Capítulo 12

1187 Words
                                                                                         Capítulo 12                                                                                     Un mes después   La nieve seguía amontonada afuera y es que, a pesar de estar a mitad de enero, aquel manto blanco parecía no querer desaparecer junto con el frío. JungKook llevaba tres meses en el centro de rehabilitación, SooMin llevaba cuatro meses y WooBin ya tenía el tiempo completo. Esa tarde sus padres irían a buscarlo, estaba contento de volver a casa. JungKook dio unos leves toques a la puerta de la habitación del chico, éste guardaba sus cosas en bolsos o maletas, al ver a su hyung sonrió. — ¿Tienes todo listo? —JungKookie entró a la habitación mirando alrededor. — Eso creo—asintió cerrando su bolso—Voy a extrañarlo, hyung, debió haber llegado un tiempo antes. — Descuida, estaré bien—animó—Espero que todo salga bien con tu familia y espero que...no perdamos el contacto. — Claro que no. Estará en buenas manos con SooMin. El chico se sonrojó por eso, siempre era lo mismo. WooBin se despidió de muchos en ese lugar, JungKook había anotado su número en su libreta prometiendo escribirle al salir de allí, SooMin le abrazó de tal manera que al maknae le puso celoso, él jamás había recibido un abrazo por parte de ella. Ahora sólo serían ellos dos.                                                                                                   [...]   — Sí, también voy a extrañarlo—comentó mirando las sombras de ramas que se dibujaban en el techo por la luz de la luna, estaban en el cuarto de SooMin cubiertos con las sábanas hundiéndose en silencios de vez en cuando. JungKook le miró de reojo. — ¿También me extrañarás cuando me vaya? — ¿Crees que salga primero que tú? — Una vez dijiste que todos los que estamos aquí...estamos locos—recordó—Y una vez dijiste que nuestra mente es nuestra peor enemiga, creo que la mente es lo que realmente está mal—la miró. SooMin quiso reír porque eso no tenía sentido. — Que poeta. — No te burles, siempre te escucho y te aconsejo, pero tú sólo te ríes de mí—acusó haciendo un puchero abultando sus labios. — ¿Es una broma? ¿Estás haciendo aegyo? — Si—contestó con voz infantil. Ella comenzó a reír cubriéndose con las sábanas y JungKook sonrió divertido al escucharla. Esa noche no durmieron juntos.                                                                                                   [...]   SooMin estaba sentada en uno de los bancos de aquel jardín, respiró aquel aire puro cerrando sus ojos inclinando su cabeza hacia atrás, distinguió el canto de algunas aves sonriendo de lado por las casitas que había hecho desde que llegó ahí, pero también, en su mente apareció un lindo y tonto chico de cabello castaño oscuro, labios rosados, ojos brillantes y grandes que podían lucir inocentes, cuerpo delgado pero musculoso... — Son pocas veces las que suelo verte aquí—comentó. La chica abrió sus ojos mirando junto a ella al director Kwang, el abuelo de Sarah—Y esas pocas veces son cuando cuelgas esas casitas para pájaros—sonrió un poco. Aquel hombre canoso, de lentes cristalinos y piel arrugada era realmente bueno. Su propósito era ayudar a las personas. — Estoy en mi hora libre—se limitó a decir. — Lo sé—asintió—Y sé que me odias por contarle a tus padres sobre tu progreso. — Gracias por recordarlo, señor Kwang. — SooMin, ¿No crees que mi nieta habría querido que vivieras tu vida? —comentó— ¿No crees que ella debe estar sufriendo al verte así? Sé que eran amigas, casi hermanas, lo entiendo, pero...también entiendo que eres una joven con mucha vida por delante... — Estoy enferma, estoy loca. — No lo estás. — ¿Entonces por qué aceptó traerme aquí? ¿Mis padres le pagaron mucho dinero acaso? El hombre negó con la cabeza suspirando. — Nunca he querido hacerte daño, Soo—dio palmaditas a su hombro—Para mí no eres una interna o un paciente, eres como una nieta más, me preocupo por ti, tus padres se preocupan por ti y Sarah también se preocuparía por ti—retiró su mano—Y JungKook también lo hace. La chica se relajó al escuchar ese nombre. — ¿Qué? — Ahora que el joven Sung no está, me alegra saber que tienes un amigo más—señaló—Veo que se llevan muy bien. — JungKook es...un tonto. — Pero lo quieres así, ¿Cierto? — Debo soportarlo. — Vamos Soo, no seas dura—sonrió—Te preocupas por él, si lo aprecias y quieres...hazlo por él, sigue adelante por él, tal vez Jeon JungKook sea tu presente y futuro.                                                                                                    [...]   A la hora de cenar, la chica veía desde la fila a ese chico idol sentado en una de las mesas comiendo con ganas, negó con la cabeza queriendo golpearse con la bandeja. Cuando se acercó sentándose frente a él, JungKook le sonrió un poco. — ¿Todo bien? — Hablé con el director esta tarde. El chico borró la sonrisa. — ¿Enserio? — Sí—asintió cruzándose de brazos sobre la mesa—Creo que...voy a dejar el taller, los talleres, mejor dicho. — ¿Por qué? —JungKook sintió un ligero susto en el estómago— ¿Te irás, SooMin? — Ya quisiera—rodeó los ojos—No, no es eso, sólo...ahora que WooBin no está y sólo somos nosotros...quisiera cambiar de rutina—se encogió de hombros comenzando a comer bajo la mirada atenta del chico. — ¿Eso se puede hacer? — Sí, siempre y cuando te cambies a otro. — ¿Y dónde piensas estar? ¿Enserio dejarás el de carpintería y música? — Sí—masticó y tragó antes de hablar—Puedo escoger las clases de natación, suelen ayudar mucho y en la parte baja del edificio no hace tanto frío. A JungKook le interesó. — ¿Eres buena en deportes? — Lo más lejos que he llegado fue cuando...—su voz se detuvo en seco al notar que iba a nombrar a Sarah en su anécdota, prefirió cambiar el tema—Escogeré natación y me cambiaré al taller de cocina. — Oye—JungKook tomó su muñeca, se encontró con esa mirada dulce e inocente del maknae—Tienes una hermosa voz a la hora de cantar, haces cosas hermosas en el taller de carpintería, ¿Enserio quieres dejarlo? No se esperó para nada la respuesta de ella. — Si quiero superar la muerte de Sarah debo soltar lo que hago pensando en ella y hacer otras cosas—suspiró. No sería fácil pero tampoco difícil. — Ya veo, en ese caso también cambiaré de taller—se encogió de hombros.
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