“Secuelas de un mal pasado”

1357 Words
—¿Dónde estoy? ¿Por qué no puedo ver nada? —Se preguntó el joven, al estar rodeado por la oscuridad— ¿HAY ALGUIEN AQUÍ? —gritó. Pero le fue inútil, no podía ver ni escuchar nada. El desespero vino, cuando comenzaron a pasar los segundos y todo permanecía igual; sin embargo, recurrió a no sobre pensar las cosas, y guardar la calma ante la adversidad. Varios minutos después, escuchó pasos acercarse a él. Un peculiar olor se le hizo familiar. —¡Sal de dónde quieras que estés! Sé que eres tú. Puedo reconocer tu fragancia, y el olor al labial rojo carmín que usaste la última vez. —Hola guapo —saludó Antonella. —¿Dónde estoy? —En tus sueños —susurró. —¿Sueños? No puede ser, no puedo estar dormido —manifestó confundido. —¡Lo estás! —afirmó— Tras vencer a mi hermana, te agotaste y te dejó con grandes heridas en tu cuerpo. Te desplomaste, por eso estás aquí. —¿Estoy muerto? —Tengo entendido que solo los vivos pueden soñar —le mencionó con una sonrisa aterradora. —Ya veo ¿Qué le sucederá a mi cuerpo? —Supongo que la esclava te estará ayudando a sanar. El caballero recordó a Lucy. —¿Qué quieres, Antonella? —¡Venganza! —rio. La curvilínea mujer desapareció frente a él. —Ahora estás en mi mundo, y de aquí no podrás escapar… JA, JA, JA… ¡Te voy a torturar, por el resto de la eternidad! —Si quieres pelear, por lo menos da la cara, asquerosa criatura. No obstante, el caballero fue noqueado una y otra vez, sin poder anticipar los movimientos de su contrincante. —¿Qué hago? ¿Cómo puedo evitar ser lastimado por esta bestia? —Pensó. Fue cuando una brillante idea surgió de su mente. —Que gran trabajo hizo mi gemela al lastimarte ¿No lo crees? Seguramente pienses que la derrotaste, pero… ese fue nuestro plan desde un principio. Candy sacrificó su vida, para yo aplastarte las veces que me apetezcan, en tu propio mundo onírico. —¡¿Qué?! —Se sorprendió. —Nella, deja de jugar con él y acabalo de una vez. —¿Esa es Candy? —Preguntó el joven. —Así es… —afirmó Antonella. —¿Ella está aquí con nosotros? —Lastimosamente no. Solo puede ver cómo se llevan a cabo las cosas, pero sin poder hacer nada al respecto. Este es mi mundo, no el de ella. —Mm… que tristeza no poderla ver más. Quería decirle lo hermosa que es. Sinceramente, tu hermana me parece más guapa que tú. —¡Eso no es cierto! —Manifestó Antonella molesta. —Sí, es cierto —señaló—, tú podrás tener un cuerpo envidiable, pero eso no me quita el sueño en una mujer, las prefiero más sencillas. Además, exageraste un poco con tus curvas y honestamente se ve que, son hechas con magia. —¡Imbécil de mierda! Yo soy la gemela más linda. —Antonella ¿Qué haces? —Preguntó Candy en medio de su desesperación. —¡CÁLLATE HERMANA! No quiero escucharte, no en mi reino. El guerrero usó está distracción, para detectar de dónde provenía la voz y atacar a la criatura en medio de la oscuridad. —Te encontré —afirmó el caballero. Con su espada en manos, sintió como destrozó en pedazos el cuerpo de la bestia. En breve, una brillante luz se hizo presente en aquel espacio en n***o y, lo único que se vio, fueron partes mutiladas de un león y una mula tal como se vio Candy. —Esas dos fueron el demonio Valefor —aseguró. … —Caballero, caballero, despierta caballero. El joven escuchó a lo lejos la voz de Lucy y, enfocando su mirada en la luz, volvió en sí. —¡Qué bueno que estás bien! —Agradeció la crespa. —¿Qué sucedió? —Perdiste mucha sangre y te desmayaste. —¡Ya veo! ¿Qué son estás cosas? —¿Esto? —Señaló Lucy— son algunas cosas que Antonella usaba, para hacer magia negra; aunque en las manos correctas, se convierte en medicina para salvar una vida. —Mmm... —resolló mientras recordaba su batalla con Antonella. —¿Estás bien? —Sí, Lucy. Estoy bien —comentó al frotarse el casco, pues aún seguía débil. —Necesitas reposar para que mejores pronto —sugirió amablemente. —¡No! Debo ir tras la princesa. Debo rescatarla. —Apoyo que quieras ir por María Fernanda, pero no estás en las condiciones adecuadas para ir por ella. Descansa primero, lo necesitas. —Perdón —reconoció— Tienes toda la razón. En estas condiciones, si soy sorprendido por un ente infernal, me aniquilará sin dudar. Debo ser paciente. —Debes pensar en tu salud primeramente sino ¿Cómo salvarás a los demás? —Aseguró Lucy— tranquilo, yo te ayudaré a sanar tus heridas ¿De acuerdo? —Gracias. —No hay de qué. Es lo menos que podría hacer, después de que me salvarás. Los minutos se convirtieron en horas, las horas en días y estos últimos en semanas. Pero Lucy cumplió su palabra al cuidar del caballero. —¿Despertaste? —Hola Lucy. Sí, ya me siento mejor —comentó tras tocar sus heridas— Gracias por cuidarme. —No hay de qué. Me alegra escuchar que estás bien —sonrió— ¡Hey! Ya que sanaste, iré a darme un baño. Apesto desde hace meses —exageró. —¿A dónde irás? —Cerca de este sitio hay un lago, ahí estaré. —De acuerdo, pero no demores. —No lo haré —aseguró tras abandonar la casa de las gemelas. Sin embargo, el chico no dejó que la joven se fuera sola y, a escondidas de ella, la siguió para protegerla. Lucy se metió a duchar y el guerrero la observó hacerlo. —¡Wow! —Quedó impactado. La mujer frente de él, se veía totalmente diferente a la que salvó. Sin tanta suciedad en su cálida piel morena, su sorprendente silueta lo dejó con la boca abierta, al mirar la despampanante belleza de la chica. —¡Qué pena, caballero! No sabía que estuvieras aquí —dijo al cubrirse mientras salía del agua. —Descuida. Solo vine a traerte la toalla para que te seques —dijo sin mirarla. —Gracias —respondió avergonzada. Mientras la joven mujer se secaba, no dudó en interpretar la rara actitud que miró en el chico. —¡Qué extraño eres! —Afirmó Lucy. —¿Disculpa? —Mm… Eres diferente. —¿A qué te refieres? —preguntó el guerrero en medio de su seriedad. —Lo digo, porque la gran mayoría de los chicos, solían mirarme bañar, incluso los demonios lo hacían. —No hago esas cosas. —¿Puedo ser indiscreta? —Dime ¿Qué quieres saber de mí? —¿Te gustan los hombres? —¡¿Qué?! —Quedó horrorizado— Hum… eh… —no sabía qué responder ante sus nervios— ¡No soy pervertido! Es todo —dijo apenado— Y sí, eres muy preciosa, pero no por eso, debo ser un patán —aseguró. —¡Qué bueno saberlo! —Se alegró— me pareces un hombre muy apuesto —sonrió. —Gracias… supongo —manifestó y se retiró. Ya lista, Lucy regresó a donde estaba el caballero y preguntó: —¿Qué harás ahora que estás mejor? —Cumpliré mi misión. Iré a Torre del Alba y salvaré a María Fernanda. —Hum… ya veo —dijo desanimada. —¿Qué sucede, Lucy? —Nada —agitó su cabeza en negación. —¿Segura? Porque no lo pareces. Tranquila, puedes contarme. —Mm…—exclamó preocupada—, nadie ha logrado atravesar el jardín del infierno. Dicen que ahí se esconde la tercera criatura más poderosa. —¡¿Eso dicen?! —Preguntó sorprendido— entonces, no hay tiempo que perder. Iré a cazar esa bestia. Avanzando hacia su destino, el joven se vio envuelto en un dilema más...
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD