Desperté con malestar. Juro que ya no soportaba esto, solo había podido dormir dos jodidas horas. Me sentía frustrada y cansada. —Mi amor… Estaba frustrado, no hallaba qué hacer con mi esposa. No había una posición en la cual pudiera dormir, sus ojeras eran inmensas… en fin, todo estaba mal. Ella se colocó a llorar, frustrada, así que me acerqué. —Vamos a terminar con esto ya. La abracé. —Sé que no deseas una cirugía, pero no puedes seguir así. Ella no dijo nada más. La guié hasta la sala, le grité a Pavel y él llegó de inmediato. Le dije que preparara el auto para irnos a la clínica y fui por las maletas. Cuando bajé, ya él la había llevado al auto. Llamé a nuestros padres para decirles que había decidido que le harían la cirugía a mi mujer. Pavel condujo y cuando llegamos nos reg

