Ha pasado una semana. Siete días desde que enterramos a Ivanov, y esta casa sigue oliendo a muerte. Hay un tipo de silencio, pero no el que te da paz… es uno que incomoda, que pesa, que te recuerda a cada segundo que algo no está bien, que en cualquier momento puede atacar. No he podido acceder a las cámaras. No porque no quiera… sino porque no me dejan. Jean no se mueve de su puesto. Está siempre ahí, vigilando como un perro guardián. No deja que nadie toque el sistema, no deja que nadie se acerque, y mucho menos yo. Y eso… solo confirma mis sospechas. Porque quien no oculta nada, no protege tanto. Aleksandra no ha salido de su habitación en días. No come, no se baña… no habla y no me importa. Ya que tengo cosas más importantes que hacer que preocuparme por una mujer que, si result

