Después del almuerzo la familia terminó de hacer sus maletas para regresar a Nueva York. Ese día Carly se quedó en la mansión con la familia para poder ir a dejar a sus amigas al aeropuerto. Aquella fue una tranquila tarde en la casa, todo para despedir el gran viaje a Emiratos.
A la mañana siguiente la familia Futtaim fue hasta el aeropuerto para despedir a sus invitados.
—Realmente fue un placer tenerlos en nuestra casa— les dijo Suyen dándole un abrazo a los abuelos de su yerno—. Cuídense mucho.
Despidieron a Dilan y Kendall, además de las chicas. Carly le dio una carta a Amanda y le dijo que no la abriera hasta que llegara a casa. La pelirroja se lo prometió. Las niñas se despidieron con algo de pesar, la cara de la pelinegra si viene cierto estaba sonriendo se le notaban unos ojitos tristes y Amanda tampoco podía disimularlo.
—Debemos abordar— les dijo Kendall a todos.
La familia Futtaim, Carly y André se quedaron viendo hasta que los demás se perdieron tras la puerta.
Subieron al avión, Amanda se sentó con Antonella.
—¿Qué te ha dado Carly?— le preguntó la niña.
—Una carta, y me dijo que no la abriera hasta llegar a Nueva York.
—Amanda, ¿vendrás a verme?— le preguntó Anto.
—Obviamente— le sonrió la pelirroja.
Los chicos estaban sentados delante de ellas.
—¿Listo para volver a casa?— le preguntó Kendall.
—Estoy listo— le sonrió Dilan—. Aunque voy a extrañar demasiado a Orión. Se unirá después de tres meses a la universidad.
—Pero tiene el permiso del rector— le dijo Kendall—. Además le enviarás los trabajos por email.
—Claro, así le jodo la luna de miel— se rió Dilan—. No, prefiero que disfrute de su libertad, después de todo la visita que tendrán en Nueva York no será muy bien esperada.
Kendall no dijo nada, después de todo su novio tenía razón. Ahora continuaba una nueva vida para todos, sin emabargo los cambios que venían serían diferente a lo que todos esperaban.
Dos días habían pasado desde que la familia había regresado a Nueva York. Mientras en Emiratos, Rynold llamaba por teléfono a Yerko para concertar la cita con su hija y Marcus.
—Bien señor Futtaim, hoy mismo hablaré con el magistrado para que nos autoricen la visita— le dijo Yerko desde el otro lado.
—Muy bien, muchas gracias.
Cortó la llamada.
Julián se encontraba en el jardín jugando con su hija.
—Papi— le dijo la pequeña—. ¿Cuándo veremos al Capitán América?.
El pelinegro sonrió.
—Está algo ocupado hija— le dijo Julián acariciando su cabello. A pesar que no se habían visto después de la boda, Yerko todos los días lo llamaba y le enviaba mensajes.
De pronto su celular sonó.
—Hola— saludó Julián con una sonrisa. Belén lo quedó mirando—. ¿Cómo estás?.
—Extrañándote— le dijo Yerko con esa voz que mandaba al suelo al pelinegro—. Hoy me llamó el señor Rynold.
—¿Qué quería?— preguntó interesado.
—Coordinar el asunto de la visita con Linsai y Marcus. Te quería avisar para que te prepares, supongo que será pronto.
Julián guardó silencio por breves segundos.
—¿Vendrás conmigo?— le preguntó el pelinegro.
—Sabes que no te dejaré solo. Además soy tu detective— le dijo Yerko con voz insinuante.
—Eso es ilegal— le dijo Julián siguiendo el juego—. No deberíamos estar juntos, podría llevar el caso a mi favor.
—No soy tan fácil de persuadir. Pero tienes todo ganado, incluso a mí— se escuchó una leve sonrisa.
—Que cosas dices Yerko.
—¿Capitán América?— preguntó Belén mirando a su padre.
Julián miró a su hija y sintió que la niña entendía todo, se le subieron los colores al rostro.
—Dale mis saludos a la pequeña— le dijo Yerko.
—Sí hija, es Yerko y te manda saludos— le sonrió el pelinegro.
—¿Y cuándo vendrá a jugar?— le preguntó Belén.
—Cuando tenga tiempo— le dijo Julián, luego volvió al teléfono—. Hablemos más tarde.
—Bien te llamaré en la noche— dijo Yerko—. Besos.
—Hablamos— respondió apenas el pelinegro sintiendo nuevamente que sus mejillas ardían.
Cortó la llamada.
—Bien hija, sigamos jugando.
Las horas fueron pasando y la noche cayó. Después de la cena Julián bañó a su hija y luego la acostó. Después se dio un baño él y se alistó para acostarse.
—Supongo que le tocó mucho trabajo— dijo Julián, Belén dormía.
De pronto su celular sonó, el pelinegro estiró la mano para responder.
—Creí que estabas aún en la oficina.
—No, acabo de ducharme, ya estoy en la cama. Te quería contar que hablé con el magistrado y les dio fecha para el lunes a las diez de la mañana.
Julián se quedó en silencio un momento.
—Bien, ¿le avisaste a los Futtaim?.
—No, mañana hablaré con ellos. Pero no te preocupes por nada, no te dejaré solo.
Con esas palabras Julián se quedó más tranquilo, de alguna manera sentía el apoyo de Yerko. Se quedaron hablando por largos minutos hasta que finalmente se despidieron. El pelinegro dejó su celular al lado, ahora debía prepararse para lo que pasaría en sólo unos días más.
Lunes por la mañana, los días habían pasado como una nueva semana y comienzo para todos. En Nueva York, Antonella y sus dos amigas comenzaban con la escuela al igual que Dilan comenzaba su año en la universidad. Kendall por su lado iniciaba con los entrenamientos de los nuevos guardaespaldas de la familia, después iba a buscar a su novio a la salida de clases. Continuaba también con las visitas de Antonella, con la diferencia que ahora se les unía Amanda, lo cuál ayudaba que poco a poco los padres de Dilan comenzaran a preguntar por su hijo.
Aquel día Linsai y Marcus fueron trasladados a unas instalaciones especiales donde los esperaban.
—¿Y por qué es el traslado?— preguntó Linsai a su cuidadora.
—Quieren hablar contigo— le dijo la mujer con un fusible en sus manos—. Más vale que te comportes.
Llegaron a una enorme sala con algunos policías, Linsai miró hacia el frente viendo a Marcus, su corazón dio un vuelco.
—¡Marcus!.
—Linsai— dijo el hombre mirando a la rubia.
Ella seguía enamorada, él sólo la usó.
Pero había más gente en el lugar, se sorprendió el doble al ver a sus padres, su ex esposo y seguramente el abogado de la familia, desconocía que era detective.
—¿Qué es ésta mierda?— preguntó entre molesta y confundida—. ¿Una maldita reunión familiar?. ¿Y dónde están mis putos hermanos y sus horribles novios?. ¿No han venido a verme?.
Suyen miró a su hija, no podía creer que la mujer no había cambiado en nada y que estar privada de su libertad la había hecho más fría de lo que ya era.
—Supongo que tu boca no parará jamás— le dijo su madre—. Me decepciona ver en la mujer que te has convertido.
—¿No estás orgullosa de mí madre?— dijo Linsai con tono sarcástico—. ¿Por qué no has traído a mí hija?. ¡¿Dónde está Belén?!.
—Muy lejos de ti— le dijo Julián—. Ella no tiene porque ver esta versión corrompida de su madre. Prefiero que se quede con la visión de que te fuiste a un largo viaje y que jamás regresarás.
—¡No tienes derecho!— le gritó Linsai—. ¡Soy su madre, no puedes negármela!.
—Tú misma te la has negado— le dijo el pelinegro a su ex—. Fuiste tú quién destruyó a esta familia.
—Con tu maldita ayuda, no te hagas el santo— dijo la rubia con rostro molesto—. Esto no se quedará así, me las pagarán.
—Esto no ha terminado— le dijo Suyen mirando a su hija con ojos fríos—. El hijo que tienes será llevado a casa.
—¡No tienen derecho a quitarme a mi hijo!— gritó Linsai. Luego miró a Marcus—. ¿No dirás nada?.
Marcus tenía la mirada fija en Suyen y Rynold, era como si dentro de su ser los maldijera en todas sus formas posibles. Él no dejaría que lo alejaran de su hijo, aunque estuviera en sillas de ruedas, esas malditas paredes no lo detendrían. Habría alguna forma de dar vuelta todo eso.
—No diré nada por ahora, pero no se saldrán con la suya— dijo Marcus.
—No les estamos pidiendo permiso de absolutamente nada— les dijo Rynold dejándoles las cosas bien claras—. Ustedes son delincuentes, mafiosos, gente mala que no merecen ver la libertad de nuevo, asesinos y vergüenza de la sociedad, escoria.
Linsai se quedó callada sin saber que responder, aquellas palabras de su padre quién siempre demostró ser su regalona dolían como el filoso acero de una daga.
—No puedes hablarme así— le dijo su hija.
—Tú te lo has buscado— dijo Rynold colocándose de pie, los demás lo imitaron—. Sólo te hemos venido a avisar que criaremos a tu hijo lejos de ti para siempre. Y en lo posible que no sepa quién es su madre.
Se dio media vuelta para salir de aquella sala, Julián le dio una última mirada a su esposa antes de perderse tras la puerta.
Después de aquella conversación, Linsai y Marcus fueron llevados nuevamente a sus lugares de reclusión.
Los Futtaim regresaron a la mansión, Julián llevó a Yerko a su departamento.