al decirme que te alegrabas de haberme encontrado. Patético, ¿no? —No, no es patético. Entiendo que pensaras que te había abandonado, pero te juro que no lo hice. Créeme. Si hubiera pensado que eras real y que vivías en Selinsgrove, me habría presentado ante tu puerta hace mucho tiempo. —Tom carraspeó y ______ sintió la vibración a través de sus rodillas unidas bajo la mesa—. Soy un adicto. No lo puedo evitar. Y necesito controlarlo todo, tanto a las personas como las cosas. No puedo cambiar eso. —¿Estás colocado ahora? —¡Claro que no! ¿Crees que te haría algo así? —Si eres un adicto, lo eres siempre. Que yo esté aquí o no lo esté no tiene importancia. —Para mí tiene mucha importancia. —Las personas con personalidad adictiva se enganchan a cualquier cosa: las drogas, el alcohol, el sexo, la gente... ¿ Y si te vuelves adicto a mí? —Ya soy adicto a ti, Beatriz. Y te aseguro que eres mucho más peligrosa que la cocaína. ________ alzó las cejas, sorprendida. Él volvió a cogerle la mano y le acarició las venas que destacaban en su pálida y delgada muñeca. —Lo reconozco. Soy destructivo. Tengo bruscos cambios de humor y muy mal carácter. Algunas de esas cosas tienen que ver con mi personalidad adictiva; otras con mi pasado. »¿Fue un error tan imperdonable por mi parte pensar que tu existencia era fruto de mi imaginación o... la corona de la creación de Dios? Sus palabras y su expresión eran tan intensas que _______ tuvo que soltarse. La combinación de su voz y el tacto de sus dedos acariciándole las venas era tan ardiente que temió que la piel se le incendiara y quedara convertida en un montón de ceniza. —¿Todavía te drogas? —No. —¿Ni siquiera drogas blandas? —No. Después del vergonzoso episodio en Selinsgrove, Grace me convenció para que buscara ayuda. Pensaba suicidarme, pero antes necesitaba dinero para poner en orden mis asuntos. La noche que pasé contigo lo cambió todo. Cuando me dijeron que Beatriz no existía, pensé que eras una alucinación o un ángel. Y que cualquiera de los dos casos podían ser una muestra de que Dios se había apiadado de mí y te había enviado para salvarme. «Lo seme di felicità messo de Dio nell’ anima ben posta.» _________ cerró los ojos al oír las palabras de Dante en El banquete: «La semilla de la felicidad que Dios envía a una alma dispuesta a recibirla». Tom se aclaró la garganta. —Scott accedió a no denunciarme a cambio de que me sometiera a tratamiento inmediatamente. Richard me llevó a Filadelfia ese mismo día y me ingresó en un hospital. Tras el tratamiento intensivo inicial, me llevó de vuelta a Boston y me apuntó a rehabilitación más cerca de mi... trabajo. Volvió a removerse inquieto en la silla. —¿Por qué querías matarte, Tom? —No puedo decírtelo. —¿Por qué no? —No sé qué pasaría si resucitara esos viejos demonios, Beatriz. —¿Aún piensas en el suicidio? Tom carraspeó. —No. Parte de mi depresión estaba causada por las drogas. El resto por... otras circunstancias de mi vida que he tratado de enderezar desde entonces. Pero no hace falta que te diga que una persona que recurre al suicidio es alguien que ha perdido la esperanza. Yo la encontré cuando te conocí a ti. Sus ojos ardían con tanta intensidad que _______ cambió de tema. —¿Tu madre era alcohólica? —Sí. —¿Y tu padre? —Nunca hablo de él. —Rachel me contó lo del dinero. —Es lo único bueno que hizo en la vida —gruñó Tom. —Eso no es cierto —replicó _______ suavemente. —¿Por qué no? —Porque también te hizo a ti. La expresión de él se suavizó y le besó el dorso de la mano. —¿Tu padre era alcohólico? —insistió ella. —No lo sé. Sé que era el director ejecutivo de una empresa de Nueva York y que murió de un ataque al corazón. No me molesté en averiguar nada más. —¿Y tú? ¿Eres alcohólico? —No. Ella dobló la servilleta con dedos temblorosos y separó la silla de la mesa. —Me alegro de que ya no te drogues y de que estés tan recuperado, pero tienes que saber que nunca ligaré mi vida a la de un alcohólico. La existencia es demasiado corta para tanto sufrimiento. Él la miró con interés. —Estoy de acuerdo. Pero si pasaras algo más de tiempo conmigo te darías cuenta de que no soy alcohólico. Te juro que no volveré a emborracharme. Es una pena que hayas sido testigo de la única vez que lo he hecho en los últimos seis meses. —Mi madre fue a rehabilitación varias veces, pero nunca aguantó mucho. ¿Qué pasará si vuelves a drogarte? Aparte de esa fijación que roza el delirio con Beatriz. Yo no soy ella, Tom. Tú buscas un ideal, o una ilusión creada por las drogas, no a mí. —Llevo limpio seis años. No es que acabe de salir de rehabilitación. Sé que estoy cargado de defectos, pero me gustaría conocerte a ti, tal como eres. Quiero que seas tú misma. Sé que eres más que un sueño. Tu realidad es mucho más hermosa y atractiva que cualquier sueño. No quiero un sueño. Te quiero a ti. Una lágrima empezó a deslizarse por la mejilla de ______, que se la secó bruscamente.
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