Eirian soltó suavemente las manos de su hombre mientras procesaba las palabras de éste. Kendall lo tomó por los hombros para verlo.
—El señor Nicholas y yo les dimos nuestra opinión, les dijimos que era difícil que ustedes tomaran esa responsabilidad. El señor Julián también les dijo que no era justo que les siguieran llevando más problemas a ustedes después de todo lo que pasó. El señor Nicholas y el señorito André no se harán cargo de ese niño y menos el señor Julián— le explicó Kendall.
—¿Y qué harán si nuestra respuesta es negativa?— le preguntó Eirian.
—Lo llevarán a un orfanato— fue la respuesta de Kendall.
El rubio se quedó callado, los recuerdos de su miserable infancia se agolparon en su memoria como una mala película. Frunció el ceño sintiéndose algo culpable, pues no era algo de tomarse a la ligera.
—Pierde cuidado que mis padres no sabrán que me contaste— le dijo Eirian con una pequeña sonrisa—. Ahora ve a casa, Dilan te debe estar esperando.
Kendall asintió y se retiró del penthouse para regresar con su novio.
Orión salía del cuarto de baño, entró a la habitación viendo a su esposo sentado en la cama. El rostro que tenía Eirian era de preocupación. Seguramente se había enterado de algo, se sentó al lado del rubio.
—No quieras ocultarme que algo te ocurre, te conozco y tú mirada es sombría— le dijo el castaño.
Eirian miró a su esposo, sabía que el menor era perspicaz y nada se le pasaba por alto.
—Kendall me contó la verdad del por qué vienen mis padres.
Orión se preparó pues sabía qué lo que iba a escuchar no le gustaría en lo absoluto. Se enderezó y miró a su esposo con ojos tranquilos.
—¿A qué vienen?.
—Ellos quieren que nos hagamos cargo del hijo de Linsai— le dijo Eirian de golpe.
Orión quedó aturdido ante esa situación, su rostro comenzó a cambiar de curioso a preocupado. Sinceramente él no se veía criando un bebé y menos de Linsai y su amante..
—Es que— dijo el castaño tratando de encontrar las palabras exactas para que no sonara mal—. ¿Tú qué opinas de esto?.
—Yo, no lo sé— le dijo Eirian—. Aún estoy procesando lo que me dijo Kendall. Prometí que mis padres no se dieran cuenta que ya sabemos, así que cuando nos digan sólo te pido que actúes sorprendido.
—No es necesario que me lo pidas, sabes que lo haré así— Orión se acercó para sentarse a su lado—. Lo que quiero saber es que haremos, que les diremos.
El rubio se quedó callado sin saber que responder, por un lado no quería hacerse cargo del hijo de su hermana, no después de lo que vivió con ella. Pero a su vez la parte sentimental le hacía recordar la pesadilla de vivir en un orfanato, y eso tampoco lo quería para el pequeño niño. Aquel largo silencio le hizo dar cuenta a Orión que su esposo estaba indeciso, y él mismo se sentía así de confundido.
—Escucha, cuál sea tú decisión, sabes que te apoyaré— le dijo Orión.
Eirian le dio un abrazo y se refugió en el cuerpo de su esposo, ahora compartían cada situación como uno solo. Esa noche se enredaron entre las sábanas y se dejaron perder por los brazos de morfeo. El rubio ya no quería seguir pensando en más cosas, venía recién llegando a Nueva York y ya tenía un problema de enorme envergadura.
Las horas de la noche pasaron algo lentas, como si las estrellas sintieran que aquellos recién casados quisieran estar tranquilos en su nido. A la mañana siguiente la alarma comenzó a sonar, Eirian estiró la mano y se levantó para hacer su rutina de ejercicios. Orión continuó durmiendo, aún no se acostumbraba a tener la rutina de ejercicios tan marcada. Lo único que tenía era medio cerebro despierto pensando en la universidad, se perdió los primeros tres meses de clases por lo que se debía incorporar de manera inmediata.
Eirian se encontraba en el gimnasio, estaba en la trotadora mientras miraba por el ventanal. Su mente divagaba en el pasado y en oscuros días de su niñez, pero su mundo se abrió cuando la familia Futtaim le dio una oportunidad de crecer. Y eso había sido algo grande. De pronto pensó en su hermana, desde el día uno jamás lo quiso. El odio que generó por él sólo por ser externo a la familia nunca lo puso transformar, el amor de hermanos sólo lo tuvo de Nicholas. Nicholas, era obvio que su hermano no se haría cargo de ese bebé, además de no estar casados André siempre decía que no podía tener una responsabilidad tan grande. Y era entendible.
—Orión— dijo mientras continuaba en la corredora con la mirada perdida.
Cerca de las siete y media de la mañana los recién casados se encontraban bañados y vestidos, listos para ir a desayunar. Se sentaron en las sillas.
—¿Quién ha hecho el desayuno?. ¿Contrataste a una chica nueva?— preguntó Orión mirando a todos lados.
—Sí hay alguien más, pero trabaja por las tardes. El desayuno lo hice yo— le dijo Eirian.
El castaño abrió los ojos como plato, en realidad no se imaginaba a su esposo cocinando porque siempre los atendían. Eso le hizo darse cuenta que tendría que incorporar a su vida ser un mejor hombre y preparar el desayuno de ambos, tal vez debería también comenzar con los ejercicios. Suspiró.
—Gracias— le dijo Orión, comenzaron a comer.
Estaban en la mitad del desayuno, cuando el celular de Eirian comenzó a sonar, ambos se quedaron mirando.
—Ponlo en altavoz— le dijo Orión sabiendo que era su suegro.
Eirian hizo caso y puso el celular sobre la mesa.
—Hola.
—¡Eirian!. ¿Cómo están hijo?— le preguntó Rynold.
—Bien, llegamos ayer en la noche. Kendall nos fue a buscar, también nos contó que ya nació el hijo de Linsai— les dijo Eirian a modo de saludo. Miró a su esposo que estaba de acuerdo con aquello.
—Sí, bueno. Ustedes estaban de luna de miel, no se vale tener preocupaciones— le dijo el hombre.
Eirian rodó los ojos.
—Escucha hemos llegado hace unas horas al hotel. Queríamos verlos esta tarde después del trabajo, sí pueden claro.
Eirian miró a Orión, el castaño asintió después de todo no podían dilatar lo inevitable.
—Bien, nos vemos por la tarde— les dijo Eirian.
—De acuerdo hijo, hablamos.
Rynold cortó la llamada.
—Tranquilo— le dijo Orión a su esposo—. Será mejor que nos apuremos, se me hace tarde para las clases.
Eirian asintió y terminaron de desayunar. Luego de comer fueron a lavarse los dientes para salir a sus destinos. En el ascensor se encontraron con Kendall y Dilan, el pelirrojo se abalanzó en los brazos de su amigo.
—¡Por fin estás aquí!— gritó Dilan estrujando al castaño.
—Ya estoy en casa— le dijo Orión con una sonrisa.
El ascensor llegó. Bajaron. Se dirigieron a sus autos, primero ir a la universidad y luego a la oficina. En el camino Orión se mantuvo en silencio pensando en las clases, quería enfocarse en lo que para él era importante. Al menos por el momento, y es que debía mantener la mente despejada para las clases del tercer año de universidad.
Minutos más tarde llegaban a la institución, Eirian dejó a su esposo mientras Kendall dejaba a Dilan. Después de tanto tiempo viendo a los chicos en esos autos los alumnos dejaron de hacer comentarios acerca de sus relaciones, más al enterarse que Orión se había casado en Emiratos. Incluso era la envidia de muchas mujeres, incluída su ex.
—Te ves algo pálido— le dijo Dilan a su amigo.
—Kendall habló con Eirian anoche, le contó los planes de adopción que tienen para nosotros— le dijo Orión.
El pelirrojo lo quedó mirando sorprendido.
—¿Por qué no me dijiste antes?— le preguntó el chico—. Se supone que eres mí mejor amigo, si Kendall lo sabía, entonces tú también.
—Por favor no te enojes— le dijo Dilan—. Ken me pidió no decirte nada, él mismo me dijo que guardaría silencio porque no quería pasar a llevar a sus patrones mayores. Me extraña de sobremanera que le haya dicho la verdad a Eirian.
—Imagino que le dijo para que se preparara. Pero nos habría gustado saber antes— le dijo Orión.
—Estaban de luna de miel, ¿cómo podíamos joderte así?— le preguntó Dilan—. Y, ¿lo decidieron?.
—No lo sé, haré lo que Eirian diga— le dijo el castaño—. No me iré en contra de lo que piense o quiera, ahora somos uno.
—Bien dicho— dijo Dilan—. Lo que sea que suceda, sabes que cuentas conmigo siempre.
—Gracias— le sonrió el castaño.
Caminaron a sus salones, las clases darían comienzo pronto. Orión a pesar de estar casado, agradeció al cielo por no haberse encontrado con su ex. Aunque estaba claro que ya sabía de su situación actual, después de todo el chisme vuela.
Mientras en las oficinas de Nueva York, Eirian y Kendall llegaban al edificio. Bajaron de sus autos y entraron al lugar, el rubio iba demasiado callado.
—Supongo que recibió el llamado de sus padres— le dijo Kendall a su jefe.
—Sí, fue un desayuno algo pesado— dijo el rubio.
—¿Ha pensado que hacer?— preguntó el mayor.
—Estoy en una encrucijada, pero siento que mi corazón le ganará a la razón— suspiró Eirian—. Aunque sea hijo de Linsai, no tuvo la culpa de nacer en el vientre de ella y tampoco es justo que pague una vida miserable cuando nosotros podemos darle algo mejor. Pero no sé si estoy haciendo bien con elegir ese camino, no sé que pensará Orión de esto.
—¿No lo hablaron?— le preguntó Kendall algo confundido.
—No quisimos hablarlo anoche, sólo me dijo que me apoyaría en lo que decidiera. Supongo que conoce mi corazón y sabe que lo más probable es que acepte criar a mi sobrino como hijo propio.
—¿Está seguro señor?.
—Creo que serás tío, Ken— le dijo Eirian.
El guardaespaldas sonrió, ahora que su jefe le decía con ese diminutivo le parecía más familiar. Subieron al último piso, saludaron a las secretarias y se dirigieron a la oficina. Kendall actualizó a su jefe con todo el trabajo que había hecho durante los tres meses de luna de miel. Eirian estaba orgulloso de tener a un hombre tan completo como su mano derecha, Kendall era increíble.
—¿Cómo está Anto y las niñas?— le preguntó el rubio mientras escribía un e-mail.
—Están muy bien— le dijo el mayor con una sonrisa—. Es su último año para entrar a secundaria. Creo que buscan la misma escuela para ir juntas.
—Son niñas increíbles— dijo Eirian.
—Lo son.
—¿Y Amanda?.
—Ella está bien— le dijo Kendall—. Ya entró a la universidad y se hablan a diario con Carly, pero casi siempre por mensajes porque sus horarios no coinciden. Este fin de semana nos veremos porque me toca ver a mí hija así que la invité.
—Dales mis saludos a todas— le sonrió Eirian.
—En su nombre— le dijo Kendall, lo observó unos segundos—. Ahora que lo veo de regreso de su luna de miel, puedo notarlo más cambiado. Realmente conocer al señorito Orión fue algo muy bueno para usted. Se ve feliz, lo veo sonriendo y muy enamorado.
Eirian se quedó sorprendido por el análisis que le hizo su guardaespaldas, en realidad pasaban mucho tiempo juntos y Kendall lo conocía en sus peores facetas. Siempre tan serio y frío, un hombre de pocas palabras pero de inteligencia amplia.
—Pues encontré el amor— le sonrió Eirian—. Y tú también lo encontraste.
—Sí, Dilan es increíble, realmente cambió mi vida— le dijo Kendall mientras preparaba un par de cafés.
El rubio miró al hombre, sabía que Kendall quería casarse con Dilan, formalizar su relación igual que ellos era el sueño de todo enamorado. Le tenía una sorpresa preparada y sabía que sería un regalo perfecto para ellos.
El mayor se acercó con la taza de café y comenzaron a trabajar, había mucho papeleo que debía revisar y firmar.
Lejos de ahí en la universidad de medicina, Orión estaba tomando apuntes a todas las clases que tuvo. Además de eso Dilan le dio las carpetas con todas las tareas y trabajos que tenía pendiente. El castaño se dio cuenta que tendría que hacer mil informes a la vez, y al mismo tiempo preocuparse por el tema de ser papá. En esos momentos Orión quería desaparecer y regresar a su luna de miel.