bc

Entre dos aguas

book_age18+
852
FOLLOW
3.4K
READ
love-triangle
sex
heavy
kicking
cheating
like
intro-logo
Blurb

¿Qué pasaría si una tarde normal llegas a casa, cansada del trabajo y te encuentras a tu novio y ese te echa el polvazo que hacía tiempo no te echaba? ¿Qué pasaría si luego de tener un orgasmo ruidoso descubres que no te acabas de follar a tu novio sino a su hermano gemelo idéntico del cual no tenías ni idea? Es lo que le sucede a Samanta y luego desde allí la situación en casa no hace más que complicarse.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1- La chica del bate
Samanta mira por la cristalera del restaurante mientras juega con la copa de cubata, en la acera del frente una pareja se besa indiferente del resto del mundo. Un tremendo beso que te hace sospechar que son deportistas extremos de inmersión de la apnea Hace tan solo dos días esos hubieran podido ser ellos allá en Valencia. Acababan de volver de Valencia, de una especie de luna de miel que se les hizo necesaria para afrontar algunos problemitas de pareja. Había resultado una semana agradable, pero nada más llegar y volver a la rutina fue como entrar nuevamente al congelador. Ahora son más como el resto de las parejas del local. Las mira, hay tres, todas jóvenes y todos con sus móviles en las manos, un silencio espeso entre ellos. Bruno también mira el móvil. Samanta sabe que no está viendo t****k, está trabajando, pero cree que tal vez han llegado a un punto que se le hace más interesante trabajar que intentar buscar un tema de conversación con ella. Vuelve a mirar la pareja de enfrente que parecen que no necesitan respirar. Bruno la había ido a recoger a la galería y al pasar por el restaurante decidieron entrar. Ninguno de los dos tenía hambre, así que solo pidieron cubatas y aceitunas. Bruno es tan guapa, tan guapo, que estuvo una semana sonriendo sin venir a cuento de solo pensar en él. No podía decir exactamente qué pasaba, ni desde cuándo pasaba. El silencio de había instalado entre ellos como una nebulosa extraña, separándolos, aunque estuvieran juntos como ahora. Media hora después caminan rumbo al coche, lo habían estacionado en la calle, cerca del restaurante. Se acercan despacio, ella disfruta la brisa de la noche de Mayo y él sigue inmerso en su móvil. Se encuentran a una chica de unos veintitantos años con un bate de beisbol golpeando un coche. El pelo largo y n***o se balancea al descargar su fuerza sobre el capó del coche, y luego la ventanilla derecha. No es un coche cualquiera, es el Land Rover de Bruno. —¡¿Pero qué coño?! ¿Qué haces? —grita Bruno. La chica congela el movimiento, el bate en lo alto. —¿Y esta quién es? —pregunta Samanta a Bruno. La chica descubre por la mirada de sorpresa de él que no la reconoce. —¿Qué coño sé yo? Nunca la he visto en mi vida. Llama a la Policía —le ordena a Samanta. Bruno que aún lleva el móvil en las manos se dispone a grabar. La chica baja el bate y echa a correr. —Déjalo ya —le dice a Samanta. —¿Lo dejo? —pregunta sin colgar—. Mira cómo ha dejado el coche. ¿Te dio tiempo a grabarla? —Déjalo te digo —dice Bruno. Samanta cuelga de mala gana. Varios curiosos se han detenido y reunido cerca de ellos, incluso algunos graban. —Tenemos testigos. ¿Por qué no quieres que llame a la Policía? —Porque no vamos a resolver nada. Vámonos. —Enséñame lo que grabaste. —No vamos, Samanta. Bruno conduce con la vista en la carretera, pero de vez en cuando mira a Samanta que insiste en mirar por el hueco de la ventanilla para no mirarle a él. Aun así, Bruno advierte la molestia de su rostro. —¿Estás enfadada? —No entiendo por qué no dejaste que llamara a la Policía. —El seguro es a todo riesgo, nos cubre todos los daños. —Yo no estoy hablando del seguro ni de dinero. Sé perfectamente que el seguro lo cubre. Pero no dejo de pensar por qué entre tantos coches escogió el tuyo, y sobre todo por qué tú no quisiste denunciarla. —Yo no conozco a esa loca, nunca la he visto en mi vida. —Entonces esa chica iba sola con un bate por la calle y decidió escachar tu Land Rover. Es cuando menos una casualidad muy sospechosa. —Que no sé quién es y por qué le dio por escachar el coche. No lo sé. —Lo que tú digas. —¿Acaso me dijo mi nombre tan siquiera? ¿Me dijo que me lo merecía o que me fuera a tomar por culo? No, porque no me conoce. Yo no la conozco. Te lo juro. # # # # # Samanta llega a casa, deja las llaves en el búho porta llaves que adorna el recibidor. Se quita los zapatos beige de catorce centímetros y se da un masaje en los pies. El trabajo le ha distraído del incidente con la chica del bate y sus dudas. Continúa pensando en la exposición que está preparando para el fin de semana. Le ha costado mucho conseguir a Vladimir, el nuevo talento que todo el mundo quiere. Mantendrá los dedos cruzados hasta entonces. Se plantea reorganizar y limpiar la cristalería de la cocina, limpiar siempre le relaja: el orden y el control. —¡Me has asustado! —le dice—. No esperaba encontrarte aquí. ¿Cómo fue tu día? Y ahora viene el silencio. Él toma un whisky. Le sorprende a Samanta encontrarlo tan temprano en casa y bebiendo whisky, una bebida que el mismo tiene destinada para momentos de tensión. Por respuesta él se da el último trago, un trago largo. —¿Todo bien? —insiste ella. Se acerca, deja la cartera sobre la mesa. Su enojo por el asunto de la chica del bate puede esperar. Lo encuentra diferente y se preocupa. Le acaricia la frente, después de apartarle el pelo. Entonces él se da cuenta que pese a la proximidad no lo ha reconocido. Y la besa, primero con dudas, pero una vez que ve que ella acepta el beso se descontrola su pasión. Le muerde la boca. Samanta se queja de placer. Despacio, él le desabotona la blusa, se aleja para contemplar sus pechos para finalmente atraerla contra su cuerpo. Besa la piel de sus senos que sobresale de la copa de sus sostenes. Le acaricia el trasero, las caderas y los muslos, al hacerlo le levanta la falda verde hasta la espalda. —Parece que te fue muy bien en esa reunión. La levanta por la cintura y la sienta en la isla, con su cuerpo cubre el espacio entre sus piernas. Samanta intenta besarlo, pero él arquea la espalada alejando sus labios. La deja con la boca abierta y las ganas colgando. Entonces se baja la cremallera del pantalón, le corre la braga y la penetra. Samanta gime, grita de placer, canalizando las frustraciones acumuladas. Le gustaba también el sexo más tranquilo, pero como había extrañado una buena revolcada como esa. Con el dedo metido en su culo la atrae contra su cuerpo. Con la otra mano le rodea el cuello con firmeza. Se corre más rápido de lo habitual. Cierra los ojos para experimentar mejor el éxtasis de su orgasmo. Él comprende que ella ha terminado y termina también. Con las últimas envestidas más lentas se escurre dentro de ella. Con la respiración agitada se aleja. —¡Vaya, hacia rato que no me dabas un revolcón como este! —dice Samanta. Él sonríe de medio lado mientras se compone la ropa. Se sirve otro trago de whisky. Samanta pasa de la felicidad a la decepción al verlo insistir con la bebida. Tampoco había advertido que estaba más lacónico de lo habitual. —Voy a ducharme —dice Samanta que se baja de la isla y agarra su cartera. Espera en vano una reacción que no llega. Él está totalmente centrado en su trago. Entonces ella sube a la habitación. # # # # # Una hora después Samanta baja las escaleras, le había extrañado que en todo ese tiempo que estuvo arriba él no hubiera subido detrás de ella. Él continúa en la cocina, lo ve allí parado tal como lo encontró al legar del trabajo. La puerta se abre. Bruno entra con su maletín n***o. ¿Pero, cómo? Samanta en el primer escalón mira hacia la izquierda, en dirección a la cocina estilo americano y comprueba que Bruno sigue allí tomando whisky, y luego mira hacia la derecha el amplio recibidor, y justo en la entrada está Bruno también. Repite la operación mientras el Bruno de la puerta se acerca seguramente atraído por su por su cara de desconsuelo. Entonces Bruno que acaba de entrar ve a su hermano gemelo en la cocina y comprende la frustración de Samanta —Es mi hermano gemelo, Héctor —dice con resignación— No sabía que vendría —se disculpa con Samanta—. No sabía que vendrías —ahora le reclama a Héctor. —¿Nunca? ¿No sabías que podía aparecer algún día? —pregunta Héctor. —Solo esperaba que avisaras —contesta Bruno. —No sabía que tenía que avisar para venir a mi propia casa —dice Héctor. —No, no tienes que avisar —titubea Bruno y se justifica—. Pero podrías hacerlo. Has asustado a Samanta. —¿Por qué? ¿No sabía Samanta que tenías un hermano gemelo? —pregunta a Bruno, pero mira a Samanta que no se ha movido del primer escalón y se aferra a la barandilla. Espera ver si la presentación tomará rumbo al revolcón que había tenido hace un rato atrás. Si algún gesto en ella le hace anticiparse a sus palabras. —¿Cómo es que no me dices que tienes un hermano gemelo? —Logra hablar al fin samanta—. Llevamos tres años juntos. Tres años. —Si, eso. ¿Cómo no le dices a tu… ¿novia, esposa? —se divierte Héctor. —Novia —contesta ella. —…de tu hermano? ¿Te avergüenzas de mí? —Héctor se pasea, hace bailar el líquido en el vaso. Ya veo que has sacado todas mis fotos. —¿Cómo entraste? —pregunta Bruno. —¿Eso es lo único que quieres saber? ¿Cómo entré? ¿Mi hermano cómo estás? No, eso no importa. Pero te contesto. Entré de la misma forma que acabas de entrar tú, por la puerta y con la llave. Si no querías que lo hiciera te hubieras molestado en cambiar la cerradura. —Pues nada. Un placer conocerte Samanta —le extiende la mano y Samanta la estrecha. Héctor nota que suda y tiembla—. Me voy a mi habitación…, digo si aún tengo cuarto. ¿Bruno? —No queda nada allí —dice avergonzado—. Nada tuyo quiero decir. Solo queda cuarto de invitados sin más. —Pues me voy a mi cuarto de invitados.

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

el amor lo cura todo

read
2.5K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
224.9K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
16.8K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
61.9K
bc

Domando al Amor

read
7.0K
bc

Tras Mi Divorcio

read
578.7K
bc

DIVORCIADA: MI EX-MARIDO ME QUIERE DE VUELTA

read
6.9K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook