"El caballero de la oscuridad"
PRÓLOGO
Eran tiempos oscuros en el reino. La noche era eterna y el firmamento una leyenda. La tristeza era latente entre los pueblerinos de Alas de Cristal. Hambre, guerras, pestes y seres inhumanos, atormentaban a las almas puras de corazón, sacando lo más vil de cada una. Cabe destacar que, grandes fuerzas demoníacas mantenían cautiva a una joven princesa en el castillo Torre del Alba, para impedir que esta logre su cometido; liberar a su pueblo de la opresión.
Como todo castillo encantado, con una hermosa princesa dentro de él, había un príncipe misterioso dispuesto a hacer lo que fuera por su bella dama, pero este apuesto hombre, al parecer, no quiere hacer su deber. ¿Qué será de la vida del joven caballero? ¿Por qué aún no ha salvado a la señorita? ¿Acaso tiene miedo de tales aberraciones difícilmente de enfrentar? Nadie tiene respuesta de lo que alberga la mente del joven inocente, ante los comentarios de la gente. El caballero errante. Atrapado en los recuerdos del ayer y, la falsa promesa del mañana.
La leyenda del caballero de la oscuridad
El caballero de la oscuridad, conocido por sus múltiples apodos como: “El caballero de la noche”, “El caballero desterrado”, o “El caballero apocalíptico”, considerando este último como un presagio, porque se cree que fue él, quien trajo consigo todos los males sufridos por el pueblo ¿Un caballero apuesto? Tal vez lo es o llegó a ser ¿Un caballero de honor y clase? ¡No! No lo es, tras abandonar su única misión; sencillamente, es un cobarde.
Se rumora que vive en la inmundicia, donde debería de estar. Sale de noche solo para devorar la comida desechada, tal como una rata malnacida y, así será hasta sus últimos días, o al menos, hasta cumplir su condena. Además, es pobre; no tiene ni castillo, ni oro o plata, ni siquiera una fina armadura para reemplazar la vieja y oxidada que siempre lleva puesta. De hecho, su apariencia es despreciable ante los ojos de cualquier ser viviente. Su aspecto rústico y descuidado, produce asco tras la mugre y las algas sostenidas en lo que sería su nueva piel. Lleva todo el tiempo su traje de batalla, por vergüenza a mostrar su rostro frente a los demás.
¡Es un fracasado!
Muchos temen toparse con él, pues su fea armadura, está contaminada por el pecado que lo condenó a estar en la miseria, este pecado será siempre su condena. Se dice que su propia familia y amistades le dieron la espalda, tras la deshonra de no cumplir su deber y, se esconde en una cueva muy lejos de la sociedad, por temor a ser reprochado. Vive solo. No tiene a nadie. Vive lleno de miedo y angustia.
Tiene muchos enemigos, incluyendo a la gente del pueblo de Alas de Cristal; sin mencionar a las criaturas que yacen esparcidas por todo el lugar, tras la búsqueda de él, para cobrar lo que debe de pagar. Sinceramente, es un ser cruel, frívolo, despiadado y todo el mal reencarnado. Se dice que, si él te encuentra merodeando por el temible bosque El pico el Encantado, tu alma devora sin pensar. Es un monstruo. Uno más de los malos, los cuales constantemente, perturban la paz de nuestro pequeño hogar -comentó Filippo.
—Entonces… ¿La historia de la princesa que quedó prisionera en su propio castillo, es cierta? —Preguntó con ironía María, una joven mujer e hija de Filippo.
—¡Por supuesto que la historia es verdadera…! Y fue el caballero quien no marchó tras su bella dama. Por esa razón, insisto que es un hombre de poco coraje —respondió Filippo.
—Si la historia es real, eso quiere decir que… ¡Ah…! ¿La princesa de Torre del Alba, tiene el poder de cumplir cualquier deseo? —Sintió curiosidad María Fernanda, quién atentamente escuchaba las palabras de su viejo padre, sintiéndose atraída ante la respuesta de este.
—Sí, la joven prisionera tiene el poder de manifestar los anhelos más ocultos del corazón.
—¿Los más ocultos? ¿De qué hablas, papá? —Insistió en saber, mientras la preocupación la carcomía ante la fría verdad.
—Solo si el corazón es puro y las intenciones buenas, la joven mujer, concederá su deseo, de lo contrario, las almas malignas que invaden el castillo, devorarán a su presa con gran facilidad.
—Papá, Torre del Alba ¿Es peligrosa? —Preguntó con miedo.
—Así es mi pequeña hija. Ese lugar no es seguro para nadie. Sin embargo, vuelvo a decir lo mismo de siempre, todo es culpa de ese bastardo malnacido. Ese canalla sin escrúpulos, es el único responsable de todo lo catastrófico que ocurre por estos lares.
—Papi, perdón por interrumpir tu trágico comentario, pero creo que el caballero no es una mala persona y, deberías de cambiar tu pensar sobre él —comentó María.
—Hija mía, la historia es real. A simple vista, observa a tu alrededor y verás que el mal nos acecha a cada instante —respondió Filippo.
—Pero, papá; no porque el mal nos invade, significa que sea culpa del caballero. Apostaría mi vida solo para defenderlo. Sé que él no es malo. De eso estoy segura.
—¿Qué no es malo? ¡Es un monstruo más! —Refutó molesto, mientras frunció el ceño.
—¡No es una bestia! Es un ser viviente que, al igual que nosotros, tiene errores y des virtudes. ¡No es perfecto! No juzgues tanto al chico y, en vez de eso, deberías tener compasión hacia él. Ha de estarlo pasando mal, como para encima juzgar sus acciones y lo que dejó de hacer.
—¿Qué no lo juzgue? ¡Ja! María Fernanda, no quiero tener que escucharte defender al único responsable de nuestra desidia. El hombre que trajo la peste a nuestro pueblo —dijo tras dar la espalda.
—Pe… pero papá —se trabó tras la impresión de la respuesta de su padre.
—¡Pero nada! No quiero volver a escuchar compasión hacia la criatura del bosque Encantado ¿De acuerdo? —Refutó Filippo lleno de ira, tras interrumpir a su hija mayor.
—Mi niña, hazle caso a tu padre. Él sabe por qué comenta tales actos del caballero —comentó Sáfira, madre de la joven Fernanda.
—¡Mamá, papá es un hombre injusto! Tales ofensas hacia alguien que no nos ha contado su verdadera historia, es como cruzar una afilada espada por su espalda. Absolutamente, nadie en este pueblo, sabe la verdad acerca del por qué el caballero no fue capaz de luchar contra los malos, salvar a la princesa y defender a su pueblo. ¡Nadie lo sabe! Solo juzgan sin saber las cosas —comentó irónicamente molesta.
—Lo sé hija, cómo también sé que no está bien criticar a los demás. Sin embargo, espero que puedas entender a tú padre. Él solo está dolido ante el caos inundándonos en estas tierras.
—Comprendo su dolor, es el mismo sentimiento que todos albergamos en nuestro interior, pero no por eso, debemos criticar a alguien que no conocemos.
—¡Bua, bua, bua…! —Se escuchó el llanto de un recién nacido.
—Tu hermano menor acaba de despertar, mi niña. Debo ir a atenderlo —mencionó Sáfira al tiempo en que abandonó la fogata que, horas antes, su esposo había preparado para ellos.
—De acuerdo, mamá —respondió la joven siguiendo los pasos de su madre.
Tras entrar a la cabaña hecha por los Rincón, Sáfira se dirigía con gran rapidez hacia su pequeño hijo, Yoruma y, después de ella, su hija María la seguía para ayudarle con los deberes de la casa. La dulce madre sostenía entre sus brazos al infante, quién lloraba del hambre tras despertar, mientras la joven calentaba la leche que su hermano habría de tomar, para saciar su apetito.
Una vez calmaron al bebé, Sáfira le comenta a su hija: